¿Qué estáis haciendo aquí? Para Claudio Rodríguez

Cecilio Fernández Bustos

Querido Claudio:
Estamos en verano y el tiempo cabalga sobre agosto, hace solo unos días, el 22 de julio, se han cumplido 14 años de tu partida. Sí, te fuiste para que pudiéramos respirarte en la llanura. Sí, Claudio, te fuiste y nos dejaste tantas cosas con tu palabra. Sí, tu voz, aquella que decía «Soy vuestro. Sois también vosotros míos». Y es evidente que algunos de nosotros nos preguntamos contigo: «Qué estáis haciendo? ¿Qué hacemos todos / en medio de esta plaza y a estas horas?»

         Solo han pasado 14 años de tu partida pero de nuevo vuelven por estas tierras aquellas cosas triste que tú, admirado Claudio, nos contabas en tus versos. Y se percibe el paso del tiempo con el mugido de la repetición y «Lo que antes era exacto ahora no encuentra / su sitio. No lo encuentra y es de día, / y va volando como desde lejos / el manantial, que suena a luz perdida». Y hay que volver a decirlo, a gritarlo a los cuatro vientos, porque como ayer, también hoy: «Son las seis y media de la mañana y los bostezos se suceden. A esta hora comienzan a llegar los primeros aspirantes: albañiles, fontaneros, electricistas o toderos, aquellos que hacen de todo y por la misma tarifa. Coger número antes que el resto no les garantiza, sin embargo, nada. Rafael, por ejemplo, lleva seis meses sin subirse a un andamio. En su mochila, además de un bocadillo de salchichas, tiene unas botas, un par de arneses de seguridad y una paleta. “El material lo pones tú, la cosa está fastidiada”, repite este boliviano casi a cámara lenta. Está sentado en el bordillo, pensativo. La cabeza se le resbala de la palma de la mano. Tiene mucho sueño, pero no quiere quedarse otra vez en tierra» (leído en el diario El País, el 6 de julio del año en curso http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/07/06/madrid/1373131868_596398.html)

         Ante tales noticias he pensado que podríamos leer, ¡en voz alta!, aquel poema tuyo, «La contrata de los mozos», publicado en «Conjuros» (1958), y que suena como si se hubiera escrito hoy mismo, después de leer el artículo de Rodrigo Casteleiro García, publicado en El País el pasado 6 de julio.

Gracias, Claudio, por habernos dejado tu voz.

La contrata de los mozos

¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Qué hacemos todos
en medio de la plaza y a estas horas?
Con tanto sol, ¿quién va a salir de casa
sólo por ver qué tal está la compra,
por ver si tiene buena cara el fruto
de nuestra vida, si no son las sobras
de nuestros años lo que vendemos?
¡A cerrar ya! ¡Vámonos pronto a otra
feria donde haya buen mercado, donde
regatee la gente, y sise, y coja
con sus manos nuestra uva, y nos la tiente
a ver si es que está pasa! ¿A qué otra cosa
hemos venido aquí sino a vendernos?
Y hoy se fía, venid, que hoy no se cobra.
Es tan sencillo, da tanta alegría
ponerse al sol una mañana hermosa,
pregonar nuestro precio y todo cuanto
de hombres darlo a la redonda.
Hemos venido así a esta plaza siempre,
con la esperanza del que ofrece su obra,
su juventud al aire. ¿Y sólo el aire
ha de ser nuestro cliente? ¿Sin parroquia
ha de seguir el que es alquiladizo,
el que viene a pagar su renta? Próspera
fue en otro tiempo nuestra mercancía,
cuando la tierra nos la compró toda.
Entonces, lejos de esta plaza, entonces,
en el mercado de la luz. Ved ahora
en que paró aquel género. Contrata,
lonja servil, teatro de deshonra.
Junto a las duras piedras del rastrillo,
junto a la hoz y la criba, el bieldo y la horca,
ved aquí al hombre, ved aquí al apero
del tiempo. Junto al ajo y la cebolla,
ved la mocil cosecha de la vida.
Ved aquí al mocerío. A ver, ¿quién compra
este de pocos años, de la tierra
del pan, de buen riñón, de mano sobria
para la siega; este otro, de la tierra
del vino, algo coplero, de tan corta
talla y tan fuerte brazo, el que más rinde
en el trajín del acarreo? ¡Cosa
regalada!

Y no viene nadie, y pronto
el sol de junio irá de puesta. Próspera
fue en otro tiempo nuestra mercancía.
Pero esperad, no recordéis ahora.
¡Nuestra feria está aquí! Si hoy no, mañana;
si no mañana, un día. Lo que importa
es que vendrán, vendrán de todas partes,
de mil pueblos del mundo, de remotas
patrias vendrán los grandes compradores,
los del limpio almacén. ¡Nadie recoja
su corazón aún! Ya sé que es tarde
pero vendrán, vendrán. ¡Tened la boca
lista para el pregón, tened la vida
presta para el primero que la coja!
Ya sé que hoy es igual que el primer día
y así han pasado una mañana y otra
pero nuestra uva no se ablanda, siempre,
siempre está en su sazón, nunca está pocha.
Tened calma, los oigo. Ahí, ahí vienen.

Y así seguimos mientras cae la tarde,
mientras sobre la plaza caen las sombras.

En la obra. C. Fernández Gil

En la obra. C. Fernández Gil

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4 comentarios

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4 Respuestas a “¿Qué estáis haciendo aquí? Para Claudio Rodríguez

  1. pablo

    Bella y estremecedora esta poesía que no puede representar mejor el tiempo que nos toca vivir, tiene que haber otra salida que no sea solo ese canto a la esperanza.
    Un abrazo

    • cecibustos

      Pablo:
      Querido amigo, nos habíamos acostumbrados y pensábamos que ya siempre sería el lechero o un hijo o un nieto quien llamaba a tu casa de madrugada. Bonita figura la del lechero como símbolo de paz en una tierra en la que caben todas las razas y se comparte el pan entre todos. No lo sé, pero la esperanza aún debería ser posible más allá de toda conjetura.
      Gracias por tu cercano comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Daniel Focus

    “…Ved ahora
    en que paró aquel género. Contrata,
    lonja servil, teatro de deshonra…”

    Muy interesante poema aportas Cecilio, apropiado y sonando como un reloj para hoy. Y las sorprendentes obras de C. Fernández Gil que se van sumando (y ya van muchas) todas buenas.

    ¡¡Feliz verano!!

    • cecibustos

      Daniel:
      Querido Daniel, hay que apoyarse en la poesía y en la vida, ¡qué no es una comedia!, para poder seguir mirando de frente y a los ojos. Hermoso tu trabajo este verano acechado de sol y de problemas. Gracias amigo por no dejar caer la luz ni la palabra.
      Gracias, también, por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

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