Pasan lentos los días 29

Cecilio Fernández Bustos

 

                                              

Incierto es, en verdad, lo por venir. ¿Quién sabe lo que va a pasar? Pero incierto es también lo pretérito, ¿quién sabe lo que ha pasado?

Antonio Machado

(De Juan de Mairena)

                                              

           

Ramillete 29

 

412)  Contemplando las venas abiertas de la vida y la chispa veloz del vuelo del vencejo, pensé en la muerte. Sí, en la mía. En la tuya no. ¡La muerte es siempre singular!

413)   En política, para que las cosas funcionen medianamente bien, debe compartirse el poder entre todos los ciudadanos. Y pensamos que la democracia es la más eficaz organización social para el reparto del poder. Eso sí, no sobra, pero no lo es todo la votación.

414)   En su recuerdo. Callad, callad ahora. Que calle la luz, el polvo acumulado, la corrosiva humedad del invierno ribereño. Que callen los pájaros que anuncian primavera. Que las lágrimas maquillen el rostro dolorido. Que la cúpula celeste a la puesta del sol dibuje una sonrisa y nos rescate del umbral de la desolación.

415)   No tiembles, aunque el pasado tuvo bellos momentos y el presente es más que un rodar espinoso, hasta la muerte todo es futuro. Así, pues, sigamos construyendo.

416)   Otra vez el otoño se asoma a la ventana de la noche para anunciar el frío, la muerte de la rosa y la amarilla alfombra de los tilos. Hoy me cambio de camisa pero no de chaqueta.

417)   De nuevo un amigo me habla de escribir sus memorias y me pide ayuda. Le diré que yo también tengo memorias.

418)   ¡Yo también!, a estas alturas de la vida, me empiezo a preocupar por el destino de mis libros.

419)   Detrás de tu sonrisa hay una montaña de palabras pronunciadas y un infinito de posibles palabras por pronunciar.

420)   ¿Dónde buscar la solución al enigma? En las palabras.

421)   No deberíamos olvidar que, detrás de las palabras, siguen habitando multitud de personajes que esperan la virtud creadora de los hombres para salir del anonimato.

422)   Mirad, mirad, es la mujer: ¡con ella va la vida! Y ahora mirad sus ojos y temblad, temblad de felicidad: ¡no hay nada más hermoso!

423)   Hay un borde filoso de la noche que hiere la luz de las estrellas. Haremos un visor con el cuenco de las manos para orientar la luz a nuestros ojos.

424)   He ahí la rueda, da vueltas y más vueltas y nunca está en el mismo sitio. Igual el pájaro que vuela sin descanso de norte a sur y de sur a norte. ¿Y el hombre?, el hombre dibuja la huella de la muerte en un pausado caminar entre el ser y la nada.

425)   Sucede todo tan rápido que, al menor descuido, puedes llegar tarde a tu propia muerte.

426)   No deberíamos negar a nuestros ojos el regalo de visiones felices y luminosas: debemos enamorarnos no solo de la luna llena, también es bueno el enamoramiento  del brillo amarillo de un tilo en otoño; asimismo del fuego que chisporrotea en los cielos a la puesta del sol. Y de esos ojos enamorados de la vida que nos miran.

427)   No lo duden, siento vértigo. Esta especie de voltereta hacia atrás que estamos dando, este volver a degustar las gachas, no como capricho sino como única posibilidad de llevarnos algo al coleto me angustia y desestabiliza. ¿Será posible que volvamos a la beneficencia, al auxilio social y al Estado policial?

Pero, ¿de qué estarán hablando estos tres? (/fotografía CFB)

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2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

2 Respuestas a “Pasan lentos los días 29

  1. Querido Cecilio, los ramilletes son observadores, se hilan fino con la seda del día. Están escritos con una mano preocupada, quién no está preocupado últimamente.., los poetas siempre perciben los cambios de tiempo (de tiempos) cómo aves sensibles a la meteorología. Me gusta leerlos, matizan de otra forma lo que a voces toscas oigo machaconamente cada día. Algunos ramilletes pares son los que dejas siempre para la esperanza posible. De eso tienes mucho. Un abrazo Cecilio

    • cecibustos

      Daniel:
      Imagínate que el texto que has escrito no fuera para mí, ni lo hubieras escrito. Imagínate que las cosas fueran más normales, que por la venas del Tajo circularan 48 m³ de agua por segundo. Imagínate que en la calle de las Infantas hubiera un almez gigantesco. Imagínate que tuvieras la oportunidad de montar ese espectáculo que sueñas en el Teatro Real de Aranjuez. Imagínate la continuación de tu homenaje a Julio Verne. ¡Imagínate tantas cosas, tú que eres capaz de crear!
      Muchas gracias amigo por un comentario tan acogedor.
      Un abrazo,
      Cecilio

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