En el bosque 11

Cecilio Fernández bustos

 

 

Hazme amargo.
Cuéntame entre las almendras.
Paul Celan

 

 

Alborada 11 

158)   Entonces apareció el amor y todo cambió.[1]

159)   En las frías noches de insomnio ella masticaba con gozo sustantivo las «heces del espíritu»[2]

160)   Si existe la eternidad, ¿cuál es el camino que conduce hasta ella? ¿Y si resulta que el tiempo es finito?

161)   Y si encuentro el camino que lleva a la eternidad, ¿dónde me pararé a descansar?, ¿o, tal vez, la eternidad sea el descanso eterno?. ¡Cuánto cansancio de descansar tanto!

162)   Y, ¿qué decir de la desmemoria? ¿Sería esto una estancia de paso en la eternidad, unas vacaciones?

163)   Cuando uno alcanza una especie de eternidad en el olvido, ¿acaso no está muerto?

164)   Es posible que en la desmemoria, ¡qué no en la muerte!, se esté fundando de nuevo el mundo con cada nuevo descubrimiento de pequeños retales de realidad.

165)   Pasa cerca de la puerta y si puedes mira al interior. Si te espera algo de dicha traspasa el umbral, sino lo ves claro espera a mañana para dar el paso. No obstante, si tu arrojo requiere más celeridad, no olvides ser prudente.

166) El poeta busca el resplandor, la respuesta luminosa que habita en la palabra precisa para nombrar su emocionada visión de la existencia.

167)   El hombre también, como el poeta, busca el resplandor y escarba para ello, con la palabra, hasta raer el hueso y la esperanza.

168)   El derecho, la justicia, la libertad para que sean activos tienen que ser universales. 

169)   Epicuro nos enseñó que no es impiedad desechar a los  dioses que nos imponen otros hombres en su propio beneficio. Hoy sabemos que los dioses no forma parte del conflicto de los hombres, en todo caso participarían en el amor y en la felicidad, pues, ¡qué duda cabe!, es su imagen reflejada en el espejo de nuestras vidas.

170) Algunas jóvenes, profesionales de la moda, soportan sobre sus privaciones una belleza efímera, impersonal, transparente y sin gluten.

171) Cuando la música me atrapa entre sus notas, ahí estás tú: ¡toda sonrisa!, ¡toda mirada!

172)   Suavicemos el encuentro, no es un nido de víboras lo que queremos construir. Se trata solamente de ensalivar con la voz los recodos del grito, se trata de buscar y encontrar el placer de la música. ¡La sensatez del beso y el aromático tacto de la flor!

173) Si concibes la vida como problema estás obligado a darle solución.

174) El amor, la fraternidad, la justicia, la libertad, la solidaridad, el respeto, y algunos no señalados aquí, son valores irrenunciables para todos los ciudadanos.

175) La peculiaridad fundamental de todo ser humano es la de ser él mismo.

176) Ser yo mismo es la mayor rotundidad de mi existencia.

177) Vivir es atravesar un paisaje de lado a lado.

178) Mis primeros años fueron duros, para mis padres. Ellos guardaban sus hambres en los bolsillos. Nosotros, sus hijos, no.

179) Ni todo es verdad histórica, ni todo es costumbre, ni todo es tiempo. Solo una pequeña partícula verbal conforma la memoria y da contenido común a la celebración del acto singular de vivir.

180) Si te cabe en un bolsillo bájame una estrella, pues, aunque no lo creas, necesito luz. Solamente la luz es capaz de pasar por una ranura mental, pero, ¿una estrella?, seguro que no cabe por la pequeña rendija de mi intelecto. ¡Necesito más luz!

[1] Ricardo Menéndez Salmón. La luz es más antigua que el amor. Seix Barral / Barcelona, 2012. «No feliz. Satisfecho. Entonces apareció Matilde y todo cambió».

[2] Ricardo Menéndez Salmón. La luz es más antigua que el amor. Seix Barral / Barcelona, 2012. «confesando a su esposa que mastica sus pinturas porque son las verdaderas heces del espíritu».

Verano en Aranjuez. Jardín de la Isla (fotografía CFB)

Verano en Aranjuez. Jardín de la Isla (fotografía CFB)

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2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

2 Respuestas a “En el bosque 11

  1. Loli

    Alborada. Ceci, sigue con estos pensamientos y aforismos tan entrañables.
    Me gustan todos. Besos y Lluvia.
    Loli

    • cecibustos

      Loli, gracias por los besos, gracias por la lluvia y gracias por mirar con emoción estos humildes textos.
      Un beso,
      Cecilio

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