Pasan lentos los días 30

Cecilio Fernández Bustos

 

                                              

Quien avanza hacia atrás, huye hacia adelante. Que las espantadas de los reaccionarios no nos cojan desprevenidos, dijo Juan de Mairena hace ya mucho tiempo.                                                         

Antonio Machado

(De Notas inactuales a la manera de Juan de Mairena)

                                              

… de aquel tiempo llamado juventud, el más confuso y aun delirante por ser, no el de la fe —cosa de la madurez—, sino el de la esperanza en busca de su argumento.

María Zambrano

(De Ortega y Gasset, filósofo español)         

                                                              

Ramillete 30

 

428)   Lo previo a cómo hacer las cosas es entender de qué cosas hay que hacer. Lo primero es política, lo segundo técnica.

429)   Deja que las palabras se cojan de las voces unas a otras y  así, cogidas de su música, arrastraran la expresión más allá de los significados y pulsaran la tecla de nuestra emoción. Y ahí, en ese núcleo del tiempo donde queda temblando la voz, tal vez tengas tú, el que mira y escucha, la gracia de vivir ese momento único que ofrece la poesía.

430)   Nuestro límite lo ha de fijar el tiempo. Hasta ahí te acompañaré. Después deberás seguir tu camino, ¡ya sin mí!

431)   Soportad el dolor del otro, dijo Caneti. Y aún el propio hay que soportar, ¿qué otro remedio queda? Mas tú puedes, —sí, tú mismo—, dejar tu voluntad escrita y renunciar al dolor, a ese último e inútil dolor del que se está muriendo.

432)   Porque eres joven, algún día tendrás razón.[1]

433)   Y tener o no razón puede significar un infinito de fidelidades.

434)   Toda crisis de valores encubre una crisis de fidelidades.

435)   Los árboles se doran y enrojecen en otoño. Mi corazón permanece en su sitio y no alcanzo a vislumbrar su color.

436)   Las modas en Occidente, rico y opulento hasta hace solo unas pocas horas, han permitido la nutrición de un consumo exacerbado. La pobreza de Oriente y sobre todo la del Sur no permiten con tanta facilidad el desarrollo de las modas y por ello son más conservadores y tradicionales. Ahora se empieza a inclinar la balanza y hasta los chinos han descubierto el placer de los colores. Algunos pueblos también han descubierto que se puede comer todos los días.

437)   Sería tan sencillo y elemental compartirlo todo. Compartir el pan, la luz, el fuego y el agua.

438)   ¡Acompáñame, no me dejes solo! Quiero comprender el otro lado de la mezquindad.

439)   ¡Jesús!, ¡qué pestazo a totalitarismo!

440)   Uno debe empezar por tener convicciones acordes con la ética. Y una vez establecida la mirada de la ética, deberá someterse a la fidelidad, al rigor y a la acción demandada por la ética de las convicciones.


[1] (Mhaler: su vida, su obra, su tiempo.- José Luis Pérez de Arteaga, conferencia en la Fundación Juan March)

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4 comentarios

Archivado bajo De este caminar

4 Respuestas a “Pasan lentos los días 30

  1. Carlos

    Cecilio, Juan de Mairena, Antonio Machado, magíster: sabes que tengo una especial predilección por los ramilletes. Olvidé, en mi última carta a los Reyes Magos Republicanos, pedirles una entrega mensual de tus ramilletes. Porque aúnas en ellos verdad y poesía, fe y ética. Las palabras son rieles por donde circula el pensamiento a la velocidad, no necesiariamente vertiginosa de la luz, sino la del otoño que dora la última cosecha. Puede que sea la última. Pero conviene que no nos aterrorices con la idea de la finitud -de la que sabemos no podemos escapar-. Tu tiempo, como el de todos los maestros, es nuestro tiempo. Compartes con nosotros, tus amigos y lectores, la palabra y los sentimientos, el compromiso y la lucha en un tiempo en que hay que salir a la calle a defender lo que es de todos, lo público, eso que están desmantelando a marchas forzadas con la aquiescencia del respetable que vota lo que vota. Tus autores y tus fuentes son, ciertamente, tu naturaleza, tu segunda piel -o acaso la primera-. Tu poesía en prosa es evangélica, franciscana, humilde. Cuando paseo contigo -también cuando te escucho o te leo- soy consciente de ese amor tuyo por las cosas pequeñas, casi mínimas; miniaturas y filigranas donde la belleza se cuela por los resquicios del poder corrosivo del tiempo para salvarla luego de la destrucción y del olvido gracias a ese amor inveterado por la expresión sencilla y mesurada. Me gusta el ritmo y la melodía de cuanto suena en esos ramillete como suena el río de la vida y, en ocasiones, también el de la muerte. Sé que es invierno y fuera hace frío. Pero dejemos para otra ocasión, Cecilio, el pesimismo. Nos ofreces un festín; disfrutemos del ágape. ¡Y buen provecho a todos! Un abrazo siempre. Carlos.

    • cecibustos

      Carlos:
      Espero que haya un final para este túnel de desasosiego. No obstante, como dijera nuestro poeta, aquel que en los tiempos más oscuros demandaba la voz y la palabra, «… me queda la palabra».
      Me queda la palabra y también la acción. Nunca me acostumbré del todo a la inactividad del jubilado popular. Ya lo sabes tú que hay dos tipos de jubilados, lo decía yo en mi despedida laboral de los compañeros con los que anduve los últimos tramos de aquel camino. «Hay dos clases de ‘Homo faber jubilare’: el ‘Homo faber jubilare caminante’ y el ‘Homo faber jubilare paseante’. En el primer caso estaríamos hablando del jubilado que sigue caminando, tratando de seguir haciendo camino, de llegar más allá y no parar de hacer senda hasta el momento en que el sol deje de calentarle. Es, el otro caso, el de aquel que, más sereno, considera haber completado su camino y se dedica a pasear por los jardines de Aranjuez y a tomar el sol en ‘El brillante’».

      No obstante, decirte que me siento un tanto abrumado por tus elogios, propios de un buen amigo y que te agradezco, ¡faltaría más! Desde luego seguiré escribiéndolos y publicándolos. No solo porque me gusta hacerlo, sino porque hay un lector que manifiesta disfrutar con su lectura.

      Muchas gracias.

      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

  2. Daniel Focus

    Cecilio, eres el que más fe tiene, el más tolerante cuando habla otro y el más sonriente, en definitiva, eres el más JOVEN. Detrás de algún ramillete doliente no veo más que al jardinero optimista. Yo creo en el poder de la intuición y para mí que tú sabes lo que va a pasar. Estoy tranquilo porque viéndote reir entiendo que conoces intuitivamente el final de todo “esto”. No me digas que lo ves mal porque no me lo creo. Sé que confías en el hombre y que con tu actitud haces una convocatoria muy sutil (nunca forzarías la voluntad de otro) a la adhesión. Dime: “¿qué intuyes?”…

    • cecibustos

      Daniel:
      ¡Gracias!, gracias por un comentario tan generoso y sin bardas, cercas que lo limiten. Me gusta lo que dices aunque yo no sea meritorio de tanta fe. Es difícil, tal vez imposible, encontrar los pormenores de aquellos vericuetos por los que se mueven los intentos de creación. También las relaciones entre los humanos deberían tener un mínimo esfuerzo creativo. Sí, convertir en arte la vida puede formar parte de un proceso de construcción de la libertad, de la responsabilidad y, sobre todo, del respeto a los demás.
      Muchas gracias.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

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