Sueños de otoño. La afición al teatro

Cecilio Fernández Bustos

 

                                                                Para La Mirada de Ellas

 

El pasado día 15, domingo gris y frío de un invierno anticipado, tuve

Ahí están. Fotografía de Alfonso Segovia

Ahí están, son ellas. Fotografía de Alfonso Segovia

la oportunidad de asistir a una función de teatro, Sueños de Otoño, en la Nave de Cambaleo. La Compañía La Mirada de Ellas, bajo la dirección de Antonio Sarrió, nos ofreció un montaje nada convencional donde el palpitar de la fibra feminista nos sacudió una y otra vez en unos cuadros donde las actrices ritualizaron el dolor antiguo de ser mujer en una sociedad que, por más disimulos que haga, sigue siendo machistas hasta las cachas.

         La escena, impoluta en su negrura, nos mostraba la opacidad del ser que palpita allá, a lo lejos, esperando que un ligero rayo de luz, una leve brisa genere el movimiento ágil y armonioso de la danza, el paso firme de la osadía o el gesto airado de la elocuencia. Son mujeres que cantan y danzan, que tejen y destejen como Ariadna, un ligero aliento en el nombre del tiempo que vivimos. Crítica mordaz a una sociedad que no levanta faldas pues los pantalones nos han uncido por fin al carro de la historia. Son mujeres que portan el bramido y el grito para salvarse, para salvarnos de lo turbio y lo torpe de este siglo sin luces.

Y además tortura. Fotografía de Alfonso Segovia

Y además tortura. Fotografía de Alfonso Segovia

         Habrá quienes piensen que se trata de un juego y no lo es. Es verdad que el arte es con frecuencia un mero canto de diversión, una búsqueda activa, dirían los psicólogos, de apaciguar deseos. Pero yo veía antorchas de libertad guiando al pueblo como las pintadas por Delacroix en el siglo XIX. En esta ocasión no salimos al jardín, uno de los cuadros nos mostraba como una enferma inmóvil, ¡portadora del grito!, en la cama de un hospital, era tranquilizada por otra compañera que la calmaba describiendo desde la ceguera un paisaje que decía ver a través de una ventana. Y es que la ceguera debe atravesar el viso de opacidad para contarnos esos sueños de angustia que nos ofrece el pálpito heroico del despertar asolados por el grito. Y estas mujeres, como escapadas de un cuadro del siglo de las luces o de una tragedia griega nos alientan e iluminan.

         Mas las emociones que nos despiertan, hay que decirlo, proyectan la imagen de una mirada divertida más allá de la sonrisa y del volcán explosivo que deja verter su lava sobre el mar de nuestras dudas entrañables. Esas dudas de la entraña que se asoma de nuevo a la intemperie. Me ha gustado la obra en su conjunto, me han gustado las propuestas, una a una, me han gustado los vínculos del montaje. Todo ello, junto a la pasión y el esfuerzo de las actrices me ha empujado a comparar y sentir el vértigo de lo grande. Incluso esa peque niña, encantadora actriz moviéndose entre mujeres, me ha revelado esa paz de la ternura y el futuro.

         Sobre todo lo dicho, añadir el interés de los textos, diálogos, parlamentos dichos o gritados en un coagulo de esencia sobre lo que palpita la figura de Antonio Sarrió alojando su excelente maestría, su visión del espectáculo puro que talla y consigue las mejores luces como si de un diamante se tratara. Todo lo que he dicho de la obra y de las actrices debo decirlo de él, todo un maestro, ¡un resistente!   

Ellas también aplauden. Fotografía de Alfonso Segovia

Ellas también aplauden. Fotografía de Alfonso Segovia

      

Doy las gracias a Alfonso Segovia, autor de las fotografías, por autorizarme su utilización para este artículo. 

 

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2 comentarios

Archivado bajo Poetas y narradores

2 Respuestas a “Sueños de otoño. La afición al teatro

  1. Carlos

    Cecilio:
    qué pena que me entere ahora que estoy leyendo tu crónica sobre el espectáculo. No sé si de haberlo sabido, hubiese acudido a Cambaleo Teatro; últimamente estoy muy negativo. Soy consciente de que nuestros actores y demás profesionales que se ganan la vida en el ámbito del teatro se merecen nuestra estima y nuestra consideración y esto se demuestra llenando las salas de teatro y más si estas son alternativas, lo que significa que quedan fuera de las subvenciones y del control de los comisarios políticos que rigen estos pequeños reinos de taifas. Hay que denunciar la opresión y hay que ponerse en pie hasta decir basta y hasta que sangren las manos. Reitero mi pena y en otra ocasión será. Un abrazo. Y felices Fiestas de Invierno -te recuerdo que el préstamo es para siempre-. Carlos Manrique.

    • cecibustos

      Carlos:
      Aquella fue una semana complicada para todos. No obstante, conozco a alguna de las mujeres que forman el grupo y estuve al tanto. Se trata de un grupo de aficionadas con una excelente trayectoria. Yo ya había visto otro montaje que hicieron hace unos meses y me gustaron mucho. Pero ha sido en esta ocasión, con el montaje de “Sueños de Otoño”, cuando ciertamente han provocado esta reacción que hago patente en esta breve crónica. La próxima vez que hagan algo te lo contaré.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

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