MÁS ABAJO DEL ESTRECHO

Y Quique abrió las ventanas

Cecilio Fernández Bustos

 

La navaja del río corta pan y tomate
de la tarde que se evapora.
José Hierro

 

¡Quique abrió las ventanas y entró la luz! Y con la luz el incendio de los espejos despojaron de sombras las superficies y se elevó la plenitud del grito sobre el puente. La piel se hizo más clara y transparente como si el agua cambiara su humedad. Y así se ha descifrado el nuevo sortilegio y otra vez huele a pan horneado con leña y se incorpora la idea al texto y la emoción al cuadro.

         Enrique Serrano expone en la sala de la ACR Indra Aranjuez . Sus cuadros son luminosos, los que yo recordaba los había visto hace muchos años; en aquel tiempo Quique era muy joven y estaba uncido a las sombras, a los matices goyescos del claro oscuro. Hoy me encuentro un pintor más luminoso, más apasionado por el sol. Tal vez su viaje a Marruecos —todo un país de sol—, como a tantos otros, lo haya convulsionado. Hoy es un pintor más cerca de Sorolla que de Goya. Tal vez nuestro pintor ha visto como resbalan las formas por el filo brillante del espejo, ese espejo que tanto le preocupa y en el que busca su envés.

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         Vista la luz, me amanece el sonido. Quique es pintor, pero también es poeta y el poeta lleva prendido a sus entrañas el rumor del ritmo. Y es ahí donde las formas adquieren su más sutil belleza, donde las formas y el color se aman con pasión genésica y alumbran la poética de la plástica. Es un pintor ungido por la sabiduría de los materiales, que encuentran en él al alquimista y al mago. ¡No veis temblar vuestras pupilas!

          Octavio Paz dice que «el decir poético dice lo indecible… El lenguaje poético indica, presenta; el poema no explica ni representa: presenta» . Algo muy cercano a lo que dice el poeta, puede decirlo el crítico refiriéndose, en este caso, a la pintura de Enrique Serrano. No trata de representar una realidad, sino que envuelve los materiales, las formas y las luces en una quimera plástica, en un estar en la realidad y es ahí donde estallan los reflejos y la envoltura de las formas desprendidas de los sueños. Donde «… los materiales abandonan el mundo ciego de la naturaleza para ingresar en el de las obras, es decir, en el de las significaciones» ¿Surrealismo acaso?, es posible. Así que, para ver entrar la luz por los pasillos de nuestras miradas, es preciso un conocimiento previo de la luz o, acaso, un descubrimiento que, simultáneamente, nos aproxima y nos induce a quedarnos en el éxtasis de la propuesta. ¿Qué se esconde bajo la piel de las veladuras? ¿Qué agita en esas rugosidades y sus volutas yacentes? El artista que araña esas pieles al tiempo de los lenguajes plásticos y susurra una nana al color para que anule el pensar y se ensañe en el sentir. Sí, sentir como esa pulpa húmeda de la materia que, suavemente, sin herir, va tatuando la suavidad de la respiración. Porque también la pintura del poeta transcurre sobre esa filtración de la luz donde el autor llega a encender corazones y ciudades.

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         El éxito de los cuadros de esta muestra, sacrificio que nos ofrece a la contemplación el pintor, tal vez haya surgido de un hecho creativo. El artista nos presenta unos trabajos en los que ha conseguido, como dijera Jaime Gil de Biedma, «…una realidad en la que el divorcio entre las cosas o los hechos y las significaciones ha sido superado, pero ese realidad integrada debe a la vez guardar adecuación con la realidad de la experiencia habitual, es decir, con aquella en que precisamente se da el divorcio cuya superación se pretenden» Y ello nos permite identificar unas formas que, tal vez rescatadas de los espejos, siendo otras, nos recuerdan la levedad del espejismo labrado en la memoria. Luego, como gesto integrador en lo poético, «…ese género de “cosas” realiza la más generosa de las funciones: estar más allá y más acá, dentro y fuera de lo que es propiamente cosa. Y así, hacen posible que lo que es carne, cuerpo, aparezca. Tal el espacio, ausencia pura que permite todas las presencias» .

         En conclusión, la muestra Más abajo del Estrecho, pinturas de Enrique Serrano Álamo, constituye un acierto pictórico, pues, superada toda monotonía conceptual, el artista nos ofrece unos cuados de excelente factura, donde se concilian la luz del estío y la levedad de las transparencias húmedas, las formas conocidas y las formas soñadas, el espacio de los espejos y el espacio de los duendes. Acaso, tú y tú, ¡No veis temblar vuestras pupilas!

Aranjuez, marzo de 2014

1) Artículo publicado en el nº 1030 de El Espejo de Aranjuez, el 21 de marzo de 2014
2) Octavio Paz. El arco y la lira. Fondo de cultura económica. México, (segunda edición)1970
3) Octavio Paz. O. C.
4) Jaime Gil de Biedma. El pie de la letra. Ensayos (1955-1979)
5) María Zambrano. España, sueño y verdad. Amor y muerte en los dibujos de Picasso.

 

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2 comentarios

Archivado bajo De pintores y otros artistas

2 Respuestas a “MÁS ABAJO DEL ESTRECHO

  1. Pedro Santiago

    Ahora si, ya no hay nada ininteligible previo al texto, felicidades Cecilio y buen trabajo. Saludos

    • cecibustos

      Pedro:
      Muchas gracias. Espero poder seguir controlando la situación y produciendo texto con interés.
      Un abrazo,
      Cecilio

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