Las calles de Aranjuez 4

Calle del Rey. La navajita

Cecilio Fernández Bustos

 

La calle del Rey empieza en la de la Primavera extendiéndose formando una plaza por delante de S. Pascual, donde concluye, siendo plantada por primera vez de madroños en 1864

                                           Cándido López y Malta 

El hombre es un ser circunstancial, excepcionalmente circunstancial me atrevería a decir, no sólo porque como todos los seres que existen ha de hacerlo siempre en alguna parte, sino porque además su propia condición le insta a producir en cierto modo el lugar de su existencia. En otras palabras, el ser humano no está bien dotado para subsistir en su entorno natural; necesita acondicionarlo, acomodarlo a sus posibilidades, perfeccionarlo.

José Luis Pinillos

 

 

El niño no tendría más de seis o siete años. La tapia que rodea la huerta del convento de San Pascual está hecha con piedra caliza, sin enlucir. Abundan los huecos en los que el niño que camina calle abajo, o calle arriba que lo mismo da, pegado a la tapia, va metiendo una de sus pequeñas manos en esos agujeros. Porque los niños sí, los niños saben que a la ciudad hay que tocarla. Y hay que tocarla tocando sus edificios y cayendo en su suelo, para dejar esa pequeña muestra de sangre, de la pequeña herida, pegada a la tierra o a la pared, donde se roza el hueso de albaricoque —el güito— para abrirle el hueco y, vaciado de semilla, utilizarlo como silbato. Y es de esa forma, tocándola, como la ciudad acaba invadiéndonos y penetrando en nosotros para formar parte de nuestras historias personales. Y así, el niño, que siente en la piel de sus manos la tortuosa y agresiva forma de la tapia, recupera en su tacto y en su piel, que quema, la sorpresa inesperada: la mano ha tropezado con un objeto pequeño, gestante en uno de los huecos que acaricia. Una navajita de cachas blancas, de   hueso pulido y brillante, aparece en su mano. Es una miniatura de navaja, como él que es una miniatura de hombre. La mira, la abre y cierra y, ¡oh, mágico tesoro!, tras el estremecimiento, la envuelve en el pañuelo y lo guarda con cuidado, es su tesoro, en un bolsillo del pantalón. Pero hoy nos toca hablar de la Calle del Rey, donde Cecilio, niño, encontró la navajita blanca.

  

Calle del Rey, vista desde el Cerro Períco y antes de la urbanización de la Montaña (fotografía CFB)

       En lo más alto de su geometría, en el límite con el sur, forma un nudo con la avenida de la Plaza de Toros y el camino de las Cruces, que se resuelve hoy con una pequeñísima glorieta, rematada con la alta farola que han incrustado para ordenar el tráfico. Desde ese punto, para llevarles la contraria a los que numeran las calles, esta hermosa avenida se deja deslizar por la pendiente en sentido contrario, de sur a norte. Y es que en Aranjuez el sur está más alto que el norte. Y no es desde abajo, sino desde arriba la mejor forma de ver la calle del Rey. Aquí nos apostamos y hacemos las primeras fotografías. Mirada aún mejor es la que se organiza desde lo más alto del cerro Perico, ese abultamiento gredoso del terreno que, cuando Cecilio encontró la navajita, era un plantío de almendros —lamentablemente amargos— y que ahora está sembrado de casas unifamiliares, con sus pequeños jardines y sus miradores para disfrutar de las tormentas en las noches de primavera y en las de otoño.

         La calle del Rey, llamada en su origen, según el Cronista Oficial de Aranjuez José Luis Lindo, calle de los Gremios[1], ha sido una calle muy académica, solo superada por la calle del Capitán. Cuando yo era muy pequeño, haciendo esquina con la calle de las Infantas, estaba el colegio de la señorita Jesusa, también llamado de la señorita Chucla[2], en el que me estrené de párvulos;  pasada la calle de Abastos, a la derecha, bajo unos soportales que cayeron ante el filo y empuje de la piqueta, existió el colegio de Don Joaquín, aquel maestro tan alto y transparente en su blancura, siempre acompañado por sus hermanas; y, en el recinto de San Pascual, pasada la Iglesia, muy pronto floreció el colegio del mismo nombre, que aún hoy pervive. También el instalado en el número 1 de la calle, el colegio San José, que hoy ya no existe, regido que fuera por la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paul y en sus últimos años muy participado por la comunidad escolar. Mi memoria no da para más, así que, si algo olvido o equivoco, espero ser disculpado.

 

Sí, es la calle del Rey, en Aranjuez. (fotografía CFB)

         Aquellos soportales que acabo de citar albergaron servicios importantes y, en consecuencia, la casa en cuestión tuvo dos nombres que alientan en la memoria de los arancetanos. Unos dicen que aquel edificio albergó la casa de los gremios y por ello se llamó Casa de los Gremios; otros hablan de unas instalaciones importantes para amasar y hornear el pan y por ello era conocida como la Casa de la Panadería.  

         Hay quién dice que hubo un tiempo en el que, en esta calle, se ejercía otro magisterio en un local llamado Las Palmeras o La Palmera. ¡Quién lo hubiera dicho!

         El paisaje de esta calle ha cambiado mucho y la arquitectura de sus edificios se ha vuelto difusa y confusa. Algunas de sus edificaciones, nacidas en los años sesenta o setenta del siglo pasado, son feas de solemnidad. Si Italo Calvino hubiese soñado la ciudad de Aranjuez, seguro que la realidad de algunos edificios no se adaptaría a sus sueños, posiblemente tampoco se acercarían a los sueños de Villanueva, ni a los de Fernando VI o Carlos III, aquellas gentes que tanto anduvieron por esta calle. No obstante, recientemente una intervención pública ha salvado a esta avenida del progresivo deterioro que la envolvía, con especial atención a la Plaza de San Pascual. Pero los edificios, salvo los construidos más recientemente, bajo la atenta mirada del PGOU del 82, ya lo hemos dicho, dejan mucho que desear.

 

Al fondo el Cerro Períco, hoy urbanización El Mirador (fotografía CFB)

         ¡Hay que ver este Aranjuez de las múltiples paradojas! La calle del Rey avanza de norte a sur y en el lenguaje coloquial debería decirse bajar a lo que habitualmente nombramos subir. Y es que todas las calles de Aranjuez que se desplazan de norte a sur han de subir la cuesta del desnivel. Este año los pájaros, pese a que hubo alguna que otra tormenta  en primavera que sacudieron los árboles, en su mayoría nuevos y jovencísimos, no han tenido problemas, pues son muy listos y los nidos de verderones y jilgueros estaban ocultos en los olmos viejos, heridos por la grafiosis y en su mitad podridos, que aún le quedan a la calle. Los olmos, según cuentan los que entienden de árboles, pertenecen a una especie arbórea con una antigüedad de más de 30 millones de años en la península Ibérica. Tal vez sea ésta y no otra la razón de que en este nuevo diseño de la calle del Rey, se haya tomado al ginkgo como árbol ideal para sustituir a los olmos; ello es que, como en el caso de los olmos, también son los expertos los que dicen que este árbol está considerado un fósil viviente pues es el único superviviente de un antiguo orden de gimnospermas ya extinguidas.

         Cuando esto escribo el olor del verano lo invade todo. Desde mi observatorio veo descender la noble avenida y me empiezan a brotar los nombres de las calles que la atraviesan y las que en ella nacen. En estas uno recuerda y, como el niño de la navajita blanca, aparecen algunos nombres que, por nombrados, nos iluminan. Las gentes que pasamos por EISA guardamos un gratísimo recuerdo de Don Nicolás Bollaín. ¿Quién no recuerda al encargado del economato con su bata —creo que era gris o tal vez azul—? Aquí mismo, en el extremo que forma la primera esquina a la izquierda de mi mirada, el final de calle de El Rey, colindaba una hermosa casa de dos plantas, la casa de Don Nicolás. En sus últimos tiempos, casi ciego, le veíamos, desde la calle, pasear por la terraza de aquella casa, que también tenía jardín y un hermoso pilón donde manaba el agua fresca y nadaban peces de colores.

 

Hospita de San Carlos, fachada principal. Aranjuez (fotografía CFB)

         Dos importantes monumentos arquitectónicos permanecen y aguantan el paso de los siglos en la calle del Rey. El primero, ya citado, es el Convento e Iglesia de San Pascual. El otro, el conocido hospital de San Carlos aguarda, muy enfermo y cansado después de tantos servicios prestados a los ribereños, una rehabilitación que le ajuste las cuadernas de la cubierta y restaure bóvedas, habitaciones y ventanales (este edificio hizo una de sus últimas apariciones en público en 1986 de la mano de Fernando Fernán Gómez, que lo utilizó en la filmación de su película El viaje a ninguna parte

 

Iglesia de San Pascual y plaza del mismo nombre, Aranjuez (fotografía CFB)

         Uno de los inmuebles más singulares que yace acorralado en un rincón de mi memoria, formaba una manzana completa entre Rey, Concha, San Pascual y Abastos. Se trata del que fuera en su día importante casa de labradores y que era portador de una sutil singularidad ya olvidada, aunque instalada en alguna memoria. Pero tampoco yo quiero ser absurdo, las cosas pueden y deben modificarse y adaptarse a la modernidad, aunque no debieran, y los hombres tampoco, negar sus orígenes. Posiblemente hablo de la parte de la Casa de Panadería que daba a la calle de la Concha. Seguiré indagando.

         La calle del Rey es una de las pocas calles de Aranjuez que apenas si da cobijo a un solo bar de esos que llaman o llamaban de trago largo y a un restaurante. Aunque, supongo yo,  en La Palmera, algo se tomaría. Lo que si tiene la calle del Rey son muchas esquinas, si no me equivoqué al contarlas diría que son treinta y cuatro;y no recuerdo que en ninguna de ellas se vendiera pan de estraperlo en los años cuarenta del pasado siglo, eso era en la esquina de El Submarino.

         Hemos bajado de norte a sur y ahora iniciamos un recorrido más adaptado a la norma, y caminamos de norte a sur. Desde la calle de la Primavera iniciamos el ascenso de la calle del Rey. He aquí las dos primeras esquinas y no señalo más o tal vez sí, que cada uno haga su cuenta y me diga si acerté. Y en la primera, a la izquierda, en el número uno nos encontramos con la Casa San José, ayer colegio de primaria, ya lo dijimos,  con gran prestigio entre padres y alumnos por su calidad. Hoy centro de reparación del dolor de la pobreza, heredada o sobrevenida.

         Dejamos a la derecha el Palacio del Nuncio, del que hablamos cundo glosamos la calle del Príncipe.  Seguimos pegados a la fachada de la izquierda y dejamos a la derecha algunas casas de nuevo porte, unas de los años setenta y otras de los ochenta del siglo pasado. Cruzamos la majestuosa calle de las Infantas. Avanzamos unos metros y nos encontramos con la calle Peñarredonda, una de las calles más breves de Aranjuez, entre Rey y Capitán, que surgió cuando se construyó el edificio Casa de Ferroviarios allá por el año 1924 del siglo XX.

         Hemos pasado el edificio de Ferroviarios y ahora atravesamos la calle de San Antonio, una de las calles más largas de Aranjuez y, a no durarlo, de las más interesantes y sugerente para comentar algo de sus luces y de sus sombras. Aquí, en este cruce, hace unos pocos años, cuando se recuperaron para el uso público las cocheras de la Reina Madre, se recupero un amplio espacio que anduvo muchos años sustraído y camuflado, para rehabilitar una parte de la que en otros tiempos fuera la plaza de Abastos. Así que, una vez cruzada la calle de San Antonio, dejamos atrás cuatro nuevas esquinas que se suman a nuestra contabilidad.

         Seguimos caminando y, tras dejar la facha este del Centro Cultural Isabel de Farnesio, atravesamos la calle del Gobernador y unos más pasos más adelante y una vez dejada atrás la facha este del palacio de los Duques de Medinaceli, atravesamos la calle de Abastos. Y ahora sí, una vez atravesada la calle de San Pascual, otras cuatro esquinas, calle muy estrecha —buena para carros y diligencias, pero muy difícil hoy para tráfico y aparcamiento en ambos lados—.

         Haciendo camino nos encontramos, si vamos por la izquierda, con la tapia, infinitamente larga y alta para los niños, donde Cecilio encontró la navajita de cachas blancas. Hay que andar mucho desde este cruce para llegar hasta la avenida de la Plaza de Toros, calle muy joven que nació dándole un pellizco a la huerta del convento de San Pascual. En este cruce volvemos la vista, pues no podemos olvidar y por ello retrocedemos en nuestro paseo, que en la fachada de los pares le nacen a la calle del Rey varias callejuelas: en primer lugar, ahí sigue la calle de la Naranja, después el callejón del Hospital —fachada sur del hospital— calle de las Heras, fachada norte del hospital y, por último calle de la Calandria —si no he contado mal ocho nuevas esquinas para nuestra cuentas—. Como diría Don Juan tenorio, súmenlas y vean que son treinta y cuatro. Si me he equivocado, espero la rectificación.  

         Sí, calle del Rey: hermosa calle, grandiosa perspectiva, ¡Aranjuez!


[1] José Luis Lindo.- Calle del Rey. Su nombre en la historia.

[2] Alicia Pascual.- Cita con la escuela. Enseñanza en Aranjuez (1900-1940).- Ediciones Doce Calles / Aranjuez, 2007 «Colegio del Niño Jesús.- Este colegio, de similares características al que acabamos de referirnos, estaba regido por Jesusa Chucla Subiza y situado en la calle del Rey esquina a infantas. Al igual que la anterior (la autora se refiere a María del Carmen Gómez Ruiz, maestra y compañera de estudios de Doña Jesusa, que instaló y dirigió el Colegio Nuestra Señora de la Flor de Lis)»

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22 comentarios

Archivado bajo Calles de Aranjuez

22 Respuestas a “Las calles de Aranjuez 4

  1. Me parece una descripción perfecta y las vivencias de esta calle la apuntan como una de las más importantes.
    La tapia del convento le da personalidad y es como si llamara a caminar a su lado.
    Estupendo post, como siempre.
    Un abrazo

    • cecibustos

      Pilar:
      Me alegra que te haya gustada esta entrada. Las calles son mucho más longevas que los hombres y ahí siguen después de dejar huella en nuestra memoria. Es por ello que intento alejarme, subirme al Cerro Perico y si tengo un pequeño espacio para la observación, contemplar cómo va cambiando su fisonomía. Fíjate en este detalle, la calle del Rey, según las crónicas, acogió en un principio una plantación de Madroños, debió ser muy hermosa cuando esos árboles crecieron. Hoy, además de los “olmos” que le quedan, quizá enfermos, ya han levantado el vuelo sus aramos los “tilos” y los “ginkgo”.
      Gracias por tu comentario.
      Un beso,
      Cecilio

  2. Tomás Ruiz

    Tus artículos tienen el don, de hacerme “pequeño en edad”. Eres capaz solamente con una frase, de trasladarme más de medio siglo atrás.
    ……y la frescura del artículo.
    Un abrazo Cecilio.

    • cecibustos

      Tomás:
      Tu mirada, amigo mío, discreta y crítica, se deja caer sobre estos escritos en los que intento homenajear a un Aranjuez que está en mi retina y en mi memoria. Me alegra, pues, saber que algo de lo que escribo, también a ti te evocan recuerdos y vivencias. Y es que las calles están vivas y por ello no están en permanente quietud, los hombres si, en ocasiones, aún latiendo nuestro corazón, estamos sumidos en la perplejidad. No es tu caso, estás ahí no solo para admirar nuestras calles o los escritos de tus amigos, sino para señalar con tu voz, donde se está cometiendo una torpeza: léase hoy la eliminación de la servidumbre de paso del puente del ferrocarril, sobre el río Tajo, a la salida de la estación de Aranjuez.
      Gracias siempre, por tus comentarios a mis escritos y, sobre todo, por tu mirada sobre Aranjuez.
      Un abrazo,
      Cecilio

  3. Rafael

    Cecilio:
    Amigo Cecilio: Es un gran placer leer tus comentarios sobre las calles de Aranjuez. Yo, que como sabes he vivido en Ferroviarios 18 años, que he fabricado muchos güitos y recorrido la calle del Rey infinidad de veces, recuerdo con gran alegría ver plasmados estos hechos que me llevan a mi infancia y juventud.
    Muchas gracias.
    Rafael

    • cecibustos

      Rafael:
      Está bien. Es así, no podemos escapar. Primero tendemos a ser jóvenes, más tarde adultos y luego, según vamos superando etapas, volvemos la vista atrás porque nos bullen los recuerdos. Y es que el tiempo pasado ha ido dejando esa huella indeleble que es la vida. Y ahí, en ese resumen se integran los sueños y los deseos, ya provistos de rasgos fundamentales. Tal vez por ello, aquellas epopeyas que vivimos de niños y adolescentes, de cuando en cuando, nos canten, como las sirenas a Ulises.
      ¡Cuando quieras, jugamos al palitroque!
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.
      Cecilio

  4. Lola

    Cecilio:
    Muchas gracias, que buena descripción, he podido contemplar la calle con tus ojos. Me recordó el colegio de D. Gervasio Pacheco, al que fuí a hacer Secretariado con 14 años, entre calle Príncipe e Infantas, a la derecha caminando de norte a sur la calle Rey ¿recuerdas esa academia?. Bueno te sigo leyendo a ratitos.
    Un abrazo
    Lola

    • cecibustos

      Lola:
      El caso es que Gervasio Pacheco colaboró con la Universidad Popular, impartiendo un curso de introducción a la contabilidad en 1985. No debía haberme olvidado de él. Pido disculpas por el olvido y quede constancia de la existencia de su academia en la calle del Rey.
      Caminando de norte a sur hacías tu camino y, más tarde, lo desandabas y hacías el trayecto contrario. De esta forma, Lola, al andar se hace camino. Y así vamos, sembrando y recogiendo. En definitiva, somos ríos que vamos de la fuente al mar y, claro que dejamos rastro.
      Un beso,
      Cecilio

  5. MariCarmen

    Como siempre Cecilio, con estos paseos por las calles de nuestro pueblo, nos despiertas recuerdos que teníamos guardados y creíamos olvidados.
    Recorriendo la calle contigo, he vuelto a ver los colegios olvidados que durante tanto tiempo, fueron parte importante del pueblo.
    Mi primer colegio fue San Pascual. Estuve poco tiempo, pero nunca he olvidado aquellas monjitas silenciosas, y aquella huerta que con mis ojos de niña, me parecía infinita. De todos los que mencionas es el único que aun queda; Todos los demas, han desaparecido, pero siguen vivos en nuestra memoria.
    Con tu relato, casi he notado el olor del Hospital de San Carlos, cuando yo iba a jugar con mi amiga Josefina,que vivia alli.
    Ella tambien se marchó un día y no he vuelto a verla, pero como tantas cosas pasadas nunca se van del todo; Se quedan con nosotros para en algún momento, volver a ser presente.

    • cecibustos

      Mari Carmen:
      Tus comentarios le sientan muy bien a mi ego. Tal vez sea porque me gusta lo que escribes y deba lamentar que no persistas y me regales con nuevos cuentos sobre personajes e historias de las gentes de Aranjuez. La memoria es como alguien muy cercano, a quien queremos mucho, pero que se ausenta y retorna, desde la distancia, con un nuevo disfraz cada año. La memoria, así entendida, es un carnaval que nos recuerda que hemos vivido y que, aunque lo cotidiano nos oprima, está ahí para ayudarnos a completar nuestro camino.
      Mi querida amiga, recordemos a Don Antonio Machado: «Hoy es siempre todavía».
      Es un gozo escribir para lectores como tú y los que te han precedido. Muchas gracias por el comentario.
      Un beso,
      Cecilio

  6. pablo

    Magnifico trabajo Cecilio, como no podía ser de otra manera, que yo recuerde no te has dejado nada en el tintero.Tal vez mereciera la pena adentrarse en la historia de lo emblemático que queda en dicha calle Convento de San Pascual? Acertadas fotografías.
    Sigue adelante, te esperamos.
    Pablo

    • cecibustos

      Pablo:
      Cierto, querido amigo, el Convento de San Pascual merece un artículo exclusivo. Tantas historias ahí vividas. Tanta vida ahí hecha historia. Como decía conversando con Mari Carmen y recordando a Antonio Machado, «Aún es siempre todavía». Podremos, ¡claro que podremos!, mientras el tiempo nos lo permita, profundizar en las historias y en los sucesos. Los secretos siempre tentaron a los ribereños.
      Aunque estemos posados sobre él, el tiempo es una prolongada continuidad que nos integra en la vida.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  7. Carlos

    Cecilio: desde la lejanía en la que te escribo, leer tu crónica es una verdadera delicia y un acicate para pasear con nuevos ojos por la calle del Rey. Estoy seguro de que tus páginas van a serme de gran utilidad cuando me visiten los amigos de cuando en cuando. Perspectivas, datos, mínimas historias, fragmentos de belleza, retales de lo que fue y esplendor de lo que hoy es. Acaso sumas ya importante número de entregas que pueden perfectamente constituir un compendio de la geografía urbana de todos los arancetanos. Estoy seguro de que el tema interesa. A los que vivimos Aranjuez y a quienes nos visitan. A los amigos rusos que nos acompañan, les he mostrado tus fotografías y César les ha traducido algunos párrafos de tu texto. Prometen visitarnos y yo tendré que ejercer de cicerón utilizando tu guía. ¡Ojalá nuestra señora alcaldesa tuviese a bien editarla! Me sería de gran utilidad. ¿Para cuándo la próxima entrega? ¿Qué calle ocupará, entonces, tu mucho saber? Un abrazo. Carlos Manrique.

    • cecibustos

      Aunque te contestaré, como siempre, a pie de tu comentario, no puedo pasar sin decirte que me ha emocionado tu nota. Muchas gracias amigo. Esta mañana ando entretenido en ordenar tus seis entregas sobre “El sueño de Luisa”, ya te contaré. Que lo pases muy bien, saluda a tus amigos de mi parte. Un abrazo, Cecilio

  8. Daniel Focus

    Querido Cecilio, como los buenos grabados de Piranesi de las escenas comunes bajo los pies de monumentales ruinas, como esos grabados que provocaban al viajero proclamar: “prefiero los grabados a la realidad”, como esos viajeros prefiero tu interesante texto de la calle del Rey a la propia calle del Rey. Y no es que minusvalore la calle del Rey, lo que pasa es que tu texto está escrito con más cariño que el que escribió el tiempo y además no he vivido en Aranjuez lo suficiente: lo que veo de la calle del Rey ES la calle del Rey, es decir, su sola presencia bajo la luz y no su sombra del devenir, ni la mística de sus hijos como tú.
    Las acostumbradas descripciones de estilo del urbanismo son tan hermosas..pero a la vez tan reducidas! sin la frágil y emocionada narración de las historias múltiples que en él se dieron, lo muros son hermosos sí..pero tan mudos!. Y si enmudecen se exponen pronto como pasto. Por eso tu narración humana-urbana asegura el porvenir. Es mejor tu arquitectura que la arquitectura.
    En otros sitios he visto también el resultado de la transformación de otras calles “del Rey” y he gritado ¡Nostalgia!. Siendo estrictos el pasado no puede volver. En cualquier caso quien hizo la calle del Rey no fue un nostálgico del paisaje pastoril de la Vega sino un valiente transformador. Quizá los nietos de nuestros hijos vivan en la calle del Rey más hermosa de su larga historia. Y lo será porque concentrará su vida, la nuestra y diseñarán con cariño los nuevos sucesos urbanos.
    Gracias por tan próxima (cercanísima) descripción que me ha hecho conocer mejor. Si me levanto en medio de la noche a escribirte es porque eres contagioso. Quisiera bautizar a mi hija en ese lugar de las monjitas, la tapia del huerto, la fachada Real: el Convento de San Pascual. Quiero asomarla desde lo alto de la escalinata a su edificio hermano del Hospital (enfermito hospital vaya una paradoja).
    “Existen otros mundos pero todos están dentro del nuestro” Dalí
    Gracias, gracias Cecilio, un abrazo enorme
    Daniel

    • cecibustos

      Daniel: Las calles, querido amigo, modifican su función al ritmo que el hombre sus necesidades —no se adapta él a la ciudad, es más, la ciudad es su gran invento— y la crea y la recrea y cuando se le hunde, tú bien lo sabes, la vuelve a levantar. Es más difícil modificar las conductas de los hombres, pese a que éstas se gestan en el ámbito de la ciudad. La ciudad y sus calles y nuestros destinos de humanos vagabundos, tan desconcertantes y desconcertados.

      Me siento muy halagado con tu comentario y no me queda sino darte las gracias. Y es que las calles que has manchado con tu leve sangre infantil, las calles que te han contemplado haciéndote muchacho y más tarde hombre, merecen el respeto de la máxima consideración.

      Muchas gracias, amigo. Cecilio

  9. Yo me quedo con tu experiencia de niño, me ha encantado.

    Un abrazo

    • cecibustos

      Elvira: Quizá porque, al despertar, todos descubrimos que fuimos niños alguna vez. Acaso, ¡por qué no!, ayer hemos descubierto que aún seguimos siendo niños y es ahora, en mi caso, que ya voy cumpliendo muchos años, cuando nos damos cuenta de la presencia de ese niño que emerge en forma de pequeñas e ingenuas anécdotas. En todo caso me sienta bien que te guste y que me lo digas. Ello me ayudará disciplinarme y escribir más. ¡Muchas gracias! Un beso, Cecilio

  10. José

    Gracias por tus palabras y tu tiempo, como siempre me quitas media vida de encima y me haces “chiquitín”, como me gusta.
    Un abrazo, Primo.

    • cecibustos

      Jose:
      La vida, querido primo, es como un gran laberinto. Como diría Jorge Manrique, partimos cuando nacemos y, a partir de ese momento, nos dedicamos a lo que dijo el otro poeta, Antonio Machado, hacer camino al andar. Y claro, en tanto andamos, nuestras huellas van marcando nuestro existir y, de ese existir nos queda la memoria a la que volvemos, a veces con nostalgia de desandar por el laberinto.
      Gracias, muchas gracias por mirar y ver.
      Un abrazo,
      Cecilio

  11. Tomás Ruiz

    La calle del Rey, es una calle muy peculiar. Antes de entrar en materia hay que contar que con el mismo nombre existen hasta tres calles ubicadas en lugares diferentes de nuestro municipio; además de la que es protagonista de este artículo, existe otra la calle del Rey situada en la zona de las Huertas Históricas que nace en la Puerta de Cirigata y termina en la Plaza de la Isleta y otra más situada en el Real Cortijo de San Isidro.
    Retornando a la que nos describes amigo Cecilio, sin lugar a dudas es la calle de Aranjuez que ha cambiado de nombre un mayor número de veces.
    Originalmente los ciudadanos del lugar, la conocían con el nombre de Tahonas Viejas.
    Oficialmente figura por primera vez el nombre de calle de los Gremios en el plano de Domingo de Aguirre de 1775.
    Este nombre perdurará hasta 1801, fecha en la que pasará a llamarse calle del Rey.
    Los sucesos de 1868, dan lugar a un nuevo cambio y pasará a denominarse calle de Topete.
    Con el advenimiento de la Restauración, nuevamente pasa a denominarse calle del Rey.
    Hacia 1927 sufre una nueva denominación pasando a ser la calle del Rey Alfonso XIII.
    Con el triunfo de la segunda república, de día 18 de Abril de 1931, un buen número de calles ven modificadas sus denominaciones; así la calle que nos ocupa, pasará a llamarse calle de Francisco Ferrer.
    En 1934 como consecuencia de la victoria en las urnas de las “derechas”, se realiza un cambio de gobierno en el Consistorio de Aranjuez, la nueva Corporación decide bautizar nuevamente la calle argumentando “que ese tal Ferrer, no es buen ejemplo de ciudadano ni para las señoras, ni para los niños”, proponiendo el nombre de calle de Ramón y Cajal. Una orden del Gobierno Civil paralizará esta nueva denominación ya que en dicha orden se prohibía de manera explícita el cambio de nombre de las calles.
    Permanecerá con el nombre de calle de Francisco Ferrer, hasta Abril de 1939 fecha en la que concluida la guerra civil vuelve a denominarse calle del Rey, conservando este nombre hasta la actualidad.
    Un abrazo amigo Cecilio

    • cecibustos

      Tomás:
      En nuestras fantasías, a todos nos hubiera gustado habitar otros tiempos históricos y, sobre todo, conocer y tratar a algunas gentes que obviamente nos quedan muy lejos de toda oportunidad. Pero, afortunadamente, tú, amigo mío, estás ahí, atento, generoso, cercano y dispuesto a tendernos tus manos.
      Las calles de una ciudad, las gentes que en ellas han vivido, lo que esas gentes han visto y deseado, ¡qué emocionante poder alentarlo ya sea en un trabajo de investigación, en un texto literario o en un chascarrillo popular!
      Muchísimas gracias, Tomás, por un comentario tan excelente y enriquecedor.
      Un fuerte abrazo,
      Cecilio

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