José Ángel Valente: El jardín lugar de diálogo apacible

 

Cecilio Fernández Bustos

El jardín no es un lugar de soledad, sino lugar de un dialogo apacible generado en estancia de soledad.

                                                                                     José Ángel Valente

 

José Ángel Valente nació en Orense el 25 de abril de 1929 y murió en Ginebra (Suiza) el 18 de julio de 2000. Profesor, ensayista y poeta  realizó estudios de Derecho en Santiago de Compostela, pero fue en Madrid, en 1954, donde se licencio en Filología Románica. Fue profesor de lengua y literatura española en la Universidad de Oxford.

         Trabajó como profesor y funcionario de la ONU en Ginebra, a donde se trasladó en 1958 y donde estableció su residencia habitual. Ha vivido también en París (1982/1985) donde ejerció de director del servicio español de traducción de la UNESCO. Desde 1986 alternó su residencia entre Almería, Ginebra y París.

         Su obra literaria tiene en la poesía su máxima representación o, dicho con palabras de Andrés Sánchez Robayna, «…el espacio que esa obra crea o ha de crear a su alrededor y que constituye su ámbito natural de formación y de existencia.» Empezó a publicar poemas cuando aún era estudiante pero fue la concesión del Premio Adonais de Poesía, en 1954, por su libro A modo de esperanza, lo que le sirvió para darse a conocer en el mundo de la literatura. Además del ya citado Premio Adonais, José Ángel Valente obtuvo los siguientes: Premio de la Crítica en 1961 y 1980; Príncipe de Asturias, 1988; Premio Nacional de Poesía en 1993 y 2001; Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1998.

          El jardín nos hace una llamada, que no siempre esperamos, que se resuelve en los recuerdos de aquellos por los que hemos paseado, solos o en compañía. Por qué no, José Ángel Valente también ha debido respirar, en París o en Aranjuez, el aire, la luz, el sonido y los aromas de los jardines. El poeta se apoya en una cita de Eliot —«Tuvimos la experiencia pero perdimos el sentido, / y acercarse al sentido restaura la experiencia.»[1]—, para decirnos que: «El poema conlleva la restauración plenaria o múltiple de la experiencia en un acto de rememoración o de memoria, en el que los tiempos divididos se subsumen, pues toda experiencia así rememorada en su sentido, proyectada de una o muchas vidas, vuelve a urdir en potencia toda la trama de lo memorable desde su origen.»[2]

         Y es posible que en su caminar por los jardines se haya adentrado “más adentro en la espesura”, al estilo de Juan de Yepes y conocido al ser y su materia sumido en el recuerdo de su imagen. De ahí estos poemas que penemos aquí, en este blog, para gozar con su lectura.

 

Jardín de la Isla.- Aranjuez (CFB / 2012)

 

Los muslos de la mujer eran largos y húmedos. El fino vello brillaba    dorado al sol. Interminables profundidad sin fondo de la piel. Cuando reía, parecía su risa estremecerle el sexo y desatar       bandadas por el aire de indeclinables pájaros. Brotaba allí, me dije,    como otras tantas cosas de la naturaleza.
                                             
            (Jardín botánico)
                                                           De No amanece el cantor, 1992
 
Quisiera haber estado en los lugares en donde tú estuviste, en todos        los lugares donde hay acaso aún o sobrevive un fragmento de ti o de tu mirada. ¿Sería este vacío tuyo lacerante lo que hace de pronto        un espacio lugar? ¿Lugar, tu ausencia?
                                               De No amanece el cantor, 1992
                                              
 
Y la fidelidad que se deslíe
en los oscuros senos de la tarde
y el corazón de agua que naufraga
en el papel ceniza del estanque
y el llanto tenue y sus pequeños hilos
de niebla hilada por arañas frágiles
y el último peldaño
y el pie que en él en mano se convierte
y nos saluda cereal, nos lleva,
y vámonos, nos dice, aún y aún,
y vamos
hacia los oros de la sombra antigua.
 
                                              (Jardines)
                            De Al Dios del lugar, 1989

 

 

Puesta de sol en otoño. Jardín de la Isla, Aranjuez (CFB / 2011)

 


[1] T. S. Eliot.- Cuatro cuartetos

[2] José Ángel Valente.- Las palabras de la tribu. La hermenéutica y la cortedad del decir. Siglo XXI / Madrid, 1971

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2 comentarios

Archivado bajo El Jardín de los poetas

2 Respuestas a “José Ángel Valente: El jardín lugar de diálogo apacible

  1. Loli

    Cecilio, me ha gustado esta entrada. He leído los poemas de Valente y me han emocionado, con cuanto placer leo los siguientes versos: “Y la fidelidad que se deslíe / en los oscuros senos de la tarde / y el corazón de agua que naufraga / en el papel ceniza del estanque…”
    Un beso
    Loli

    • cecibustos

      Loli:
      Descubrí la poesía de José Ángel Valente en 1966. Lo sé porque conservo el primer libro que compré de él, “La memoria y los signos”. Luego vendrían más y los he leído y releído en etapas muy distintas, con la vida asociada a diversos proyectos. De aquel primer libro tengo muy subrayado un poema que se titula “La concordia” —no olvides que estábamos en 1966— y la primera estrofa decía: “Se reunio en concilio el hombre con sus dientes, / examinó su palidez, extrajo / un hueso de su pecho: —Nunca, dijo, / jamás la violencia.” Si no lo conoces, búscalo y lee lo que sigue.
      Gracias por tu comentario.
      Un beso,
      Cecilio

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