Dar las gracias 15

Y Rayuela cumplió 50 años

Cecilio Fernández Bustos

 

Lo experimental, lo que parece desmedido porque rompe las reglas o se burla de ellas, se vuelve corriente un día porque ya es clásico, y viene a convertirse en un modelo que se cuela de manera imperceptible en la escritura del futuro. Esa es mi sensación al abrir otra vez las tapas negras de mi vieja edición de Rayuela. Apagado el ruido de la novedad de los capítulos intercambiables, o suprimibles, el léala como quiera y pueda, lo que permanece es la majestad de la prosa, única capaz de hacer sobrevivir un libro a través de las edades.[1]

Sergio Ramírez

                           

En 1963 todos éramos jóvenes. Además de leer y jugar, andábamos buscando nuestro tiempo aún no perdido. El mayo del 68 estaba por llegar. Escuchábamos a los Beatles y a los Rolling y en los ratos libres corríamos delante de los grises. Algunos acabábamos de llegar a Madrid y empezamos a levantar la vista de nuestros autores de siempre cuando, ¡ay!,  posamos nuestra mirada en La ciudad y los perros.

         Luego fueron viniendo todos los demás, pero fue en Julio Cortázar y sus cuentos donde nos quedamos especialmente enganchados. Yo tardaría años en digerir Rayuela, fue en CULTAR, en 1969. Con la ayuda del siempre recordado Pedro Altares, organizamos un ciclo sobre el boom latinoamericano —Andrés Amorós y Rayuela; Rafael Conte y el boom; Alfonso Groso y su Ines Just Coming

         Y así, leyendo y jugando, de nuevo volvemos a correr delante de los guardias, aquí y en casi todo el mundo. Tal vez la mecánica del caminar del cangrejo nos tiene confundidos. O acaso sea la mecánica de la nostalgia. Y en estas circunstancias como no traer aquí a Julio Cortázar y su novela Rayuela, una de las más importantes de cuantas se han escrito en la lengua de Cervantes en los últimos 100 años.

 

Así comienza Rayuela:

1

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivos que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribías en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentífrico.

 

También podría empezar, según propone el autor, de esta otra forma:

73

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechaban en las ventanas jugando con una rema seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta mañana de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.

 

No obstante, en Rayuela hay un capitulo paradigmático:

7

Toco su boca, con un dedo toco el borde de su boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y  te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, dada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas las lengua en los dientes, jugando con sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.    

                  

     

Portada de Rayuela, edición de Ediciones Alfaguara, 1984

Portada de Rayuela, edición de Ediciones Alfaguara, 1984

                                                      

 

 


[1] Sergio Ramírez. ¿Rayuela?, sigue el juego. Babelia / El País, 29 de junio de 2013

Los texto que se reproducen de Rayuela, pertenece a la edición publicada por Ediciones Alfaguara, en la colección Biblioteca de Julio Cortázar, Segunda edición. Madrid, junio de 1984

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Dar las gracias 15

  1. Rayuela es una obra fantástica, pero para mí, el capítulo 7 especialmente es sublime. Me gusta mucho este espacio. Te invito a que descubras Impresionarte (http://impresionarte-helade.blogspot.com.es) Un saludo =)

    • cecibustos

      Elena:
      Sí, el capítulo 7 de Rayuela es una joya de la literatura universal. A mí también me gusta y me conmueve siempre que lo leo.
      Nos veremos por Impresionarte y, si no dices lo contrario, será para mí un honor poner un enlace entre este blog y el tuyo.
      Gracias, muchas gracias por este comentario.
      Un saludo, Cecilio

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