El sol de octubre

Cecilio Fernández Bustos

 

El sol de octubre
ciñe al paisaje maduro.
Otorga a lo que vive
su plenitud de fruto.
José Hierro
(De Cuaderno de Nueva York. Hiperión, 1998)

 

Cuando llega el otoño y empiezan a menguar los días me gusta asomarme a la ventana, mítico ojo que me alumbra, y contemplar las puestas del sol, tan distintas y variables, tan sufridas y desconfiadas. El horizonte, donde se toca la tierra con el cielo, suele ser muy bello y en algunas ocasiones tamizado por un leve atisbo gótico, como de aquelarre goyesco. Por eso yo me asomo a la ventana a respirar las fiestas de las atardecidas de otoño y suelo dejar en la memoria fotográfica los rojos y amarillos del torbellino de luces y de sombras. Mas, para mejor fijar el temporal de brillos que percibo, me aproximo a lo que ha dejado dicho algún poeta o narrador sobre el prodigioso tránsito de los días de entretiempo, con vientos y aguaceros; con crepitar de elocuentes colores, como palabras dichas con voluntad de alas como hojas para escaparnos de la muerte.

Desde mi ventana: "puesta de sol". Aranjuez, octubre 2016 (fotografía CFB)

Desde mi ventana: “puesta de sol”. Aranjuez, octubre 2016 (fotografía CFB)

Aprovechando que el otoño pasa por aquí, por Aranjuez, abierto al espectáculo de los árboles desnudándose, quitándose colores que vuelven a la tierra para mullirla y tornarla generosa. Ahora en este tiempo de suaves y blandas veladuras conjugando los furiosos rojos de la tarde. Ahora, pues, me apetece leer a un poeta del Mediterráneo, sí en estas tardes me acerco con devoción a Francisco Brines. Sin dudarlo y sin buscar ningún cambio emocional, pero sin renunciar a ningún nuevo estímulo que nos provoque tan apasionado poeta.

Francisco Brines nació en Oliva, Valencia, en 1932. Pasó por varias universidades para licenciarse en derecho (Deusto, Valencia y Salamanca). Más tarde estudio filosofía y letras en Madrid. Ha sido lector de español en Oxford. Perteneciente al «grupo poético de los 50», ha realizado una obra apasionante y de muy alta calidad que los expertos definen: «su obra se sitúa entre la experiencia vital y la reflexión ética y metafísica, conformando uno de los acentos más personales de nuestro panorama poético. Premio Nacional de Literatura 1987 por El otoño de las rosas, ha recibido además, entre otros galardones, el Premio de la Crítica (por Poemas a la oscuridad) y el Adonais, por su primer libro, Las brasas». En 2010 recibió el XIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Desde 2006 es miembro de la Real Academia Española. Así mismo, en 1966 recibió el Premio Nacional de la crítica y en 1967 el Premio Pablo Iglesias; en 1987 el Premio Nacional de Poesía. Además de los citados, un número importante de otros Premios completan la nómina de la admiración y el respeto que ha merecido la obra de este poeta.

De su poemario El otoño de de las rosas (libro publicado en 1986, por el que el poeta obtuvo el Premio Nacional de las Letras) hemos traído a este blog tres poemas que dejo a vuestra lectura sobre esta página en blanco. Espero que os gusten y os acerquen a la voz de este gran poeta del Mediterráneo.

El otoño de las rosas

Vives ya en la estación del tiempo rezagado:
Lo has llamado el otoño de las rosas.
Aspíralas y enciéndete. Y escucha
Cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.

La fabulosa eternidad

Es rosa el monte tras el mudo huerto
del otoño. Los pájaros confunden
ramas, vuelos y trinos; y en el mar
se adormecen las velas solitarias.
Cuelgan de las palmeras los dorados
racimos, y los aires vienen breves
a golpear las ramas del naranjo.
Un aroma de tardíos jazmines
da a mi carne vigor, y juventud.
Los rosales son zarzas y son fuego:
se desnudan de olor. Y son sus flores
sangrientas, blancas, rosas, amarillas.
La casa esplende bajo el sol tardío;
el tiempo es una luz ya muy cansada.

Puntean las estrellas, y algún frío
baja el azul; es hosca la llegada
de los cuervos que baten el pinar.
Aquí, en este lugar, supo mi infancia
que era eterna la vida, y el engaño
da a mis ojos amor. Hoy miro el mundo
como el amante sabe, abandonado,
que quien le desdeñó le merecía.
Y todo pudo ser, pues fue vivido,
y este rumor de tiempo que yo soy
recuerda, como un sueño, que fue eterno.

Ante el jardín nublado

Cantan los pájaros en el jardín nublado.
Yo soy el negador de todo el tiempo
que me fue concedido, y aún me espera.
Soy la mirada en el jardín nublado,
del yerto mundo, de la cama difunta
que produce los sueños.
¿En dónde están, y a dónde va mi vida
que ya no está?
                                Si yo azotara a Dios
con ráfagas de lluvia, y posara en sus labios
la tibieza del sol, para enseñarle el beso,
y le luego arrancara
los ríos y las aves de sus ojos,
un torso palpitante del tacto de sus dedos,
y fuese el patrimonio que le queda
un nublado jardín, ya entrado octubre,
y más oscuridad al fin del año,
yo sé que en su venganza me impidiera morir,
pues con su fuerza poderosa
me borrara esta vida que se borra,
apagara la luz de aquel nacer.

Si Dios fuese posible,
y oyese estas palabras, no era posible el hombre,
y en el jardín nublado, que miro desde el cuarto,
cantan tristes los pájaros, con vida,
y hay un olor extendido de rosas,
como si sólo un hombre aquí existiera,
y porque existe él transcurre todo,
                                                                y la belleza
honda se ofrece ante su muerte,
con sólo el fin de darle un pensamiento.
Y así, de un mundo débil y una existencia torpe,
nace, breve, el amor.

Esperanza de otoño en Aranjuez. Jardín del Príncipe (fotografía de CFB)

Esperanza de otoño en Aranjuez. Jardín del Príncipe (fotografía de CFB)

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4 comentarios

Archivado bajo Las cuatro estaciones

4 Respuestas a “El sol de octubre

  1. un otoño muy caliente, hasta han salido los frutos del acebo en La isla

    • cecibustos

      Pedro, ya lo dice El poeta. Él también ha detectado «Un aroma de tardíos jazmines». Y también recurre a la metáfora del jardín nublado. En nuestro caso, calores intensos y nublados ya han desatado tormentas. ¡Qué duda cabe!
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Cecilio:
    Dices que los árboles se desnudan, quitándose los colores. ¡Qué bonito!
    Y también hacen una alfombra para poder pisarla.
    ¡Precioso otoño!
    Un abrazo,
    Loli

    • cecibustos

      Loli: ¡cuánto me gusta tu comentario! Denota que has degustado el texto y las fotografías. Con visión tan poética se puede transitar en compañía.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un beso,
      Cecilio

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