Cielos de Aranjuez 1

Cecilio Fernández Bustos

 

No somos nunca lo que fuimos.
Chantal Maillard

La rosa sin porqué florece porque florece.
Angelus Silesius

 

 

Los cielos de Aranjuez suelen ser sorprendentes en cualquier época del año. Yo tengo una posición ideal «desde mi ventana» para contemplarlos. Suelen encontrar fantásticas gradaciones del color: azules, verdes, amarillos, rojos, malvas, grises. Emocionante paleta a la caída de la tarde cuando te diluyes en la lectura de un buen libro. Tal vez merodean por esas tardes las palabras caídas de la boca de los poetas que extasiados contemplan la levedad mortal de los colores. Sucede también en las mañanas. Yo ignoro las mañanas y me suelo enamorar al atardecer. Es entonces cuando se establece una leve brisa y como decurso de vasos comunicantes por donde se derraman los colores, se empiezan a observar las felices transformaciones que, creciendo y decreciendo, van tiñendo el cielo que contempla mi mirada de netas fragilidades.
Crepúsculo 1. Aranjuez (fotografía de CFB)

Crepúsculo 1. Aranjuez (fotografía de CFB)

Lo dice el cielo deslizándose por el tobogán de los minutos. No somos nunca lo que fuimos, ni volveremos a serlo en los espejos ni en las fotografías. Ya no hay dioses que dicten reglas a los hombres. El hombre se sabe inventor de las mentiras y también de alguna que otra sometida verdad. Pero el color no. El color tiene su origen en la luz y los múltiples filtros de la atmósfera empujados por los vientos entre el sol y los humanos. Griterío de los espíritus hechizados que habitan la biblioteca de Emerson. Ese ámbito del color silencioso de la lejana belleza: lejana, cambiante, resplandeciente, cobijo de toda levedad y frágil como esa imagen que tratamos de aprehender y se desvanece en nuestras manos como si fuera solo un gemido.
Crepúsculo 2. Aranjuez (fotografía CFB)

Crepúsculo 2. Aranjuez (fotografía CFB)

Como presagio de lo oscuro, este incendio del cielo nos muestra la sentencia de la eternidad difusa y cambiante de la vida, ese río de Heráclito, metáfora existencial, que solo deja huellas de lo que fuimos y aún de lo que seremos más tarde. Tal vez estos cielos crepusculares de Aranjuez, que preceden al viento oscuro en la sombra de la noche, aúnan en su agradable belleza la nota seductora del color. No es cielo en nuestro desconsuelo, es cielo para que huelas el silencio sideral de las palabras.
Crepúsculo 3. Aranjuez (fotografía CFB)

Crepúsculo 3. Aranjuez (fotografía CFB)

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Cielos de Aranjuez 1

  1. que real “Lo dice el cielo deslizándose por el tobogán de los minutos. No somos nunca lo que fuimos, ni volveremos a serlo en los espejos ni en las fotografías”.

    • cecibustos

      Pedro, muchas gracias. Has tocado en una de las yagas de la vida, ser y estar. Aquí señalamos, ambos, el gesto de la huella que dejamos, como el sol al despedirse cada tarde.
      Saludos,
      Cecilio

  2. Maricarmen

    Hola Cecilio. Qué bonitos esos atardeceres llenos de color que todavía podemos disfrutar. Pero, te acuerdas de aquellos cielos estrellados en las noches de verano, que ha sido de ellos? Los hemos perdido como tantas cosas que se nos han quedado por el camino. Las noches de verano eran mágicas, cuando podíamos ver las constelaciones y pedir deseos a las estrellas fugaces. Deseos que nunca se iban a cumplir, pero eso era lo de menos.
    En fin, gracias sean dadas porque aun disfrutamos de los atardeceres.
    Un beso. MariCarmen.

    • Mari Carmen, es verdad, son muchas las cosas que se nos han quedado por el camino. Pero la Vía láctea sigue estando ahí, asomándose a nuestras ventanas, cuando dormimos. El problema nada despreciable es que nos ha dado por encender todas las luces: las de casa, las de las calles, las de las fábricas, las de los coches. Durante la noche hemos inventado un nuevo día y ello nos cuesta ser ciegos por la noche. Yo lo añoro profundamente y tal vez, como tú, es un pequeño dolor que me acompaña. Dirán vete lejos de la ciudad y volverás a ver la Vía láctea. Si, tienen razón, pero no es lo mismo. ¡No es lo mismo!
      Gracias, muchas gracias por tu comentario
      Un beso,
      Cecilio

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