Se busca un libro

Cecilio Fernández Bustos

 

 

 

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción, singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. “La rosa es sin porqué”, dijo Ángelus Silesius; siglos después, Whistler declararía “El arte sucede”.

Jorge Luis Borges

 

 

 

Yo siempre busco un libro. Busco el libro que guarda sus sueños en un recóndito rincón de la biblioteca o en esas otras estanterías, ocasionalmente hostiles, donde las librerías los exponen o pierden. Y lo busco porque recuerdo que lo leí y lo tengo, o acaso leo en otro libreo una cita de este y corro a buscarlo, o porque acabo de leer una reseña que me ha llamada la atención o, en muchas ocasiones, se trata de algún amigo que me quiere y me ofrece noticia de un descubrimiento. Yo hago mil malabares con la noticia o la necesidad: apunto en una lista donde significo la urgencia o el interés; indago en las estanterías de casa; llamo o me acerco a mi librería más cercana afectiva; escarbo en internet; miro catálogos. En fin, doy vueltas y revueltas como los animales de las fábulas y en ocasiones encuentro en casa o compro el libro en cuestión. Si el libro lo he comprado en Madrid, la primera lectura suelo hacerla en el tren, y subrayo lo que me llama y me seduce, con ánimo y temblor, para no olvidarlo y volver sobre  más tarde sobre lo leído.

         Cuando llego a casa acostumbra a registrar el nuevo libro. Lo clasifico por título, autor, editorial, fecha de compra, número de orden, fecha e incluso precio. Después le busco un lugar donde dejarlo y busco tiempo para cogerlo, casi inmediatamente y posarlo en un montón, sobre la mesa de trabajo, para iniciar la aventura de leerlo, subrayarlo y cotejarlo con algunos de sus semejantes. En pasado el tiempo, si no ha dejado demasiada huella, salta a ocupar su hueco, si lo hay, en una estantería. Y ahí está, siempre dispuesto y esperando, como un amante, una nueva caricia.

         Como suele sucederme en infinidad de ocasiones, hoy he tropezado con una artículo introductorio a un texto de George Steiner que dice lo siguiente:  Este cuento de George Steiner, inédito hasta ahora en español, es en primera instancia la historia de un grupo de poetas mexicanos que viaja a Medellín, Colombia, con la intención de leer sus versos a una ciudad convulsionada por la violencia. También se puede leer como una paráfrasis del mito de Orfeo y su descenso al Hades, cuyo contexto actual sería el mundo del narcotráfico. De inmediato he recordado un cuento que leí hace unos años, había ganado un concurso y también trataba sobre un grupo de escritores que se montaban en un extraño tren que habría de conducirles a la desintegración, aún lo ando buscando, me preocupan los destinos trágicos. Algo parecido a lo que les sucede a muchos grupos de hombres en el momento actual que se han subido a un trágico tren cuyo destino no está nada claro. El hombre siempre ha soñado con la posibilidad de poseer una lengua común que nos permitiera hablar para entendernos. Ya que los problemas se hacen comunes, se universalizan y nos envuelven como el misterio más allá del placer y el dolor, si bien, como dijera George Steiner en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias de 2001,  «Algunos problemas son más grandes que nuestros cerebros. Eso puede ser una preocupación, pero también es una fuente de esperanza» y de este modo los dioses, como siempre, son utilizados para simular el movimiento de las fichas de la partida confundiendo la palabra común y universal. Tal vez, ¡quién sabe!, pueda alcanzarnos la luz del rayo envuelta en un libro que nos anime a coincidir, a acercar posiciones en el tuétano de lo humano y al calor de la Tierra.

            Yo sigo buscando, ¡ayudadme a encontrar el libro!

Aranjuez, agosto de 2014

Después de la lectura (fotografía CFB)

Después de la lectura (fotografía CFB)

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Se busca un libro

  1. Beatriz

    Andamos en la misma búsqueda, Cecilio. Cuando comencé a leer tu entrada “un libro es una cosa entre las cosas…” supe que era una cita de mi escritor predilecto. Lo que viene escrito después, también son las letras de un maestro. He entrado varias veces a leer este hermoso texto con el fin de corroborar que a la distancia y sin conocerse las personas repiten los gestos y los actos cuando el amor a la palabra escrita es el eje que nos guía en la vida. Un abrazo desde el sur. Beatriz. ¡Sigamos buscando!

  2. cecibustos

    Beatriz:
    ¡Muchas gracias! Los libros y su calor se nos acercan y nos acogen. No los leas de espaldas a la puerta, pues, pasado mañana conmemoramos y celebramos el centenario del nacimiento de Cortázar. Fue él quien nos enseño que los parques tienen continuidad y que en ocasiones no somos capaces de sacar la cabeza del jersey, ¡qué angustia!.
    También sirven los libros para saber, lo dijo Truman Capote, que Marilyn tenía su piel de vainilla y leche fresca. ¡Cuánta belleza!
    Debo a una mujer, mi madre, el amor a los libros. Si estábamos a su lado enseguida habría el último Salgari o Julio Verne que estuviera leyendo y nos invitaba a sentarnos a su lado para, al escuchar su voz, dar el salto mágico e incorporarnos a la aventura.
    También habito algo de sur, el sur de la comunidad de Madrid y desde este sur —que también es centro y norte— va mi abrazo de admiración y agradecimiento.
    Cecilio

  3. Carlos

    Me parece, Cecilio, que cada vez somos menos los que disfrutamos de ese placer inefable que se produce siempre que se halla o se contacta con la Belleza efímera de todas las cosas creadas por el hombre. Y así nos va. Creo que en esta fase del hombre que siente ese rechazo por la lectura lo más característico es la falta de humanismo, de sentido crítico con el poder y contra el poder. Es difícil definir qué es el significado y tanto más complejo es definir que entendemos por comunicación. Desde luego las elites no los entienden en un sentido democrático sino autárquico, dictatorial. Y así nos va. Propuestas, consejos, hallazgos, depende de cada uno. Y hay muchos. Basta con mirar al sujeto que de espaldas contempla la luz para imaginar los mundos que la Belleza nos permite recorrer. Un saludo. Carlos Manrique.

    • cecibustos

      Carlos:
      Siempre razonable y didáctico, como corresponde al profesor que eres y a lo que no debes renunciar nunca. Veo el latido de un corazón sangrando bajo el hedor de tanta muerte y putrefacción. ¡Sé cómo te siente ante el retorno de los cuatro jinetes del apocalipsis! Por ello amigo, empujemos las puertas para que se abran hacia la calle, al tiempo que seguiremos buscando esos libros que nos acogen y alientan.
      Pese a Cortázar, amigo mío, no demos la espalda a la puerta, al menos para leer ese libro maravilloso que seguiremos comiendo.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

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