Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín

Cecilio Fernández Bustos

 

Más de una vez he comentado que mi palabra escrita reproduce obviamente mis ideas estéticas, pero también mi pensamiento moral, mis litigios personales, mi manera de buscar  una salida al laberinto de la historia.

 J.M. Caballero Bonald

23 de abril de 2013

                       

Francisco José Martín “Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín” Editorial Biblioteca Nueva  Madrid, 2005

Francisco José Martín
“Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín”
Editorial Biblioteca Nueva
Madrid, 2005

Para esto sirven los libros. Corría el año 2005 cuando una librería de Aranjuez (LA) nos quitaba levemente el velo de una arraigada desmemoria y nos ponía delante de los ojos el libro que el profesor, Francisco José Martín, acababa de publicar en la Editorial Biblioteca Nueva de Madrid. El libro, Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. El asunto: la memoria, la memoria de un acontecimiento luminoso, de transcendental relevancia, ocurrido en Aranjuez el 23 de noviembre de 1913. No dudo que, muchos ribereños y muchos madrileños y muchos españoles y muchos ciudadanos del mundo, tuvieran conocimiento de aquel hecho. Pero ello es que, este libro, que nació y se propagó despacio, ha sido la herramienta que nos ha abierto los ojos y nos ha iluminado la conciencia de ciudadanos, para sentirnos heridos como del rayo.

         El autor, Francisco José Martín, es profesor de literatura española en la Universidad de Siena. Entre sus numerosas publicaciones cabe destacar El sueño roto de la vida y la Traición velada, y el cuidado de las ediciones de Diario de un enfermo, de J. Martínez Ruiz, España invertebrada, de Ortega y Gasset, y los escritos italianos de María Zambrano, Per ebitare l’esilio.

         El libro tiene dos partes, en la primera el autor nos sitúa, nos tunde y nos zahiere contándonos unas cuestiones relacionadas con la vida, no ya de la Villa de Aranjuez, sino de la España que a principios del siglo XX temblaba de frío, de hambre y de ignorancia. Aquella era una España de analfabetos donde el explotador campaba a sus anchas, fundido y confundido con su mala sombra. Así, el autor, nos brinda una larga introducción, libro en sí misma, donde nos habla del movimiento de los intelectuales en la España de aquel principio de siglo. En el ámbito intelectual, una vez más se nos adelantó Europa, aquel difícil grito que aún resuena, ¡YO ACUSO!, pronunciado por un intelectual, un escritor francés comprometido, Émile Zola que en defensa de una injusta aberración llegó a decir más: «¡Ah, sí! Con toda mi fuerza hablaré a los pequeños, a los humildes, a los que se tragan el veneno y caen en el delirio. Tal es mi único propósito, les gritaré donde se encuentra de verdad el alma de la patria, su energía invencible y su triunfo seguro»[1]

         Otros eran los problemas que en España justificaban gritos similares al de Francia. Si bien con otros matices y contexto, en España se irá gestando una fuerte corriente de opinión y un propósito de acción, en esas generaciones de intelectuales, herederos de la Ilustración, que levantaron sus voces, mezclando ideologías liberales y progresistas, frente a la asfixia reaccionaria de la Restauración Borbónica ante el fracaso de la Primera República. Aquella coincidencia de las generaciones del 98 y el 14, a los que empezaban a arrimarse los bisoños de la generación del 27. Aquellos intelectuales, de alguna forma inventores del periodismo, agrupados ante los gritos —«entre una España que muere / y otra España que bosteza.» diría Antonio Machado— «En sus tempranas conciencias de intelectuales descubrieron pronto la necesidad de contar con canales adecuados de comunicación con el público. Su activa participación en la fundación y sostén de las nuevas revistas de la época es reconducidle, a esta búsqueda suya de un público propio, búsqueda a la que subyacía el convencimiento de que sin público el intelectual no podía existir,…»[2]

         Aquellos hombres que, en su principal singladura, buscaban una solución al problema de España, se solidarizan con José Martínez Ruiz, Azorín, cuya candidatura para ocupar el sillón P de la Real Academia Española, a la sazón vacante, le es negada y finalmente adjudicada a Juan Navarro Reverter[3]. La opción Azorín era oportuna y justa, pues el escritor de Monóvar, a la sazón ya había producido una abundante obra literaria de excelente calidad y era conocido como un auténtico renovador de las letras españolas. Y es que, además, como nos muestra Francisco José Martín en este libro, glosando el artículo publicado por Julio Cejador en el Imparcial el 17 de noviembre de 1913, titulado «La Academia española» sin que el autor del artículo cite a Azorín en el texto, promueve la evidencia de que: «En cualquier caso, sólo a Azorín favorecía. Volvía a ser un episodio más de esa regeneración nacional pendiente»[4]

         Ya en el siglo XIX los intelectuales españoles quieren comunicarse con los ciudadanos, quieren que se sepan las cosas. Estamos en el siglo XX, el despuntar de un nuevo siglo induce a germinar la conciencia de una nueva juventud en Europa y en España. Ortega y Gasset, personalidad paradigmática de esa generación, dirá que España es el problema y Europa la solución. Y será, junto con Juan Ramón Jiménez, impulsor de la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín.

         Es la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín, la parte del libro que sustenta la brillante introducción de Francisco José Martín. Fiesta cuyo primer anuncio, nos dice el autor, aparecería en  «El diario Hoy (19 de noviembre): “Unos cuantos admiradores de Azorín van a dedicar una sencilla fiesta el próximo domingo: en el tren de las diez y veinte marcharán a Aranjuez, donde después de comer se leerán unas cuartillas de Baroja, Machado (Antonio), Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, etc.”»[5] El espacio elegido para estas lecturas fue, en el Jardín de la Isla, la glorieta de la Fuente de las Arpías o, en lenguaje más popular, del Niño de la espina.

         Tratando de entender y explicar el porque de la elección de Aranjuez para este acontecimiento, el homenaje a Azorín, dice el autor: «Aranjuez es símbolo excelso de esa cultura, de esa acción de inteligencia que, al servicio de la vida, se sobrepone al dominio de lo natural y espontáneo, haciendo así con ello, o intentándolo, de la vida el lugar del mutuo reconocimiento, el lugar que contrasta, desde la cultura, el imperio natural y abre hacia soluciones de mejora y perfeccionamiento. El viaje a Aranjuez es viaje a la modernidad»[6].

         Así, pues, el libro que les presento constituye una herramienta fundamental, no ya para saber del acto que se celebró en Aranjuez el 23 de noviembre de 1913, sino para presentarnos y “entender la génesis de la Generación del 14 y el desarrollo del movimiento intelectual español”. Organizada por José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez —el poeta fue el responsable de la elección de Aranjuez para la celebración de este acto—, y celebrada en el espléndido marco de los Jardines de Aranjuez, el 23 de noviembre de 1913, la Fiesta nació, ya lo hemos dicho, como un acto cultural de homenaje y reconocimiento a la figura de Azorín y, a la vez, de protesta por la no aceptación de su candidatura para ocupar la vacante en la Real Academia Española[7]. En todo caso me apoyo en la propuesta de los editores y comparto lo que dicen en la presentación del libro: «Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín constituye un documento imprescindible para entender la génesis de la Generación del 14 y el desarrollo del movimiento intelectual español. Organizada por José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez, y celebrada en el espléndido marco de los Jardines de Aranjuez el 23 de noviembre de 1913, la Fiesta nació como un acto cultural de homenaje y reconocimiento a la figura de Azorín y, a la vez, de protesta por su exclusión de la Real Academia. Fue una reunión de jóvenes entusiastas que hicieron de la reivindicación de Azorín –de la renovación literaria que representaba– un aspecto particular de la regeneración de España. La Fiesta tuvo la doble función de cohesionar a los jóvenes alrededor del liderazgo intelectual de Ortega y de abrir paso al recambio generacional operado en la segunda década del siglo XX. El libro recoge los discursos y las lecturas de la Fiesta de Aranjuez (Ortega, Juan Ramón, Baroja, Machado, Azorín) y añade numerosos testimonios de adhesión a la simbología del acto. Es el residuo textual de un acto cultural que, en su estructura convergente, da vida a una nueva identidad intelectual: la Generación del 14».

         El próximo 23 de noviembre, a los cien años de aquel día de la Fiesta en honor de Azorín, otros ciudadanos, cien años más jóvenes —es un decir— que los del pasado, volveremos a levantar nuestra copa en honor de José Martínez Ruiz y de todos los que ayer y hoy comparten libertad, ingenio y responsabilidad por una España que se atiene a los preceptos constitucionales: «España  se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político». Y así, con similar espíritu, como lo hiciera José Moreno Villa en la carta que dirigió a Juan Ramón Jiménez sumándose al acto del 23 de noviembre de 1913, terminamos la presentación del libro del profesor Francisco José Martín, diciendo aquello: ¡Júbilo y buen día!


Nota: Este texto ha sido publicado por primera vez en el blog de la Comisión para la celebración del Centenario de la Fiesta  de Aranjuez en honor de Azorín (http://www.azorinaranjuez.blogspot.com.es/#!http://azorinaranjuez.blogspot.com/2013/05/fiesta-de-aranjuez-en-honor-de-azorin.html)

[1] Émile Zola. Yo acuso. La verdad en macha. Tusquets, editores / Barcelona, 1998

[2] Francisco José Martín.- Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Biblioteca Nueva / Madrid, 2005

[3] Juan Navarro Reverter.- Valencia, 1844- Madrid, 1924. Ingeniero Industrial y de Montes. Político conservador. Tras varios e importantes cargos llegó a ser ministro de Hacienda y de Estado y también presidente del Consejo de Estado. Buen orador, escribió un libro de viajes, Del Turia al Danubio, y otros de temas económicos.

[4] Francisco José Martín.- Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Biblioteca Nueva / Madrid, 2005

[5] Francisco José Martín.- Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Biblioteca Nueva / Madrid, 2005

[6] Francisco José Martín.- Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín. Biblioteca Nueva / Madrid, 2005

[7] Azorín ocuparía el sillón P de la RAE en 1924, sustituyendo al que se cruzó en su camino en 1914

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