Tres poemas de «Alféizar de los sueños»

Cecilio Fernández Bustos

 

El sueño

     El sueño, ¡virginidad extrema!,
que nos acoge
en su seno de pétalos lacustres,
como doncella núbil
que nos tiende las manos.
Exactitud de la alegría
en las concavidades asimétricas
de los arcaicos ídolos.
Alacena que guarda la simiente incorrupta.
Atrio de los placeres,
planetario táctil del rito de la voz
donde refulgen los tímidos sonidos.
La vida ahí, en ese cuenco,
pretexto de fruta que sacia toda hondura.
Sé, por locura,
que el tiempo es sólo signo
contemplado desde el pálpito puro del abrazo.
 
     La vida, fascinante sorpresa,
como doncella núbil
que nos tiende sus manos
emergiendo del sueño.

 

Puesta de sol 1 (fotogfrafía de CFB)

Puesta de sol 1 (fotogfrafía de CFB)

Habito en la penumbra

     Habito en la penumbra de los sueños.
Las alucinaciones profetizan,
solemnemente, el palpitar ingrávido
del loto humedecido en la oquedad del alba.
Estremecido con el pudor oculto de la muerte,
los pálpitos se duplican en las hebras de nácar
que penden de la locura como abismo.
Persigo ese naufragio tibio
que seduce, con su vértigo, en toda revelación.
Desde las alas del poniente
asedio un lívido resplandor: la luz
resbalando por las frágiles máculas
del incitante descubrimiento.
Me adentro en el magnífico suplicio
del juego de los ojos
y contemplo los enigmas ocultos
en los silencios
del claustro transparente.
Y bebo ese tacto perfumado,
¡oh, suavidad de fruta plena!,
de los pétalos abiertos
sobre la erguida fantasía de las sedas.
 
     El ritual se cumple al invocar
fidelidad a la belleza.
 
     Habito en la penumbra de los sueños.

 

Puesta de sol 2 (fotografía de CFB)

Puesta de sol 2 (fotografía de CFB)

Paisaje

     Mediterráneo al fondo.
Desde la cripta, donde sueño los sueños,
contemplo la ardiente vibración
que pende, jubilo de la voz, de un eco de sirena.
La altiva melodía de su boca,
rapsodia vegetal,
muerde una fruta dulce en el envés del tiempo.
Un cálido rumor
—día feliz y vegetal—
se ciñe con ternura
al terciopelo antiguo de las rosas.
Camino de los sueños,
limoneros en flor,
dejan el flujo nacarado
de un místico perfume
en la respiración anfibia de las manos.
Como valvas sagradas
cobijando el apretado polen de una perla,
las íntimas fantasías de las fervientes sedas
en los dorados tactos del deseo.
El mágico suicidio de los ojos
se riza en la mirada que contempla
los hechizados lamentos del cárdeno
desgarro del velo de los cielos.
Allí, en el altar urgente de otros dioses,
donde se oficia
el sacrificio del paisaje,
un tenue fuego
de vientos y contactos
se bebe los milagros del crepúsculo.
 
Y el llanto de la luz, como rapsodia mineral,
en el extinto bosque de los sueños.

 

 
Puesta de sol 3 (fotografía de CFB)

Puesta de sol 3 (fotografía de CFB)

 
 

 

 

 

Anuncios

6 comentarios

Archivado bajo Poesía

6 Respuestas a “Tres poemas de «Alféizar de los sueños»

  1. Carlos

    No tengo palabras. ¡Chapeau!, mestro. Carlos Manrique.

    • cecibustos

      Carlos:
      No tiene más importancia. Es solamente un intento de recordar. No se trata de un nuevo impulso, es la voz que ha ido quedando en los recodos del camino.
      Muchas gracias.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Carlos

    Carlos:
    Cometí un error tipográfico cuando dejé mi comentario el otro día. Escueto. Breve pero intenso. Expresión minimalista. ¡Cómo que no tiene importancia? Para mí tiene mucha, la suficiente como para quedar entusiadmado. El recuerdo y la memoria, ¿no son acaso los pilares que sustentan nuestra existencia? Cecilio, para mí te yergues como maestro, y cuando escribes poesía me pareces un clásico y un moderno, un innovador y un artesano. Deseo que te queden suficientes recodos de ese camino para que sigas poetizando la música y los silencios del vivir. Imágenes y sencillez expresiva. Un léxico delicado y sugente. Una capacidad para conmover. Me gusta asomarme al mundo a través de tu mirada, de tu lenguaje, de tu corazón. Las gracias te las debo una vez más yo a ti. Carlos Manrique.

    • cecibustos

      Carlos:
      Gracias amigo. Nada puede serme más gratificante en estos momentos que tener lectores como tú. Lectores que alojan en su corazón el virus de la emoción y gustan el milagro de la poesía.
      La vida es una experiencia —radical o no, pero si personal— y más allá de haber vivido, la poesía ayuda a elaborar esa experiencia.
      Gracias por éste y por todos tus comentarios.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

  3. Daniel Focus

    Cecilio, cuántos matices manejas. Uno ansía vivir rodeado de más matices y así es tu poesía. El mundo del que me quiero desconectar que tanto me rodea es bicolor, bipolar, bisilibático y después repetir. Me quiero desconectar, quiero conectarme a tu propuesta de matices. Quiero soñar para llegar a la “alacena que guarda la simiente incorrupta”,…” la vida está ahí..en ese cuenco”. Habitar en la penumbra “persiguiendo ese naufragio tibio, que seduce, con su vértigo, en toda revelación”. Perseguir el paisaje “y el llanto de la luz, como rapsodia mineral, en el extinto bosque de los sueños” (todo en comillas de CFB).
    Gracias Cecilio, es una enseñanza optimista, una invitación a salir y ver cosas, a hacer caso de la voz interior, a respetarse mejor que a postergar una vez más lo deseado, a disfrutar lo que se vive. El cuerpo sueña, nada puede detenerlo.
    (Cecilio, tengo cierta preocupación: después de ver la película hoy en la tv, Juana la Loca, he leído que Carlos I, su hijo, la mantuvo presa hasta su muerte. Quiere esto decir que si hubiera justicia en el mundo, Juana hubiera sido reina y sin hábitos cinegéticos nunca se hubieran comprado las tierras de la finca de Aranjuez. La vida parece ser un golpe de casualidad Cecilio!)
    Un abrazo y gracias por tu inteligente optimismo,

    Daniel

    • cecibustos

      Daniel:
      Hoy, en razón de Azorín y su tiempo, nos movemos en un ciclo de búsqueda de adhesiones. No cabe la menor duda, ¡también cosecharemos alguna que otra negación! En la vida de los hombres y de los pueblos no todo son adhesiones. No obstante, emociona que diga algo a alguien —aunque este alguien sea amigo— la sutileza de un verso que ya no recuerdo cómo surgió, porque en esto estoy de acuerdo con Ángel González, algunos versos, en especial los primeros de cualquier poema, surgen espontáneamente, los prestan las musas. El milagro está en que unas musas son más sutiles que otras.
      Muchas gracias por tu entrada.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s