Aún quedan algunas rosas en los libros

Rosas en la poesía 3

Cecilio Fernández Bustos

 

 

vestida del color de mis deseos

Octavio Paz

 

 

La naturaleza y sus efectos sobre nuestro humor y estado de ánimo tiene un especial efecto en cada una de las estaciones. También, ¡claro esta!, según el lugar donde nos encontremos. De este modo, el paisaje se posesiona de nuestros ojos y de nuestra sensibilidad. Ahora estamos viviendo en Aranjuez (Madrid, España), lugar privilegiado que opera como vergel natural y vergel cultural. Y es ahí donde el ojo, en este caso humano, capta el relieve de las formas y el color. Esa fascinación, desde los ojos y por los ojos introduce en nuestra sensibilidad el impacto de la emoción que nos conecta a la belleza y al desafío de un nuevo conocer. Y así, tras acariciar el objeto con los ojos, nos vamos nutriendo de tacto y memoria de la visión y comparamos en el instante del gozo.

         No es menos cierto que la piel también percibe la atmosfera de lo acariciado por la visión y sentimos, más allá de los ojos, la suave emanación de lo sentido. Mas, también perceptible en cada estación, el aroma de todo lo existente, sea humano, vegetal o luminoso, se manifiesta y nos llega como nuevo producto que el sentido impulsa e interroga. La sustancia de la belleza se comunica de este modo a través de los sentidos y ocupa ese débil receptáculo donde se acomoda la memoria, licuada en espejismo, tal vez para toda nuestra vida.

         No es de un canto sensual, es de lo voluptuoso natural que acompaña nuestra estar aquí y es del sueño invernal de primavera de lo que quiero hablar, para que nuestra consciencia sea capaz de administrar tanta alegría. Cierto que hablamos de un fenómeno individual, cada cual gustamos la belleza a nuestro modo y no todos los paladares gustan el mismo sabor en la fresa o el mango. Pero para ayudarnos a percibirlo y saborearlo, ¡en invierno!, nada mejor que el recuerdo de las flores y,  sobre estas, las rosas. Y es tan cierto lo que digo que para rendir un homenaje a las flores  —forma, olor y sabor de la primavera, tan anhelada en estos fríos días de invierno—, he traído hasta aquí, unos hermosísimos poemas que os ofrezco, queridos lectores, en esta entrada de Unas palabras dichas.

 

El paseo de los sábados (fotografía CFB)

Invierno (fotografía CFB)

 

Rosa olida

Te inclinaste hacia una rosa,

Tu avidez

Gozó el olor, fue la tez

Más hermosa.

Y te erguiste con más brío,

Mas ceñida de ti estío

Personal,

Para mí –si más ayuda

Que una flor– casi desnuda:

Tú, fatal.

Jorge Guillen

 

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

Visible por tu cuerpo (fotografía CFB)

 

Rosa

Hueles a rosa y se te abre en rosa

toda el alma rosada:

¿De qué rosal celeste desprendida

viniste a rozar, Rosa, mi alma?

Rosa, lento rosario de perfumes…

Rosa tú eres… Y una rosa larga

Que durará mañana y después de

mañana…

Dulce María Loynaz

 

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

Ciudad de cal y canto (fotografía CFB)

 

La rosa

Yo sé que aquí en mi mano

te tengo, rosa fría.

Desnuda el rayo débil

del sol te alcanza. Hueles,

emanas. ¿Desde dónde,

trasunto helado que hoy

me mientes? ¿Desde un reino

secreto de hermosura,

donde tu aroma esparces

para invadir un cielo

total en que dichosos

tus solos aires, fuegos,

perfumes se respiran?

¡Ah, sólo allí celestes

criaturas tú embriagas!

Pero aquí, rosa fría,

secreta estás, inmóvil;

menuda rosa pálida

que en esta mano finges

tu imagen en la tierra.

Vicente Aleixandre

(De Sombra del Paraíso)

 

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

Rosa caída en el lago (fotografía CFB)

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4 comentarios

Archivado bajo Rosas en la poesía, Uncategorized

4 Respuestas a “Aún quedan algunas rosas en los libros

  1. Loli

    Cecilio:
    Gozamos contemplando las rosas en el jardín. Yo también me deleito cuando abro un libro nuevo: el tacto del papel, el olor de la tinta, aún virgen, formando las palabras. Lo poseemos antes de leerlo. Luego, como en este caso, las rosas, ¡ay, las rosas!, y tres poetas singulares.
    Me gustan las palabras, ¡las dichas y las leídas!
    Un abrazo,
    Loli

    • cecibustos

      Hola, Loli. Cuando el fiero y galante caballero, Amadís de Gaula, cabalgaba en los cuernos de la luna veíase, en el espejo de su armadura, el ramo de rosas que para ti portaba en una de sus manos. No siempre blandía espada o lanza, cuando pensaba en ti eran las rosas su única arma.
      Un beso,
      Cecilio

  2. Maricarmen

    Querido Cecilio: preciosa manera de expresar la añoranza de la luz, el calor y los olores de la primavera, que esté año especialmente necesitamos. Y digo este año, no se porqué, pues me parece recordar que por estas fechas, todos los años ocurre lo mismo. Hay impaciencia, prisa, por sentir el calor del sol y disfrutar de los nuevos olores.
    Habrá que esperar un mes por lo menos, ( si el año viene bueno ) para que las lilas se despierten y nos regalen su aroma. Después vendrán las celindas y todas las demás. Incluidas las rosas. Y pasearemos por el jardín y daremos la mano a la felicidad.
    Un beso. Mari Carmen.

    • cecibustos

      Hola, Carmen. Como me gusta que te guste y sobre todo, como me gusta como lo dices. Es posible que todos los años haya momentos para la nostalgia, no para sufrir por una necedad, que también, ni para sentir melancolía o el desgarro de sus dolores. Nostalgia de sentir con los sentidos y ser conscientes de que estamos vivos. Sentir el susurrar de las pequeñas cosas. Percibir como te acogen las hierbas cuando te tiendes sobre una pradera. ¡Hay tantas cosas bellas para sentir el arrobo de la vida!
      Gracias,
      Un beso

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