Pasan lentos los días (32)

Cecilio Fernández Bustos

                                              

La prolongación natural de la escalera era el patio. El nuestro era un patio abierto. Le faltaba la cuarta pared, como en el teatro, por más que estuviese bien presente en nuestras cabezas. El lugar que le correspondía lo marcaba un pórtico de ropa tendida. Si en un juego o una pelea con los chicos del barrio nos batíamos en retirada y traspasábamos la arcada de sábanas, todos sabíamos que aquello era casa.

Alberto Bustos

(De Una infancia en Aranjuez allá por 1970, Dikitur. Cáceres 2013)

                                                                                                                                                   

Ramillete 32 

451) El amor es como los cohetes de la feria: ignición, aparatosa y veloz subida, explosión. Después la oscuridad.

452)  Si consigues recordar quién eres, ¡no lo dudes!, habrás vivido. Si no recuerdas ni el olor de las violetas ni el nombre de tus hijos, ya estás muerto, pues la muerte es el olvido.

453)  No eres un hombre grande, pero eso no excluye, en ningún caso, la posibilidad de que seas un gran hombre.

454)  Esa mano en el pecho le confiere cierta dignidad al caballero del Greco. Igual o mayor dignidad se la confiere al labrador la mano en la esteva o en el volante del tractor.

455)  ¿Lo habéis olvidado? Cuando éramos niños, adolescentes y jóvenes, ¡en el nombre de Dios!, la Iglesia nos prohibía pensar. ¿No lo recordáis?: ¡todo pensamiento impuro es pecado mortal!

456)  Si tuviste la oportunidad, tal vez el deber o, acaso, la obligación de empezar a trabajar a los catorce años, no deberías dudar: el socialismo es tu casa. Ya lo sé, en alguna ocasión te has sentido culpable de haberte relajado, ¡qué le vamos a hacer!

457)  No debería preocuparte más, las escisiones también son fruto de lo humano.

458)  Lamentablemente mi calidad intelectual me juega malas pasadas y mis pensamientos, pese al esfuerzo que le dedico, no siempre me ofrece resultados. Suelen ser confusos y he de cribarlos para que suelten toda la ganga y se muestren con un poco de orden.

459)  ¡Qué más quisiera yo!: entender todo lo que leo y que se entienda todo lo que escribo. Paciencia.

460)  Yo tampoco suelo recordar la textura de todo lo que he acariciado. Esto me parece una pérdida irreparable.[1]

461)  Hay diferencias notables en nuestras miradas, cada estación tienen su sol. Mas la mirada, la mía al menos, se encela más con el sol de primavera.

462)  Existir, ser, estar aquí. Gustar, oler, acariciar, mirar, oír y ver, ¡cuántas maravillas juntas! Escuchar una rapsodia o el ‘quejío’ de Camarón; acariciar suavemente la piel de otra persona y palpar el estremecimiento del alma en forma de pudor y de placer; saborear aquellas patatas guisadas con conejo, en el campo, después de darle a la caza alcance; contemplar el cárdeno desgarro de los cielos a la puesta del sol; sentir el aroma profundo y sublime del macasar en flor. He ahí algunas de las cosas para las que sirve nuestro cuerpo, cuidémoslo hasta el final.

463)  Coge las herramientas, papel y lápiz, y ponte a pensar sin apagar la luz del sentimiento. Tal vez, sin apenas darte cuenta, surja un silogismo o quizá, ¡algo más hermoso!, un verso, puro como esa mirada que te provoca. Y recogido el verso sobre las manos de la bella, ¡quién sabe!, tal vez nazca un poema.

464)  Se han dicho tantas cosas del amor que difícilmente podemos crear nada nuevo. No obstante, hay que seguir intentándolo: cada uno tiene su percepción y su particular definición.

Aranjuez. Plazuela de San Antonio desde el jardín del Parterre (fotografía CFB)

Aranjuez. Plazuela de San Antonio desde el jardín del Parterre (fotografía CFB)


[1] «Es interesante y quizás revelador que no guarde recuerdo de la textura del pescado ni de su procedencia»… Toni Judt.- El refugio de la memoria. Ediciones Península / Barcelona, 2008

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Pasan lentos los días (32)

  1. lOLI

    Cecilio, ¡dices tantas cosas!: “Existir, ser, estar aquí. Gustar, oler, acariciar, mirar, oír y ver, ¡cuántas maravillas juntas! “. Cuando hablas del macasar, de su profundo aroma, me recuerdas que en el jardín del Príncipe hay un árbol pequeño, un macasar, que florece en pleno invierno –acostumbrados, como estamos, a ver la floración en primavera—. Me gusta el macasar y su aroma.
    Un beso.
    Loli

    • cecibustos

      Loli: Muchas gracias. Así es, en el jardín del Príncipe hay un macasar que yo conozca y un amigo me ha señalado la existencia del otro en otra zona. Luego son dos, tal vez tres, los árboles, más bien arbustos de macasar que hay en este jardín. Este invierno paso tuvieron una excelente floración y se pudo disfrutar de su singular aroma. De nuevo muchas gracias por tu comentario. Un beso, Cecilio

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