Otoño en Aranjuez. Luz sobre las aguas

Cecilio Fernández Bustos

 

 

…Dejad, dejadme
 en la luz de esta cúpula que riegan
las transparentes brasas de la tarde.
Poblada soledad, raso amarillo
a cambio de mi vida.
Guillermo Carnero
(De Dibujo de la muerte, 1967)
 

 

 

            Un importante río, atraviesa el municipio de este a oeste. A medio camino de su travesía el río importante acoge en su seno a otro río, y éste último, anteriormente, ha incorporado a sus aguas las de un tercero. Luego, el municipio de Aranjuez, que no la ciudad, está surcado por tres ríos y un cuarto que corre por los límites entre Aranjuez (Madrid) y Toledo. El Tajo, padre de los ríos ibéricos, que nos llega desde tierras de Aragón, pasando por Cuenca y Guadalajara, nos riega con cuarenta y cinco kilómetros de riberas. El Jarama, gran río de Madrid, nos trae dormido en sus entrañas al Manzanares, tímido río de la Capital, y nos cubre con doce kilómetros de su caudal. El Tajuña, río más sencillo que los anteriores, que moja nuestras tierras durante cuatro kilómetros. Y por último el Algodor, río menor pero que, con su embalse del Finisterre ayuda a calmar la sed de las gentes toledanas. Así que, sesenta y un kilómetros de riberas, bien justifican que a las gentes de Aranjuez se nos llame ribereños, lo que es perfectamente compatible con el otro gentilicio, arancetanos[1], propuesto por Ángel Ortiz, Cronista Oficial Honorario de Aranjuez.

 

El Tajo en Aranjuez (fotografía de CFB)

Estamos en Aranjuez. Hemos llegado en tren, en coche, en bicicleta, o, tal vez, usted, lo haya hecho en burro. Como quiera que haya sido el caso es que estamos en esta bella ciudad barroca, que ha sido cantada por poetas y recreada por insignes pintores en hermosísimas telas. Y es que Aranjuez se reclina en el regazo del río Tajo que, enamorado y celoso, se ciñe a su cintura embalsamándola con un suave olor a pétalos cristalinos y, al mismo tiempo, el cielo la mima y la habita con una luz clara, dulce e inteligente.

 

El otoño de una magnolia (fotografía CFB)

 

       Aranjuez, amigos viajeros que hoy la visitáis, es una hermosa ciudad situada al sur de la Comunidad de Madrid. Su territorio es una penetración, en forma de cuña, en la provincia de Toledo. Puede decirse que geográficamente y, cómo no, culturalmente, se trata de una ciudad manchega. La superficie del Municipio de Aranjuez es considerable, cerca de  veinte mil hectáreas, lo que equivale, aproximadamente, a un tercio de la superficie del municipio de Madrid capital. Su forma podría asemejarse a una figura romboidal con unas diagonales de cuarenta kilómetros en el sentido Este-Oeste y veinte kilómetros en el sentido Norte-Sur.

         La ciudad de Aranjuez está habitada hoy por más de cincuenta y cinco  mil arancetanas y ribereños que, según sus edades, así hacen por ellos y por la convivencia. Tratándose, como es el caso, de una ciudad donde conviven en armonía el paisaje natural y el paisaje cultural —El 16 de diciembre de 2001, Aranjuez fue declarada por la UNESCO Paisaje Cultural Patrimonio Mundial—, fácil debe resultarnos a sus vecinos disfrutar de una calidad de vida muy digna de consideración. Los cielos de Aranjuez son de un azul profundo y transparente, que enamoran como los ojos de una joven. A la puesta del sol, hay un desgarro cárdeno que enciende experiencias místicas  y es en esta hora cuando Aranjuez invita a la contemplación y dicen, los que saben de estas cosas, que no es difícil levitar si hace buen tiempo. Cuando en primavera huele a rosas y a tierra mojada, toda la sensualidad mediterránea se estremece en la sangre de aquellos que transitan por sus calles y plazas. Pero es en otoño cuando Aranjuez se torna en melodía barroca del color. Y es ahora, más que nunca, cuando vale la pena pasear por Aranjuez.

 

Los liquidambar de la calle del Capitán (fotografía CFB)


[1] Ángel Ortiz Córdoba. Aranjuez, historia y razón de ser de un gentilicio. Doce Calles / Aranjuez, 1994

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8 comentarios

Archivado bajo Las cuatro estaciones

8 Respuestas a “Otoño en Aranjuez. Luz sobre las aguas

  1. Carlos

    Cecilio:
    Gracias por invitarme a vivir el otoño en mi ciudad. Tus palabras y las imágenes que muestran tus fotografías son un revulsivo o una invitación. Un saludo.
    Carlos.

    • cecibustos

      Carlos:
      ¡Y qué más da!, tómalo como mejor te venga y no desciendas a los significados de las palabras sino a las emociones que te comuniquen. El otoño está ahí, es solo una estación que modifica el paisaje y nos ilustra con elementos de belleza. Como todo crepúsculo iniciático nos comunica nuevas vibraciones y no importa tanto el escenario, en este caso Aranjuez, como su referencia metafórica al vivir de cada uno. Claro que la tribu se emociona bajo la batuta de la sinfonía cromática y que, ahora sí, en este valle y en esta villa, nos ayuda a vivir y a sentirnos parte de un mundo que, aunque caótico, es lo que tenemos para vivir.
      Mucho ánimo, amigo, para que sigas dando brillo y nitidez a tu vivir.
      ¡Gracias, educador!
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Lola

    Querido Cecilio, como siempre y muy tímidamente, me cuelo en tus palabras dichas y te digo:
    ¡Qué bonito!, “tú otoño”, “nuestro otoño”, “éste otoño”. De nuevo, con tus bellas y acariciadoras palabras haces que, el otoño, caluroso, frío y variable, se presente ante mis ojos como una época llena de sorpresas y agradables sensaciones.
    Hace tan sólo unas semanas visité en Alto Tajo, en la provincia de Guadalajara, allí lo vi nacer, salvaje, burbujeante, caudaloso, fértil, esmeralda y transparente. Más, estando allí, me acordé de mi Tajo, si cabe, un poco más sucio y turbio, pero brillante y cercano, amante fiel de estas tierras sembradas de Plátanos, Tilos, Magnolios y demás especies.
    Mañana pasearé por la calle Capitán, que viéndola en tu foto, parece especial. También visitaré el jardín del Parterre, para adorar el fruto del Magnolio y si Aranjuez enamora, me enamoraré enamorada, como siempre, de tus palabras, de la vida y del amor.
    Un beso,
    Lola

    • cecibustos

      Lola:
      Tu retina es joven y pese a que, como casi todos, vives el dolor de una sociedad injusta e insolidaria, aún puedes disfrutar de estar viva y, lo que es aún más importante, compartir esa vida y esas ganas de vivir. Así que para ti, el otoño, aunque sea el de Aranjuez, no es sinónimo de decadencia, sino de oportunidad de vida, de llegar más allá.
      Tú lo dices, el alto Tajo, parajes y paisajes que pueden llegar a cuajar el aliento en una exclamación de asombro, es un milagro. Es lamentable y triste que según va descendiendo el río que nos lleva, aquí a Aranjuez, donde al Jarama quita el nombre, sea solamente un recuerdo de lo que fue. ¡Lo devoramos todo!
      Gracias, querida, por un comentario tan sentido.
      Un beso,
      Cecilio

  3. Querido Cecilio,
    Si como yo pensaba, los ciudadanos de Aranjuez, en el quehacer diario nos dejamos ir por un tobogán psicológico que nos aleja del origen hermoso de este lugar, ya estás tú para recordarnos que vivimos en este lugar, para recordárnoslo. Si como yo pensaba, las cosas (que no están bien) se llevan de forma más pesada en un pequeño recinto y entre nosotros nos incriminamos con el desencuentro, ya estás tú para decirnos que alcemos los ojos a Aranjuez, al otoño de Aranjuez, su luz sobre las aguas. Si como yo pensaba, la placa del poeta García Baena en la calle Infantas tiene una mancha vertical como un trazo que la afea ya estás tú para apremiarnos a conocerle, a pasar el invierno junto al poema que reza un poema en primavera. A provocarnos el reproche (a los que residimos recientemente en Aranjuez) de no haber residido antes aquí, haber entonces asistido al Aula de Poesía José Luis Sampedro que dirigías, haber conocido a Avelino y no tener siempre la sensación de llegar tarde a las cosas. Por si es acuciante la fuerza encontrada de los asuntos humanos de la Villa ya estás tú para devolvernos al Real Sitio y de nuevo sentirnos afortunados de pisar el suelo que pisamos, de sentirnos en el deber de los afortunados. Y mañana pasearé por el nuevo Otoño renacido de tus palabras dichas, de esas que rehabilitan: no es Aranjuez quién envejece y para nosotros el renacimiento es posible. Te animo y te abrazo Cecilio, gracias.

    • cecibustos

      Daniel:
      Enigmático e irónico, no exento de belleza, tu comentario a esta entrada sopla sobre las alas de una mirada, la mía, que efectivamente quiere remontar el vuelo. No el del ángel que, ya lo dijo el poeta, todo ángel es terrible, sino el del ciudadano a ras de suelo. Ciudadano que no quiere, pese a su mayoría de edad, ser más escéptico de lo necesario y evitar, de esta manera, incurrir en el vacío del discurso radical. Cuando digo que “Aranjuez existe porque existe el mundo”, lo que quiero decir es que hay más vida, y eso tú lo sabes bien, mucha más que la que nos depara el paisaje de estos jardines y de estos sotos con historia.
      Daniel, no has llegado tarde a ninguna parte y con respecto al Aula de poesía, nacerán otras y tal vez los el otoño limpien todos los poemas de la calle de las Infantas. De otra parte, la obra de Avelino Hernández ahí está, al alcance de todos en sus numerosos libros publicados y, desde aquí invito a que alguien, editor privado o institucional, se anime a reeditar uno de sus textos más singulares y necesario para conocer los avatares de nuestra pequeña vida en comunidad: Historias y cosas de Aranjuez (Avelino Hernández.- Historia y cosas de Aranjuez. Ediciones de la Torre / Madrid, 1982)
      En tanto, amigo mío, sucede que estamos en otoño y la naturaleza nos invita a la contemplación. Nuestros místicos, especialmente santa Teresa, decían que en la vida contemplativa se sucedía los estados de consolación y desolación. Aprovechemos, para el buen estado de nuestra salud, los estados de consolación.
      Muchas gracias por leer y comentar estas entradas.
      Un abrazo,
      Cecilio

  4. MariCarmen

    Cecilio, como siempre entrañable.
    Tu mirada nos descubre la belleza y tu sesibilidad los sentidos y las emociones que se nos escapan, pero que al leerte, nos invaden.
    Gracias. Mari Carmen

    • cecibustos

      Mari Carmen:
      Sí, las emociones. No lo pretendo, pero ese ahondar con una palabra, más o menos acertada, en ese lugar íntimo, donde dormita el símbolo que nos ayuda a degustar la vida en lo vivido. Ese lugar del hallazgo de un atisbo de identidad noble. Desde luego, yo también estuve allí, en otoño.
      Un beso,
      Cecilio

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