Luis Cernuda. Sevilla, 21 de septiembre de 1902 / México, 5 de noviembre de 1963

Cecilio Fernández Bustos

 

 

Luis Cernuda, poeta de la Generación del 27, nos dejó una de las obras poéticas más importantes del siglo XX. Su exilio y su pudor lo han dejado en el lugar que da nombre a uno de sus más brillantes poemarios Donde habite el olvido (1932-1933), por ello, al cumplirse el 50 aniversario de su fallecimiento, fuera de España y en el más absoluto de los olvidos de los no expertos, he sentido la tentación de traer su memoria a este blog que tanto interés muestra por la poesía y los poetas. Creo además, que más allá de todo sentimentalismo, la obra de Cernuda es tan singular y dice tantas cosas que no podemos renunciar a la hermosura de leerlo pues, como dijo él, «Todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa».

         Su paisano, el Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre, escribió de él un retrato, del poeta y del hombre joven. Me ha parecido indicado para este breve y sencillo homenaje en el 50 aniversario de la muerte del poeta sevillano Luis Cernuda, recordarle según le conoció su paisano en aquel primer encuentro en Velintonia, 3, en el otoño de 1928. También en otoño para nosotros y en primavera para él, en la ciudad de México, nos dejaría para siempre el 5 de noviembre de 1963. Murió, como moriremos todos, pero él, poeta inimitable, nos dejó una obra emblemática, plena de hondura y belleza, que debemos recordar y gozar ahora que aún estamos vivos y nuestros ojos pueden dar fe de aquello que dejó dicho en un bellísimo poema: «La mirada es quien crea, / Por el amor. el mundo, / Y el amor quien percibe, / Dentro del hombre oscuro, el ser divino, / Criatura de luz entonces viva / En los ojos que ven y que comprenden».    

         Leer a Luis Cernuda hoy nos abre el campo de nuestras personales emociones ante el horizonte de volver a enfrentar, no desde supuestos románticos, realidad y deseo. Ha crecido el mundo, hemos crecido nosotros, más, los problemas y las ingratitudes de la vida vuelven a mostrar las taras de las gentes de este enorme patio de vecindad, donde todos nos conocemos. Es el momento de leer al poeta sevillano. La mejor forma de conocer la obra de Cernuda es haciéndose con un ejemplar de La realidad y el deseo (1924-1962)[1]

 

 

Luis Cernuda deja Sevilla[2]

I

A luis Cernuda le conocí en Madrid. Estaba yo ordenando unos libros, en una habitación donde los había dispersos por algunos estantes, cuando oí la voz que me lo anunciaba: “Luis Cernuda”. Volví la cabeza y allí estaba: silencioso, enlutado, fino. Octubre de 1928. Yo sabía de Luis Cernuda que era el autor de un libro de poesía aparecido el año anterior: Perfil del aire. Que era de Sevilla y vivía allí, en una callecita de la ciudad exhalada. Sutil y densísimo, ese primer volumen de poemas estaba ahí, en esa tabla, al lado justo de la figura que en ese momento daba unos pasos. Nos sentamos y empezamos a hablar. Tenía el pelo negro, de un negro definitivo, partido en raya, con hebra suelta y lisa sobre la cabeza. La tez, pálida; escueta la cara, con el pómulo insinuado bajo la piel andaluza. Dominaban allí unos ojos oscuros y un poco retrasados, tan pronto fijos, tan pronto vagos y renunciadores. Le vi con ellos recorrer las cosas, como si las estuviese viendo pasar en una corriente, mientras oía su voz, con dejo sevillano serio, modular unas breves palabras amistosas. Habíamos nacido los dos en Sevilla; pero Sevilla para mí fue el relámpago de mi nacimiento. Para él era su niñez y su juventud. Acababa de perder a su madre y abandonaba su ciudad natal, este sevillano recóndito, para pasar por Madrid, cruzar la frontera y aposentarse en Toulouse, donde sería por un año lector de español en su Universidad. Era la hora última del atardecer, y la ventana daba a Poniente. Al fondo, la azulada masa de la Sierra, casi vaporosa bajo un cielo de luces increíbles. Delante, las largas tierras de la Moncloa, apenas movidas, llanas, todavía precisas hasta el confín. Como dos poetas jóvenes que se ven por vez primera, hablábamos de poesía, de libros, de poetas…

Acabada la breve charla, Luis Cernuda se puso de pie y dio un paso. Apoyado en la biblioteca, con su mano delgada estaba repasando las primeras hojas de un libro. Pero apenas lo miraba. Se detuvo, y con su pluma trazó una dedicatoria: una caligrafía esbelta, de letras separadas, como una suma de rasgos verticales, en pie, que se consagrasen. . Firmó. Levantó los ojos con lejanía y afecto. Vestido de negro, bajo de color el rostro, fina la figura, anduvo casi sin pesar, como si al marchar recogiese todo lo suyo para que debidamente no molestase. La puerta estaba abierta y un último gesto amistoso en el umbral, dejó ver un momento, allá, una tierra ancha, con sol, bajo un cielo retirado. “Hasta el regreso”. Y despacio, quedamente, sin ruido, se cerró la puerta.

 

Sevilla, desde el campanario de la Giralda (CFB, 1994)

Sevilla, desde el campanario de la Giralda (CFB, 1994)

Para ti, que lees este blog, la I parte del poema que inicia el poemario Vivir sin estar viviendo (1944-1949).

 

CUATRO POEMAS A UNA SOMBRA 

I

La ventana

Recuerda la ventana

Sobre el jardín nocturno,

Casi conventual; aquel sonido humano,

Oscuro de las hojas, cuando el tiempo,

Lleno de la presencia y la figura amada,

Sobre la eternidad un ala inmóvil,

Hace ya de su vida

Centro cordial del mundo,

De ti puesto en olvido,

Enajenado entre las cosas.

 

Todo esplendor, misterio

Primaveral, el cielo luce

Como agua que en la noche orea;

Y al contemplarle, sientes

Pena de abandonar esta ventana,

Para ceder en sueño tanta vida,

Al reposo definitivo

Anticipado el cuerpo,

Cuando por el amor tu espíritu rescata

La realidad profunda.

 

Sin esperarle, contra el tiempo,

Nuevamente ha venido,

Rompiendo el sueño largo

Por cuyo despertar te aparecía

La muerte sólo; y trae

El sentido consigo, la pasión, la conciencia,

Como recién creados admirables,

En su pureza y su vigor primeros,

Que estando ya, no estaban,

Pues entre estar y estar hay diferencia.

 

Su voluntad, maestra de la tuya,

Delicia y miedo inspira,

Penetrando en la sangre, como música

Inmaterial dominadora,

Y al poder te somete de unos ojos,

Donde amanece el alma

Allá en su fondo azul, tranquilo y frío,

Hacia la luz alzados,

Unida a ellos, y unido tú con ellos

Por vida y muerte quieres contemplarlos.

 

El amor nace en los ojos,

A donde tú, perdidamente,

Tiemblas de hallarle aún desconocido,

Sonriente, exigiendo;

La mirada es quien crea,

Por el amor, el mundo,

Y el amor quien percibe,

Dentro del hombre oscuro, el ser divino,

Criatura de luz entonces viva

En los ojos que ven y que comprenden.

 

Miras la noche a la ventana, y piensas

Cuán bello es este día de tu vida,

Por el encanto mudo

Del cual ella recibe

Su valor; en los cuerpos,

Con soledad heridos,

Las almas sosegando,

Que a una y otra cifra, dos mitades

Tributarías del odio,

A la unidad las restituye.

 

Un astro fijo iluminando el tiempo,

Aunque su luz al tiempo desconoce,

Es hoy tu amor, que quiere

Exaltar un destino

A donde se conciertan fuerza y gracia;

Fijar una existencia

Con tregua eterna y breve, tal la rosa;

El dios y el hombre unirlos:

En obras de la tierra lo divino olvidado,

Lo terreno probado en el fuego celeste.

 

Como la copa llena,

Cuando sin apurarla es derramada

Con un gesto segura de la mano,

Tu fe despierta y tu fervor despierto,

Enamorado irías a la muerte,

Cayendo así, ¿ello es muerte o caída?

Mientras contemplas, ya a la aurora,

El azul puro y hondo de esos ojos,

Porque siempre la noche

Con tu amor se ilumine.


[1] Hay muchas ediciones y algunas muy recientes.

[2] Vicente Aleixandre. Luis Cernuda deja Sevilla. Los encuentros (1954-1958). Obras Completas Volumen II. Aguilar / Madrid, 1978 (En artículo que reproducimos de tiene dos partes. Solo hemos reproducido la primera)

Sevilla. Torre del Oro, Cuadalquivir y Chillida desde el Puente Triana (CFB, 1994)

Sevilla. Torre del Oro, Cuadalquivir y Chillida desde el Puente Triana (CFB, 1994)

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2 comentarios

Archivado bajo Jaula de los silencios

2 Respuestas a “Luis Cernuda. Sevilla, 21 de septiembre de 1902 / México, 5 de noviembre de 1963

  1. Daniel Focus

    Gracias Cecilio, vale… La realidad y el deseo…Precisamente ayer escuché este documental sonoro de Luis Cernuda que seguro te gusta:

    http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-luis-cernuda-entre-vida-soledad-09-11-13/2129691/

    Muchos abrazos,
    Daniel

    • cecibustos

      Los que conocen a Cernuda, los que saben de su obra y de su vida, suelen hablarnos de su personalidad como la de alguien con dudas y dificultades para la relación. Tal vez tímido e introvertido, como a tantos otros le costaba trabajo habitar en un mundo tan duro y confuso como aquel en el que él vivió. No todos los poetas del 27 eran abiertos y comunicativos y dados al placer de la conversación como lo fueron Alberti y Lorca. Pero su poesía, la poesía de Cernuda nos dijo aquellas cosas tan sutiles, bellas e importantes: «La mirada es quien crea, / Por el amor, el mundo»
      Daniel, muchas gracias por tu comentario.
      Cecilio

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