Reservado para supervivientes

Cecilio Fernández Bustos

 

    Hundió la mano en uno bolsillo del pantalón y extrajo un puñado de monedas. El chocolate más barato costaba 1 euro y la barra de pan 60 céntimos, una botella de agua, de las grandes, 60 céntimos; en total 2 euros y veinte céntimos. Aún le quedaban 2 euros para desayunar al día siguiente. En esto estaba cuando una golondrina en vuelo rasante le dijo —Te quiero. Y una vez más supo que cosa era la felicidad.

 

Y, además, un poema de José Ángel Valente

LA CONCORDIA

Se reunió en concilio el hombre con sus dientes,
examinó su palidez, extrajo
un hueso de su pecho: —Nunca, dijo,
jamás la violencia.
 
Llegó un niño de pronto, alzó la mano,
pidió pan, rompió el hilo del discurso.
Reventó el orador, huyeron todos.
—Jamás la violencia, se dijeron.
 
Llovió el invierno a mares lodos, hambre.
Navegó la miseria a plena vela.
Se organizó el socorro en procesiones
de exhibición solemne. Hubo más muertos.
Pero nunca, jamás, la violencia.
 
Se fueron uno, dos, doscientos, muchos:
no daba el aire para tantos.
El año mejor fue que otros peores.
No está los que se han ido y nadie ha hecho
violento recurso a la justicia.
 
El concejal, el síndico, el sereno,
el solitario, el sordo, el guardia urbano,
el profesor de humanidades: todos
se reunieron bajo el cadáver
sonriente y pacífico y lloraron
por sus hijos más bien, que no por ellos.
 
Exhaló el aire putrefacto pétalos
de santidad y orden.
Quedó a salvo la Historia, los principios,
el gas del alumbrado, la fe pública.
—Jamás la violencia, cantó el coro,
Unánime, feliz, perseverante.
(De La memoria y los signos / Madrid, 1966)
 
 

La concordia.- C. Fernández Gil (Técnica mixta.- Colección privada)

 
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4 comentarios

Archivado bajo De colección

4 Respuestas a “Reservado para supervivientes

  1. Carlos

    Magnífico poema, Cecilio, el de Valente y notable reflexión la tuya acerca de los tiempos duros que se avecinan a pesar de la relajación momentánea de los mercados. La vida no es solo contigo pan y cebolla. Desayunar pan, chocolate y leche puede ser todavía un lujo según qué circunstancias. Es peor comer de ese pan y de ese chocolate, beber de esa leche en completa soledad, sin que le importe a nadie: al concejal, al síndico, al sereno… Le queda una esperanza al protagonista de tanto infortunio, una golondrina que no encapota el cielo, un atisbo sereno de felicidad. Eso es lo que aportan tus entradas de blog a tus lectores. Reflexión y belleza te he dejado escrito cuando cuelgas alguna nueva entrada de los “Ramilletes”. Pero también emoción y belleza. Como la que derrocha “La concordia” que firma C. Fernández Gil -un lujo- esa conjunción de color y de palabra que estalla en la pantalla como insospechados fuegos de artificio. Espero tu próxima entrega. Un abrazo. Carlos Manrique.

    • cecibustos

      Carlos:
      Sí, el poema de José Ángel Valente es muy hermoso y posa su leve tacto sobre el dolor de tantos niños que andan pidiendo pan y trabajando con menos de diez años. Lamentablemente son muy pocos los oradores que revientan; hablamos de una cuestión medular de nuestro tiempo. Y no hablamos de enigmas del pasado, lo que nos duele es el hambre, que se nos acerca a pasos agigantados a nuestras puertas. Estaban antes tan lejos los hambrientos de pan, de medicinas, de formación, que conciliábamos la forma de acercárselo a su casa.
      La cuestión social es siempre un problema de injusticias. Se abren pequeños tajos, pequeños surcos e incisiones que ayudan a los pueblos, a algunos pueblos, a avanzar un poco. Después, ya lo sabes tú, ¡hemos vivido por encima de nuestras posibilidades!
      Gracias, muchas gracias por un comentario tan afable, especialmente por la reflexión sobre la pintura de Fernández Gil.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Rocío Wittib

    Precioso querido amigo. Muy bonita reflexión, necesaria hoy y siempre. El poema acompaña como una buena copa de vino y la pintura le pone un moño a esta entrada para llegar como un regalo a los que estamos del otro lado, un placer leerte.

    Un beso.

    • cecibustos

      Rocío:
      Muchas gracias por un comentario tan entrañable.
      Tal vez lo hubiera dicho igual José Ángel Valente: hay que soldar las manos para no separarnos y elevar los principios y hacer justicia.
      Demos a la poesía una nueva ocasión de alcanzar «desesperadamente la esperanza»
      ¡Muchas gracias!
      Un beso,
      Cecilio

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