En el bosque 8

Cecilio Fernández Bustos

 

 

…desde el momento en que el diablo ya no da miedo, puede volver a ser “bueno”, pero solo en tanto que marioneta.

Gianni Rodari

 

 

Alborada 8

 

111)  Es verdad, la uva pasa es todo pellejo, pero, ¡ay!, esa opulencia de miel que oculta el arrugado pellejo justifica el cielo de un bocado exquisito.

112)  Ayer fuiste capaz de hilvanar un discurso compresible. Hoy, ¡no! Tu voz salta al abismo donde mueren las palabras y solo queda un breve eco lejano, muy lejano, que suena como el adiós.

113)  Esta tarde de invierno, quien lo diría, el cielo arde como el rescoldo de una fragua cuando le inyectan aire. Sucede a veces que el corazón de un hombre se inflama igual que el cielo cuando lo miran y acaricia unos ojos.

114)  No importa que acabe la fiesta para la mayoría. Ellos, unos pocos, se siguen bebiendo el carnaval.

115)  Las fiestas sirven para revelarnos muchas cosas. Si hay protagonismo de los que participan, las fiestas son como el arte original y abren la canal de la entraña a la sensibilidad.

116)  Toda metamorfosis nos revela el abismo donde anoche se durmió el genio. Hoy, al frotar la lámpara, hemos escuchado el grito del asombro y se nos ha vuelto blanco el cabello.

117)  Las utopías son notables representaciones de los anhelos del corazón. Son como puertas duras y difíciles de abrir, mas cuando el ingenio, la solidaridad y la voluntad se unen, pueden llegar a abrirlas y es entonces cuando el sol calienta a todos.

118)  Con ser muy importante, la cuestión no es tener o no tener. La cuestión es ser o no ser, pero a esto nos dedicamos menos.

119)  Y pueden decirme ustedes que haremos cuando dentro de cien mil años la derecha se haya callado.

120)  Y seguimos esperando para calentarnos e iluminarnos, pero el sol sigue sin salir.

121)  ¿Apocalipsis?: ¿os parece poco apocalipsis la falta de empleo, la falta de asistencia sanitaria universal y pública, la falta de educación pública y lo cara que está la comida, la electricidad, el gas y la vivienda?

122)  A veces me pregunto:¿por qué seremos tan frágiles, tan de usar y tirar?

123)  ¿La Maga?, sí la Maga. Cortázar en Buenos Aires doliéndose de París. ¿La Maga?, sí la Maga. Nostalgia de Buenos Aires sentida por Cortázar en París.

124)  Grotesco panorama en estos días en los que barruntamos la ausencia de justicia poética. Desde hace un tiempo dilatado se viene fabricando en Andújar, Jaén, una pieza de cerámica conocida como «Jarra Grotesca». Hubo un tiempo de gran dificultad para conseguir que el término grotesco permaneciera en mi léxico personal y cuando me era necesaria su utilización, recurría a la singular jarra de Andújar para recordarlo. Igual me sucede ahora con otras situaciones propias de la vida social, de nuevo necesito encontrar algunas palabras, por ejemplo: libertad, justicia, proletario. No obstante compruebo que no siempre un punto de apoyo te ayuda a mover la tierra. Mas, por fortuna, la jarra «Grotesca» de Andújar permanece.

125)  A veces pienso en esta tierra del sur, habitada por el sol y tan solicitada por las gentes del norte y me pregunto: ¿Por qué somos tan oscuros?

 

Desde mi ventana. Aranjuez, febrero de 2015 (fotografía CFB)

Desde mi ventana. Aranjuez, febrero de 2015 (fotografía CFB)

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Antonio Machado. 76 aniversario de su muerte

Cecilio Fernández Bustos

 

Queridos amigos, ¿sentís una leve vibración en vuestros corazones? Pues claro que sí la habéis sentido. Y aún ahora, ya entrada la noche, ese estremecimiento aún perdura en vosotros como en mí. Pues de eso se trata, hoy se cumplen 76 años de la muerte en Collioure de Don Antonio Machado.

En su memoria, amigos míos, os invito a leer uno de sus poemas.

 

 CANTE HONDO 

Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,
el plañir de una copia soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

… Y era el Amor, como una roja llama…
—Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro
que se trocaba en surtidor de estrellas—.

… Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
—Tal cuando yo era niño la soñaba—.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

Antonio Machado

 

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Aún quedan algunas rosas en los libros

Rosas en la poesía 3

Cecilio Fernández Bustos

 

 

vestida del color de mis deseos

Octavio Paz

 

 

La naturaleza y sus efectos sobre nuestro humor y estado de ánimo tiene un especial efecto en cada una de las estaciones. También, ¡claro esta!, según el lugar donde nos encontremos. De este modo, el paisaje se posesiona de nuestros ojos y de nuestra sensibilidad. Ahora estamos viviendo en Aranjuez (Madrid, España), lugar privilegiado que opera como vergel natural y vergel cultural. Y es ahí donde el ojo, en este caso humano, capta el relieve de las formas y el color. Esa fascinación, desde los ojos y por los ojos introduce en nuestra sensibilidad el impacto de la emoción que nos conecta a la belleza y al desafío de un nuevo conocer. Y así, tras acariciar el objeto con los ojos, nos vamos nutriendo de tacto y memoria de la visión y comparamos en el instante del gozo.

         No es menos cierto que la piel también percibe la atmosfera de lo acariciado por la visión y sentimos, más allá de los ojos, la suave emanación de lo sentido. Mas, también perceptible en cada estación, el aroma de todo lo existente, sea humano, vegetal o luminoso, se manifiesta y nos llega como nuevo producto que el sentido impulsa e interroga. La sustancia de la belleza se comunica de este modo a través de los sentidos y ocupa ese débil receptáculo donde se acomoda la memoria, licuada en espejismo, tal vez para toda nuestra vida.

         No es de un canto sensual, es de lo voluptuoso natural que acompaña nuestra estar aquí y es del sueño invernal de primavera de lo que quiero hablar, para que nuestra consciencia sea capaz de administrar tanta alegría. Cierto que hablamos de un fenómeno individual, cada cual gustamos la belleza a nuestro modo y no todos los paladares gustan el mismo sabor en la fresa o el mango. Pero para ayudarnos a percibirlo y saborearlo, ¡en invierno!, nada mejor que el recuerdo de las flores y,  sobre estas, las rosas. Y es tan cierto lo que digo que para rendir un homenaje a las flores  —forma, olor y sabor de la primavera, tan anhelada en estos fríos días de invierno—, he traído hasta aquí, unos hermosísimos poemas que os ofrezco, queridos lectores, en esta entrada de Unas palabras dichas.

 

El paseo de los sábados (fotografía CFB)

Invierno (fotografía CFB)

 

Rosa olida

Te inclinaste hacia una rosa,

Tu avidez

Gozó el olor, fue la tez

Más hermosa.

Y te erguiste con más brío,

Mas ceñida de ti estío

Personal,

Para mí –si más ayuda

Que una flor– casi desnuda:

Tú, fatal.

Jorge Guillen

 

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

 

Rosa

Hueles a rosa y se te abre en rosa

toda el alma rosada:

¿De qué rosal celeste desprendida

viniste a rozar, Rosa, mi alma?

Rosa, lento rosario de perfumes…

Rosa tú eres… Y una rosa larga

Que durará mañana y después de

mañana…

Dulce María Loynaz

 

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

 

La rosa

Yo sé que aquí en mi mano

te tengo, rosa fría.

Desnuda el rayo débil

del sol te alcanza. Hueles,

emanas. ¿Desde dónde,

trasunto helado que hoy

me mientes? ¿Desde un reino

secreto de hermosura,

donde tu aroma esparces

para invadir un cielo

total en que dichosos

tus solos aires, fuegos,

perfumes se respiran?

¡Ah, sólo allí celestes

criaturas tú embriagas!

Pero aquí, rosa fría,

secreta estás, inmóvil;

menuda rosa pálida

que en esta mano finges

tu imagen en la tierra.

Vicente Aleixandre

(De Sombra del Paraíso)

 

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

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En el bosque 7

Cecilio Fernández Bustos

 

 

El cuadrante solar divide el planisferio
El mediodía azul puntúa el firmamento
Todo esto no sirve más que para llorar
Los escualos de nieve en su imperial silencio
han llegado a las puertas tenebrosas del reino
y el chambelán mayor les ha abierto el portal

Pere Gimferrer

 

 

Alborada 7

96)    Nostalgia inversa es aquella que nos conmueve cuando el barrunto trae a colación aquellas cosas que no hicimos y con frecuencia oímos decir: «Me arrepiento más de lo que hice que de lo que no llegué a hacer nunca». De este modo estaríamos hablando de la nostalgia de lo no vivido o por vivir.

97)    También al sabio, como a mí que no lo soy, cuando parta de este mundo le quedaran pendientes de conocer muchas cosas. E incluso yo saldré ganando, pues, probablemente sepa o haya sabido de la existencia del sabio. Y esto no le ocurrirá al sabio con respecto a mí.

98)    ¡No, todos no somos iguales en la apariencia! Y no me parece honesto afirmar nuestra virtud, ¡si es que la hubiera!, negándosela a los otros, pues, sí somos iguales en derechos.

99)    ¡Que bella la oreja adornada por el pendiente que brilla al atardecer!

100)  Así que cortes la cuerda el viento se escapará.

101)  El zócalo de esta pared puede subirse o bajarse e incluso se puede prescindir de él. Los zócalos de las paredes no tienen corazón.

102) Ha llamado el cartero, solo una vez, luego no es cierto lo que dijo aquel: El cartero siempre llama dos veces.

103)  Te cambio esta luz tan débil del invierno por una pareja de petirrojos zalameros y comilones.

104)  Los más jóvenes te cambian su juventud por tu sabiduría.

105)  La pasión es buena para el alma y para el cuerpo. No lo dudéis, vivir es siempre consumir y administrar pasión. Claro que sí, la pasión puede y debe administrarse, mas no es bueno eliminarla. Vivir sin pasión forma parte de la escalera que conduce al final.

106)  Es invierno mas, como estoy detrás de los cristales de una elegante habitación de hotel, lo noche es cálida.

107)  La sangre de las estrellas ha apagado el calor de su sol y ahora duermen la soledad de la inexistencia. No obstante, como fueron existir real, nos hacen guiños si las miramos.

108)  También sonríen las personas que ya están muertas. Pero, ¿a quién o a qué dirigen sus gestos?

109)  La voz es el signo y la simiente de la posteridad. Alza tu voz y que se engarce con el viento, más tarde, la lluvia, la sembrará sobre la tierra.

110)  La humedad del jardín empaña mis días sin sol. Que venga  ya la primavera y desempañe estos días sombríos.

Aquella nevada de enero de 2010 (fotografía CFB)

Aquella nevada de enero de 2010 (fotografía CFB)

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José Juan de Oro y el Ferrocarril de Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos

 

El cuadrante solar divide el planisferio
El mediodía azul puntúa el firmamento
Todo esto no sirve más que para llorar
Los escualos de nieve en su imperial silencio
Han llegado a las puertas tenebrosas del reino
Y el chambelán mayor le ha abierto el portal
Pere Gimferrer

 

El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
Antonio Machado

 

 

— ¿Sabéis por qué se celebró en Aranjuez?, porque había tren.

Se lo escuché decir a mi amigo Pepe Marañón. Estábamos reunidos el editor, Daniel Ruiz y yo. Comentábamos asuntos relacionados con los actos que se estaban preparando para conmemorar el centenario de la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Me refiero a aquel acto que, promovido por José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez, entre otros, se celebró en el Jardín de la Isla el 23 de noviembre de 1913. Y, pensándolo bien, no es ninguna tontería aquello que dijo nuestro amigo. El tren ha tenido desde su inauguración en 1851 una singular importancia en el desarrollo social, cultural y económico de Aranjuez.

         Hace poco más de un año, en el curso de una rueda de prensa para la presentación de las conferencias que se iban a impartir en el contexto de aquella conmemoración, Javier Zamora Bonilla, uno de los conferenciantes que participaron, también aludió al tren, al tren y a la modernidad, como razones que pudieron sustentar la propuesta de Juan Ramón Jiménez para que aquel acto de homenaje a Azorín se celebrara en Aranjuez. Y es que el tren, los trenes han tenido siempre una importante y expresa vinculación con la creación literaria, con la subversión y con el desarrollo de los pueblos. En el tren y sobre el tren se han escrito famosos textos literarios, quien no recuerda Asesinato en el Oriente Exprés de Agatha Christie, o el poema de Campoamor El tren expreso, o a la bella Ana Karenina que nos dono León Tolstoi. Y en algunos trenes se han celebrado reuniones de  importantes personalidades para cuchichear a espaldas de la represión o de la vista del adversario. Buen invento el tren, ¡qué duda cabe!

El río que nos lleva. Maderada y el tren al fondo

El río que nos lleva. Maderada y el tren al fondo

         Estas breves anotaciones vienen al caso porque nuestro querido documentalista gráfico, José Juan de Oro, acaba de obsequiarnos con una importante colección de acuarelas, dibujos, apuntes, junto a una excepcional colección de fotografías sobre el tren que une Aranjuez con Madrid y que en su día fuera conocido como el Tren de la fresa. El ferrocarril Madrid-Aranjuez se inauguró el 9 de febrero de 1851. No cabe ninguna duda de la importancia que aquella instalación, cuyas obras dieron comienzo en 1846, llegaron a ocupar a más de 7000 trabajadores en los diversos trabajos que aquella obra suscitó. Se trataba del primer tramo del proyectado ferrocarril entre Madrid y Alicante, proyecto promovido por el marqués de Salamanca, que tuvo el honor de ser el segundo ferrocarril instalado en España, el primero fue el de Barcelona-Mataró, inaugurado en 1848. No obstante, hay autores que consideran el primer ferrocarril español el inaugurado en Cuba (La Habana-Güines) en 1837.

Estación de Aranjuez

Estación de Aranjuez

         Pero a lo que íbamos: el pasado 24 de abril del año que acaba de finalizar —2014—, publicaba en este blog un trabajo sobre la publicación de un reportaje fotográfico en la “web” de José Juan de Oro sobre el Mercado de Abastos de Aranjuez y manifestaba mi profundo respeto y admiración por la obra de este excelente documentalista e historiador. De nuevo salta la sorpresa en forma de emoción, acaba de publicar una magnífica colección de fotografías y dibujos del ferrocarril, Madrid-Aranjuez, desde sus orígenes hasta nuestros días, señas de identidad de la ciudad y de los ciudadanos. Yo le tengo al tren, que conocí siendo aún muy niño y que no he dejado de utilizar y subirme desde los andenes de la Estación de Aranjuez hasta sus asientos para ir a Madrid y subirme desde los andenes Atocha o Sol para ir a Aranjuez. Pero el ferrocarril, —los raíles, el tren, la estación, todo él, caparazón y partes blandas—, es forma, luz y sombra, color, paisaje. Sí, el ferrocarril es siempre paisaje y es ahí donde ahonda la sensibilidad de José Juan, para ir punteando ante nuestros ojos las mil y una señal de esa indescriptible soledad que se interpone entre nosotros y el denso crepúsculo que en verano atraviesan los vencejos. Sí, el tren y los vencejos y el plenilunio sobre el puente que soporta el traquetear de hierros sobre el Tajo. Y más al fondo aún, la figura, el recuerdo de uno de los mayores coleccionistas de documentación gráfica sobre Aranjuez de todos los tiempos, Antonio González Parrilla, homenajeado por José Juan, desde el recuerdo, en esta entrada de su web. (http://www.aranjuezhistoriagrafica.com/)

¡Al tren! ¡Al tren! Han pasado algunos años.

¡Al tren! ¡Al tren! Han pasado algunos años.

         Ayer te vi llegar y descender. Venías de Madrid con la familia a pasar el domingo y apaciguar las huellas del seco verano madrileño en las frescas aguas del tajo. Sí, ibas a la Rotura o tal ven al Rancho Grande, bajo la presa de los Tillís. Venías preparado con tortilla, chorizo, filetes empanados y la bota de vino; las gaseosas para los críos la comprarías en el «gango»[1]. Aunque Aranjuez ya no es necesario para esta función —las gentes se van al mar—, el tren sigue estando ahí, pero el río yace envuelto en su cadáver. Y Juan José de Oro sigue pendiente y maneja el rayo de su cámara que nos devuelve los visibles tesoros que la luz y su mirar nos brindan. Es hermoso el tren visto a lo lejos, recortada su forma por las últimas luces de poniente. ¡Clic!

[1] Gango. Localismo de Aranjuez equivalente a «Chiringuito»

Se nos quedó pequeño el aparcamiento (fotografía de José Juan de Oro)

Se nos quedó pequeño el aparcamiento (fotografía de José Juan de Oro)

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Como una pequeña herida

Cecilio Fernández Bustos

 

Qué importa que esté lloviendo, aunque llueva así cien años esto no es lluvia. Agua que cae, pero no lluvia.
Juan Carlos Onetti

 

Tiempo y tiempo, los ribereños han venido fecundando con su sudor la vida de esta tierra. Las manos de los agricultores han soportado heladas y húmedas nieblas recolectando pequeñas y nevadas coles de Bruselas, repollos y lombardas. Por aquí, ni en pleno invierno, la tierra dejaba un pequeño y merecido descanso a aquellos que se afanaban en sembrar y recolectar, aquellos obreros que facilitaban la ocupación de las cocinas y las mesas con al menos tibias hogazas de pan para untar con aceite que resbalaba por las aberturas acogedoras del migajón que nosotros contemplábamos hipnotizados por el color claro del pan y el verde untuoso del aceite.

A veces sucede y en esta ocasión sucedió. El suceso restallo al ritmo de tambores en los cristales de todas las ventanas y allí velozmente se asomaron los ojos de mujeres y hombres que apuraban el sueño de la noche recostados en sus lechos. Y vieron pasar la cabalgada de hombres y bestias levantando el polvo de las calles, reconstruyendo las viejas soledades olvidadas. El viendo andaba por las calles y los niños perseguían a los pájaros y buscaban en cada esquina una cara conocida, la cara de un amigo o la de una niña marcada en el mapa del corazón. Y en la penumbra, sumergidos en las grietas de los recuerdos, el hombre que ayer fuera el niño el niño de los pájaros, dejaba sentir, como un elogio, el sosegado e interrumpido aplauso de la vida y los olores sin clasificar quedaban suspendidos en el aire.

Niebla (fotografía CFB)

Niebla (fotografía CFB)

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En el bosque 6

Cecilio Fernández Bustos

 

 

¡Oh, dame la clave! (se esconde aquí, en la oscuridad, en algún sitio)

¡Oh, si tanto he de tener, déjame tener más todavía!

Walt Whitman

  

Alborada 6

83)    No es necesario acertar en el centro de la diana para alcanzar un toque de fascinación.

84)    Nos hemos acostumbrando y toda costumbre genera exigencia.

85)    ¿Quién no supo o no pudo definir el olor de una flor?: «aquel que ordenó cortarla».

86)    Los reflejos crepusculares arrancan bramidos a los cielos de Aranjuez, cuando hay nubes amenazantes en lo profundo del  horizonte.

87)    Voy y me dejo atrapar en el trajín del vendaval. Mas roto el cristal con el rumor de la tormenta, el agua se anegó de turbiedad.

88)    Nada mejor que un paseo hacia el norte para respirar el aire tibio del otoño. Eso sí, la mejor hora para un paseo tan delicioso es la de la siesta.

89)    No es el asombro lo que nos emociona, sino el objeto y su belleza lo que forja nuestra inquietud y turbación.

90)    Hacer consideraciones sobre el amor, la amistad o la justicia, cuando se tiene hambre y frío, puede dejar a la vida sin ningún valor. Y la muerte, ¡ay, la muerte!, una brillante espada para la justicia.

91)    La Nave de Cambaleo es como esa lluvia buena que, lentamente y sin prisa, va empapando nuestra conciencia. Es una buena forma de humanizar.

92)    ¿Pero es posible lo que se cuenta? Sí, es cierto, todavía se sigue comerciando con los seres humanos y con el agua y con los derechos.

93)    La Tierra Prometida, uno de los grandes mitos que abastecen de ambición a los hombres y que encubre paisajes, alimentos, amor y, sobre todo, seguridad. Por alcanzar la tierra prometida los hombres han dado la vida o han renunciado a la comodidad de lo conocido. El hambre, la libertad, el amor han sido especiales ámbitos de búsqueda de lo nuevo o de lo otro y de abandono del espacio donde aquello no existía. Aún siguen los españoles buscando esa tierra por el mundo.

94)    Son malos tiempos. El dolor se agazapa, se encoge ruborizado y calla. El hambre no, como el amor, es más desvergonzada y se muestra en toda su desnudez, sin ningún pudor.

95)       Hay que mirar de frente, a la cara y escuchar las voces de las gentes con quienes nos cruzamos en la vida.

 

 

"¡Surgen las formas!" Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

“¡Surgen las formas!” Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

 

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