En la clínica dental

Cecilio Fernández Bustos

 

El asceta deliraba como un amante, el amante se mortificaba como un asceta.

Octavio Paz

 

Estaba citado a las cuatro y cuarto. He llegado a las cuatro. El dentista, después de estar con un paciente hasta las cuatro veinticinco, se ha colgado del teléfono y ha estado hablando un cuarto de hora.

         A las cuatro cuarenta ha empezado a trabajar en mi muela, pero la anestesia no hacía efecto. Le avisa su ayudante: en la sala de espera acababa de llegar una urgencia a la que había citado para las cuatro cuarenta y cinco. A mí me ha propuesto salir fuera, cinco o diez minutos —mientras te hace efecto la anestesia, ha dicho, y ha pasado el paciente de la urgencia. Ha estado con él veinticinco minutos.

         Ha retomado el trabajo conmigo a eso de las cinco y veinticinco, cuando ya tenía la consulta llena de personas citadas, que iban viendo cómo pasaba el tiempo y no eran atendidas. Así que, muy deprisa se ha puesto a manipular la muela. Yo notaba que el hueso  chascaba, el decía —No importa, no importa. De forma que ha estado hurgando en muela y encía hasta que, trocito a trocito, ha concluido, según su afirmación, sacándola toda. Luego me la ha enseñado. Por supuesto, ¡faltaría más!, los efectos de la anestesia aún duran en el momento que escribo este recuerdo.

         Debo mantener la boca cerrada. Él ha dicho que media hora o tres cuartos. Pero como la vez anterior dijo dos horas, voy a estar sin decir ni pío hasta las siete.

 

¡Te oigo, pues tengo ojos!.- C. Fernández Gil

¡Te oigo, pues tengo ojos!.- C. Fernández Gil

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6 comentarios

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6 Respuestas a “En la clínica dental

  1. Julio Fernández

    Querido primo/hermano mayor: tener la boca cerrada no obliga a mantener inactivo el pensamiento. Y eso me tranquiliza, pues se de tu actividad neuronal y a ella no afecta la anestesia. Y a propósito de las neuronas, te cuento que ayer conoci que SM el Monarca, cabeza visible de una familia desestructurada, ha decidido renunciar a la propiedad de su barquito “Fortuna” (no equivocar este nombre con cualquier otro significado que estos días cobra actualidad referido a otros bienes materiales) y acabar así con un escenario estival que, sin duda, supondría fuente de conflictos a la hora de su disfrute vacacional. La embarcación ha pasado al Patrimonio del Estado. Y esta mañana he sabido que nuestro municipio ribereño, falto de presupuesto, ha entregado tambien al Patrimonio las dos lagunas naturales que enriquecian nuestra hermosa naturaleza local. Y ello me ha traido a la memoria mis excursiones de infante a lo que en el pueblo llamabamos “el mar de Ontigola”. En un ambiete rural carente de otros atractivos lúdicos para la infancia, el recorrer “los cerros”, descubrir sus cuevas, y llegar a la orilla del mar de Ontigola, era una experiencia que aun hoy, en mis remembranzas de la niñez, las veo como auténticas aventuras de heroes imaginarios, en un universo pequeñito y reiterado.Y se me ha ocurrido que bien podría recrearse una imagen representativa de los momentos que padecemos si el barquito real (financiado por intereses privados para mejor loa de la institución hoy doliente), fuera varado en el mar de Ontigola y destinado como “aula maritima” en plena Mancha, Aranjuez es manchego, no lo dudes, a alguna práctica educacional de la infancia de hoy,,, Pero,, en fin, ha sido una idea fugaz que de inmediato se ha difuminado. Julio

    • cecibustos

      Julio:
      El mar de Ontígola, querido primo, es uno de los símbolos históricos y medioambientales de Aranjuez. Lo mandó construir Felipe II hacia 1561, para ampliar los recursos de agua para los jardines y las huertas. También, seguramente, para distraerse con la caza. El deterioro que sufre actualmente es lamentable. Como lamentable es la situación del hospital de san Carlos y otras muchas cosas. Entre esas otras cosas están los recortes que a todos nos afectan y la privatización de lo público, que lo van a vender, ya lo sabes, como si fuera de ellos. Pero, ¿quién son ellos, para permitirse vender lo que es de todos?
      No, no son barcos lo que necesita Aranjuez. Aquellos sueños de los Austrias de llegar hasta el mar desde estas tierras se quedaron también en sueños, como los tuyos y el Fortuna.
      Como si estuviéramos en la consulta del dentista esperando el dolor de nuestro dolor y conversáramos de todo un poco. Las cuevas, ¡ay, las cuevas! ¿Conociste la cueva de Samba? ¿Y el cerro de las cuatro letras? Y estaban aquellas otras, las que habitaban ciudadanos sin casa y sin trabajo que afanaban carbonilla en las escombreras del tren. Aún quedan cuevas en Ontígola, pero son casi de lujo.
      Gracias por tu comentario.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

  2. Cecilio, he sufrido y he reído mucho leyendo sobre tu tarde en el dentista y el comentario y réplica entre primos. Has de saber que el tema este del dentista no es que me agrade mucho y reconozco que he pasado alguna vez por tu texto sin leerlo por no caer en el recuerdo profundo de la boca al abrir y el torno tornear. Para mi sorpresa tu desventura tan bien contada y con tanto humor me ha hecho sonreír con el delicado tema. Luego con tu primo me siento con vosotros en la casa familiar y atiendo a vuestras chanzas que me agradan. Y no puedo sino decir en conjunto que escribes muy bien y ahuyentaste la fría luz y el confesionario nunca del todo aplazado de (sin nombrarlo) dicho profesional sanitario.

    Un abrazo y felicidades por la frescura del texto Cecilio,

    Daniel

    • cecibustos

      Querido Daniel, el potro del dentista es uno de los más universales que existen. No es raro que huyamos de comentar nuestras aventuras en la consulta del estomatólogo, pues, no es el mejor escenario para la paz del espíritu y la del bolsillo. No obstante, si surge la conversación será más llevadero el rato de espera que hojeando u ojeando las revistas que por allí suele haber. Los confesionarios tuvieron un importante protagonismo en la España de mi infancia y adolescencia y puede que de nuevo vuelvan a tenerlo. ¡Qué pena, con lo hermoso que es hablarse cara a cara, mirándose a los ojos!
      De nuevo nos amenazan con la rigidez y el cinismo conservador. Pero, ¿quién mató al Comendador?
      Gracias, amigo.
      Un abrazo,
      Cecilio

  3. Y lo vulnerable que te sientes, ¿verdad? Yo llevo un año de dentistas (sí, en plural)… Me han dejado desplumada, con lo cual todavía se siente uno más desprotegido. Creo que aparte de la mayor o menor sensibilidad y profesionalidad del dentista en cuestión, hay algo animal en uno que se rebela cuando hurgan y trajinan en nuestra boca. Al fin y al cabo, para los animales los dientes son muy importantes. 🙂

    Un abrazo (espero que al menos te lo hiciera bien)

    • cecibustos

      Elvira:
      Hay autores que asignan al dolor un papel individual e individualizante. No digo que se equivoquen, si me duele a mí, es a mí a quien le duele. Mas no podemos ignorar que todo dolor es sufrimiento y el sufrimiento se normaliza más allá de la experiencia individual y transciende a lo colectivo. Lo verdaderamente lamentable es que las sociedades convierten el dolor en rito para iniciarnos o mantenernos en la vida.
      En fin, dolor de muelas y quirófano al servicio de la vida. Nunca, jamás la ritualización de una ablación iniciática al servicio de una creencia.
      ¡Defiende tu sonrisa! Gracias por tu comentario.
      Un abrazo, Cecilio

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