En el bosque 9

Cecilio Fernández Bustos

 

A los expoliados que naufragaron ayer en el Mediterraneo

 

Para no ser de los que se callan, para dar testimonio a favor de aquellos apestados, para dejar al menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que se les había infringido, y para decir sencillamente lo que se aprende en medio de las calamidades: no hay en los hombres más cosas que admirar que cosas que despreciar.

Albert Camus

  

Alborada 9

126) Cuando el laberinto se oscurece, como en los tiempos presentes, no es nada fácil encontrar la salida. Ni con el hilo de Ariadna ni con el GPS.

127)  La cultura es un proceso, antiguo como el hombre. Una especie de lluvia fina que va empapando la tierra, que la riega y disfruta. Y que va creando acuíferos, depósitos y huellas de identidades.

128)  Queridos amigos, ¿acaso no sentís una leve vibración en vuestros corazones. Pues claro, es eso. Hoy se cumplen 76 años de la muerte de Don Antonio Machado. (22 de febrero de2015)

129)  Para saber, que es conocer, el hombre debe abrir la puerta de la espera.

130)  Todo el llanto es inútil. Generación tras generación los hombres van naciendo de una pesadilla, ¡la guerra! No hay consuelo, solo dolor y odio que se infiltra en la sangre desde las fauces del recuerdo. Eso que algunos llamaron contraste histórico.

131)  Aquel cuento lo leí ya mayor en la edición que publico Seix Barral de Ceremonias. Pese a mi visita a París en 1964, aún no conocía a Julio Cortázar. No obstante, pese a descubrirlo siendo ya un hombre aún no lo he podido olvidar. Sí, me refiero a Continuidad de los parques.

132)  Alguien dijo que «Antes la cultura se dividía entre lo culto y lo popular». Y señalaba, —«Hoy, los taxistas escuchan a Mozart».[1]  Y digo que hay más cosas que pueden hacer -y hacen- los taxistas y los metalúrgicos y los pescadores; si se los deja, incluso pueden dirigir un país. No solo hoy, ayer también.

133)  No es el único, pero sí se trata de un valor a tener en cuenta. Me refiero a la lealtad. Por supuesto que hay cuestiones que pueden torcer nuestro rumbo, pero no aquellas cuyo fundamento o razón sea la de no haber llegado el primero a la meta. Cuestión esta que tantas tormentas ocasiona entre los políticos profesionales.

134)  No siempre está dispuesta la palabra para nombrar lo innombrable. Tal vez, en el caso que me ocupa, podría servir ruindad.

135)  ¡Es tanta la miseria pegada a las esquinas!

136)  La creación depende también del método y la disciplina. Las musas suelen andar de vacaciones descubriendo nuevos dolores y nuevas bellezas.

137)  Dejadme completarla, el ritmo es importante, pero la vida no suele avisar cuando está completa.

138)  La mirada es quien crea, por el amor, el mundo —dijo el poeta—. Pero, ¿quién crea la mirada?, Y el amor, ¿dónde habita?

139)  No le pidáis al poeta explicaciones. Su voz está en el poema y espera de ti, lector, todas las explicaciones.

140)  Yo sigo en ello, buscando una sola perla para dársela a ella.

141)  Donde mejor me encuentro es en la transparencia, es decir,

mezclado con la gente.

[1] Giles Lipovetsky. La posmodernidad no era esto. ICON, nº 15

Primavera (fotografía CFB)

Primavera (fotografía CFB)

2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

Las calles de Aranjuez 7

Calle de Stuart

Cecilio Fernández Bustos

 

A mis primos: José María, Ramón y Julio

 

El privilegio del origen, en los hechos humanos, es, al par, el privilegio del sentido: vislumbrar razones y causas con cuyo conocimiento sea posible evitar que los comportamientos se deslicen, colectivamente, hacia la destrucción de los individuos.

Emilio García Lledó

 

 

En la calle Stuart siempre hubo muchas cosas interesantes, allí se  gestaba el magma social del Aranjuez que conoció mi amigo. La mayoría de las tiendas de confección, las zapaterías, el cine de Canina, las bicicletas Casa Bernardino y las bicicletas Casa Marcos, la Librería Garpaje. Un casino, dos casinos, tres casinos: el de Industria y Comercio, el de los Militares y el del Círculo Agrario. Las peluquerías de Boni, Toro, la de mi peluquero, el señor Ángel, Castaña, Talavera y alguna que seguramente olvido. Imprentas, estación de autobuses, banco Vizcaya y Caja Madrid —en un local que otrora fue ferretería—, peluquerías y algunos bares muy representativos. Incluso un local donde se bailaba y se organizaban veladas de boxeo. Y, siempre gobernando, el Ayuntamiento ubicado en la Casa de empleados y la plaza de la Constitución. Al principio de la calle, con esquinas y fachadas a las calles de la Reina y del Príncipe estaba el hotel Pastor, hoy colegio de SAFA y ayer palacio del valido de Carlos IV, Manuel Godoy, Príncipe de la Paz y, cuando mi amigo era niño, residencia de una familia—familia de la que surgieron algunos buenos futbolistas—  dedicada al transporte de peatones en vehículos tirados por caballos y al negocio de los taxis, ya vehículos con motor de explosión. También estaba el magnífico  Mercado de Abastos; según nos dice Ángel Ortiz[1] «El Mercado Público de Aranjuez es el primer edificio importante construido por una Corporación municipal». Al final de la calle uno podía darse de frente con la plaza de toros, «la bicentenaria». En esta calle vivían mis primos José María, Ramón y Julio que se fueron a Madrid para siempre y por allí siguen.
         Paquito, el amigo que me lleva de su mano, durante varios años, anduvo fuera de Aranjuez. Cuando terminó el Servicio Militar, la Mili, se fue a vivir a Madrid. Pero siempre que tenía una ocasión, aunque solo fuera por unas pocas horas, regresaba a Aranjuez. Aquí estaban la novia, los padres, las hermanas y hermano, los sobrinos, primos y primas, tíos y tías, los amigos y la ciudad —sus calles, sus jardines, el campo y el río—, en fin todo lo que le interesaba en aquel tiempo. El viaje más cómodo lo hacía en autobús, cuando los AISA estaban en el paseo de las Delicias de Madrid, pero hubo un momento en que pudo disponer de una moto, una escúter de la marca Vespa y a partir de esa posesión solía venir a casa y volver a Madrid en moto. Aquello sucedía en los primeros años sesenta del siglo XX y el tráfico nada tenía que ver con el de hoy.
Calle de Stuart -Calle arriba, calle abajo- (fotografía CFB)

Calle de Stuart -Calle arriba, calle abajo- (fotografía CFB)

 

         También solía viajar frecuentemente por toda la geografía española. Aquellos viajes, siempre relacionados con el trabajo que en aquel tiempo hacía, le dejaban pequeñas rendijas de tiempo para hacer turismo en todas las ciudades que visitaba. Así, conocía calles, edificios, jardines. Algunas de aquellas ciudades le causaron una profunda impresión —nunca volvería a disfrutar de una visita a la Alhambra granadina como lo hiciera en aquellos tiempos, acompañado por un amigo ilustrado y sin turistas—. También tuvo oportunidad de degustar, en plan barato o invitado por los amigos o sus familiares, algunos de los platos más sabrosos del Cantábrico, de Andalucía, de Levante, de Cataluña o del interior. De hecho, no es que se dedicase a este deporte pero, si se terciaba, no solía negarse. Para resumir, ya que no es este el tema del artículo, citaré solo dos comistrajos de aquel tiempo y aquel trabajo que mi amigo degustó. En una ocasión, en Gijón, un compañero que andaba de patrona, le invito a comer en aquella casa y la sorpresa fue que, detrás de una fantástica fabada, bien surtida de excelentes fabes y los no despreciables frutos del cerdo, pusieron sobre la mesa unos pollos camperos asados al horno y una fuente de huevos fritos. El otro recuerdo le lleva a Huelva, a una corrala gigantesca —me río yo, dijo Paquito, de las de la calle Stuart— en uno de cuyos pisos vivía su amigo con sus padres y hermanos; el padre de mi amigo quiso obsequiarme, comentó, y me recibió a su mesa sobre la que esperaban una inmensa fuente de gambas blancas cocidas, ¡de Huelva, claro está!, y otra de pescada o merluza, como ustedes quieran nombrar, cocinada en salsa verde. Si Cervantes hubiera gozado de aquellas oportunidades que tuvo este ribereño para yantar manjares, tal vez los hubiera incluido en las bodas de Camacho.
Y sin embargo, ¡aún quedan corralas! (fotografía CFB)

Y sin embargo, ¡aún quedan corralas! (fotografía CFB)

 

         Debería disculparme de este devaneo pues de lo que yo quiero escribir en esta ocasión es de la calle de Stuart de Aranjuez. La calle de Stuart ha sido una de las calles más importantes y comerciales de Aranjuez, especialmente en mi infancia, adolescencia y juventud. No solo en Aranjuez se encuentra una calle con el nombre de un inglés, en Andalucía abundan. La calle de Stuart tiene su origen, como una princesa, en la mismísima calle de la Reina y avanza de norte a sur atravesando las calles del Príncipe, de las Infantas, del Real, de San Antonio, Gobernador, de Abastos, de San Pascual, Naranja, de la Rosa, de las Eras, de la Calandria y encuentra su final en la avenida de la Plaza de Toros —mal lugar para morir aunque se trate de una calle— El nombre de esta calle se funda, según puedo leer en un texto de mi amigo Luis de la Vega,  Calle Stuart «La Calle Stuart se denomina así por el propietario de la primera vivienda que se edificó en esa calle, la de Pedro Fitz-James Stuart y Ventura Colón de Portugal, marqués de San Leonardo, título concedido en mayo de 1764. Nació en Madrid en 1720. Era hijo segundo del tercer duque de Berwick y de Liria. Primer caballerizo del rey Fernando VI, gentilhombre de cámara, teniente general de los RE, Almirante de España y hermano del James Edward Fitz-James Stuart y Ventura Colón de Portugal, Duque de Veragua y de Berwick, origen del actual linaje de la Casa de Alba y genealógicamente descendientes de Cristóbal Colón»[2].
         Es ésta una de las calles que más ha bailado su nombre durante el pasado sigloXX, de nuevo mi amigo Luis, en su entrada citada, nos cuenta que «En el año 1929, cambio esta calle su nombre por el de Reina Dª María Cristina; en 1931 pasó a denominarse Pablo Iglesias; tras la guerra civil, en 1939 volvió de nuevo a cambiar su nombre llamándola Calle del Generalísimo Franco hasta 1980, en que se le devuelve su nombre original»[3].
Como indica su nombre (fotografía CFB)

Como indica su nombre (fotografía CFB)

 

         De la calle de Stuart conservaba mi amigo muchos recuerdos imborrables. Tal vez sea el más universal y compartido el ambiente que se formaba la noche de fin de año. Un conocido ciudadano tenía la sabia costumbre de pasarse toda la noche, ¡sí!, han entendido, ¡toda la noche!, calle arriba, calle abajo tocando una singular zambomba, por cuya caña subía el pellejo de un conejo. De tramo en tramo hacía una parada y trasegaba indistintamente brandy o aguardiente de las botellas que guardaba, una a la derecha otra a la izquierda, en los bolsillos del chaquetón con que se abrigaba. Se tocaba con un gorro, bien para el frío o para calentar el alcohol que cambiaba de las botellas a su estómago. Hace muchos años que no paseo la calle de Stuart las noches de fin de año, pero Paquito me comentó que aquel señor de la zambomba del conejo, había sido sustituido por su hijo. ¡Hijo o espíritu, todas las noches de fin de año!
         La calle de Stuart es camino inmejorable para acercarse al jardín del Príncipe o a tomar una cerveza en El Rana Verde, ese magnífico restaurante cuyos reflejos se mecen en las aguas del Tajo. No lo dudes, te hablo de ese Tajo cantado en excelente soneto por el poeta José García Nieto[4].

 

Reencuentro del Tajo en Aranjuez

Te vi, río que viera una mañana,
después, mucho después, temblando acaso
como agua presa en el gozado vaso
de la más delicada porcelana.
 
Sobre la piedra, el cielo, malva, grana,
se iba haciendo frutal en el ocaso.
Y el río, rama, verso, ¡oh, Garcilaso!
deshacía su música cercana.
 
Distribuyendo, repartiendo notas,
arpas de mármol, brazos de mujeres,
hojas del árbol fácil, confundía…
 
Río después cantado, rimas, gotas:
Narciso, Apolo; cisne, Hércules, Ceres,
el nombre por la fuente a la armonía.

 

         Si subes calle arriba (o calle abajo), con un ligero trote como de caballo bien educado. No obstante, va derrotando a izquierda y derecha como un toro mal criado. Los chiquillos se abren espantados y se paran a una distancia lógica para su rápida huida si es necesaria. Estamos, amigo mío, en la calle Stuart de Aranjuez. Hubo un tiempo, años cuarenta, cincuenta y sesenta, en que esta calle fue la preferida de la industria comercial, de las cañas de cerveza bien tiradas y de las terrazas. ¿Tú recuerdas el toldo del bar Sol?, cuando lo desplegaban como si se tratara de la vela de una goleta, uno podía creerse que estaba en Sevilla, sí, en Sevilla, en la mismísima calle de las Sierpes.
         La calle de Stuart la recuerdo, dice mi amigo, asfaltada siempre. Posiblemente esta calle con asfalto y la calle de San Antonio adoquinada hayan sido las primeras calles sin barro en días de lluvia o nieve de Aranjuez. Ambas calles eran paseo obligado de las tardes de domingo hasta la hora del cine. Los que iban al cine por esta razón y los que no iban al cine porque ya no había nada que hacer por la calle en los fríos inviernos del Aranjuez del brasero y la badila. A la postre, los amores buscados se encontraban casi siempre en la encrucijada de estas calles —las cuatro esquinas, tan nombradas como los jardines, guardan el espíritu civil de la Villa de Aranjuez y el dulce permanente de la pastelería La Madrileña—. Después de tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, como en las fábulas, un domingo cualquiera el chico se decidía y se acercaba a la chica que, en tantos cruces, le había aguantado la mirada y se iniciaba una conversación torpe, ingenua, entrecortada que, no obstante, en la mayoría de los casos era el preámbulo de unas vidas cosidas  para siempre. Más tarde, en pasado algún tiempo, si tenían dinero suficiente, se tomaban unas gambas a la plancha o unos calamares fritos y dos cañas de cerveza en Casa Jacinto. Si la película era interesante y conseguían entradas, algún domingo, la chica y el chico iban al cine.

[1] Ángel Ortiz Córdoba. El Mercado de Abastos. Algunas páginas de la historia de mi pueblo. Doce Calles / Aranjuez, 1898

[2] Publicado por Caminantes en Aranjuez en lunes, octubre 15, 2007

[3] Publicado por Caminantes en Aranjuez en lunes, octubre 15, 2007

[4] https://cecibustos.wordpress.com/2010/08/15/jose-garcia-nieto-reencuentro-del-tajo-en-aranjuez/

 

Alfonso XII contempla a los ribereños (fotografía CFB)

Alfonso XII contempla a los ribereños (fotografía CFB)

 

16 comentarios

Archivado bajo Calles de Aranjuez

Día Mundial de la Poesía. 21 de Marzo de 2015

Cecilio Fernández Bustos

Desde 2011 venimos celebrando en este blog, «Unas palabras dichas», el Día Mundial de la Poesía. Esta efemérides fue proclamada:

 Durante su 30° reunión, en París en octubre-noviembre de 1999, la Conferencia general de la UNESCO decidió de proclamar el 21 de marzo, como Día mundial de la poesía. Tras haber analizado pormenorizadamente la situación de la poesía en este final de siglo, se enunciaron las consideraciones siguientes:

  1. i) En el mundo contemporáneo hay necesidades insatisfechas en el terreno de la estética que puede atender la poesía en la medida en que se reconozca su papel social de comunicación intersubjetiva y siga siendo instrumento de despertar y de expresión de toma de conciencia ..
  2. ii) Existe desde hace veinte años un verdadero movimiento en pro de la poesía, habiéndose multiplicado las actividades poéticas en los distintos Estados Miembros , aumentado con ello el número de poetas.

iii) Se trata de una necesidad social que impulsa en particular a los jóvenes a volver a las fuentes constituyendo para ellos un medio de, interiorización, consiguiendo que el mundo exterior los atraiga irresistiblemente hacia un conocimiento más profundo.

  1. iv) Además, el poeta, en su condición de persona, asume nuevas funciones, ya que , los recitales poéticos, con la lectura de poemas por los propios poetas son cada vez más apreciados por público.
  1. v) Este impulso social hacia el reconocimiento de los valores ancestrales es asimismo una vuelta a la tradición oral y la aceptación del habla como elemento socializador y estructurador de la persona.
  2. vi) Existe todavía una tendencia en los medios de comunicación social y el público en general a negarse a no valorar el papel del poeta. Sería útil actuar para librarse             de esta imagen trasnochada, y conseguir que a la poesía se le reconozca el “derecho de ciudadanía” en la sociedad.

Pasa el tiempo, incluso pasan los siglos. Así, ha pasado el siglo XX y desde la nueva temporalidad del siglo XXI pensamos que siguen persistiendo hoy las razones que justificaron ayer la proclamación de esta celebración y por ello, de nuevo dedicamos una puerta de este blog a la celebración de el Día Mundial   de la Poesía.

Ando estos días preparando una intervención que me han solicitado para el 23 de abril, conmemoración de las muertes de Cervantes y de Shakespeare. El acto estará dedicado a Juan Ramón Jiménez. He pensado que, en esta ocasión, la celebración de el Día Mundial de la Poesía, también se lo vamos a dedicar a Juan Ramón.

Boca rosa (fotografía CFB)

Boca rosa (fotografía CFB)

 

Boca, rosa, boca, rosa

Los ojos se me meten, como pájaros
negros, por las abiertas rosas
y se están un instante en cada hoja
de boca, rosa, boca, rosa.
El ojo por el rojo,
limpieza con frescura,
forman
un laberinto
en donde todo y toda
complementan un lujo
de ilusión, sin más otra
que la hoja
verde que escamotea,
con el tallo, la espina que la roza.
Las rosas están todas en su casa
la casa de las rosas;
mis ojos se han salido de la suya,
la casa de las sombras,
en aventura
de color sano y de frescura loca;
un patio
de la gloria
terrena
que abandona
en su alto pensil
los ojos con las rosas”.

(De En el otro costado. Caminos sin tierra. [1936-1942] Exilio: Cuba, La Florida —Estados Unidos—

 

2 comentarios

Archivado bajo Poesía, Uncategorized

Una buena conclusión: la voz de Unamuno

Cecilio Fernández Bustos

 

Para Pablo y Tino

 

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
Miguel de Unamuno

 

En aquella ocasión nos juntamos para dar un paseo por Madrid tres amigos de siempre. Fue un buen día, ¡lo pasamos bien! Desde el principio, el encuentro en el tren con Mari y Martín tuvo su encanto. Una vez en Madrid, paralelo a los acontecimientos que vivíamos los tres, cada uno de nosotros evocaba, a veces sin disimulo, los recuerdos que iban surgiendo del reflejo del paisaje urbano o de la contemplación de los cuadros. Gozamos hondamente, como jovencitos estudiantes, de Rafael Sanzio y de Murillo en un primer asomo al museo del Prado —a la tarde, tras otras peripecias contemplativas, volveríamos al Prado y esta vez a Velázquez—.

         Comimos en grado de excelencia y bebimos bién, como aquellos del poema de Baltasar del Alcázar —En Jaén, donde resido, / vive Don Lope de Sosa / y direte, Inés, la cosa / más brava de él que has oído…— Hablamos de política actual y de los problemas que, otra vez, nos duelen en España. Recorrimos algunas calles conocidas y nos paramos ante el 20 de Hermosilla y el 4 de la calle de Recoletos. Desde la nostalgia de soñadas o, tal vez vividas, partidas de mus y futbolín hicimos proyectos para nuevos encuentros.

         Una buena conclusión para una jornada como la de ayer podría ser una pequeña reflexión en torno al El Cristo de Velázquez, uno de los cuadros menos populares de Velázquez, pero uno de los más impresionantes, porque el pintor sevillano unió muerte y resurrección en un cuadro sensible y profundo, donde el muerto es el hombre o, tal vez, el Cristo, es un hombre. Un hombre como los que mueren hoy bajo la piel de la tortura. Creo recordar que fue uno de los últimos cuadros que vimos aquel día, el postrero fue el de Las hilanderas. Pero el Cristo, me recordó a Unamuno. El gran filósofo, novelista y poeta vasco, escribió un largo poema bajo el titulo El Cristo de Velázquez. Acompañando unas fotografías del 13 de septiembre, como síntesis de lo vivido, un brevísimo fragmento del poema de Unamuno y, ¡cómo no!, una fotografía del Cristo que vimos en el museo.

         El poema sigue a continuación, se trata del poema IV de la Primera Parte. La fotografía adjunta, junto con las otras que ilustran nuestro paseo por Madrid.

 

Vista de Madrid desde la terraza del Ayuntamiento (fotografía CFB)

Vista de Madrid desde la terraza del Ayuntamiento (fotografía CFB)

 

El  Cristo de Velázquez

Miguel de Unamuno

 

Primera parte 

IV

Mi amado es blanco…

                                                               (Cantares, V, 10.)

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.

Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida,
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dio toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador! 

 

Cristo crucificado. Diego Velázquez. Museo del Prado. Madrid

Cristo crucificado. Diego Velázquez. Museo del Prado. Madrid

4 comentarios

Archivado bajo Crónicas afectivas

En el bosque 8

Cecilio Fernández Bustos

 

 

…desde el momento en que el diablo ya no da miedo, puede volver a ser “bueno”, pero solo en tanto que marioneta.

Gianni Rodari

 

 

Alborada 8

 

111)  Es verdad, la uva pasa es todo pellejo, pero, ¡ay!, esa opulencia de miel que oculta el arrugado pellejo justifica el cielo de un bocado exquisito.

112)  Ayer fuiste capaz de hilvanar un discurso compresible. Hoy, ¡no! Tu voz salta al abismo donde mueren las palabras y solo queda un breve eco lejano, muy lejano, que suena como el adiós.

113)  Esta tarde de invierno, quien lo diría, el cielo arde como el rescoldo de una fragua cuando le inyectan aire. Sucede a veces que el corazón de un hombre se inflama igual que el cielo cuando lo miran y acaricia unos ojos.

114)  No importa que acabe la fiesta para la mayoría. Ellos, unos pocos, se siguen bebiendo el carnaval.

115)  Las fiestas sirven para revelarnos muchas cosas. Si hay protagonismo de los que participan, las fiestas son como el arte original y abren la canal de la entraña a la sensibilidad.

116)  Toda metamorfosis nos revela el abismo donde anoche se durmió el genio. Hoy, al frotar la lámpara, hemos escuchado el grito del asombro y se nos ha vuelto blanco el cabello.

117)  Las utopías son notables representaciones de los anhelos del corazón. Son como puertas duras y difíciles de abrir, mas cuando el ingenio, la solidaridad y la voluntad se unen, pueden llegar a abrirlas y es entonces cuando el sol calienta a todos.

118)  Con ser muy importante, la cuestión no es tener o no tener. La cuestión es ser o no ser, pero a esto nos dedicamos menos.

119)  Y pueden decirme ustedes que haremos cuando dentro de cien mil años la derecha se haya callado.

120)  Y seguimos esperando para calentarnos e iluminarnos, pero el sol sigue sin salir.

121)  ¿Apocalipsis?: ¿os parece poco apocalipsis la falta de empleo, la falta de asistencia sanitaria universal y pública, la falta de educación pública y lo cara que está la comida, la electricidad, el gas y la vivienda?

122)  A veces me pregunto:¿por qué seremos tan frágiles, tan de usar y tirar?

123)  ¿La Maga?, sí la Maga. Cortázar en Buenos Aires doliéndose de París. ¿La Maga?, sí la Maga. Nostalgia de Buenos Aires sentida por Cortázar en París.

124)  Grotesco panorama en estos días en los que barruntamos la ausencia de justicia poética. Desde hace un tiempo dilatado se viene fabricando en Andújar, Jaén, una pieza de cerámica conocida como «Jarra Grotesca». Hubo un tiempo de gran dificultad para conseguir que el término grotesco permaneciera en mi léxico personal y cuando me era necesaria su utilización, recurría a la singular jarra de Andújar para recordarlo. Igual me sucede ahora con otras situaciones propias de la vida social, de nuevo necesito encontrar algunas palabras, por ejemplo: libertad, justicia, proletario. No obstante compruebo que no siempre un punto de apoyo te ayuda a mover la tierra. Mas, por fortuna, la jarra «Grotesca» de Andújar permanece.

125)  A veces pienso en esta tierra del sur, habitada por el sol y tan solicitada por las gentes del norte y me pregunto: ¿Por qué somos tan oscuros?

 

Desde mi ventana. Aranjuez, febrero de 2015 (fotografía CFB)

Desde mi ventana. Aranjuez, febrero de 2015 (fotografía CFB)

2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

Antonio Machado. 76 aniversario de su muerte

Cecilio Fernández Bustos

 

Queridos amigos, ¿sentís una leve vibración en vuestros corazones? Pues claro que sí la habéis sentido. Y aún ahora, ya entrada la noche, ese estremecimiento aún perdura en vosotros como en mí. Pues de eso se trata, hoy se cumplen 76 años de la muerte en Collioure de Don Antonio Machado.

En su memoria, amigos míos, os invito a leer uno de sus poemas.

 

 CANTE HONDO 

Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,
el plañir de una copia soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

… Y era el Amor, como una roja llama…
—Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro
que se trocaba en surtidor de estrellas—.

… Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
—Tal cuando yo era niño la soñaba—.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

Antonio Machado

 

IMG_9291_2_3

4 comentarios

Archivado bajo Jaula de los silencios

Aún quedan algunas rosas en los libros

Rosas en la poesía 3

Cecilio Fernández Bustos

 

 

vestida del color de mis deseos

Octavio Paz

 

 

La naturaleza y sus efectos sobre nuestro humor y estado de ánimo tiene un especial efecto en cada una de las estaciones. También, ¡claro esta!, según el lugar donde nos encontremos. De este modo, el paisaje se posesiona de nuestros ojos y de nuestra sensibilidad. Ahora estamos viviendo en Aranjuez (Madrid, España), lugar privilegiado que opera como vergel natural y vergel cultural. Y es ahí donde el ojo, en este caso humano, capta el relieve de las formas y el color. Esa fascinación, desde los ojos y por los ojos introduce en nuestra sensibilidad el impacto de la emoción que nos conecta a la belleza y al desafío de un nuevo conocer. Y así, tras acariciar el objeto con los ojos, nos vamos nutriendo de tacto y memoria de la visión y comparamos en el instante del gozo.

         No es menos cierto que la piel también percibe la atmosfera de lo acariciado por la visión y sentimos, más allá de los ojos, la suave emanación de lo sentido. Mas, también perceptible en cada estación, el aroma de todo lo existente, sea humano, vegetal o luminoso, se manifiesta y nos llega como nuevo producto que el sentido impulsa e interroga. La sustancia de la belleza se comunica de este modo a través de los sentidos y ocupa ese débil receptáculo donde se acomoda la memoria, licuada en espejismo, tal vez para toda nuestra vida.

         No es de un canto sensual, es de lo voluptuoso natural que acompaña nuestra estar aquí y es del sueño invernal de primavera de lo que quiero hablar, para que nuestra consciencia sea capaz de administrar tanta alegría. Cierto que hablamos de un fenómeno individual, cada cual gustamos la belleza a nuestro modo y no todos los paladares gustan el mismo sabor en la fresa o el mango. Pero para ayudarnos a percibirlo y saborearlo, ¡en invierno!, nada mejor que el recuerdo de las flores y,  sobre estas, las rosas. Y es tan cierto lo que digo que para rendir un homenaje a las flores  —forma, olor y sabor de la primavera, tan anhelada en estos fríos días de invierno—, he traído hasta aquí, unos hermosísimos poemas que os ofrezco, queridos lectores, en esta entrada de Unas palabras dichas.

 

El paseo de los sábados (fotografía CFB)

Invierno (fotografía CFB)

 

Rosa olida

Te inclinaste hacia una rosa,

Tu avidez

Gozó el olor, fue la tez

Más hermosa.

Y te erguiste con más brío,

Mas ceñida de ti estío

Personal,

Para mí –si más ayuda

Que una flor– casi desnuda:

Tú, fatal.

Jorge Guillen

 

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

 

Rosa

Hueles a rosa y se te abre en rosa

toda el alma rosada:

¿De qué rosal celeste desprendida

viniste a rozar, Rosa, mi alma?

Rosa, lento rosario de perfumes…

Rosa tú eres… Y una rosa larga

Que durará mañana y después de

mañana…

Dulce María Loynaz

 

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

 

La rosa

Yo sé que aquí en mi mano

te tengo, rosa fría.

Desnuda el rayo débil

del sol te alcanza. Hueles,

emanas. ¿Desde dónde,

trasunto helado que hoy

me mientes? ¿Desde un reino

secreto de hermosura,

donde tu aroma esparces

para invadir un cielo

total en que dichosos

tus solos aires, fuegos,

perfumes se respiran?

¡Ah, sólo allí celestes

criaturas tú embriagas!

Pero aquí, rosa fría,

secreta estás, inmóvil;

menuda rosa pálida

que en esta mano finges

tu imagen en la tierra.

Vicente Aleixandre

(De Sombra del Paraíso)

 

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

4 comentarios

Archivado bajo Rosas en la poesía, Uncategorized