Nunca me cansaré del Otoño en Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos

 

 

El bosque de la isla de Aranjuez es el más bello de los jardines de Europa por la inverosímil altura de sus árboles y la fuerza natural de su desarrollo, que escapó a la castradora tiranía de la poda. Pudo más. la espontaneidad de los ejemplares, nutridos de las aguas del Tajo, que el empeño geométrico de los diseñadores renacentistas, barrocos o, finalmente, cartesianos.

José María de Areilza

 

 

Ya estamos en octubre. Por fin ha llovido, toda la península ha soportado la caída de muy importante cantidades de agua, más que llover ha diluviado y los lugareños se han visto forzados a soportar grandes incomodidades e importante destrozos en casas y sembradíos. Por aquí, sin embargo, aunque nos asustamos un poco en un momento de diluvio insinuado, no pasó nada. Nublados sí, muchos y frecuentes. Tolvaneras también y algunas caídas de pequeñas ramas y algún árbol abatido por los hombres. Cuando hace viento debemos ser prudentes, pueden desgarrarse algunas ramas y caer con estrepitoso peligro sobre lo que haya debajo. Aquí no sirven de nada los expertos en psicología de los árboles, si no está bien arraigada y sopla fuerte el viento, la rama se cae y aunque sea muy pequeña puede provocar un accidente, ¡cuidado! La sorpresa seguimos esperándola, el polvo de nuevo es abundante y no es cosa buena para los pulmones cansados. El campo, los jardines y las calles empiezan vestirse de amarillos, oros, cobres  y rojos intensos; la puesta de sol ha sido espectacular esta tarde y para no olvidarla he dejado como recuerdo alguna huella en la cámara fotográfica, así que os pondré en esta entrada alguna evocación de lo visto y gozado esta tarde de otoño en Aranjuez.

Desde mi ventana: Puesta de sol en otoño  (fotografía CFB)

Desde mi ventana: Puesta de sol en otoño (fotografía CFB)

         Los aficionados a las setas ya andan buscándolas en los rodales de su competencia. Muchos son los aficionados que recorren los caminos que anduvieron sus padres en busca de la exquisita seta de cardo y sus hijos caminan tras ellos para no perder el rastro. Puede que lo llovido estos días pasado y el olor transparente que han dejado las gotas de agua del otoño hayan dejado una buena cosecha de esos apetecibles hongos. A la mayoría de los frutales ya no les pesan las ramas y a las vides no les quedan racimos, pues están en el lagar y son muchos los mostos que inician la ebullición de la fermentación. Muy pronto serán vino y quitaran el polvo de la garganta del sediento.

         Mañana, si no llueve, subiré al cerro «Períco» para ver cómo van evolucionando las pinceladas del tiempo en los árboles de los jardines y de los sotos históricos. También aquellos campos lejanos que se ven tras los árboles, tienen un desgarro afrutado de tierra y yerbas secas. Es el tiempo de la sementera y en otros tiempos no eran tractores como hoy, eran yunta de mulas o de bueyes uncidos al yugo quienes arrastraban las cuchillas del arado e iban abriendo las yagas o surcos paralelos e infinitos, como excrecencias de la carne parda y rojiza de la tierra, donde germinará el pan que comeremos mañana, tras el sueño del invierno.

         Ya los árboles van quitándose levemente sus preciosas galas, las dejaran sobre la tierra como una donación de gratitud y fecundidad. Tiempo de entusiasmo y melancolía, convenio entre el sentir y el pensar en tanto se espera una nueva resurrección del hombre frente al hombre, cobijado bajo el asombra de la naturaleza.

Transparencia. Jardín de la Isla. Aranjuez (fotografía CFB)

Transparencia. Jardín de la Isla. Aranjuez (fotografía CFB)

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4 comentarios

Archivado bajo Las cuatro estaciones

4 Respuestas a “Nunca me cansaré del Otoño en Aranjuez

  1. la mejor estación sin duda, aunque aún le falta su niebla y sus primeras heladas

    • cecibustos

      Pedro:
      Comparto tu opinión: otoño es la estación que más nos emociona en Aranjuez. En breve vendrán las nieblas y el frío a conformar el alma del paisaje. Y a mí me faltarán el humo de las hojas quemadas y el olor de las tahonas cociendo pan y bollos.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Tomás Ruiz

    Únicamente la alquimia aranjuezana, hace posible la transformación de la esmeralda primaveral, en el oro viejo otoñal. Felicidades una vez más Cecilio.

    • cecibustos

      Tomás, ¡qué bello el oficio de alquimista! No solo en el paisaje de Aranjuez acontece el prodigio de la alquimia y los alquimistas, también en la fragua donde se forjan los luminosos encuentros de la materia, en los orígenes de toda conmoción. A estas fechas hay cierta opacidad sobre los colores, ¡vendría bien algo de lluvia!, no solo para los colores.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

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