Puentes del Sena y del Tajo. Manuel Saavedra en la memoria

Cecilio Fernández Bustos

                                      Para Leonor y sus hijas

                                      La memoria es nuestro bastón de ciego en los
                                      corredores y pasillos del tiempo.

                                               Octavio Paz

 

Dos recuerdos me acercan la figura de Manuel Saavedra. El primero se sitúa en el año 1952 y en las Escuelas Loyola. Estamos en Aranjuez. Manuel Saavedra imparte una clase de dibujo en 1º de Preparatoria. El profesor se acerca a mí y contempla el dibujo que acabo de realizar, se trata de un caballo. Por primera vez escucho una lección sobre la importancia de la línea en el dibujo para definir el objeto. La anécdota del segundo recuerdo nos sitúa a Manolo y a mí en la calle de la Reina (también Aranjuez), no recuerdo con quien iba yo, tal vez mi novia, él iba solo. El amigo lleva en sus manos una hoja de plátano de sombra, los árboles de más prestigio en Aranjuez. La hoja es gigantesca y el pintor la muestra con orgullo y admiración, pues se trata de un mágico descubrimiento en la mañana del domingo.

Trató a Picasso

Trató a Picasso

       Desde hace mucho tiempo sé que la memoria nos tiende pequeñas trampas y que no siempre lo recordado tiene mucho que ver con lo vivido. No obstante, siempre es un apoyo, como dice Octavio Paz, un bastón que nos ayuda a recorrer los pasillos del tiempo. Las identidades, las del que recuerda y la del recordado pueden difuminarse, pero la realidad de lo recordado permanece. Así, aquella hoja de un árbol en las manos del poeta que fue Manuel Saavedra, se hace realidad y nos visita cada año en la calle de la Reina, pues el creador vuelve a nosotros con cada hoja verde, caída del verano, que encontramos en la ironía de estar vivos.

Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

     Siempre hemos reconocido en Manuel Saavedra a un hombre fascinado por la belleza de la naturaleza. El hechizo del hombre se manifiesta en su pasión por la luz de las cosas, los objetos que en él adquieren vida y por su afecto a las gentes. Un verso, un solo verso de Quevedo podría definirlo: «el mundo me ha hechizado». Cuando coincidíamos con Saavedra captábamos siempre aquellos signos que lo definían: entusiasmo, capacidad para asombrarse, frescura en la mirada, elegancia viril. Todo eso se soportaba en un poder mental que podía hacerse forma verbal, poesía, o forma plástica, dibujo y pintura, fotografía. Y, sobre todo, el ansia por donar su conocer a los demás, propia de un hombre generoso que encontraba su ámbito más personal en la donación.

Por ahí anduvo

Por ahí anduvo

         Y ahí estaban sus ojos para ver y su mente para interrogar y buscar respuestas con los sentidos y la imaginación y estaban sus manos que aprendieron muy pronto a acariciar a la luz y a majar y heñir los colores; y a trazar formas con las yemas de los dedos del hombre sensible e inteligente que fue siempre nuestro amigo, Manolo Saavedra.

Pinos como gigantes

Pinos como gigantes

         Manuel Saavedra nació en Madrid en 1924 y murió en Nerga (Pontevedra) —un auténtico edén para él, como Aranjuez o París— en julio de 1995. En Aranjuez vivió desde la adolescencia, aquí conoció a su Leonor y le nacieron tres hijas. En la memoria de quienes le conocimos y tratamos ha quedado la idea del filósofo, el poeta, el escritor, el iluminador de formas rescatadas a la naturaleza (las piedras), el maestro y, sobre todo, el pintor. Y es al pintor al que su familia y el Ayuntamiento de Aranjuez dedican estos días un notable homenaje. Y nada mejor para homenajear a un pintor que traernos su obra, mostrarnos sus cuadros en una exposición sin precedentes, un recorrido cronológico por el que desfilan los dibujos y pinturas más significativas de la huella labrada por Manuel Saavedra, de una manera solitaria y valerosa, sobre la superficie de los sueños.

El Tajo en Aranjuez

El Tajo en Aranjuez

         Como pintor anduvo siempre agarrado por la pasión de sus múltiples admiraciones entre las que cabe destacar, en primer lugar, a Goya y a Dalí. Más tarde, el impresionismo francés le deslumbro y fue capaz de incorporar a su paleta y a su mano y a sus pinceles todo un lujo de técnica y miradas (y sometió, como dijera, creo que fue Matisse, la pintura al mundo de la forma, la línea y color). Pasados por esos filtros, hay en Manolo Saavedra una incandescencia donde se encuentran y funden la creatividad plástica y la poética. Las pinturas son pinturas, formas y colores extraídos de la contemplación de la naturaleza y del vértigo visionario del creador que funda su república y dice: ahí está, eso soy yo. De otra parte la poética, esa mirada transida de emoción que asiste a la puesta del sol en las tardes del invierno ribereño y ve romperse el cielo en cárdenos desgarros sobre las cúpulas del palacio.   

Puen Barcas. Aranjuez

Puen Barcas. Aranjuez

         Manuel Saavedra en sus paisajes toco el mítico cielo del impresionismo con sublime acierto. Su obra no es la de Renoir, ni tampoco la de Monet, alguien dijo que la analogía es la ciencia de las correspondencias. Y aplicando este concepto al arte también podemos decir que porque aquellos no son este, es posible tender un nexo que los une. Nexo que no anula las diferencias, pero si establece la luz de la analogía. Claro que sí, en la pintura de Manuel Saavedra floreció un impresionismo singular soportado en el dominio del dibujo que le permitía, con trazo emocionado, deslindar  el éxtasis de los planos y la luminosidad del color, donde al contemplarlos percibimos el olor de la tierra, las flores y la humedad de las nubes. Lo comentaba con un amigo en la exposición y coincidíamos, ese último cuadro que firmó Saavedra contiene la máxima expresión de su arte. Hay en él esa acumulación de complejos factores —pasión, memoria y técnica— que nos impacta y hace enmudecer ante tanta belleza. Belleza que no es efímera, como podemos percibir al contemplar estos cuadros que cuelgan en las paredes de la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Isabel de Farnesio de Aranjuez. Fernand Léger, pintor más cercano a nuestro creador, dijo que “…no existe ningún tribunal de arbitraje que delimite lo que es bello y lo que no lo es”.[2]

Casa de Julio

Casa de Julio

         En Aranjuez también se dan aquellos fenómenos que tienen carácter de universalidad y que Octavio Paz refiere: “La coexistencia de diversas minorías no excluye —al contrario, incluye— la comunicación entre ellas. Esta red de relaciones entre grupos distintos forma un tejido impalpable pero real: la cultura de un pueblo. Por encima de cada subcultura —también por debajo— hay ideas, creencias y costumbres que son comunes a todos los miembros de la sociedad. Es el fondo —espiritual, mental, afectivo— da cada pueblo; asimismo, es el fundamento de las artes, especialmente de la poesía”[3] Y también de la plástica, digo yo.

El último. Y Galicia

El último. Y Galicia


[1] Publicado en El Espejo de Aranjuez y su comarca, nº 980, de 15 de febrero de 2013

[2] Fernand Léger. Funciones de la pintura. Cuadernos para el diálogo / Madrid, 1969

[3] Octavio Paz. La otra voz. Poesía y fin de siglo. Los pocos y los muchos. Seix Barral / Barcelona, 1990

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4 comentarios

Archivado bajo De pintores y otros artistas

4 Respuestas a “Puentes del Sena y del Tajo. Manuel Saavedra en la memoria

  1. Daniel Focus

    Querido Cecilio,
    Se dice que el homenaje a Manuel Saavedra ha tardado en llegar y se concluye que era absolutamente imprescindible que Aranjuez lo diera. Es lo que parecía en la atestada sala el día inaugural, no faltaba nadie. Enrique Serrano, culto y amable me comentó de Saavedra algo importante: tuvo en su momento alguna discusión con un pintor del momento, de los modernos, que estaban dándose ya a la abstracción. Me parece interesante subrayar que Manuel Saavedra escogió el impresionismo, no que el impresionismo le escogió a él. Esta decisión tan poco política sólo se explica si se reconoce que uno debe hacer lo que tenga que hacer a toda costa y parece que esta senda le llenó. Creo que en esa sala uniforme, amplia pero baja tenemos estos días unas decenas de cuadros que adoran lo que ven, que son mejores que lo que ven. Los artistas ven lo mismo que vemos los demás pero lo que interpretan mejora a la realidad. Y eso porque el pintor debió ser un hombre bueno, sensible y obstinado. Eso creo, que a través del filtro del artista por el que pasan las consabidas formas resultan otras que son descriptivas pero también más humanas. En estos cuadros maestros que tenemos en esta exposición nada se empasta. Valiente por utilizar toda la paleta de color, Saavedra sin embargo ordena matemáticamente la colocación, disponiendo una explosión de color pero contenida, en la que todo se distingue, todos los velos respetan la profundidad, todo detalle sujeto a la jerarquía: lo opuesto a un exultante frenesí descontrolado. Hermosas pinturas, sorprendentes, arte muy serio.
    Gracias Cecilio por esta entrada otra vez muy bien fundamentada con tu criterio pero de nuevo humanista y cercana por tu experiencia personal con el autor y los escenarios de su vida. Generoso por tu parte y mucho.
    Un abrazo fuerte Cecilio,
    Daniel

    • cecibustos

      Daniel:
      En Aranjuez trabajó mucho Santiago Rusiñol, pintor cuya singularidad no evitó que cobijara bajo las alas de sus pinceles el embrujo impresionista. Algo que también les sucedió a muchos de sus contemporáneos. ¡Qué gran revolución fue en su día el impresionismo y cuanta belleza nos dono! Y, ¡cómo no!, los movimientos vanguardistas abriendo las entrañas y deslumbrando a los tímidos y perezosos. ¡Cuánto escándalo ante los cuadros Matisse, Derain, Vlaminck!, eran los “fauves” —las fieras— y a cuantos escandaliza todavía hoy la obra de Barceló. Y pese a la lejanía de sus primeros creadores aún nos conmueve las obras que han sido y ahí están para nuestro gozo.
      En los años veinte del pasado siglo mi admirado Gregorio Prieto que pintó excelentes cuadros de Aranjuez —en Aranjuez— de factura impresionista, cuando aún era poco menos que un adolescente, allá por los años veinte del pasado siglo. Casi todos están en Valdepeñas, en el museo que su ciudad dedicó al pintor, ¡qué gozo!
      El paisaje como motivo pictórico me ha llamado siempre y me sigue llamando hoy. Viví en su día la emoción que me trasmitieron los pintores de la “Escuela de Vallecas”, pintores más expresionistas como Benjamín Palencia que también anduvo por Aranjuez. He sentido la vibración de los paisajes de Gregorio del Olmo y me entusiasmaron hace unos años, los cuadros del catalán José Beulas. Nada que objetar de Godofredo Ortega Muñoz y reverencio los cuadros de garra “fauve” de Ninoska, nuestra vecina.
      Toda negación del pasado lo prolonga y confirma. Disculpa, Daniel, me he ido por las ramas, algo tan propio del paisaje y del lenguaje.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Agueda Saavedra Fernandez

    Gracias de nuevo Cecilio y a Daniel Focus por su comentario, me he encontrado por casualidad esta página hurgando en tus cosas Cecilio que me gustan tanto un fuerte abrazo de Águeda Saavedra.

    • cecibustos

      Águeda:
      Pura alegría tu saludo. Sí, Daniel, que visitó la exposición y habla con conocimiento, nos ofrece en su brevedad un bello análisis sobre la obra de tu padre y nuestro admirado maestro.
      Gracias, pues, en una doble dimensión: por tu visita al blog y por considerar el comentario de Daniel.
      Un beso,
      Cecilio

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