Empecemos por seleccionar el pan

Cecilio Fernández Bustos

 

Para Benedicto Ramírez que, jubilado ya, no renuncia a seguir creciendo en amor y sabiduría

 

Vivo en un país en el que a diario nos espanta el espanto. ¿Y qué hacemos? Temer.
Ángeles Mastretta

Si sobrevives, si persistes, canta,
Sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama,
Apresúrate. El viento de las horas
Barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
Éste es el tiempo de vivir, el único.
Jaime Sabines

En esta farsa, enajenación de la sociedad de consumo, la oferta es infinita para quienes nada tienen. Tal como están poniéndose las cosas y tal como han estado siempre para aquella parte de la sociedad que unas veces hemos llamado esclavos, otras veces proletariado y tras la segunda guerra mundial, ¡con mucho énfasis!, sociólogos y economistas, nombraron como tercer mundo por un lado y clase media por el otro. Ustedes me disculparan hoy si empezamos por seleccionar el pan —sustancia más humana y humanista que el mismo hombre e incluso que Sócrates y Kant—. Se trata del pan, es decir del primer alimento básico que nos permite crecer y multiplicarnos. Metáfora, al fin y al cabo, como el maná bíblico, del alimento de los hombres. ¿Qué duda cabe?: las leyes económicas consienten a unos ciudadanos disfrutarlo todo y de todo, en cambio a otros les obliga a no disfrutar de nada y a carecer de todo, incluso de la vida y del imprescindible «pan» que nos permita subsistir y, por subsistir, ser.

Ayer vi unas imágenes en televisión de un grupo de muchachos en medio de ruinas y charcos de sangre y aguas sucias. Entre el polvo de las detonaciones, discutían con algunos adultos de los asuntos de la vida y de la muerte y, a uno de ellos, le salía de entre las ropas una hogaza de pan de la que pellizcaba algunas pequeñas migas, seguramente el pan tenía un destino más amplio que el de su portador y debía respetarlo, pero el estómago vacío mordía en la urgencia. De otra parte, también ayer, leía un relato-crónica de un viaje por España en la inmediata posguerra, del escritor canadiense-estadounidense, Premio Nobel en 1976, gran humanista, Saul Bellow. El texto titulado Carta de España, cuenta una anécdota visual: «El muchacho, con una espesa mata de pelo que le cubría sobradamente la nuca y con prematuras y marcadas arrugas bajo los ojos, ostentaba la precaria indiferencia de la profunda miseria y el odio enconado. Llevaba un trozo de pan sobresaliéndole del bolsillo».

Comparar aquel trozo de pan que en los años cuarenta del siglo XX sobresalía del bolsillo del muchacho español, con la hogaza de pan que pellizcaba el adolescente sirio en el siglo XXI, nos habla del fracaso de una sociedad enferma, cubierta de cicatrices y de nuevas y sangrantes heridas. Ayer y hoy el susurro de la miseria no se diluye nunca y castiga duramente a los más indefensos. El escenario nos muestra un panorama aberrante, la crueldad se apodera de las gentes, la emigración que ayer recuperó la Europa destruida y ya no es necesaria en Francia, ni en Holanda, ni en Bélgica, ni en Suiza, ni en Alemania, ni en el Reino Unido, ni en España. Es más, en China se produce a los miserables precios del coste del pan y la manta para cubrirse del frío nocturno en las pocas horas de descanso. En América resucitan los radicalismos de izquierdas y derechas y hay líderes que se permiten insultar a las mujeres y países donde se las asesina sin piedad. Se desprecia a los emigrantes y a los refugiados y en Europa desaparecen los niños y nadie sabe en qué son empleados: ¿habrá mayor desatino humano que éste? Una especie de mal está resurgiendo y entenebrece con nuevas energías de lo maldito.

Solo una súplica para finalizar estas breves reflexiones, que nadie se atreva a postergar la información a las cloacas de los servicios a la muerte. Que no vuelva Stalin y los estalinistas de todo cuño y moneda de la censura mientras Jane Fonda y Michael Sarrazín siguen danzando y el otoño levanta su música.

El otoño levanta su música. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

El otoño levanta su música. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

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El sol de octubre

Cecilio Fernández Bustos

 

El sol de octubre
ciñe al paisaje maduro.
Otorga a lo que vive
su plenitud de fruto.
José Hierro
(De Cuaderno de Nueva York. Hiperión, 1998)

 

Cuando llega el otoño y empiezan a menguar los días me gusta asomarme a la ventana, mítico ojo que me alumbra, y contemplar las puestas del sol, tan distintas y variables, tan sufridas y desconfiadas. El horizonte, donde se toca la tierra con el cielo, suele ser muy bello y en algunas ocasiones tamizado por un leve atisbo gótico, como de aquelarre goyesco. Por eso yo me asomo a la ventana a respirar las fiestas de las atardecidas de otoño y suelo dejar en la memoria fotográfica los rojos y amarillos del torbellino de luces y de sombras. Mas, para mejor fijar el temporal de brillos que percibo, me aproximo a lo que ha dejado dicho algún poeta o narrador sobre el prodigioso tránsito de los días de entretiempo, con vientos y aguaceros; con crepitar de elocuentes colores, como palabras dichas con voluntad de alas como hojas para escaparnos de la muerte.

Desde mi ventana: "puesta de sol". Aranjuez, octubre 2016 (fotografía CFB)

Desde mi ventana: “puesta de sol”. Aranjuez, octubre 2016 (fotografía CFB)

Aprovechando que el otoño pasa por aquí, por Aranjuez, abierto al espectáculo de los árboles desnudándose, quitándose colores que vuelven a la tierra para mullirla y tornarla generosa. Ahora en este tiempo de suaves y blandas veladuras conjugando los furiosos rojos de la tarde. Ahora, pues, me apetece leer a un poeta del Mediterráneo, sí en estas tardes me acerco con devoción a Francisco Brines. Sin dudarlo y sin buscar ningún cambio emocional, pero sin renunciar a ningún nuevo estímulo que nos provoque tan apasionado poeta.

Francisco Brines nació en Oliva, Valencia, en 1932. Pasó por varias universidades para licenciarse en derecho (Deusto, Valencia y Salamanca). Más tarde estudio filosofía y letras en Madrid. Ha sido lector de español en Oxford. Perteneciente al «grupo poético de los 50», ha realizado una obra apasionante y de muy alta calidad que los expertos definen: «su obra se sitúa entre la experiencia vital y la reflexión ética y metafísica, conformando uno de los acentos más personales de nuestro panorama poético. Premio Nacional de Literatura 1987 por El otoño de las rosas, ha recibido además, entre otros galardones, el Premio de la Crítica (por Poemas a la oscuridad) y el Adonais, por su primer libro, Las brasas». En 2010 recibió el XIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Desde 2006 es miembro de la Real Academia Española. Así mismo, en 1966 recibió el Premio Nacional de la crítica y en 1967 el Premio Pablo Iglesias; en 1987 el Premio Nacional de Poesía. Además de los citados, un número importante de otros Premios completan la nómina de la admiración y el respeto que ha merecido la obra de este poeta.

De su poemario El otoño de de las rosas (libro publicado en 1986, por el que el poeta obtuvo el Premio Nacional de las Letras) hemos traído a este blog tres poemas que dejo a vuestra lectura sobre esta página en blanco. Espero que os gusten y os acerquen a la voz de este gran poeta del Mediterráneo.

El otoño de las rosas

Vives ya en la estación del tiempo rezagado:
Lo has llamado el otoño de las rosas.
Aspíralas y enciéndete. Y escucha
Cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.

La fabulosa eternidad

Es rosa el monte tras el mudo huerto
del otoño. Los pájaros confunden
ramas, vuelos y trinos; y en el mar
se adormecen las velas solitarias.
Cuelgan de las palmeras los dorados
racimos, y los aires vienen breves
a golpear las ramas del naranjo.
Un aroma de tardíos jazmines
da a mi carne vigor, y juventud.
Los rosales son zarzas y son fuego:
se desnudan de olor. Y son sus flores
sangrientas, blancas, rosas, amarillas.
La casa esplende bajo el sol tardío;
el tiempo es una luz ya muy cansada.

Puntean las estrellas, y algún frío
baja el azul; es hosca la llegada
de los cuervos que baten el pinar.
Aquí, en este lugar, supo mi infancia
que era eterna la vida, y el engaño
da a mis ojos amor. Hoy miro el mundo
como el amante sabe, abandonado,
que quien le desdeñó le merecía.
Y todo pudo ser, pues fue vivido,
y este rumor de tiempo que yo soy
recuerda, como un sueño, que fue eterno.

Ante el jardín nublado

Cantan los pájaros en el jardín nublado.
Yo soy el negador de todo el tiempo
que me fue concedido, y aún me espera.
Soy la mirada en el jardín nublado,
del yerto mundo, de la cama difunta
que produce los sueños.
¿En dónde están, y a dónde va mi vida
que ya no está?
                                Si yo azotara a Dios
con ráfagas de lluvia, y posara en sus labios
la tibieza del sol, para enseñarle el beso,
y le luego arrancara
los ríos y las aves de sus ojos,
un torso palpitante del tacto de sus dedos,
y fuese el patrimonio que le queda
un nublado jardín, ya entrado octubre,
y más oscuridad al fin del año,
yo sé que en su venganza me impidiera morir,
pues con su fuerza poderosa
me borrara esta vida que se borra,
apagara la luz de aquel nacer.

Si Dios fuese posible,
y oyese estas palabras, no era posible el hombre,
y en el jardín nublado, que miro desde el cuarto,
cantan tristes los pájaros, con vida,
y hay un olor extendido de rosas,
como si sólo un hombre aquí existiera,
y porque existe él transcurre todo,
                                                                y la belleza
honda se ofrece ante su muerte,
con sólo el fin de darle un pensamiento.
Y así, de un mundo débil y una existencia torpe,
nace, breve, el amor.

Esperanza de otoño en Aranjuez. Jardín del Príncipe (fotografía de CFB)

Esperanza de otoño en Aranjuez. Jardín del Príncipe (fotografía de CFB)

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Dicen que ya es otoño, 22 de septiembre de 2016, 16,21 horas

 

Nada mejor para recibir al otoño que una lectura sosegada de algunos poemas de Antonio Colinas, poeta castellano sensible y culto , capaz de formularse esta pregunta: ¿La luz es de los dioses o la luz es un dios? [1]

 

 

Espeso otoño

Una cascada de hojas en el aire
pone ronco rumor a los paseos.
Plenitud rezumante de los pinos,
espesa luz ardiendo en los castaños,
cristalina penumbra de las grutas.
Un viento como un dios nos acaricia,
penetra en nuestras venas como un vino,
llena de brasas todo el corazón.
Hay en el aire un trino que no acaba
cuando en el césped ruedo enajenado,
me embriago de perfumes, reconozco
y acepto la locura de este otoño.
¿Dónde el misterio, dónde la secreta
mano que va tejiendo esta estación?

 

Llueven racimos, pétalos, palomas.

 

(Una brizna de yerba hay en mi lengua.)
(Este rocío de las madreselvas.)

 

En el templo de Venus una virgen
Ha desgarrado sus vestidos blancos,
Corre entre las columnas desolada.

 

(Todo mi cuerpo dulcemente herido.)
Centauro azul sal ya del soto verde.

 

(¿Qué victoria morir en este otoño1)

 

                                   Antonio Colinas
                                   (De Truenos y flautas en un templo [1968-1970]

[1] Antonio Colinas. Noche más allá de la noche. (poema XXXIV)

 

 

Ya ha empezado (fotogrfía de CFB)

Ya ha empezado (fotogrfía de CFB)

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Julio Nieto. Profesor, pensador y amigo

Cecilio Fernández Bustos

Este artículo, con ligeras modificaciones, es el mismo que escribí para incluir en el álbum que promovió el ingeniero y profesor de ICAI Antonio Arenas en agosto de 2011. 

 

Julio Nieto García ha muerto. Nació en Aranjuez el 31 de octubre de 1934 —y en Aranjuez ha fallecido el 12 de agosto de 2016—. Niño de la República guardará en alguna esquina de su honrada porfía de profesor la antorcha que ilumina. Su padre, Julio Nieto Calderón, natural de Ontígola, murió en septiembre de 1942, cuando Julio aún no había cumplido los ocho años — ¡Cuánto dolor en aquella familia!—. Su madre, María García Moratalla, nunca olvidará al joven esposo muerto a los 33 años.

      Su madre y Loyola son los artífices del humanismo culto y social de Julio Nieto. En las perpetuas rotaciones y confidencias de nuestra amistad, más antigua que el tiempo, muchas han sido las ocasiones en las que me ha comentado los esfuerzos de su madre por salir adelante y las muchas lágrimas y zozobras de aquella viuda, que no abandonó nunca la memoria del esposo muerto. En más de una ocasión me ha comentado cómo el Padre Fuentes le facilitó los primeros libros que utilizó en Loyola, porque su madre no podía pagarlos (todo un símbolo de su relación con el Centro de Formación Profesional). Sí, su madre y el Padre Fuentes han sido piedras angulares en la formación y desarrollo de la personalidad de nuestro amigo, la memoria, pues, debe de hacerles justicia, a ellos, cuando hablamos de la excepcionalidad del hijo y del discípulo.

      Su vida privada siempre le ha pertenecido a él y a los suyos. Su esposa, Esperanza Valencia y sus hijos, Julio y Celia, han formado siempre un equipo consolidado y fuerte para vivir y soñar y sufrir la vida.

Julio Nieto (fotografía, CFB)

Julio Nieto (fotografía, CFB)

 

     Lo que sigue lo sabe todo Aranjuez. Trabajo como técnico en EISA, profesor, gestor y directivo en Loyola, impulsor de los programas de formación ocupacional promovidos desde el INEM, colaborador del Ayuntamiento de Aranjuez en el diseño y gestión del Centro de Nuevas Tecnologías, promotor de actividades deportivas, ajedrecista, conferenciante, brillante consejero, conversador y amigo.

      Julio tendió su mano a cuantos pasaron por las aulas de Loyola en busca de un destello imaginativo para encontrar la luz y la belleza de ese saber práctico y realista que habita detrás de la ciencia y que nos permite avanzar en el mundo del trabajo y los afectos. Uno de sus alumnos más aventajados, ingeniero hoy, no hace mucho me comentaba « Julio fue quien me enseño las derivadas y las integrales. Nunca se me olvidará una temporada que dedicó a hacer problemas de lógica, unos relacionados con las Matemáticas y otros no, pero en todos ellos, había que agudizar el ingenio y la Lógica. Luego en la Universidad recuerdo a un profesor del ICAI que nos decía que un ingeniero es un portador de ingenio. Inmediatamente recordé los problema que nos ponía Julio.» Y eso ha sido Julio Nieto en su larga singladura de profesor, un sutil portador y promotor de ingenio que ha impulsado el desarrollo de la imaginación creativa en cientos de sus alumnos.

     Refiriéndonos a Julio Nieto, desde este lugar donde se abisman la conciencia y los recuerdos, conviene señalar tres rasgos característicos de su obra. En primer lugar quiero señalar su audacia. El pensamiento es memoria, fruto del esfuerzo y en ese sentido Julio Nieto ha sido audaz aceptando retos y concitando esfuerzos, para promover a su alrededor múltiples proyectos —deportivos, laborales, empresariales o educativos— en los que ha colaborado como protagonista o inductor. Y ha sido audaz porque siempre ha partido de considerar que el encuentro del pensar, el recordar y el proyectar constituyen la triada básica, junto con el esfuerzo perseverante, para conseguir algo. No importa partir de cero, si bien la estructura mental procede de la razón.

     A este respecto como parte de aquel esfuerzo el magnífico trabajo que realizo Julio Nieto en el diseño y puesta en marcha del Centro de Nuevas Tecnologías. El y yo hablamos de ello cuando era una mera entelequia e inmediatamente, Julio, empezó a mover los hilos que le vinculaban a los grandes profesionales, salidos de su trabajo como formador, y surgió un prodigio de Centro para la formación ocupacional de los demandantes de empleo, y la formación continua de los trabajadores en activo. Y aquello se llamó, Centro de Nuevas Tecnologías.

     Segundo, la amplitud de su mirada. La extensión de su horizonte humano y profesional. Y hablar de amplitud implica hablar de generosidad. Sí, generosidad para superar los límites restrictivos de la convivencia y poder ser amigo y colaborador de todos. Es aquí donde yo encuentro la más sublime expresión de la esencia de Julio Nieto. Me refiero a su capacidad, por encima de cualquier requisito imposible, de coincidir, sin renunciar a la discrepancia y a la contestación, con todos los ciudadanos de Aranjuez. Nunca ha renunciado a ser él mismo, no se ha plegado a nada ni a nadie ni ha renunciado a su individual subjetividad, ha sido el profeta de su propia concepción del mundo y de la convivencia humana. ¿De qué hablo? Pues de algo elemental, ¡Julio Nieto solo tiene amigos! y todos los que hemos coincidido con él nos hemos sentimos muy honrados con su amistad.

     En este ámbito, llevado de su anchura de miras y su generosidad, ha trabajado incansablemente por ejercer una intermediación pragmática entre sus alumnos y el mercado laboral. De modo que son legión los ciudadanos de Aranjuez que han encontrado acomodo en el mundo laboral y académico por la dedicación y el consejo de Julio Nieto.

      En tercer lugar la calidad. El talento fundado en la responsabilidad ha sido una de las notas más características del profesor. Eficacia como sentido último del esfuerzo y recinto de la soberanía del deber. El deber como sentido de lo que se debe aportar a la sociedad, lo que ha de invadir nuestra conciencia (psique) humana en el estudio y en el trabajo. Y es ahí donde el maestro vuelca el potencial inmenso de su entrega. El esfuerzo se transustancia en permanente flujo de expectativas y no se conforma con enseñar la mecánica de una ciencia, sino que va más allá y convoca a sus alumnos a superar las tendencias a la dependencia, a la pasividad, a la sumisión.

     No siempre entendemos en justicia lo que supone el servicio público y en demasiadas ocasiones nos pasa desapercibido el imponente servicio que prestan a la sociedad los profesionales de la educación. Así, en el caso de Julio Nieto García y con respecto a la sociedad ribereña, es evidente que nos estamos situando ante la figura de un gran servidor público, al que debemos una impagable contribución por su dedicación a la formación de excelentes profesionales.

     No es raro que Julio Nieto, por la brillantez de sus dones, sea estimado y reconocido por todo Aranjuez. Y sin renunciar al mérito de su transcurrir entre nosotros, sin obviar ninguna de las ilusiones que le han sustentado como paradigma de dignidad humana, queremos que su verdad como maestro de generaciones de arancetanos permanezca entre nosotros. Y lo queremos porque aspiramos a ser ciudadanos de una sociedad habitable y abierta, en la que nuestro amigo reciba el reconocimiento conciliar que le acompañe por los cálidos pasillos del tiempo.

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En el bosque 20

Cecilio Fernández Bustos

 

Lo importante no es el nombre, lo importante es lo nombrado.
Carlos Bousoño

 

Alborada 20

321) ¿De qué hablamos cuando hablamos de «cultura»? Hablamos de muchas cosas. Es seguro que en primer lugar hablamos del pan y de cómo compartir el pan para que llegue a todos. Porque el pan, simbólicamente, lo ocupa todo. Y hablando de pan, por una rendija se desliza la ética. Y si hablamos de ética hablamos de igualdad, de libertad, de justicia, de democracia. Porque la palabra ética, simbólicamente, lo ocupa todo. Y en tercer lugar, si hablamos de cultura, hablamos de diálogo. Y «Para dialogar, —lo dijo Antonio Machado— preguntad primero; después escuchad».

322) Dice mi admirado, Emilio Lledó —reciéntenme galardonado con la Medalla de Oro de su ciudad, Sevilla—, que: «Fruto de la democracia que se había iniciado en el siglo V a. C., el dialogo supuso la eliminación del lenguaje dogmático. La verdad se desvelaba no en el imperio del sacerdote o del rey, sino en la coincidencia de los hombres»,… Y el mismo Lledó, tirando de este hilo —la palabra, el diálogo— nos enfrenta también, como Adela Cortina, con la ética (cuestión importante, pues, la filósofa, se ha hecho presencia en los exámenes de selectividad de estos días, ella publicó un libro en mayo de 2013 —¿Para qué sirve realmente…? LA ÉTICA—, en el que, entre otras cosas, dice: «No es de recibo afirmar que todos somos responsables, ni que todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Eso es rotundamente falso. Lo que sí es verdad es que mucho de lo que ha pasado podría haberse evitado si personas con nombres y apellidos, entidades y organizaciones con un nombre registrado hubieran actuado siguiendo las normas éticas que les corresponden, explícitas o implícitas». )

323) Así, si entabláramos un diálogo sobre la cultura, para abrir boca, como si de un aperitivo se tratara, citaríamos a María Zambrano que, en la primera línea del Hombre y lo divino dice: «Una cultura depende de la calidad de sus dioses,…»

324) No todos los días hay tren con destino a la libertad. Si pierdes este, que sale hoy a la tarde, tal vez seas recluido en un calabozo a la espera de que haya un próximo transporte con el destino bien definido. No olvides que la vida puede ser divertida pero no siempre es justa.

325) Ayer ya lo decíamos. Se puede vivir bien, son muchos los hombres que han vivido bien —encajonados en jaula de oro o caja de cartón—, pero con un diseño preciso de lo que era su vida y una pléyade de jefes, ordenanzas, normas y controladores de su existencia. La filosofía contraria a Antonio Machado: el camino no se hace al andar, está hecho, diseñado y solo te cabe la necesidad de deslizarte por él como si fuera un tobogán mecánico.
Y se vive bien porque aprendiste a ser dócil, a dejarte llevar, a no oponer resistencia alguna. Era como la fidelidad a un credo religioso, con solo cumplir unas normas tenías garantizada la vida eterna y si eras un poco hábil y no muy escrupuloso aquí obtendrías el ciento por uno. Eso sí, deberías estar disponible por si eras necesario para tirar del carro o incluso, si las exigencias llegaban más lejos, deberías ofrecer la vida: ¡qué gran honor!, dar tu vida por la causa y, más aún, si las exigencias llegaban más lejos, tendrías que matar al adversario, llamado de otra parte «enemigo».
También puede ser cierto que ya nadie puede llevarte de la mano, ni tú puedes permitir a nadie que lo intente; tu vida es tuya y tú debes construirla, pintar el paisaje o escribir el libro y situarte en él. La libertad, ¡qué duda cabe!, puede regresarte al pensamiento del poeta: Caminante, no hay camino, / se hace camino al andar.

326) Busca la llave y con un solo clic participaras en la fiesta de la luz.

327) Lo miro, sí, lo estoy mirando y lo reconozco. Me reconozco en aquel niño que juega, pero no soy yo, «¡ya no soy yo!», hay una gran distancia, un ancho espacio que nos separa al niño y a mí. Es como aquello del río que siempre es el mismo pero distinto. Yo también soy como el agua que ha ido pasando y aún sigue pasando, soy yo pero no soy el mismo. Mantengo el mismo número de identidad y el mismo nombre y mis hijos me siguen llamando papá y mis nietas abuelo y mis hermanos hermano, pero no soy el niño que fui ayer.
El tiempo es espacio. Y esa distancia entre fechas no solo nos conmueve, sino que reforma nuestra identidad. Ser otro, forma parte de la existencia. Nadie estamos exentos a ese proceso de metamorfosis que nos cambia no solo el aparato físico que nos sustancia y sustenta y nos aguanta en la realidad. Sí, el tiempo cambia la sustancia y los vínculos que nos sostienen. Se desprenden escamas, se adhieren nuevas células físicas y sociales que brotan de uno mismo o se incorporan en forma de voces, de palabras. He ahí la rotundidad del ser.

328) Como Velázquez en Las meninas empujamos una puerta hacia el interior. Y ahí están ella y él. Ambos gesticulan y manejan sus instrumentos. Ella el piano el su voz. Y fluye el manantial de aguas límpidas de la conjunción armónica. Es la música, la música y la palabra en enlace perfecto: bello, sensual, apasionado. Y como un rumor que enciende la floración divina, se desprende el polen de la poesía que engendra el mito.

329) Siempre he creído que los recuerdos se sustentan sobre gestos y anécdotas y que su sustancia se conforma como una espiral que, según se va cebando y tomando cuerpo con nuevas vueltas, nos abisma y agarra fuertemente. De este modo te vas deslizando hacia el exterior y vas descubriendo e incorporando nuevos gestos, nuevas anécdotas. Vuelve a mí el manido ejemplo de las cerezas, pero es algo más serio y sutil. No son cerezas lo que va saliendo, son vainas que contienen multitud de diminutas semillas que están ahí, en un recóndito lugar de la mente, esperando el impulso de la respiración para brotar e iniciar el proceso de tejer emociones al ritmo de los latidos del corazón.

330) No digáis que no es triste. Al encender tantas luces donde habitamos, hemos apagado la Vía Láctea y ahora, los que aún vivimos, vamos como ciegos errantes cogidos a las manos de algún artilugio electrónico que nos ilumina y da sonido. Pero nuestra suerte cambió con el apagado de los astros, pues, ¡ay!, entonces se cerraron nuestros párpados.

331) La locura del pájaro que perdió el vuelo, asola la esperanza de la memoria de los hombres que pierden los recuerdos. Luego, ya lo dijo el poeta: Morir es olvidar una palabra dicha.

En el bosque. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

En el bosque. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

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Aquella tormenta que vivimos ayer

Cecilio Fernández Bustos

 

Los cuerpos cuentan, desde luego —cuentan más de lo que estamos dispuestos a admitir—; pero no nos enamoramos de los cuerpos, nos enamoramos de lo que somos, y si en gran parte de la naturaleza se ve circunscrita a un ámbito de carne y hueso, también hay otra cosa.
Paul Auster (de La noche del oráculo)

 

escanear0008Paul Auster tiene un pequeño libro titulado El cuaderno rojo. Se trata del libro que ahora tengo entre las manos y ojeo pasando páginas. Está editado por Seix Barral en la colección Booket y tiene fecha de mayo de 2012. El libro posee cuatro relatos autobiográficos del autor de Trilogía de Nueva York. Según leo la presentación o prólogo que del libro hace Justo Navarro, recuerdo que cuando lo compré, el mismo año de su edición, e hice una breve lectura de esas que van saltando páginas y nunca mejor dicho lo de saltando pues, cuando echaba un vistazo a este libro, iba en tren desde Madrid a Aranjuez. No obstante, hoy, según avanzo en esta nueva lectura descubro que el libro, que sigo recordando según lo voy leyendo, tiene algunos de los textos de Paul Auster prolijamente subrayados. Sin embargo, este artículo que escribo en estos momentos a modo de crónica, que no de crítica, sobre una lectura, quiero dedicarlo a uno de los primeros efectos y afectos de singular recuerdo que me proporcionara la lectura del llamado prólogo de Justo Navarro.

Siempre he creído que los recuerdos se sustentan sobre gestos y anécdotas y que su sustancia se conforma como una espiral que, según se va cebando y tomando cuerpo con nuevas vueltas, nos abisma y agarra fuertemente. Así te vas deslizando hacia el exterior y vas descubriendo e incorporando nuevos gestos, nuevas anécdotas. Vuelve a mí el manido ejemplo de las cerezas, pero es algo más serio y sutil. No son cerezas lo que va saliendo, son vainas que contienen multitud de diminutas semillas que están ahí, en un recóndito lugar de la mente, esperando el impulso de la respiración para brotar e iniciar el proceso de tejer emociones al ritmo de los latidos del corazón.

Paul Auster fue de excursión al bosque cuando tenía trece o catorce años, nos dice Juan Navarro al comienzo del prólogo. Y le sorprendió una tormenta. Antes de buscar y leer el relato de tal acontecimiento, importante, ¡qué duda cabe!, al leer en la introducción bosque, trece o catorce años y tormenta, automáticamente se abrió una vaina en mi mente. Se abrió la vaina que contiene las semillas gestadas cuando yo tenía parecida edad e iba de campamento a la Serranía de Cuenca con mis compañeros de las Escuelas Loyola de Aranjuez. Me quedé sólo en un bosque de pinos resineros buscando un abrelatas que nos habíamos olvidado al recoger después de la comida y mi ansiedad subió de tono cuando empezó a llover torrencialmente y escuché un sonoro trueno que retumbó en estrepitosos ecos frente a los altos farallones pétreos de Uña. Si hay que decir que pasé miedo, dicho queda: pasé miedo, mucho miedo hasta que desanduve la senda que me condujo hasta mis compañeros de acampada.

Cuando lees algo, real o ficticio, que interviene en las vainas tu colección y activa el ser de tu memoria y saltan esas destellos que chisporrotean e iluminan tus recuerdos, ¡ay!, entonces tienes consciencia de haber vivido y, aún más importante, eres consciente de estar vivo.

Testigo de aquella tormenta en la sierra y tal vez testigo del pavor que sintió aquel breve muchacho que era yo a los catorce años y otras posteriores vividas en otros ámbitos —tal vez eso que llaman suerte— nunca he sido testigo de la muerte de un amigo entre mis brazos, ni he contemplado el giro de su piel al color azul por el impacto del rayo.

Pronto hará un año (30 de agosto), sobre Aranjuez un potente huracán desgajo ramas y arranco árboles. Oculto en casa, desde mi ventana y con mucha precaución, fui testigo de cómo la naturaleza ocasionalmente se cobra su óbolo.

¡Ya pasó! Aranjuez, 30 de agosto de 2015 (fotografía CFB)

¡Ya pasó! Aranjuez, 30 de agosto de 2015 (fotografía CFB)

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En el bosque 19

Cecilio Fernández Bustos

 

El diálogo pone en ejecución la oralidad; sugiere, incluso en la escritura, posibilidades de una espontaneidad y un juego limpio antiautoritarios.
George Steiner

 

Alborada 19

302) Cuando salga el sol. Sí, cuando salga el sol tal vez alumbre una perspectiva más democrática que la nocturna. ¿Habrá que cambiar la hora de dormir?

303) Ya debería haber otro gobierno. El desacuerdo en la izquierda, tan antiguo y radical, no solo prolonga el fracaso de la derecha, sino que además contribuye al desprestigio de la izquierda. Algunos aún confiamos en la sensatez de ciertos hombres y todavía nos queda la esperanza.

304) Como viene sucediendo siempre, desde la antigüedad de Homero y su ciega visión de la guerra y la búsqueda de un lugar para vivir; desde que Lorca nos descubriera el verde de la muerte. Insisto, desde siempre, los ciudadanos, hombres y mujeres, hemos amado la poesía y hemos sentido el estremecimiento de una nueva voz llamando a nuestra caverna: ¿acaso era Talía?

305) Y es que la vida es tiempo y es espacio y en consecuencia movimiento. Y todo esto, os preguntareis, ¿por qué? o ¿para qué?

306) La nostalgia es el hilo con que cosemos nuestras historias personales.

307) Toda refundación supone un reencuentro con el pasado, pero no es el pasado. Entre el pasado y la refundación hay una trayectoria y esa trayectoria ha sido la vida. Unos la vivieron, otros la vieron pasar mientras esperaban — pero, ¿qué era lo que esperaban?—

308) Suele ser habitual que la crueldad vaya de la mano con la cobardía.

309) Pese a Ramón Gómez de la Serna, quienes meriendan todas las tardes no suelen sufrir de tristeza. No obstante, a lo mejor les duele el hígado.

310) Dudar es una de las más claras manifestaciones del saber.

311) La penumbra ácida de la vigilia de hospital.

312) En último término, de lo que hablamos es de la posibilidad de alcanzar la felicidad —o su máxima proximidad— en el seno de la sociedad que habitamos. No es nuestro interés la especulación: la vida es lo que nos interesa.

313) También Aristóteles —para muchos la máxima figura de la filosofía— tuvo su exilio y su caminar entre cardos, piedras y barro, como si fuera un refugiado de hoy.

314) Sí, es muy posible, volvemos a otros tiempos, tiempos que algunos hombres creyeron superados. Sí, aquellos tiempos tristes y oscuros de los que se ocupó la literatura en otros siglos. Sí, volvemos a instaurar la mercancía humana, no ya como fuerza de trabajo para producir riqueza, sino para acumular capas de miseria sobre miseria, terror sobre terror, muerte sobre muerte.

315) La igualdad entre los hombres nace de la naturaleza y es principio que nos acerca a conocer el bien. Toda carga de desigualdad, impuesta por la codicia y las disciplinas arrogantes de unos hombres sobre otros es de razón antinatural. Así, para alcanzar la perfección, hay que acomodar nuestras costumbres y nuestros hábitos al fluir limpio, leal y justo de la naturaleza. Venga pues la ley, iluminada por la ética, a conformar y establecer un tiempo de justicia, igualdad y responsabilidad.

316) Todo amor es siempre una inefable ocurrencia compartida. No obstante Nietzsche, lo bautizó como «cruel ocurrencia».

317) La cultura es, esencialmente, participación, creación, diálogo y camino a seguir.

318) ¿Acaso, las gentes de podemos, han llegado a la conclusión de que la seriedad es una virtud burguesa? ¿Será por esto su afición a desplegar en su entorno y en sus gestos la fantasía circense?

319) Si no se pueden formular preguntas, nunca encontraremos las respuestas.

"Todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa" Luis Cernuda. Sauce: antes del 30/08/2015. Jardín del Príncipe, Aranjuez (Fotografía CFB)

“Todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa” Luis Cernuda.
Sauce: antes del 30/08/2015. Jardín del Príncipe, Aranjuez (Fotografía CFB)

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