José Juan de Oro y el Ferrocarril de Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos

 

El cuadrante solar divide el planisferio
El mediodía azul puntúa el firmamento
Todo esto no sirve más que para llorar
Los escualos de nieve en su imperial silencio
Han llegado a las puertas tenebrosas del reino
Y el chambelán mayor le ha abierto el portal
Pere Gimferrer

 

El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
Antonio Machado

 

 

— ¿Sabéis por qué se celebró en Aranjuez?, porque había tren.

Se lo escuché decir a mi amigo Pepe Marañón. Estábamos reunidos el editor, Daniel Ruiz y yo. Comentábamos asuntos relacionados con los actos que se estaban preparando para conmemorar el centenario de la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Me refiero a aquel acto que, promovido por José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez, entre otros, se celebró en el Jardín de la Isla el 23 de noviembre de 1913. Y, pensándolo bien, no es ninguna tontería aquello que dijo nuestro amigo. El tren ha tenido desde su inauguración en 1851 una singular importancia en el desarrollo social, cultural y económico de Aranjuez.

         Hace poco más de un año, en el curso de una rueda de prensa para la presentación de las conferencias que se iban a impartir en el contexto de aquella conmemoración, Javier Zamora Bonilla, uno de los conferenciantes que participaron, también aludió al tren, al tren y a la modernidad, como razones que pudieron sustentar la propuesta de Juan Ramón Jiménez para que aquel acto de homenaje a Azorín se celebrara en Aranjuez. Y es que el tren, los trenes han tenido siempre una importante y expresa vinculación con la creación literaria, con la subversión y con el desarrollo de los pueblos. En el tren y sobre el tren se han escrito famosos textos literarios, quien no recuerda Asesinato en el Oriente Exprés de Agatha Christie, o el poema de Campoamor El tren expreso, o a la bella Ana Karenina que nos dono León Tolstoi. Y en algunos trenes se han celebrado reuniones de  importantes personalidades para cuchichear a espaldas de la represión o de la vista del adversario. Buen invento el tren, ¡qué duda cabe!

El río que nos lleva. Maderada y el tren al fondo

El río que nos lleva. Maderada y el tren al fondo

         Estas breves anotaciones vienen al caso porque nuestro querido documentalista gráfico, José Juan de Oro, acaba de obsequiarnos con una importante colección de acuarelas, dibujos, apuntes, junto a una excepcional colección de fotografías sobre el tren que une Aranjuez con Madrid y que en su día fuera conocido como el Tren de la fresa. El ferrocarril Madrid-Aranjuez se inauguró el 9 de febrero de 1851. No cabe ninguna duda de la importancia que aquella instalación, cuyas obras dieron comienzo en 1846, llegaron a ocupar a más de 7000 trabajadores en los diversos trabajos que aquella obra suscitó. Se trataba del primer tramo del proyectado ferrocarril entre Madrid y Alicante, proyecto promovido por el marqués de Salamanca, que tuvo el honor de ser el segundo ferrocarril instalado en España, el primero fue el de Barcelona-Mataró, inaugurado en 1848. No obstante, hay autores que consideran el primer ferrocarril español el inaugurado en Cuba (La Habana-Güines) en 1837.

Estación de Aranjuez

Estación de Aranjuez

         Pero a lo que íbamos: el pasado 24 de abril del año que acaba de finalizar —2014—, publicaba en este blog un trabajo sobre la publicación de un reportaje fotográfico en la “web” de José Juan de Oro sobre el Mercado de Abastos de Aranjuez y manifestaba mi profundo respeto y admiración por la obra de este excelente documentalista e historiador. De nuevo salta la sorpresa en forma de emoción, acaba de publicar una magnífica colección de fotografías y dibujos del ferrocarril, Madrid-Aranjuez, desde sus orígenes hasta nuestros días, señas de identidad de la ciudad y de los ciudadanos. Yo le tengo al tren, que conocí siendo aún muy niño y que no he dejado de utilizar y subirme desde los andenes de la Estación de Aranjuez hasta sus asientos para ir a Madrid y subirme desde los andenes Atocha o Sol para ir a Aranjuez. Pero el ferrocarril, —los raíles, el tren, la estación, todo él, caparazón y partes blandas—, es forma, luz y sombra, color, paisaje. Sí, el ferrocarril es siempre paisaje y es ahí donde ahonda la sensibilidad de José Juan, para ir punteando ante nuestros ojos las mil y una señal de esa indescriptible soledad que se interpone entre nosotros y el denso crepúsculo que en verano atraviesan los vencejos. Sí, el tren y los vencejos y el plenilunio sobre el puente que soporta el traquetear de hierros sobre el Tajo. Y más al fondo aún, la figura, el recuerdo de uno de los mayores coleccionistas de documentación gráfica sobre Aranjuez de todos los tiempos, Antonio González Parrilla, homenajeado por José Juan, desde el recuerdo, en esta entrada de su web. (http://www.aranjuezhistoriagrafica.com/)

¡Al tren! ¡Al tren! Han pasado algunos años.

¡Al tren! ¡Al tren! Han pasado algunos años.

         Ayer te vi llegar y descender. Venías de Madrid con la familia a pasar el domingo y apaciguar las huellas del seco verano madrileño en las frescas aguas del tajo. Sí, ibas a la Rotura o tal ven al Rancho Grande, bajo la presa de los Tillís. Venías preparado con tortilla, chorizo, filetes empanados y la bota de vino; las gaseosas para los críos la comprarías en el «gango»[1]. Aunque Aranjuez ya no es necesario para esta función —las gentes se van al mar—, el tren sigue estando ahí, pero el río yace envuelto en su cadáver. Y Juan José de Oro sigue pendiente y maneja el rayo de su cámara que nos devuelve los visibles tesoros que la luz y su mirar nos brindan. Es hermoso el tren visto a lo lejos, recortada su forma por las últimas luces de poniente. ¡Clic!

[1] Gango. Localismo de Aranjuez equivalente a «Chiringuito»

Se nos quedó pequeño el aparcamiento (fotografía de José Juan de Oro)

Se nos quedó pequeño el aparcamiento (fotografía de José Juan de Oro)

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2 comentarios

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo

2 Respuestas a “José Juan de Oro y el Ferrocarril de Aranjuez

  1. Tomás Ruiz

    ¡Imaginad como se me quedó el cuerpo cuando me llegó la página, yo que tengo tres generaciones detrás de mí, trabajando en el ferrocarril¡ Gracias una vez más a los dos. Juan por su divulgativo, desinteresado y enorme trabajo. Cecilio por su manera ágil y directa de llegarnos a la cabeza y al corazón. Enhorabuena, Maestros.

    • cecibustos

      Tomás, la belleza del arte y el conocimiento de la historia requieren el máximo de exigencia y el máximo de sensibilidad. Hay que estar muy enamorado de una ciudad y poseído por sus encantos para ritualizar su luz con tanta entrega. No cabe en tu caso, querido amigo, la sorpresa de lo inesperado pues todo lo conoces. No obstante, la lámpara que alumbra el brillo de la piel de esta ciudad te tiene encantado y vas, como el poeta, de tu corazón a tus asuntos. Esta ciudad —sus montes, sus riberas, su jardines, sus calles—, te ha estallado entre las manos como esa rosa fresca que se abre en primavera, algo parecido le sucede a José Juan y ambos ocupáis el mediodía en la vanguardia de los enamorados de Aranjuez.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

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