Dar las gracias 14: El retrato 3

Cecilio Fernández Bustos

 

Fruto de la democracia que se había iniciado en el siglo v a. C., el dialogo supuso la eliminación del lenguaje dogmático. La verdad se desvelaba no en el imperio del sacerdote o del rey, sino en la coincidencia de los hombres,…

Emilio Lledó

                                                                                                         

Estamos en la tercera entrada de los retratos literarios encontrados en las lecturas de novelas, relatos y algunas crónicas. Una nueva vuelta de tuerca para saborear el manjar de la literatura. Por supuesto que son las historias las que nos enganchan a la lectura de un libro, mas, como si de una buena comida se tratara, es el estilo del autor lo que acaba fijando nuestra atención, porque es ahí, en ese forma peculiar de contar las cosas, donde encontramos el placer de la lectura. Y es, sobre todo, la sorpresa lo que nos conmueve y esa forma de mirar y ver lo que yo no fui capaz de ver, lo que acaba disolviéndose en nuestra propia sensibilidad.

         Un retrato literario es siempre la captura de una imagen fantástica, magia de la palabra que transustancia en posibilidad, casi en certeza. Véase Don Quijote, la inexistencia carnal y el vuelo fabuloso de un espíritu que se queda para siempre más allá de la muerte y aún hoy Ulises sigue buscando a Penélope.

***

 

            … Pienso, mientras tanto, en el señor Guardiola. ¡Un hombre extraño! Debe de tener unos cincuenta años, es alto, entrado en carnes, macilento, rosado de cara, de ojos azulados. Escaso de pelo, lleva, en la cabeza, un plafón de cabellos engomados, como una peluca tenue. Todo su cuerpo irradia una impresión de cosa blanda, desprovista de consistencia. Soltero recalcitrante, vive con una hermana -una señorita beata y ceremoniosa. Acompañado siempre por ella, su carrera ha consistido en una larga peregrinación a través de oficinas judiciales mezquinas… Su presentación, su manera de caminar, de hablar, de vestir, de gesticular, ha creado, entre la gente, la hipótesis de vaguedad de su sexo. En este sentido su vida debe de haber sido muy dura, porque ha sido el hazmerreír de mucha gente. En su indumentaria hay tres elementos inconfundibles: el sombrero duro tornasolado por exceso de aprovechamiento; el chaleco blanco con botones de nácar de una coloración rosada; una capa de esclavina con vueltas de terciopelo rojo. Caminando, tiene una manera de jugar con esas vueltas, tan femenina, retozona y llena de coquetería, que a veces hace pensar en alguna vieja cupletista, irrisoria y desbarajustada.

Josep Pla

(De El cuaderno gris)

 

… Boorsch no era un personaje físicamente prepotente o robusto. Pero una singular mezcla de ironía y superioridad lo convertían en un hombre fríamente luminoso e intenso. Tenía una mirada mesmérica y mostraba un rictus de cáustica tristeza ante nuestros esfuerzos. Despreciaba de forma visible las reticentes maravillas de la sintaxis y el estilo griegos…

         … Era arrogantemente reservado, implacable en el juicio de lo que él consideraba sus propias limitaciones.

George Steiner

(De La Atracción de la Filología

BABELIA nº 359 / EL PAÍS, 26-09-98)

 

… Feoktístov, jefe de la oficina de Correos. Era un anciano barbiluengo, miope, con gafas de gruesos cristales y la chaqueta de servicio muy usada, con unos cuernecitos cruzados y rayos de cobre en las solapas.

Konstantin Paustovski

(De Historia de una vida I

Bruguera / Barcelona, 1983)

 

… Se acerca a la rueda que escucha al embajador de la democracia, pero lo que éste cuenta la ataja. Piel ceniza y granujienta, fauces de fiera apoplética, triple papada, vientre elefantiásico a punto de reventar el terno azul, con chaleco de fantasía y corbata roja, en que está cinchado, el embajador Chirinos dice que aquello ocurrió en Barahona, en la época final…

 Mario Vargas Llosa

(De La Fiesta del Chivo

C. de L. / Barcelona, 2001)

 

—No hay trampa— dije; miré la cara de la mujer y la dividí en dos partes, reconocí a Gertrudis y a Raquel en la zona que iba desde la base de la nariz hasta el nacimiento del pelo; vi la boca de la muchacha de Díaz Gray, blanda, mulata, diseñada para adaptarse a cada una de las limitadas osadías del amor, con las comisuras incapaces de contener la tristeza, sobresaliendo el mentón redondo, firme, que solo revelaba la inconsciente voluntad de vivir—. No hay trampa ni traición, es justo que te alegres.

Juan Carlos Onetti

(De La vida breve

Edhasa / Barcelona, 2003)

 

Comprendo. En cuanto a cómo conocí a John: tropecé con él por primera vez en un supermercado. Corría el verano de 1972, no mucho después de que John se hubiera trasladado a El Cabo. Parece ser que en aquel entonces yo pasaba mucho tiempo en los supermercados, incluso a pesar de que nuestras necesidades, me refiero a mis necesidades y las de mi hija, eran muy básicas. Iba de compras porque me aburría, porque necesitaba alejarme de casa, pero sobre todo porque el supermercado me ofrecía paz y placer: el edificio espacioso y aireado, la blancura, la limpieza, el hilo musical, el suave siseo de las ruedas de los carritos. Y luego estaba aquella gran variedad: esta salsa de espaguetis contra aquella otra salsa, este dentífrico o ese de al lado, y así sucesivamente, algo interminable. Me relajaba. Otras mujeres a las que conocía jugaban al tenis o practicaban yoga. Yo compraba.

J. M. Coetzee

(De Verano

Mondadori / Barcelona, 2010)

 

Invierno en Aranjuez (fotografía CFB, 2013)

Invierno en Aranjuez (fotografía CFB, 2013)

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Dar las gracias 14: El retrato 3

  1. Carlos

    Cecilio: es difícil escribir -o hacer- un buen retrato. Hay que tener pericia y paciencia. Observar, escudriñar, atesorar, memorizar, seleccionar… Son muchos los procesos y los pasos necesarios hasta llegar a la exactitud. Retratar no solo un personaje sino también una circunstancia o un sentimiento. El retrato dice mucho del retratista, acaso más de lo que se pudiera pensar a primera vista. Tus textos nos permiten acercarnos a tu propósito ideal de ciertas características que debe asumir quien asume el papel -importantísimo- de foco. Es verdad que el observador puede sentirse amparado por el manto protector de las sombras; pero siempre hay alguien que vigila al observador. Acaso los lectores. Y los interesados, como es tu caso y el mío, el nuestro, a la literatura, a la buena literatura, aquella que no tiene fecha de caduciad como los productos perecederos. Un abrazo. Carlos.

    • cecibustos

      Carlos:
      Tú lo has dicho, no es nada fácil escribir. Y menos aún si, cuando intentas escribir, pretendes hacerlo con estilo y arte. Afortunadamente son muchos los autores de ayer y de hoy cuyos textos podemos leer, aquellos que directa o accidentalmente ejercen magisterio sobre nosotros. Antonio Muñoz Molina en uno de sus mucho y hermosos libros, “Pura alegría”, cuenta lo siguiente: «Dice Harold Bloom que el escritor progresa leyendo infielmente a sus maestros. Uno lee por gusto, pero también buscando, de manera intuitiva, muchas veces, instrumentos que le permitan contar su versión del mundo». Por esta razón, cuando algo nos gusta de ese difícil arte de contar historias y construir y describir personajes, lo gozamos y lo guardamos para aprender y también para ofrecérselo a nuestros amigos.

      Gracias, Carlos, muchas gracias por tus comentarios.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Daniel Focus

    Querido Cecilio, bajo tu prisma, los que vamos paseando por la calle (taciturnos, sumergidos bajo el sol macilento de un invierno de escándalos) parecemos seres más interesantes, con más matices bajo el abrigo gris. Has colgado esta entrada días antes de las revelaciones que dicen que el sistema político en el que vivimos lleva viciado más ó menos toda la edad de la democracia y esto, al fin hoy domingo, se ha podido ver en la nuestra villa: no había absolutamente nadie en la plaza del pueblo a eso de las 13:00h, nadie. Tanto es así que he preguntado a un señor que justo pasó por si algo extraordinario había sacado de las calles a la gente, ha dicho algo así como…”esto es así”…Al volver, la telefonía móvil me ha permitido leer tu entrada mientras caminaba por la avenida de las Infantas,…leyendo las descripciones de autores que escudriñan en las descripciones humanas, levantaba de vez en vez la mirada hacia la gente que se cruzaba. En el contraste he pensado que vamos tristes y que varios se han levantado con dificultad. Sin embargo, hablas de los libros que parecen un lugar, donde uno se encuentra en un ambiente más real que el de la calle bajo casa, de la que uno es arrojado por la realidad de la prensa sin entender qué pasa.
    Gracias Cecilio, dicen que los intelectuales se han apartado de la situación.

    A tí no te pasa,
    Un abrazo, Daniel

    • cecibustos

      Daniel:
      Algo más sosegado que estos días pasados, de tanta ebullición en el entorno, me place comentar tu comentario a esta entrada sobre el retrato literario. Uno piensa, cuando algo le llama la atención, que ha encontrado una gema difícil, tal vez única e irrepetible. Pero es un error, siempre hay un más allá, algo más que conocer. Aún en el caso de aquellos que, como tú, tenéis una formación científica y, por definición, nada debería sorprenderos, podéis caer deslumbrados en cualquier momento ante el esplendor en la hierba.
      Hace años leí “Mi familia y otros animales” de Gerald Durrell. No andaba yo muy iluminado en aquel tiempo y sin embargo, aquel libro, ¡qué duda cabe!, me restituyó una cierta alegría con sus excepcionales retratos de gentes y lugares. También a mí me gustaría ser un bue retratista y por ello me paro en esos malabares que algunos autores hacen con las palabras.
      Gracias Daniel, muchas gracias por seguir las andanzas de este blog.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

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