Día Mundial de la Poesía. 21 de Marzo de 2015

Cecilio Fernández Bustos

Desde 2011 venimos celebrando en este blog, «Unas palabras dichas», el Día Mundial de la Poesía. Esta efemérides fue proclamada:

 Durante su 30° reunión, en París en octubre-noviembre de 1999, la Conferencia general de la UNESCO decidió de proclamar el 21 de marzo, como Día mundial de la poesía. Tras haber analizado pormenorizadamente la situación de la poesía en este final de siglo, se enunciaron las consideraciones siguientes:

  1. i) En el mundo contemporáneo hay necesidades insatisfechas en el terreno de la estética que puede atender la poesía en la medida en que se reconozca su papel social de comunicación intersubjetiva y siga siendo instrumento de despertar y de expresión de toma de conciencia ..
  2. ii) Existe desde hace veinte años un verdadero movimiento en pro de la poesía, habiéndose multiplicado las actividades poéticas en los distintos Estados Miembros , aumentado con ello el número de poetas.

iii) Se trata de una necesidad social que impulsa en particular a los jóvenes a volver a las fuentes constituyendo para ellos un medio de, interiorización, consiguiendo que el mundo exterior los atraiga irresistiblemente hacia un conocimiento más profundo.

  1. iv) Además, el poeta, en su condición de persona, asume nuevas funciones, ya que , los recitales poéticos, con la lectura de poemas por los propios poetas son cada vez más apreciados por público.
  1. v) Este impulso social hacia el reconocimiento de los valores ancestrales es asimismo una vuelta a la tradición oral y la aceptación del habla como elemento socializador y estructurador de la persona.
  2. vi) Existe todavía una tendencia en los medios de comunicación social y el público en general a negarse a no valorar el papel del poeta. Sería útil actuar para librarse             de esta imagen trasnochada, y conseguir que a la poesía se le reconozca el “derecho de ciudadanía” en la sociedad.

Pasa el tiempo, incluso pasan los siglos. Así, ha pasado el siglo XX y desde la nueva temporalidad del siglo XXI pensamos que siguen persistiendo hoy las razones que justificaron ayer la proclamación de esta celebración y por ello, de nuevo dedicamos una puerta de este blog a la celebración de el Día Mundial   de la Poesía.

Ando estos días preparando una intervención que me han solicitado para el 23 de abril, conmemoración de las muertes de Cervantes y de Shakespeare. El acto estará dedicado a Juan Ramón Jiménez. He pensado que, en esta ocasión, la celebración de el Día Mundial de la Poesía, también se lo vamos a dedicar a Juan Ramón.

Boca rosa (fotografía CFB)

Boca rosa (fotografía CFB)

 

Boca, rosa, boca, rosa

Los ojos se me meten, como pájaros
negros, por las abiertas rosas
y se están un instante en cada hoja
de boca, rosa, boca, rosa.
El ojo por el rojo,
limpieza con frescura,
forman
un laberinto
en donde todo y toda
complementan un lujo
de ilusión, sin más otra
que la hoja
verde que escamotea,
con el tallo, la espina que la roza.
Las rosas están todas en su casa
la casa de las rosas;
mis ojos se han salido de la suya,
la casa de las sombras,
en aventura
de color sano y de frescura loca;
un patio
de la gloria
terrena
que abandona
en su alto pensil
los ojos con las rosas”.

(De En el otro costado. Caminos sin tierra. [1936-1942] Exilio: Cuba, La Florida —Estados Unidos—

 

1 comentario

Archivado bajo Poesía, Uncategorized

Una buena conclusión: la voz de Unamuno

Cecilio Fernández Bustos

 

Para Pablo y Tino

 

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
Miguel de Unamuno

 

En aquella ocasión nos juntamos para dar un paseo por Madrid tres amigos de siempre. Fue un buen día, ¡lo pasamos bien! Desde el principio, el encuentro en el tren con Mari y Martín tuvo su encanto. Una vez en Madrid, paralelo a los acontecimientos que vivíamos los tres, cada uno de nosotros evocaba, a veces sin disimulo, los recuerdos que iban surgiendo del reflejo del paisaje urbano o de la contemplación de los cuadros. Gozamos hondamente, como jovencitos estudiantes, de Rafael Sanzio y de Murillo en un primer asomo al museo del Prado —a la tarde, tras otras peripecias contemplativas, volveríamos al Prado y esta vez a Velázquez—.

         Comimos en grado de excelencia y bebimos bién, como aquellos del poema de Baltasar del Alcázar —En Jaén, donde resido, / vive Don Lope de Sosa / y direte, Inés, la cosa / más brava de él que has oído…— Hablamos de política actual y de los problemas que, otra vez, nos duelen en España. Recorrimos algunas calles conocidas y nos paramos ante el 20 de Hermosilla y el 4 de la calle de Recoletos. Desde la nostalgia de soñadas o, tal vez vividas, partidas de mus y futbolín hicimos proyectos para nuevos encuentros.

         Una buena conclusión para una jornada como la de ayer podría ser una pequeña reflexión en torno al El Cristo de Velázquez, uno de los cuadros menos populares de Velázquez, pero uno de los más impresionantes, porque el pintor sevillano unió muerte y resurrección en un cuadro sensible y profundo, donde el muerto es el hombre o, tal vez, el Cristo, es un hombre. Un hombre como los que mueren hoy bajo la piel de la tortura. Creo recordar que fue uno de los últimos cuadros que vimos aquel día, el postrero fue el de Las hilanderas. Pero el Cristo, me recordó a Unamuno. El gran filósofo, novelista y poeta vasco, escribió un largo poema bajo el titulo El Cristo de Velázquez. Acompañando unas fotografías del 13 de septiembre, como síntesis de lo vivido, un brevísimo fragmento del poema de Unamuno y, ¡cómo no!, una fotografía del Cristo que vimos en el museo.

         El poema sigue a continuación, se trata del poema IV de la Primera Parte. La fotografía adjunta, junto con las otras que ilustran nuestro paseo por Madrid.

 

Vista de Madrid desde la terraza del Ayuntamiento (fotografía CFB)

Vista de Madrid desde la terraza del Ayuntamiento (fotografía CFB)

 

El  Cristo de Velázquez

Miguel de Unamuno

 

Primera parte 

IV

Mi amado es blanco…

                                                               (Cantares, V, 10.)

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.

Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida,
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dio toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador! 

 

Cristo crucificado. Diego Velázquez. Museo del Prado. Madrid

Cristo crucificado. Diego Velázquez. Museo del Prado. Madrid

4 comentarios

Archivado bajo Crónicas afectivas

En el bosque 8

Cecilio Fernández Bustos

 

 

…desde el momento en que el diablo ya no da miedo, puede volver a ser “bueno”, pero solo en tanto que marioneta.

Gianni Rodari

 

 

Alborada 8

 

111)  Es verdad, la uva pasa es todo pellejo, pero, ¡ay!, esa opulencia de miel que oculta el arrugado pellejo justifica el cielo de un bocado exquisito.

112)  Ayer fuiste capaz de hilvanar un discurso compresible. Hoy, ¡no! Tu voz salta al abismo donde mueren las palabras y solo queda un breve eco lejano, muy lejano, que suena como el adiós.

113)  Esta tarde de invierno, quien lo diría, el cielo arde como el rescoldo de una fragua cuando le inyectan aire. Sucede a veces que el corazón de un hombre se inflama igual que el cielo cuando lo miran y acaricia unos ojos.

114)  No importa que acabe la fiesta para la mayoría. Ellos, unos pocos, se siguen bebiendo el carnaval.

115)  Las fiestas sirven para revelarnos muchas cosas. Si hay protagonismo de los que participan, las fiestas son como el arte original y abren la canal de la entraña a la sensibilidad.

116)  Toda metamorfosis nos revela el abismo donde anoche se durmió el genio. Hoy, al frotar la lámpara, hemos escuchado el grito del asombro y se nos ha vuelto blanco el cabello.

117)  Las utopías son notables representaciones de los anhelos del corazón. Son como puertas duras y difíciles de abrir, mas cuando el ingenio, la solidaridad y la voluntad se unen, pueden llegar a abrirlas y es entonces cuando el sol calienta a todos.

118)  Con ser muy importante, la cuestión no es tener o no tener. La cuestión es ser o no ser, pero a esto nos dedicamos menos.

119)  Y pueden decirme ustedes que haremos cuando dentro de cien mil años la derecha se haya callado.

120)  Y seguimos esperando para calentarnos e iluminarnos, pero el sol sigue sin salir.

121)  ¿Apocalipsis?: ¿os parece poco apocalipsis la falta de empleo, la falta de asistencia sanitaria universal y pública, la falta de educación pública y lo cara que está la comida, la electricidad, el gas y la vivienda?

122)  A veces me pregunto:¿por qué seremos tan frágiles, tan de usar y tirar?

123)  ¿La Maga?, sí la Maga. Cortázar en Buenos Aires doliéndose de París. ¿La Maga?, sí la Maga. Nostalgia de Buenos Aires sentida por Cortázar en París.

124)  Grotesco panorama en estos días en los que barruntamos la ausencia de justicia poética. Desde hace un tiempo dilatado se viene fabricando en Andújar, Jaén, una pieza de cerámica conocida como «Jarra Grotesca». Hubo un tiempo de gran dificultad para conseguir que el término grotesco permaneciera en mi léxico personal y cuando me era necesaria su utilización, recurría a la singular jarra de Andújar para recordarlo. Igual me sucede ahora con otras situaciones propias de la vida social, de nuevo necesito encontrar algunas palabras, por ejemplo: libertad, justicia, proletario. No obstante compruebo que no siempre un punto de apoyo te ayuda a mover la tierra. Mas, por fortuna, la jarra «Grotesca» de Andújar permanece.

125)  A veces pienso en esta tierra del sur, habitada por el sol y tan solicitada por las gentes del norte y me pregunto: ¿Por qué somos tan oscuros?

 

Desde mi ventana. Aranjuez, febrero de 2015 (fotografía CFB)

Desde mi ventana. Aranjuez, febrero de 2015 (fotografía CFB)

2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

Antonio Machado. 76 aniversario de su muerte

Cecilio Fernández Bustos

 

Queridos amigos, ¿sentís una leve vibración en vuestros corazones? Pues claro que sí la habéis sentido. Y aún ahora, ya entrada la noche, ese estremecimiento aún perdura en vosotros como en mí. Pues de eso se trata, hoy se cumplen 76 años de la muerte en Collioure de Don Antonio Machado.

En su memoria, amigos míos, os invito a leer uno de sus poemas.

 

 CANTE HONDO 

Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,
el plañir de una copia soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

… Y era el Amor, como una roja llama…
—Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro
que se trocaba en surtidor de estrellas—.

… Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
—Tal cuando yo era niño la soñaba—.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

Antonio Machado

 

IMG_9291_2_3

4 comentarios

Archivado bajo Jaula de los silencios

Aún quedan algunas rosas en los libros

Rosas en la poesía 3

Cecilio Fernández Bustos

 

 

vestida del color de mis deseos

Octavio Paz

 

 

La naturaleza y sus efectos sobre nuestro humor y estado de ánimo tiene un especial efecto en cada una de las estaciones. También, ¡claro esta!, según el lugar donde nos encontremos. De este modo, el paisaje se posesiona de nuestros ojos y de nuestra sensibilidad. Ahora estamos viviendo en Aranjuez (Madrid, España), lugar privilegiado que opera como vergel natural y vergel cultural. Y es ahí donde el ojo, en este caso humano, capta el relieve de las formas y el color. Esa fascinación, desde los ojos y por los ojos introduce en nuestra sensibilidad el impacto de la emoción que nos conecta a la belleza y al desafío de un nuevo conocer. Y así, tras acariciar el objeto con los ojos, nos vamos nutriendo de tacto y memoria de la visión y comparamos en el instante del gozo.

         No es menos cierto que la piel también percibe la atmosfera de lo acariciado por la visión y sentimos, más allá de los ojos, la suave emanación de lo sentido. Mas, también perceptible en cada estación, el aroma de todo lo existente, sea humano, vegetal o luminoso, se manifiesta y nos llega como nuevo producto que el sentido impulsa e interroga. La sustancia de la belleza se comunica de este modo a través de los sentidos y ocupa ese débil receptáculo donde se acomoda la memoria, licuada en espejismo, tal vez para toda nuestra vida.

         No es de un canto sensual, es de lo voluptuoso natural que acompaña nuestra estar aquí y es del sueño invernal de primavera de lo que quiero hablar, para que nuestra consciencia sea capaz de administrar tanta alegría. Cierto que hablamos de un fenómeno individual, cada cual gustamos la belleza a nuestro modo y no todos los paladares gustan el mismo sabor en la fresa o el mango. Pero para ayudarnos a percibirlo y saborearlo, ¡en invierno!, nada mejor que el recuerdo de las flores y,  sobre estas, las rosas. Y es tan cierto lo que digo que para rendir un homenaje a las flores  —forma, olor y sabor de la primavera, tan anhelada en estos fríos días de invierno—, he traído hasta aquí, unos hermosísimos poemas que os ofrezco, queridos lectores, en esta entrada de Unas palabras dichas.

 

El paseo de los sábados (fotografía CFB)

Invierno (fotografía CFB)

 

Rosa olida

Te inclinaste hacia una rosa,

Tu avidez

Gozó el olor, fue la tez

Más hermosa.

Y te erguiste con más brío,

Mas ceñida de ti estío

Personal,

Para mí –si más ayuda

Que una flor– casi desnuda:

Tú, fatal.

Jorge Guillen

 

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

 

Rosa

Hueles a rosa y se te abre en rosa

toda el alma rosada:

¿De qué rosal celeste desprendida

viniste a rozar, Rosa, mi alma?

Rosa, lento rosario de perfumes…

Rosa tú eres… Y una rosa larga

Que durará mañana y después de

mañana…

Dulce María Loynaz

 

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

 

La rosa

Yo sé que aquí en mi mano

te tengo, rosa fría.

Desnuda el rayo débil

del sol te alcanza. Hueles,

emanas. ¿Desde dónde,

trasunto helado que hoy

me mientes? ¿Desde un reino

secreto de hermosura,

donde tu aroma esparces

para invadir un cielo

total en que dichosos

tus solos aires, fuegos,

perfumes se respiran?

¡Ah, sólo allí celestes

criaturas tú embriagas!

Pero aquí, rosa fría,

secreta estás, inmóvil;

menuda rosa pálida

que en esta mano finges

tu imagen en la tierra.

Vicente Aleixandre

(De Sombra del Paraíso)

 

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

4 comentarios

Archivado bajo Rosas en la poesía, Uncategorized

En el bosque 7

Cecilio Fernández Bustos

 

 

El cuadrante solar divide el planisferio
El mediodía azul puntúa el firmamento
Todo esto no sirve más que para llorar
Los escualos de nieve en su imperial silencio
han llegado a las puertas tenebrosas del reino
y el chambelán mayor les ha abierto el portal

Pere Gimferrer

 

 

Alborada 7

96)    Nostalgia inversa es aquella que nos conmueve cuando el barrunto trae a colación aquellas cosas que no hicimos y con frecuencia oímos decir: «Me arrepiento más de lo que hice que de lo que no llegué a hacer nunca». De este modo estaríamos hablando de la nostalgia de lo no vivido o por vivir.

97)    También al sabio, como a mí que no lo soy, cuando parta de este mundo le quedaran pendientes de conocer muchas cosas. E incluso yo saldré ganando, pues, probablemente sepa o haya sabido de la existencia del sabio. Y esto no le ocurrirá al sabio con respecto a mí.

98)    ¡No, todos no somos iguales en la apariencia! Y no me parece honesto afirmar nuestra virtud, ¡si es que la hubiera!, negándosela a los otros, pues, sí somos iguales en derechos.

99)    ¡Que bella la oreja adornada por el pendiente que brilla al atardecer!

100)  Así que cortes la cuerda el viento se escapará.

101)  El zócalo de esta pared puede subirse o bajarse e incluso se puede prescindir de él. Los zócalos de las paredes no tienen corazón.

102) Ha llamado el cartero, solo una vez, luego no es cierto lo que dijo aquel: El cartero siempre llama dos veces.

103)  Te cambio esta luz tan débil del invierno por una pareja de petirrojos zalameros y comilones.

104)  Los más jóvenes te cambian su juventud por tu sabiduría.

105)  La pasión es buena para el alma y para el cuerpo. No lo dudéis, vivir es siempre consumir y administrar pasión. Claro que sí, la pasión puede y debe administrarse, mas no es bueno eliminarla. Vivir sin pasión forma parte de la escalera que conduce al final.

106)  Es invierno mas, como estoy detrás de los cristales de una elegante habitación de hotel, lo noche es cálida.

107)  La sangre de las estrellas ha apagado el calor de su sol y ahora duermen la soledad de la inexistencia. No obstante, como fueron existir real, nos hacen guiños si las miramos.

108)  También sonríen las personas que ya están muertas. Pero, ¿a quién o a qué dirigen sus gestos?

109)  La voz es el signo y la simiente de la posteridad. Alza tu voz y que se engarce con el viento, más tarde, la lluvia, la sembrará sobre la tierra.

110)  La humedad del jardín empaña mis días sin sol. Que venga  ya la primavera y desempañe estos días sombríos.

Aquella nevada de enero de 2010 (fotografía CFB)

Aquella nevada de enero de 2010 (fotografía CFB)

2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

José Juan de Oro y el Ferrocarril de Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos

 

El cuadrante solar divide el planisferio
El mediodía azul puntúa el firmamento
Todo esto no sirve más que para llorar
Los escualos de nieve en su imperial silencio
Han llegado a las puertas tenebrosas del reino
Y el chambelán mayor le ha abierto el portal
Pere Gimferrer

 

El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
Antonio Machado

 

 

— ¿Sabéis por qué se celebró en Aranjuez?, porque había tren.

Se lo escuché decir a mi amigo Pepe Marañón. Estábamos reunidos el editor, Daniel Ruiz y yo. Comentábamos asuntos relacionados con los actos que se estaban preparando para conmemorar el centenario de la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Me refiero a aquel acto que, promovido por José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez, entre otros, se celebró en el Jardín de la Isla el 23 de noviembre de 1913. Y, pensándolo bien, no es ninguna tontería aquello que dijo nuestro amigo. El tren ha tenido desde su inauguración en 1851 una singular importancia en el desarrollo social, cultural y económico de Aranjuez.

         Hace poco más de un año, en el curso de una rueda de prensa para la presentación de las conferencias que se iban a impartir en el contexto de aquella conmemoración, Javier Zamora Bonilla, uno de los conferenciantes que participaron, también aludió al tren, al tren y a la modernidad, como razones que pudieron sustentar la propuesta de Juan Ramón Jiménez para que aquel acto de homenaje a Azorín se celebrara en Aranjuez. Y es que el tren, los trenes han tenido siempre una importante y expresa vinculación con la creación literaria, con la subversión y con el desarrollo de los pueblos. En el tren y sobre el tren se han escrito famosos textos literarios, quien no recuerda Asesinato en el Oriente Exprés de Agatha Christie, o el poema de Campoamor El tren expreso, o a la bella Ana Karenina que nos dono León Tolstoi. Y en algunos trenes se han celebrado reuniones de  importantes personalidades para cuchichear a espaldas de la represión o de la vista del adversario. Buen invento el tren, ¡qué duda cabe!

El río que nos lleva. Maderada y el tren al fondo

El río que nos lleva. Maderada y el tren al fondo

         Estas breves anotaciones vienen al caso porque nuestro querido documentalista gráfico, José Juan de Oro, acaba de obsequiarnos con una importante colección de acuarelas, dibujos, apuntes, junto a una excepcional colección de fotografías sobre el tren que une Aranjuez con Madrid y que en su día fuera conocido como el Tren de la fresa. El ferrocarril Madrid-Aranjuez se inauguró el 9 de febrero de 1851. No cabe ninguna duda de la importancia que aquella instalación, cuyas obras dieron comienzo en 1846, llegaron a ocupar a más de 7000 trabajadores en los diversos trabajos que aquella obra suscitó. Se trataba del primer tramo del proyectado ferrocarril entre Madrid y Alicante, proyecto promovido por el marqués de Salamanca, que tuvo el honor de ser el segundo ferrocarril instalado en España, el primero fue el de Barcelona-Mataró, inaugurado en 1848. No obstante, hay autores que consideran el primer ferrocarril español el inaugurado en Cuba (La Habana-Güines) en 1837.

Estación de Aranjuez

Estación de Aranjuez

         Pero a lo que íbamos: el pasado 24 de abril del año que acaba de finalizar —2014—, publicaba en este blog un trabajo sobre la publicación de un reportaje fotográfico en la “web” de José Juan de Oro sobre el Mercado de Abastos de Aranjuez y manifestaba mi profundo respeto y admiración por la obra de este excelente documentalista e historiador. De nuevo salta la sorpresa en forma de emoción, acaba de publicar una magnífica colección de fotografías y dibujos del ferrocarril, Madrid-Aranjuez, desde sus orígenes hasta nuestros días, señas de identidad de la ciudad y de los ciudadanos. Yo le tengo al tren, que conocí siendo aún muy niño y que no he dejado de utilizar y subirme desde los andenes de la Estación de Aranjuez hasta sus asientos para ir a Madrid y subirme desde los andenes Atocha o Sol para ir a Aranjuez. Pero el ferrocarril, —los raíles, el tren, la estación, todo él, caparazón y partes blandas—, es forma, luz y sombra, color, paisaje. Sí, el ferrocarril es siempre paisaje y es ahí donde ahonda la sensibilidad de José Juan, para ir punteando ante nuestros ojos las mil y una señal de esa indescriptible soledad que se interpone entre nosotros y el denso crepúsculo que en verano atraviesan los vencejos. Sí, el tren y los vencejos y el plenilunio sobre el puente que soporta el traquetear de hierros sobre el Tajo. Y más al fondo aún, la figura, el recuerdo de uno de los mayores coleccionistas de documentación gráfica sobre Aranjuez de todos los tiempos, Antonio González Parrilla, homenajeado por José Juan, desde el recuerdo, en esta entrada de su web. (http://www.aranjuezhistoriagrafica.com/)

¡Al tren! ¡Al tren! Han pasado algunos años.

¡Al tren! ¡Al tren! Han pasado algunos años.

         Ayer te vi llegar y descender. Venías de Madrid con la familia a pasar el domingo y apaciguar las huellas del seco verano madrileño en las frescas aguas del tajo. Sí, ibas a la Rotura o tal ven al Rancho Grande, bajo la presa de los Tillís. Venías preparado con tortilla, chorizo, filetes empanados y la bota de vino; las gaseosas para los críos la comprarías en el «gango»[1]. Aunque Aranjuez ya no es necesario para esta función —las gentes se van al mar—, el tren sigue estando ahí, pero el río yace envuelto en su cadáver. Y Juan José de Oro sigue pendiente y maneja el rayo de su cámara que nos devuelve los visibles tesoros que la luz y su mirar nos brindan. Es hermoso el tren visto a lo lejos, recortada su forma por las últimas luces de poniente. ¡Clic!

[1] Gango. Localismo de Aranjuez equivalente a «Chiringuito»

Se nos quedó pequeño el aparcamiento (fotografía de José Juan de Oro)

Se nos quedó pequeño el aparcamiento (fotografía de José Juan de Oro)

2 comentarios

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo