Aula de Poesía José Luis Sampedro (XVII): José Manuel Caballero Bonald

Caballero Bonald en Aranjuez[1]

Cecilio Fernández Bustos

 

Por las ventanas, por los ojos
de cerraduras y raíces,
por orificios y rendijas
y por debajo de las puertas
entra la noche.
 
Caballero Bonald

(De Las adivinaciones —1950-1951—)

 

        Señoras y señores…

De nuevo nos reunimos para celebrar una sesión del Aula de Poesía José Luis Sampedro. Un otoño tranquilo, sólo en apariencia,  se pasea por nuestras calles y tras engalanar de oros los árboles de la Villa, nos va dejando los hielos del invierno. Hoy esos oros yacen por los suelos agitados por un viento helado que, mezclando polvo, humedad y hojas, nos convoca, una vez más, a condenar el terrorismo y su dolor inútil.

        Lamenté no poder acudir a la cita con Ana Rossetti y con ustedes el pasado 13 de noviembre. No obstante, les dejé escrita la presentación de tan querida poeta para que fuera leída, con acierto e impecable estilo, por Paco Gordillo, Director del Centro Cultural Isabel de Farnesio.

        Nada mejor para completar este ciclo de otoño de nuestra Aula de Poesía que la presencia de José Manuel Caballero Bonald (al que quiero transmitir, en este momento, el abrazo que, con la afirmación — ¡es el mejor de todos!—, le envía nuestra querida amiga Aurora Luque) Nuestro poeta de hoy es un hombre, culto, sensible y sabio, que aceptó a lo largo de toda su vida el riesgo y el compromiso. Se trata pues de un poeta de esos que, en palabras de Jesús Ruiz Mantilla, “toman partido ante la vida y lo que les rodea con un arma, el lenguaje, contra el que pocas veces caben pamplinas ni triquiñuelas”[2]

        José Manuel Caballero Bonald nace en Jerez de la Frontera el 11 de noviembre de 1926 (acaba de cumplir 81 años). Estudia náutica en Cádiz y Filosofía y Letras en Sevilla y Madrid. Acabados los estudios se dedica por entero a la creación literaria, dándose a conocer en la revista gaditana Platero, donde aparecieron sus primeros poemas. «En su literatura se reflejan sus aficiones, devociones, experiencias, memorias y viajes (ha vivido y viajado por gran parte del mundo: Cuba, Estados Unidos, Colombia, Hispanoamérica, Europa.»[3] Ha sido profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad Nacional de Colombia, ha dictados cursos en Universidades francesas y americanas. Asimismo ha sido secretario de la revista Papeles de Son Armadans. Y ha desarrollado un importante trabajo editorial. Ha colaborado con el Seminario de Lexicografía de la real Academia Española de la Lengua y es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Ha sido Presidente del PEN Club español. Fue miembro del grupo arte y cultura de la Junta Democrática durante la preparación de transición.

        De Caballero Bonald se ha dicho que es el poeta de la narrativa y el novelista de la poesía. Ha escrito ensayo —el cante, el baile, los vinos de Andalucía—, como novelista ha alcanzado alta relevancia e importantes premios entre los que destaca el Premio de la Crítica otorgado a su novela más famosa Ágata ojo de gato (1974). Ha escrito dos importantes libros de memorias Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir. Y, a todo esto, hay que añadirle la poesía. 

        «Miembro de la llamada generación del medio siglo, Caballero Bonald es uno de nuestros mejores escritores y viene haciendo desde la literatura desde hace más de cincuenta años un sostenido ejercicio de rigor conceptual y verbal, y también, de contemplación del mundo desde un ángulo moral, sin que su escritura se haya degradado nunca, ni antes ni ahora, en la prédica moralista y doctrinaria.»[4] El mismo lo dijo en alguna ocasión, «con mi poesía —aquí y ahora— sólo pretendo darle coherencia a mis acciones morales, librarme de mis taras educativas, potenciar por mi cuenta de la más inmediata testificación de la realidad, cernir con la memoria la servidumbre de los hechos vividos»[5]

        En 1952 Caballero Bonald publica su primer poemario “Las adivinaciones”, accésit del Premio Adonais.  Con este libro nuestro poeta inicia, según palabras de uno de sus críticos, «su personal aventura lingüística, por la búsqueda de los destellos menos frecuentes de la lengua castellana, por el vocablo poco usado, las frases sentenciosas, las referencias a la literatura clásica y el protagonismo de los conceptos, lo que le alejó del estilo de los poetas de su grupo, el llamado del 50, que utilizaban como base de sus poemas el lenguaje coloquial.»[6] A este libro le siguen: Memorias de poco tiempo (1954), Anteo (1956), Las horas muertas (1959) —Premio Boscán—, Pliegos de cordel (1963). En 1977 se publica el poemario Descrédito del héroe, por el que Caballero Bonald recibe el Premio de La Crítica. En 1984 aparece Laberinto de fortuna, Diario de Argónida en 1997 y, el último hasta hoy, Manual de infractores en 2005. Del estilo de Vivir para contarlo —recopilación de su obra poética entre dos fechas— aparece en 1979 Poesía (1951-1977) y en 2004, su poesía reunida, Somos el tiempo que nos queda. El año 2004 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. El 2005 publica también la antología poética Años y libros y recibe el Premio Nacional de las Letras en reconocimiento al conjunto de su obra. Este año, 2007, Galaxia de Gutenberg y Círculo de Lectores han publicado la antología Summa vitae (1952-2005) En 2006 recibe el premio Terenci Moix al Mejor Libro del año 2005 y el Premio Nacional de Poesía por ese mismo libro.   

         Entre Las adivinaciones y Manual de Infractores (primero y último poemarios editados por Caballero Bonald) median 53 años, Años de vivir y de crear; tiempo en el que el poeta va destilando una obra literaria plural —ensayos, novela, autobiografía y, sobre todo, poesía— El poeta y crítico granadino Luis Muñoz, a propósito de este último libro habla de la madurez poética alcanzada por Caballero Bonald: «Manual de infractores, —dice Muñoz— es el libro de alguien que ha alcanzado la sabiduría de mantenerse sereno y alerta al mismo tiempo. Esa clase de estado que cualquiera desearía no sólo para la literatura sino también para la vida y que supone haber pasado por numerosas fases previas, haberse sabido desprender de lo accesorio y tener un interés genuino por lo que sucede delante de los ojos. Cada poema del libro es el resultado de una rigurosa operación expresiva en la que la inteligencia se apoya en la sensualidad o la sensualidad conduce a la inteligencia. Cada poema es un lugar donde las provocaciones entre la sorpresa verbal y el pensamiento son continuas, como si no supiesen mantenerse quietos y ordenados en su sitio.»[7]

Caballero Bonald en el Aula de Poesía José Luis Sampedro. Aranjuez (fotografía CFB)

 

            Pedro Guimferrer, uno de los más reputados poetas de la generación de los novísimos, dice de la poesía de Caballero Bonald: «Extrema en densidad, en rigor, en poderío sonoro, llama la atención en esta poesía, por encima quizá de cualquier otro rasgo estilístico, la capacidad autogenésica que en ella posee el lenguaje. Se suscita a sí mismo, se propaga a sí mismo, se destruye a sí mismo, se redescubre a sí mismo: la palabra, aquí, vive de la palabra (…). Poner en movimiento al habla es, al cabo, la tarea primigenia del poeta»[8]

        En este punto, me tomo la licencia de leer un breve fragmento de un poema de Las adivinaciones, titulado Órbita de la palabra:

 

Órbita de la palabra
Pero me llamo hombre. Mi memoria está viva,
va más allá del tiempo, de jornales ganados
a fuerza de renuncias, de míseras cautelas
para andar y estar solo y andar después aún.
Pero me llamo tierra. Mis efímeros sueños
no pueden contener ese enjambre de indicios
que mi cuerpo recibe, que mis manos soportan
y más y más reduzco cuanto más me aniquila.

 

        Lo que para el poeta debe ser parte de esa permanente afirmación del eco de su voz, la lectura de unos poemas escritos a lo largo de su vida, para nosotros es la participación en el espectáculo de la creación… ya que, toda lectura de un poema nos convoca a descifrar y a recrear lo que el poeta dice y canta… Rindamos un tributo de entusiasmo y de respeto a una de las voces poéticas más singulares y cercanas. Rindamos un tributo de reconocimiento y respeto a uno de los hombres que han estado a la altura de las exigencias de esta España nuestra… con ustedes, José Manuel Caballero Bonald.

 

José Manuel Caballero Bonald leyó sus poemas en el Aula el 4 de diciembre de 2007. Después de esa fecha el poeta ha seguido publicando poesía. Así, en 2009 publicó en Seix Barral el poemario La noche no tiene paredes. El poeta ahonda desde la conciencia de su propia identidad en el conocimiento de su esencia temporal. Un libro hermoso en el ámbito del ser esencial y la búsqueda del lenguaje indicado para urdir la reflexión sobre el ser.Para que nos acerquemos a esta voz que, pese al transcurrir de tiempo, suena a presenta y a futuro, dejo aquí dos poemas de La noche no tiene paredes.

 

CONTRA CASANDRA

Cuando las pulsaciones de la noche
se juntan y acompasan
a los latidos del corazón,
                                        líbrate
de profetas, videntes, sacerdotes, huye
de aquellos que osan sin ningún temor
predecir el futuro.
No olvides nunca que esa codiciosa
incumbencia de dioses acabará implicada
en la enajenación.
                            La vecindad del caos
rondará tu conciencia
y nunca ya crecerás en más augurios.
Ser más veloz que el tiempo
conduce sin remedio a sus destitución.
Ni la vida es tan corta como pensó Casandra
ni está el mañana —ni el ayer— escrito.

 

 

PÉRDIDA DE TIEMPO

En la palabra tiempo anida
una gran ave, una consecutiva
privación de pretéritos
y ciertos excedentes de fugacidad.
En la palabra tiempo se intercalan
otras palabras de su misma estirpe:
el lento mar perpetuo y su inconmensurable
usura, el azar siempre errático
y sideral boquete de luz.
La única estrategia que puede más que el tiempo
es conseguir perderlo impunemente.

 

 

CABALLERO BONALD

Nace en Jerez de la frontera, Cádiz, en 1926. Estudió Náutica en Cádiz y Filosofía y Letras en la Universidad de Sevilla. Ha sido profesor de literatura española y humanidades en la Universidad Nacional de Colombia, ha trabajado en diversos proyectos editoriales y en el Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española de la Lengua. Su obra, poesía, novela y ensayo, le convierte en una de las figuras más representativa y modélica la evolución literaria española de la segunda mitad del siglo XX. Así, podemos hablar de un poeta que es, como dice Antonio Varo Baena, referencia de la novela y a un novelista que lo es de la poesía.

            Considerado uno de los poetas más significativos del conocido como Grupo (o generación) del 50, publica su primer poemario, Las adivinaciones, accésit del Premio Adonais, en 1952. En 1954 publica Memorias de poco tiempo, Anteo en 1956, en 1958 gana el Premio Boscán por Las horas muertas que se publica en Barcelona en 1959, en 1961 gana el Premio Biblioteca Breve de Novela con Dos días de setiembre y publica en Bogotá la antología El papel del coro. En 1963 publica Pliegos de cordel y en 1969 Vivir para contarlo, antología, publicada por Seix Barral, que incluye todos estos poemarios y que contribuirá a un mayor conocimiento de la obra del poeta. En este libro, Caballero Bonald, incluyó, bajo el título Nuevas situaciones, algunos de los poemas que formarán parte del poemario, publicado en 1977, Descrédito del héroe, con el que obtendrá, de nuevo, el Premio de la Crítica que ya había obtenido en 1974 con su famosa novela Ágata ojo de gato.  

            La segunda antología con pretensiones de poesías completas se publica en 1979 bajo el título Poesía (1951-1977) y alternando con la publicación de diversos textos (ensayos, una antología sobre la poesía de Góngora y las novelas: Toda la noche oyeron pasar pájaros y En la casa del padre) en 1984 publica el poemario Laberinto de fortuna y, en 1997, Diario de Argónida.

            Caballero Bonald es reconocido hoy como una de las figuras más importantes de su generación. En   1989 recibe el Premio Andalucía de las Letras y es nombrado miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Ha publicado dos libros de memorias: Tiempos de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001). En 2004 y 2005 publica una nueva edición de su poesía reunida, Somos el tiempo que nos queda, y el poemario Manual de infractores, por el que recibe el Premio Nacional de Poesía. En 2004 se le concede el XIII Premio Reina Sofía de Poesía por el conjunto de su obra. Nuestro autor sigue trabajando y verán la luz nuevos libros: Descrédito del héroe (con un estudio de Joaquín Pérez Azaústre).- Madrid: Bartleby Editores, 2007; Antídotos (con pinturas de Juan Martínez).- Málaga: Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2008; La noche no tiene paredes.- Barcelona: Seix Barral, 2009; Entreguerras o De la naturaleza de las cosas. – Barcelona: Seix Barral, 2012. En 2009 le concedieron el Premio Internacional de Poesía García Lorca.


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

                José Manuel Caballero Bonald acudió al Aula de Poesía José Luis Sampedro el 4 de diciembre de 2007.

[2] Francisco Ruiz Mantilla.- Caballero Bonald, ‘El Terrible’.- El País / Madrid, 30/01/2007

[3] Antonio Varo Baena.- La poesía esencial de Caballero Bonald

[4] Francisco Arias Solís.- Caballero Bonald.- La voz del talante andaluz

[5] Francisco Rico y Domingo Ynduráin.- Hª crítica de la literatura española.- Época contemporánea: 1939-1980 (pago. 276)

[6] Luis Muñoz.- Una sabiduría serena y alerta.- El País, 4/10/2006

[7] Luis Muñoz.- Una sabiduría serena y alerta (El País, 4/10/2006)

[8] Pere Guimferrer.-

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5 comentarios

Archivado bajo Poetas y narradores

5 Respuestas a “Aula de Poesía José Luis Sampedro (XVII): José Manuel Caballero Bonald

  1. loli

    Cecilio:
    Dices: “Nuestro poeta de hoy es un hombre culto, sensible y sabio, que aceptó a lo largo de toda su vida el riesgo y el compromiso.” ¡Estoy de acuerdo!
    Pero me llamo hombre. Mi memoria está viva,
    va más allá del tiempo, de jornales ganados
    a fuerza de renuncias, de míseras cautelas
    para andar y estar solo y andar después aún.

    ¡Qué hermoso! ¡Hondo, muy hondo!, hasta llegas al agua.

    Gracias por traernos al poeta.
    Un beso,
    Loli

    • cecibustos

      Loli:
      Me alegra que te haya gustado. Gran poeta y gran hombre, Caballero Bonald, no se ha quedado en la periferia de la vida. Ha ido a lo hondo, muy hondo, como dices tú, hasta llegar al agua.
      Muchas gracias.
      Un beso,
      Cecilio

  2. Querido Cecilio:

    Gracias por indicarme un día el poema de este autor al que hoy homenajeas en el que se dice:

    “Dichoso aquel que una mañana de repente
    se aparta del camino que anduvo cada día
    durante muchos años hasta el inapelable
    distrito del deber…”

    (La intranquilidad del deber cumplido)

    Porque creo que nos enfrentamos a este poema frecuentemente…He pensado sobre ello, otra vez y encontré un guión de documental del que hago un extracto aquí por lo que tiene que ver con este “camino de repente” y por ser tú tan amante de la docencia, dice así:

    “Benjamín Sander, director de la Filarmónica de Boston es un líder conocido por su capacidad para generar entornos creativos. El primer día del curso, Sander, reúne a sus jóvenes alumnos y les pone directamente un SOBRESALIENTE. Acto seguido les pide que escriban qué aspectos tienen que trabajar para convertirse en esa versión sobresaliente de sí mismos y entonces les dice: !ENAMÓRATÉ de esa persona sobresaliente!, ¡COMPORTATÉ cómo esa persona!, esto nos motivará.
    (min 23´50 del programa REDES, “Aprender a gestionar las emociones”)

    Gracias por la entrada tan trabajadísima y este poema ilusionante en el que parece que la solución de muchas cosas está en nosotros mismos.

    Un abrazo Cecilio,
    Daniel

    • cecibustos

      Daniel:
      Muy interesante la propuesta de Benjamín Sander. El hombre, compitiendo contra sí mismo, será siempre más interesante, especialmente en el ámbito de la creatividad, que compitiendo con el compañero —el quítate tú que me pongo yo no sirve para crear—. No obstante, a ese hombre que busca en la entraña de su universo, también le exigirán un currículo y una demostración técnica para acceder a un empleo en una orquesta. Dice Emilio Lledó, que “el lenguaje que dice el mito no puede ser lo mismo que lo que el mito dice.” Y el creador, tú y yo lo sabemos, debe ser libre y, como escribió Agustín García Calvo, “ni tuya siquiera.”
      Es tan difícil encontrar el sentido de las cosas, especialmente el sentido de la vida, de nuestra vida, solo con la herramienta del lenguaje, tan ambiguo a veces. De nuevo Emilio Lledó: “Todo lo que está dicho está, sin embargo, por decir.”
      Gracias por invitarme a reflexionar escuchando los latidos de lo sentido a solas. Mas, como dijera Octavio Paz, “contra el silencio y el bullicio invento la palabra.”
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

  3. lOLI

    “El otro hombre era piernilargo y escurrido de carnes, con los boquetes de los ojos escarbados violentamente en la negrura de las cuencas. Tenía las orejas gachas y un protuberante lobanillo en la sien,…”(de Dos días de sepriembre)
    ¡FELICIDADES!

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