Las calles de Aranjuez 8

Calle de Postas
Cecilio Fernández Bustos

 

Las multiplicidades que giran múltiples en la multiplicidades del instante único en que vivimos. Y fíjate, el instante todavía no ha acabado!
Franz Kafka

Alguien está tocando una música espesa en la esquina del mundo. Alguien que ni siquiera conozco.
Julio Llamazares

«Hagamos de momento una breve posada» y vayamos al encuentro del descanso necesario. Aventemos los fantasmas del tiempo y sentémonos a ver cómo el sol mueve los objetos —les da y quita brillos y formalidades—: las fachadas, las gentes que caminan, los vehículos, los geranios de la señora Pepa, todo cambia con el movimiento propio y la luz que los bruñe y ciega al que mira —la mirada es quien crea, por el amor, el mundo, dijo el poeta— . Y hagamos todo esto desde la escueta mirada de una recta, de una curva, de un plano encalado. Hagámoslo en la calle de Postas, aquí, en Aranjuez.

         Paquito aún conserva el grillo que encontró esta mañana. Lo guarda en una caja de cerillas, apresado el insecto contra su voluntad. Se pregunta, ¿tendrán los grillos voluntad?. Acaba de ver lo que ponen en el cine de Infiesta —La diligencia, John Wayne y John Ford—. Sigue caminando y deja el cine a su espalda, en la calle de San Antonio, cuando gira a su izquierda entrando en la calle de Postas (seguro que también fue tierra de diligencias). Se dirige a la Madrileña (pensión) a comprar gomas para el tirachinas. Es verano, la fábrica de hielo está cerca y deja un destacado olor a amoniaco por todo el primer tramo de la calle. Si, primer tramo, pues, la calle Postas, tiene dos tramos, uno al norte de la fachada del Mercado de abastos, el otro al sur.

Calle Postas. Aranjuez (fotografía CFB)

Calle Postas. Aranjuez (fotografía CFB)

         La calle de Postas tiene un trazado singular. Comienza en la calle de san Antonio, con la que forma una T si miramos al norte, frente a la Casa de Atarfe. Se interrumpe porque el Mercado de Abastos está situado sobre ella y continua, una vez salvado este obstáculo, hasta fundirse con el Camino de Ontígola en los aledaños de la Plaza de Toros, la centenaria dicen por aquí, tras colisionar con la hoy conocida como Avenida de la Plaza de Toros. Justo donde se interrumpe, frente a la fachada norte del Mercado, forma nueva T con la calle del Gobernador. En su reanudación, fachada sur del Mercado, la atraviesa la calle de Abastos e, inmediatamente, le surge, a la derecha, el callejón del Pescado. Luego, en su recorrido, siempre hacia el sur, es atravesada por las calles de San Pascual, La Naranja, Las Heras, que muere en esta intersección, y, por último, antes del final ya señalado, la calle Calandria.

         En la calle de Postas se celebraba un mercadillo, al que en Aranjuez llamamos El Rastro —no, no es el Rastro de Madrid, ni funciona como aquel, es otra cosa— todos los sábados del año, salvo contadas excepciones —este mercadillo lo conocí, en los años cuarenta del siglo pasado, en la plaza de la Constitución—. Por aquellos tiempos, claro oscuro de mi memoria, la plaza de la Constitución albergaba en su centro, protegida por unas rejas, la estatua de Alfonso XII. Más tarde se ajardinó de forma recoleta, podía haber sido una plaza de Sevilla o de cualquiera otra ciudad. Luego, ya en tiempos democráticos, la plaza fue remodelada en su totalidad y se ornamentó con magnolios y tilos y la estatua de Alfonso XII, el rey curandero que regaló limones pasa sanar y prevenir el cólera de los ribereños, hoy luce desplazada de ese centro y junto a la fachada este del Mercado de abastos, siempre protegida por su reja.

La placa lo dice, calle Postas. Aranjuez (fotografía CFB)

La placa lo dice, calle Postas. Aranjuez (fotografía CFB)

         Es ésta una calle que ha tenido varios nombres. Según comenta Ángel Ortiz , «Cuando en Aranjuez se construían las primeras casas en el siglo XVIII, esta vía urbana era conocida como de las Tahonas»…«En agosto de 1932 se cambia su nombre por el de Manuel Azaña»… y en «Noviembre de 1934 vuelve a su antiguo nombre de Postas». Nombre que le viene, probablemente, de la Casa de Postas que hubo en esta calle y no del mercadillo de los sábados que, además, cuando esto se escribe ya feneció en el avatar de los cambios inducidos desde la administración local y hace algunos años que nos aguarda, todos los sábados, en la calle de Valera. Por consiguiente podemos deducir que, si una calle se llama de Postas, ha de ser porque en ella se establecieron asuntos relacionados con las Postas (y no precisamente las de escopeta), es decir con el Correo. Mas no solo el Correo, las Casas de Postas constituían uno de los servicios públicos más completos y más singulares de cuantos amanecieron con la tiempos históricos, pues, edemas de soporte para el correo eran soporte para los viajeros. El nombre le viene de los tiempos originales de cuando ejercían su oficio las casas de postas, cuyo diseño legal se pierde en los tiempos muy anteriores al decurso del diseño de Aranjuez sustentado por Fernando VI a partir de «Uno de estos logros hispanos, que nadie rememora, fue el establecimiento en España en 1518 (por Cédula Real de 28 de agosto por orden de la reina doña Juana y su hijo Carlos I) del correo de postas reglado. En realidad las postas habían comenzado a funcionar en nuestro país en tiempos de los Reyes Católicos, coetáneo a los instituidos por Luis XI en Francia, siendo ambos pioneros en este tipo de organización en la Europa del siglo XV y, por ello, en el mundo (en Inglaterra se instituyó a partir de 1660, y de 1688 en Alemania). La puesta en marcha de la citada Cédula Real propició el desarrollo de una serie de rutas postales, con las consiguientes apariciones de casas de postas, dotadas del personal y equipamiento correspondientes, las cuales siempre fueron protegidas por el Gobierno real y que se extendieron rápidamente por la geografía peninsular para conectar la mayoría de las ciudades del reino».

        En la actualidad, en la calle Postas han florecido numerosos comercios y abundantes locales dedicados a la hostelería y el ocio. En sus entrañas no es difícil tomar unas copas, intercambiar miradas, o darse un homenaje con una sencilla comida o unas suculentas tapas —esto se repite en los dos tramos de la calle, además, el Marcado de Abastos les espera con sus puertas abiertas al norte y al sur; el este y al oeste—

Hacia el sur. Calle Postas. Aranjuez (fotografía, CFB)

Hacia el sur. Calle Postas. Aranjuez (fotografía, CFB)

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4 comentarios

Archivado bajo Calles de Aranjuez

4 Respuestas a “Las calles de Aranjuez 8

  1. Loli

    Cecilio:
    Que sigan pasando los días, para leer lo que escribes de las calles de Aranjuez.
    Esta vez la calle Postas. ¡Excelente, arancetano!
    Un abrazo.
    Loli

    • cecibustos

      Loli:
      Sí, que sigan pasando los días y nos vayan dejando conciencia de nuestro existir. Tal vez escribiendo y leyendo, concluyamos un proyecto. Las calles de Aranjuez es el proyecto y aún queda mucho por escribir y muchos días que han de pasar.
      Muchas gracias, Loli.
      Un beso,
      Cecilio

  2. Maricarmen

    Entrañable la calle Postas, en la que yo corría tras la manga riega y trataba de esquivar el remojón cuando los regadores se cansaban de oír aquella cantinela: la manga riega, que aquí no llega y si llegara no me mojaba. Y en las noches de verano en la esquina con San Pascual, los vecinos de la casa Perales salían a tomar el fresco, que era gratis, y algunas veces aparecía por allí el Zarrio con su organillo y por unas monedas, nos alegraba la noche con su música. Pero en invierno, las cosas no eran tan amables y cuando los hielos hacían su aparición, como en las casas no había agua, se cogía de una fuente que había en es esquina, y como se helaba, había que salir con cubos de agua caliente hasta conseguir que el agua volviera a correr. Y en el rastro de entonces, venía una señora que se llamaba Dora, a la que yo compraba retales muy baratos, con los que me hacia la ropa. Todos estos recuerdos son entrañables.
    Una vez más, gracias Cecilio por darnos la oportunidad de entrar en los recovecos de la memoria, y volver a vivir lo vivido. Un beso. MariCarmen.

    • cecibustos

      Maricarmen, cuanto me alegra saber que te ha gustado esta entrada sobre la calle Postas. Posiblemente solo nombrarla te permite evocar todas esas cosas que citas en tu comentario y muchas otras que seguirán por ahí, esperando el momento de la dicha. Todos los dioses de tu infancia y adolescencia se han movido en esa calle de un Aranjuez que fue, pero que sigue siendo en tu memoria. Personaje de película de Fellini, el Zarrio, de muerte tan absurda como su propia vida, sigue por ahí, en el Raso de la Estrella, bajo el cielo del verano, dando vueltas a la manivela del organillo. Discreto anochecer mecidos por la música.
      Muchas gracias.
      Un beso,
      Cecilio

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