Julio Nieto. Profesor, pensador y amigo

Cecilio Fernández Bustos

Este artículo, con ligeras modificaciones, es el mismo que escribí para incluir en el álbum que promovió el ingeniero y profesor de ICAI Antonio Arenas en agosto de 2011. 

 

Julio Nieto García ha muerto. Nació en Aranjuez el 31 de octubre de 1934 —y en Aranjuez ha fallecido el 12 de agosto de 2016—. Niño de la República guardará en alguna esquina de su honrada porfía de profesor la antorcha que ilumina. Su padre, Julio Nieto Calderón, natural de Ontígola, murió en septiembre de 1942, cuando Julio aún no había cumplido los ocho años — ¡Cuánto dolor en aquella familia!—. Su madre, María García Moratalla, nunca olvidará al joven esposo muerto a los 33 años.

      Su madre y Loyola son los artífices del humanismo culto y social de Julio Nieto. En las perpetuas rotaciones y confidencias de nuestra amistad, más antigua que el tiempo, muchas han sido las ocasiones en las que me ha comentado los esfuerzos de su madre por salir adelante y las muchas lágrimas y zozobras de aquella viuda, que no abandonó nunca la memoria del esposo muerto. En más de una ocasión me ha comentado cómo el Padre Fuentes le facilitó los primeros libros que utilizó en Loyola, porque su madre no podía pagarlos (todo un símbolo de su relación con el Centro de Formación Profesional). Sí, su madre y el Padre Fuentes han sido piedras angulares en la formación y desarrollo de la personalidad de nuestro amigo, la memoria, pues, debe de hacerles justicia, a ellos, cuando hablamos de la excepcionalidad del hijo y del discípulo.

      Su vida privada siempre le ha pertenecido a él y a los suyos. Su esposa, Esperanza Valencia y sus hijos, Julio y Celia, han formado siempre un equipo consolidado y fuerte para vivir y soñar y sufrir la vida.

Julio Nieto (fotografía, CFB)

Julio Nieto (fotografía, CFB)

 

     Lo que sigue lo sabe todo Aranjuez. Trabajo como técnico en EISA, profesor, gestor y directivo en Loyola, impulsor de los programas de formación ocupacional promovidos desde el INEM, colaborador del Ayuntamiento de Aranjuez en el diseño y gestión del Centro de Nuevas Tecnologías, promotor de actividades deportivas, ajedrecista, conferenciante, brillante consejero, conversador y amigo.

      Julio tendió su mano a cuantos pasaron por las aulas de Loyola en busca de un destello imaginativo para encontrar la luz y la belleza de ese saber práctico y realista que habita detrás de la ciencia y que nos permite avanzar en el mundo del trabajo y los afectos. Uno de sus alumnos más aventajados, ingeniero hoy, no hace mucho me comentaba « Julio fue quien me enseño las derivadas y las integrales. Nunca se me olvidará una temporada que dedicó a hacer problemas de lógica, unos relacionados con las Matemáticas y otros no, pero en todos ellos, había que agudizar el ingenio y la Lógica. Luego en la Universidad recuerdo a un profesor del ICAI que nos decía que un ingeniero es un portador de ingenio. Inmediatamente recordé los problema que nos ponía Julio.» Y eso ha sido Julio Nieto en su larga singladura de profesor, un sutil portador y promotor de ingenio que ha impulsado el desarrollo de la imaginación creativa en cientos de sus alumnos.

     Refiriéndonos a Julio Nieto, desde este lugar donde se abisman la conciencia y los recuerdos, conviene señalar tres rasgos característicos de su obra. En primer lugar quiero señalar su audacia. El pensamiento es memoria, fruto del esfuerzo y en ese sentido Julio Nieto ha sido audaz aceptando retos y concitando esfuerzos, para promover a su alrededor múltiples proyectos —deportivos, laborales, empresariales o educativos— en los que ha colaborado como protagonista o inductor. Y ha sido audaz porque siempre ha partido de considerar que el encuentro del pensar, el recordar y el proyectar constituyen la triada básica, junto con el esfuerzo perseverante, para conseguir algo. No importa partir de cero, si bien la estructura mental procede de la razón.

     A este respecto como parte de aquel esfuerzo el magnífico trabajo que realizo Julio Nieto en el diseño y puesta en marcha del Centro de Nuevas Tecnologías. El y yo hablamos de ello cuando era una mera entelequia e inmediatamente, Julio, empezó a mover los hilos que le vinculaban a los grandes profesionales, salidos de su trabajo como formador, y surgió un prodigio de Centro para la formación ocupacional de los demandantes de empleo, y la formación continua de los trabajadores en activo. Y aquello se llamó, Centro de Nuevas Tecnologías.

     Segundo, la amplitud de su mirada. La extensión de su horizonte humano y profesional. Y hablar de amplitud implica hablar de generosidad. Sí, generosidad para superar los límites restrictivos de la convivencia y poder ser amigo y colaborador de todos. Es aquí donde yo encuentro la más sublime expresión de la esencia de Julio Nieto. Me refiero a su capacidad, por encima de cualquier requisito imposible, de coincidir, sin renunciar a la discrepancia y a la contestación, con todos los ciudadanos de Aranjuez. Nunca ha renunciado a ser él mismo, no se ha plegado a nada ni a nadie ni ha renunciado a su individual subjetividad, ha sido el profeta de su propia concepción del mundo y de la convivencia humana. ¿De qué hablo? Pues de algo elemental, ¡Julio Nieto solo tiene amigos! y todos los que hemos coincidido con él nos hemos sentimos muy honrados con su amistad.

     En este ámbito, llevado de su anchura de miras y su generosidad, ha trabajado incansablemente por ejercer una intermediación pragmática entre sus alumnos y el mercado laboral. De modo que son legión los ciudadanos de Aranjuez que han encontrado acomodo en el mundo laboral y académico por la dedicación y el consejo de Julio Nieto.

      En tercer lugar la calidad. El talento fundado en la responsabilidad ha sido una de las notas más características del profesor. Eficacia como sentido último del esfuerzo y recinto de la soberanía del deber. El deber como sentido de lo que se debe aportar a la sociedad, lo que ha de invadir nuestra conciencia (psique) humana en el estudio y en el trabajo. Y es ahí donde el maestro vuelca el potencial inmenso de su entrega. El esfuerzo se transustancia en permanente flujo de expectativas y no se conforma con enseñar la mecánica de una ciencia, sino que va más allá y convoca a sus alumnos a superar las tendencias a la dependencia, a la pasividad, a la sumisión.

     No siempre entendemos en justicia lo que supone el servicio público y en demasiadas ocasiones nos pasa desapercibido el imponente servicio que prestan a la sociedad los profesionales de la educación. Así, en el caso de Julio Nieto García y con respecto a la sociedad ribereña, es evidente que nos estamos situando ante la figura de un gran servidor público, al que debemos una impagable contribución por su dedicación a la formación de excelentes profesionales.

     No es raro que Julio Nieto, por la brillantez de sus dones, sea estimado y reconocido por todo Aranjuez. Y sin renunciar al mérito de su transcurrir entre nosotros, sin obviar ninguna de las ilusiones que le han sustentado como paradigma de dignidad humana, queremos que su verdad como maestro de generaciones de arancetanos permanezca entre nosotros. Y lo queremos porque aspiramos a ser ciudadanos de una sociedad habitable y abierta, en la que nuestro amigo reciba el reconocimiento conciliar que le acompañe por los cálidos pasillos del tiempo.

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9 comentarios

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo

9 Respuestas a “Julio Nieto. Profesor, pensador y amigo

  1. Julio será único, fue lo mas necesario para los jóvenes que estudiaron en Loyola en los mediados del pasado siglo y aportó a todos el rigor para hacer lo que se debía y como se debía.

    • cecibustos

      Pedro, gracias por tu comentario. En pocas cosas podremos estar tan de acuerdo como en esta que afirmas sobre Julio y Loyola. No siempre tenemos la oportunidad de coincidir con ciudadanos tan destacados.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. juan luis cebrian camuñas

    Solo se le puede,querer,admirar y agradecer

    • cecibustos

      Juan Luis, de acuerdo con tus afirmaciones: amor, admiración y agradecimiento. Las tres confluyen con la razón y los afectos.
      Gracias por tu comentario.
      Saludos,
      Cecilio

  3. Lorenzo Sánchez Gil

    Emocionante palabras Cecilio. Tuve la suerte de disfrutar sus conocimientos en unas clases particulares que impartía a un grupo de chavales, en su casa de la C/Abastos. También aprendí derivadas e integrales con él. Años más tarde, supe de su enorme generosidad y compromiso para con Aranjuez, tanto en reuniones en la Casa del Pueblo,como en la época que citas de la puesta en marcha del Centro de Nuevas Tecnologias. Era grande en conocimientos científicos pero sobre todas las cosas era grande en Humanidad.
    Mi mas profundo respeto y admiración a su obra y a su memoria,

  4. Lorenzo Sánchez Gil

    Tuve la suerte de disfrutar de sus conocimientos siendo un adolescente en su casa dela C/Abastos, con él primero aprendí derivadas e integrales y, años más tarde supe de su enorme compromiso con Aranjuez en reuniones en la casa del Pueblo y en la puesta en marcha del Centro de Nuevas Tecnologias.
    Por encima de sus conocimientos científicos me llamo la atención su gran humanidad.
    Mi máxima admiración y respeto a su recuerdo.
    Un abrazo

    • cecibustos

      Lorenzo, ¡qué alegría saludarte! Cierto, Julio Nieto, como diría don Antonio Machado, fue, en el buen sentido de la palabra, bueno. Puede que incluso se entretuviera en trastornar signos y significados desde su enigmática transparencia. Era portador de esa encomiable memoria que tan insistentemente buscan ahora los pedagogos que ayer la rechazaron.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio
      (sirve para los dos comentarios)

  5. Muchos kilómetros recorrí, al lado de Julio, por los pasillos del Loyola charlando de infinidad de cosas. Paseos en los que hablábamos de la Escuela y de sus problemas, así como de aquella emocionante sociedad que nos tocó vivir en la época de la transición. Un día me comentó que le habían ofrecido trabajo en una de las grandes empresas de Aranjuez con un sueldo muchísimo más jugoso que el que nosotros le ofrecíamos en aquellos tiempos. Me dijo: cuando yo tenía hambre Loyola me dio de comer. Mientras Loyola necesite de mí, yo estaré aquí.
    Yo no sólo admiraba a Julio sino que lo sentía como un amigo fiel en la tarea de dirigir esa escuela tan querida para mí.

    • cecibustos

      Luis Emilio, ¡cómo me emociona tu comentario! Mira por donde, Julio nos ha ofrecido la posibilidad de recordar los pasillos de Loyola. Y también los tiempos de esperanza de la transición.
      Gracias por tu comentario
      Un abrazo,
      Cecilio

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