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Blanca Prieto. Exposición en Palencia

Cecilio Fernández Bustos     

 

                                                 estás sintiendo ahora
                                                           este aire de meseta, el que más sabe,
                                                           el de tu salvación que no se oye
                                                           porque tú eres música.

                                                           Claudio Rodríguez

                                              

 

Blanca Prieto es mi pintora preferida. Nació en Villarramiel, Palencia. A Blanca, su origen palentino, su mirada abierta a los amplios espacios castellanos, llenos de nieve hoy, mañana de sol y siempre de trigo y pájaros, la han dotado de una intimidad especial con la materia.

         Y ante “El ciego sol, la sed y la fatiga…” lanzará aquel grito del Cid que nos recuerda Manuel Machado: «¡En marcha!». Y Blanca Prieto vendrá a Madrid para aumentar su sabiduría. En 1963 viajará a América. Brasil y Argentina: Sao Paulo, Río de Janeiro y Buenos Aires acogerán a nuestra pintora, que celebrará importantes exposiciones. Tras dos años de experiencia americana, Blanca regresa a España en 1965. Volverá a su Tierra de Campos y a Madrid. Y así, trabajando y aprendiendo, exponiendo y cosechando premios, Blanca Prieto madurará como una artista de hondura sobria, como su tierra. Dominará el dibujo, la pintura y la cerámica que estudió en la Escuela de Cerámica de Madrid (aún recuerdo los hornos del Parque del Oeste y las hermosas rosas de la Rosaleda) 

         Tras estas múltiples andaduras, artista llena de plenitud, esta señora, reina de la cocina plástica y de la luz del color, tuvo la generosidad, en 1967, de instalar, como los profetas bíblicos, su tienda en Aranjuez. Y aquí, donde Tajo a Jarama el nombre quita, lleva ya más de cuarenta años trabajando una obra personal y por personal única y, al mismo tiempo, contribuyendo con su impulso y su entrega, como maestra, a la formación de pintores y ceramistas. Sí, esta mujer de apariencia frágil está dotada de una energía excepcional: participó en la creación del CRAC[1], ha sido profesora en la Escuela Municipal de Plástica, formadora de cerámica y pintura en la Universidad Popular de Aranjuez, ejerció como profesora de cerámica y pintura en su propio taller y ha participado en múltiples actividades culturales.

 

Lugar de la tierra

         Su obra, su pintura, ha sido expuesta en numerosas salas y sus telas están presentes en importantes colecciones de Europa y América. Seamos pocos o muchos los que hemos tenido el privilegio de contemplar la pintura de Blanca Prieto, lo cierto es que hemos asistido a esa especie de comunión que nos vincula con aquellos mitos originales donde se diluye la sustancia del ser. Y es que estos cuadros, tocados por el sudor de lo colectivo, enlazan con el grito expresionista de esa gran pintura que surge en las tierras sin sol, pero que anida en el fuego de los páramos. Es cierto que la pintura no es literatura y que por mucho que intentemos embadurnar la palabra con amapolas o líquenes, con tierras o con cielos, serán las manchas extendidas sobre el lienzo, con pinceles o con los dedos, las que nos comunican esa emoción de la belleza plástica.  

         Blanca Prieto nos sorprende de nuevo y ofrece a nuestra contemplación sus últimos trabajos. Expone en su otra casa, su tierra de nacimiento, adolescencia y juventud, Palencia. La exposición se llevará a efecto en la Fundación  Isabel Frontela (http://www.fundacionisabelfrontela.es/) y la inauguración será el próximo jueves, 10 de noviembre, a las 19:30. Desde aquí, su casa, Aranjuez, nos emociona saber que nuestra artista palentina sale de nuevo a la palestra y nos ofrece el alma de su creación, sus cuadros.       

 


[1] Colectivo Ribereño de Acción Cultural

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ALFREDO ALCAÍN. Fotografías

Madrid en el recuerdo

 

Cecilio Fernández Bustos

 

 

Alcaín expone fotografías en Madrid, en la galería Tiempos Modernos. Fotografías de aquellas famosas fachadas que le inspiraron una de las series más importantes de la pintura pop art de la plástica española, no en vano, Valeriano Bozal, dice del autor que “es nuestro mejor y más contumaz pintor pop”. Fotografías de portadas: Vaquería, Nieves, Peluquería, Colchonería,  Casa Ángel. Belleza y perplejidad enlazan sus manos y nos descubren un Madrid de los milagros que ya no existe. Hablamos de un Madrid contemplado por Galdós, por Valle Inclán, por Pío Baroja. Aquel Madrid donde comprábamos el pan, los churros, la harina de almortas y las lentejas, las gallinejas y los entresijos, en aquellos pequeños establecimientos donde se afanaban los que fueron comerciantes de la esquina o los bajos de mi calle.

         La memoria es también la esencia del ser de las ciudades. Y las portadas de los establecimientos comerciales y las barberías que tanto inspiraron al artista, también tienen memoria y se confabulan con la memoria de la ciudad y sus ciudadanos. Las fotografías de Alfredo Alcaín nos aproximan a la nostalgia que conmueve lo que se ha ido y ya no está. 

         Parece necesario que una ciudad muera para que  alumbre otra. No debemosolvidar que las ciudades, descontroladas de la memoria, se convierten en mera mercancía para que la piqueta las sepulte en el olvido. Cada portada de esta exposición, nos transmite una emoción envuelta en luminosidad e irradian ese pequeño pellizco que origina nuestro gesticular del alma.

         La cámara de Alcaín, ojo que busca el símbolo, hace el milagro de traer ante nosotros unas imágenes que dan cuerpo y presencia a nuestra nostalgia. Técnicamente hacen el milagro, lo escuché decir en la exposición, de fijar la imagen con una categoría casi de pintura hiperrealista. Pero no, no es pintura, es fotografía dotada de excepcionalidad y de la alegría del color; presencias de esas ausencias que se nutren del paso del tiempo. De este modo las imágenes captadas ayer por Alfredo, se constituyen en memoria, ayudan a la memoria como la escritura y se sustancian en poesía. Sí, estas fotografías de Alfredo Alcaín actúan como poesía.

         A veces la ciudad, esta ciudad que llamamos Madrid, se vuelve narcisista y nos exhibe sus más bellos encantos. Y aquí, en esta exposición, el hacedor de la magia es Alfredo Alcaín, que nos trae aquellos guiños, con precisión mental en la mirada mediadora y nos permite pasar, de la ceguera, al estasis del asombro.

        

  

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