En la muerte de José Luis Sampedro

Cecilio Fernández Bustos

 

                        A los muchos amigos que José Luis Sampedro ha dejado en Aranjuez

 

Envuelto por esas revelaciones, por tantas adivinadas historias ¿cómo no soñar mientras vivía esa  adolescencia en que se empieza a mirar a las muchachas? ¿Cómo no querer convertir mis sueños en palabras impresas, para que perdurasen? Fue así, bajo aquellas frondas donde, rebosante de vitales descubrimientos, sentí brotar por primera vez el ansia de entregarme a la escritura, de inventar e inventarme con ella. De ese modo si bien el hombre que soy nació en Barcelona, el escritor que también soy —a veces más que hombre— nació y maduró en aquel prodigioso mundo: la Villa y Real Sitio de Aranjuez.
José Luis Sampedro

 

 

José Luis Sampedro, Hijo adoptivo de Aranjuez, ha muerto a una edad muy razonable. Vivió lo suficiente para dejarnos algunos mensajes indelebles e inconfundibles. Su familia y sus amigos han disfrutado de un bien de esos que justifican la vida y, por supuesto, el vivir. Me refiero al amor y a la amistad entrañable.

         Los demás, la sociedad entera, hemos tenido la oportunidad de leer sus libros y artículos, hemos escuchado sus conferencias y en alguna ocasión hemos tenido la oportunidad de estrechar su mano y brindar con él. Seguramente hemos disfrutado el gozo de algunas lecturas en común, ¡quién lo duda!, Quevedo y Antonio Machado, por ejemplo. Y como él, fronterizos, hemos vivido en los límites de la periferia.

         Del profesor y el defensor de los derechos humanos y de la dignidad de las personas hemos aprendido a respetar y a responsabilizarnos. Hemos asumido el compromiso de ser hombres entre los hombres. Él solía decir, «¡No hay verdad, sino verdades!» Y sobre algo tan simple, pero a la vez tan profundo, se puede construir toda una filosofía sobre el respeto y la responsabilidad. José Luis Sampedro era un gran orador, escribía y hablaba continuamente, pero pocos, como él, sabían escuchar y entender a sus congéneres. Así, no debe extrañarnos que, dotado de una excepcional longevidad, haya navegado, hasta el último día de su vida, sabiéndose vivo y protagonista de la vida.

         Solo en cuatro ocasiones he coincidido directamente con José Luis Sampedro. En ese sentido no puedo decir que haya llegado a gozar de esa amistad que nos permite la identificación con el nombre. Posiblemente él nunca me haya nombrado, pero eso no obsta para que yo si le haya nombrado a él en infinidad de ocasiones, le haya nombrado, le haya leído y, sobre todo, le haya escuchado. Por que leer es escuchar y, como él decía, es participar en la elaboración del libro que otro ha escrito.

         La primera ocasión en que contacté directamente con José Luis Sampedro  fue en unas jornadas que organizaron las Universidades Populares de Madrid, debió ser en el año 1985, tal vez 86. Y recuerdo que allí expuso, con la excepcionalidad de siempre, su filosofía sobre la frontera. Excepcional discursos sobre esa fuerza centrífuga de la sociedad, a lo largo de toda la historia, que permitía a los poderosos marginar a los débiles y expulsarlos del reparto de la tarta. Y, ¡crueldad de toda crueldad!, los mantenía ahí, sufriendo de hambre y padeciendo las inclemencias de estar vivos en entornos injustos y opresores.

         La segunda de estas ocasiones estaba directamente asociada a la primera y consistió en la invitación que, en calidad de Director de la Universidad Popular de Aranjuez, le cursé para que participara en las jornadas que a la sazón preparábamos bajo el título de la Universidad Popular de Aranjuez a Debate. Lamentablemente, la agenda del profesor no estaba libre en aquellas fechas y no fue posible contar con su participación. Mi intención al invitarle era la de volver a escuchar sus ideas sobre la frontera y el compromiso que debíamos suscribir para favorecer integración, en un nuevo concepto de sociedad, con la participación de todos, de aquellos que se movían en el límite de la exclusión: los excluidos de la ciudad; los excluidos del saber, del arte y la ciencia; los excluidos del agua corriente y la calefacción en casa; los excluidos de la escuela; los excluidos de la universidad; los excluidos de la salud, etc.

         Una tercera ocasión y ahí si tuve la ocasión de departir largamente con Sampedro, al que acompañaba otro heterodoxo, Antonio Gala, fue con motivo de la presentación en Aranjuez de su libro Real Sitio. José Luis Sampedro ha sido un excelente narrador con una importante obra literaria publicada. Su adolescencia la vivió en Aranjuez y siempre ha mantenido dos consideraciones: Aranjuez fue para él un paraíso y en Aranjuez, lo contaba siempre, surgió el escritor que llevaba dentro. Enternecía oírle relatar como la atmósfera de la niebla que subía del tajo, a la caída de la tarde al final del otoño y principios del invierno, le producía una vívida emoción mágica cuando se despedía de sus amigos y tornaba a su casa, solo, contemplando la luz, envuelta en la gasa de la niebla, de las farolas de la plazuela de San Antonio. Varias de sus novelas tocan directa o tangencialmente Aranjuez, pero fue Real Sitio, publicada en 1993, la novela de Aranjuez. En ella el autor volcó todo su afecto y con exquisita meticulosidad describió paisaje, urbanismo, arquitectura y, sobre todo personajes e historia. Porque son los personajes —lo que hacen y lo que no hacen, es decir la vida— los depositarios del alma de las ciudades, más aún que el arte que queda como huella. Y he ahí la gran dificultad a que se enfrenta el escritor. No obstante, en el caso de José Luis Sampedro, su experiencia afectiva sobre el Real Sitio, le confirió la luz sublime de la creación y alumbró una de sus más bellas y sugestivas obras.

 

Fuente del Cisne. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

Fuente del Cisne. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía CFB)

 

         Y por último, coincidimos en las Escuelas Loyola donde acudí tras el aviso de mi amiga Esperanza, regente de la librería LA y donde mi amigo y excepcional Jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Aranjuez, Ramón Peche Villaverde, me ofreció la mano del profeta y escritor, José Luis Sampedro, para estrecharla afectuosamente. Con la brevedad exigida por el acto, comente con él las dimensiones de mi afecto y admiración por el hombre y por su obra.

         Eso fue todo en el ámbito del encuentro personal. Pero a José Luis Sampedro lo he conocido realmente a través de sus escritos y de lo que de él han escritos tantos y tantos admiradores. Estos días que, con motivo de la celebración del centenario de la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín, se plantea en algunos foros la importancia del quehacer de los intelectuales en la transformación de las sociedades, no tengo por menos que reparar en la figura de José Luis Sampedro y en el papel que su palabra, más allá del compromiso y la acción, haya podido representar para la transformación de nuestra sociedad. Así, el debate sobre el valor de la palabra, puede tomar una dimensión singular si lo hacemos desde la óptica de comprender la obra de un ciudadano que descubre la esencia de la solidaridad y el compromiso en pro de la convivencia social. Cuesta trabajo aprender a mirar desde la libertad y a superar prejuicios anclados en regímenes de ayer. No siempre se pudo hablar y escribir con claridad y fueron también numerosos los intelectuales que no pactaron con la miseria de vivir sometidos. Por supuesto, Jose Luis Sampedro, fue uno de los que al alcanzar su notable madurez intelectual empezó a utilizar su ciencia y su palabra para denunciar el atropello de los poderes públicos sobre los ciudadanos.

         Y de nuevo, una vez más, en la frontera de sus días, salió a la plaza pública y nos dijo, en el prólogo al texto de Stéphane Hessel, ¡Indignaos!, José Luis Sampedro nos dijo: «¡INDIGNAOS!, sin violencia. Hessel nos incita a la insurrección pacífica evocando figuras como Mandela o Martin Luther King. Yo añadiría el ejemplo de Gandhi, asesinado precisamente en 1948, año de la declaración Universal de los Derechos Humanos, de cuya redacción fue partícipe el propio Hessel. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!

 

 

Jardín del Prícipe. Aranjuez (CFB)

Jardín del Prícipe. Aranjuez (CFB)

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10 comentarios

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo

10 Respuestas a “En la muerte de José Luis Sampedro

  1. Carlos

    José Luis Sampedro fue un hermano, un amigo, un consejero, alguien con quien departir. Desgraciadamente, y como es ley humana, ya no está con nosotros. Pero el mejor homejane que podemos realizar en su nombre es volver a su palabra, a su discurso, al libre racicionio de la libertad. Y tenemos mucho donde escoger: novelas, artículos y ensayos, pero también sus libros de memorias y de recuerdos. Porque sin memoria es difícil saber de dónde se viene y es poco menos que imposible saber hacia dónde se quiere ir. José Luis Sampedro le puse nombre y apellidos a las causas y a los causantes de este desafuero que estamos viviendo con todo lujo de lacras y de recortes, con todo lo que ello reporta para el estado del bienestar que, pasados unos años de políticas neoliberales, comienza a ser el estado del malestar permantente. Y contra esta enfermedad José Luis Sampedro proponía una receta muy simple: el indignarse es el primer paso que todo hombre debe dar antes de pronunciar ante los que creen que nos gobiernan: “Esto no puede seguir así”. Y porque el mundo está mal hecho desde el principio, diga Rouco Varela y sus acolítos lo que quieran decir, es por lo que tenemos que cambiar las reglas. Nuestro deber es construir un mundo más justo, que los que vienen detrás de nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, puedan encontrarse con un mundo mejorado y no depauperado. Nada está escrito en la página del povenir y porque nada está escrito tenemos el deber de no claudicar y de no perdonar. Hay que leer a Sampedro -y a muchos otros también- para salir de la atonía y reventar en las urnas ese discurso único que a modo de lema reza: “Lo tuyo es mío; lo mío es mío”. Por el camarada y compañero Sampedro. Siempre en el corazón.

    • cecibustos

      Carlos: Sabía yo del importante interés, respeto y afecto que guardas a José Luis Sampedro. Hombres como él, sin asumir el rol de mitos, mitifican cuanto toca su palabra. Por eso, tú lo dices, el mejor homenaje que se puede hacer a un hombre de tales hechuras, es volver a su palabra, leerlo y contar lo leído a los cuatro vientos y formular un propósito vital en pos de sus palabras. No hablamos de religión, hablamos de humanismo, de respeto al ser humano, de compromiso con y entre los ciudadanos. Tal vez hubo un tiempo en que pensamos que trabajar por la libertad y por la igualdad había concluido. Pero ya ves, amigo mío, el tiempo circular nos amenaza y de nuevo perdemos pie. Un éxito para nuestra historia la presencia de hombres como José Luis Sampedro y tantos otros, como los que nombra en su texto citado al final del artículo. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo, Cecilio

  2. Julio Fernández

    Querido primo, de las últimas cosas que le pude orie a Sampedro, durante una entrevista que fue una lección magistral de sabiduria, humanismo y visión critica de la vida, me ha quedado una enseñanza que quiero trasladar a mis hijos: no importa tanto saber lo que queremos, como oponernos a lo que no queremos. Esta máxima la recomendaba el ciudadano Sampedro como postura ante las convulsiones que hoy enfrenta nuestra sociedad. E iba dirigida a las generaciiones jovenes, a las que se les ha robado el presente y se les niega el futuro.

    • cecibustos

      Julio:
      Un placer recibir en este blogs un comentario tuyo. Es hermosa tu reflexión desde el envite de las palabras de José Luis Sampedro. Excelente máxima —hay que oponerse con firmeza a lo que no queremos— Seguiremos leyendo a José Luis Sampedro y seguiremos confiando en el esfuerzo de los hombres por regenerar la vida y, también, regenerar, una vez más, la historia.
      Por aquí, seguiremos viendo pasar al Tajo sobre su antigua pisada, con lentitud de enfermo que se agota. Ya no fluye este río como lo hiciera en aquel tiempo, cuando José Luis Sampedro vivía en Aranjuez. Ya ves, a las generaciones jóvenes se les niega el futuro y, en nuestro caso, se les niega hasta el agua.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

  3. Mari Carmen Bustos.

    Era inevitable que un día José Luis nos dejara, pero hemos sido muy afortunados por haber disfrutado de el durante muchos años, y siempre le hemos tenido dispuesto a escuchar.
    Ha sido un lujo para los que hemos tenido la suerte de conocerle y compartir con el algunos buenos ratos, de los que siempre salíamos enriquecidos.
    Poco puedo decir del escritor y humanista que todo el mundo conoce,pero si algo del hombre sencillo y entrañable que disfrutaba de una charla desenfadada mientras comíamos en un chino, o una cena en el gango de la Pavera una noche de verano,comiendo sufle de salmón, tortilla de patata y bebiendo vino con gaseosa en botella con caña.
    Su recuerdo me acompañara siempre, pero sobre todo su mensaje rebelde y valiente que supo dar a conocer con elegancia y sin enfrentamientos inútiles.
    Mari Carmen.

    • cecibustos

      Mari Carmen:
      Luego, ¡es verdad!, José Luis Sampedro, el amigo, el profeta que se nos ha muerto, ya mayor, ¡era un ser de carne y hueso! Que vivía como tú o como yo: trabajaba y compartir el pan y el vino con sus amigos y, ¡por qué no!, si se terciaba, un suflé.
      Ventajas de vivir en estos tiempos, además de leer sus libros y escuchar sus conferencias, tuviste el privilegio de sentarte a la mesa junto a él y escuchar las confidencias de lo cercano y compartir la risa del chiste o comentario festivo en mangas de camisa. ¡Qué felicidad, cuanta alegría!
      Querida Mari Carmen, muchas gracias por un comentario tan entrañable.
      Un beso,
      Cecilio

  4. Carmen Vela

    ¿Sabes que echaba de menos algún comentario tuyo sobre Sampedro?
    Sí, Cecilio, me estaba extrañando y no podía entenderlo pero no era cosa de decirte nada.
    Gracias por decírmelo, lo he leído enseguida, y aunque mucho se está hablando y escribiendo sobre él, tu visión de la persona y del personaje me resulta más humana que la mayoría de las cosas que estoy leyendo.
    Gracias, de nuevo, Cecilio, por compartir con quienes te leemos, tu mirada.
    Un abrazo, Carmen.

  5. cecibustos

    Carmen:
    Yo tampoco podía dejar tu comentario sin respuesta. Sé de tu pasión por lo público y por la igualdad y la justicia. También sé de tu interés por la literatura y comprendo con que pasión habrás vivido al hombre que nos ha dejado.
    Stéphane Hessel, titula uno de los artículos de su texto “¡Indignaos!”, ”La indiferencia: la peor de las actitudes”.
    ¡Cómo, pues, íbamos a ser indiferentes en la muerte de José Luis Sampedro!

    Muchas gracias, amiga mía, siempre es una alegría verte por aquí.
    Un abrazo,
    Cecilio

  6. Daniel Focus

    Querido Cecilio, de nuevo gracias por tu diario de Aranjuez y de la vida, a través de él entendemos los acontecimientos de Aranjuez y la literatura.

    Desde luego el otro día en que nos enteramos de la muerte de Sampedro fue un día muy malo emocionalmente en Aranjuez, fue como si se hubiera muerto Joaquín Rodrigo ó Rusiñol, los últimos grandes navegantes que recalaron y realzaron esta ciudad. Tiene amigos aquí, quizá era algo así como aquellos reyes que en su vida pública eran inaccesibles pero absolutamente cercanos y humanos cuándo venían de visita, por eso además se le quiere. Eso debe ser por aquello grande y definitivo que le pasó en su Aranjuez adolescente, su despertar consciente.

    Hoy los vecinos de Aranjuez podemos decir que un vecino nuestro, amable, un gran señor, ha sido además un gran escritor. No sólo un gran escritor, sino que siendo “monje antes que fraile”, ha ejercido brillantemente como economista, ó lo que es lo mismo, alguien muy bien formado para entender este mundo impulsado por intereses económicos. Por eso en sus últimos años ha encabezado la vanguardia de una sociedad ahogada por los esquemas de la dictadura financiera. Su canto del cisne ha sido ser el gran vanguardista que la sociedad necesitaba. ¿Están los intelectuales de hoy implicados con los acontecimientos que la sociedad vive?. Sampedro sí.

    Se puede comprender del todo el valioso paisaje cultural que nos rodea, observando la dimensión de aquellos que lo cantaron, que se rindieron a él. Por eso de nuevo es necesario valorar a Aranjuez, pues se ha reflejado multiplicado en la obra de uno de sus poetas, el que hoy nos presenta Cecilio. ¡Gracias sr. Bustos!

    PD: Para mí que en la Librería Aranjuez queda la llama invisible de este recuerdo.

    • cecibustos

      Daniel:
      Sí, ¡no cabe duda!, pese a lo avanzado de su edad, la muerte de José Luis Sampedro ha supuesto una pérdida importante para los ciudadanos, yo diría que de el mundo. Por supuesto, de forma excepcional para Aranjuez, puesto que su referencia entre nosotros era más que simbólica, pues transcendía el símbolo y era más que el economista o el narrador, ¡era el paisano y el amigo! Estos últimos días, a la puesta del sol, el cielo de Aranjuez está especialmente cárdeno.
      El ciudadano José Luis Sampedro —casi un siglo de existencia— ha vivido la historia no como un contemplativo, ¡no!, ha sido un hombre de acción y ha combatido. Nada de lo que constituía atropello a la dignidad humana le ha sido ajeno. Y su saber no le ha impedido ser un hombre de su tiempo. Tú lo dices muy bien en el comentario que has puesto: ha sido «un gran señor». Seguiremos leyendo su obra y así, no solo disfrutaremos, sino que le conoceremos más y le amaremos más.
      Gracias por tu comentario y acompáñame en el descubrimiento, no del mito, sino del hombre.
      Un fuerte abrazo, Cecilio

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