Carta abierta a Javier Cercas

Cecilio Fernández Bustos

 

Distinguido amigo:

Leí en su día Soldados de Salamina y me gustó. Me pareció una obra excelente y descubrí un nuevo estilo, una nueva forma de novelar la historia reciente. Me gustó más la novela que la película, pese a los aciertos de ésta, que los hay. No he leído a Sánchez Mazas pero si soy entusiasta lector de Sánchez Ferlosio.

         La lectura de su libro, señor Cercas, también me ayudó a descubrir a otro escritor importante: Roberto Bolaño. Así  que, dos pájaros de un tiro: Javier Cercas y Bolaño.

           Suelo leer alguno de los artículos que publica usted en ‘El País’ y ahora ando hincándole el diente a Anatomía de un instante. Llevo 65 páginas y está claro que lo voy a terminar. Tengo pendiente El móvil, así como el resto de su obra publicada. Iré poco a poco, buscaré los relatos en primer lugar. Espero que la bajada a los infiernos de la conformación de nuestra democracia, me ayude a seguir creyendo en los hombres.

         Me acaban de regalar La velocidad de la luz, pronto iniciaré su lectura. Dije pronto, pues no, acabo de empezarla y me parece que sí, que me va a convencer y me va a envolver en sus palabras. Y debo decírselo ahora, creo que hacía mucho tiempo que no me enganchaba tan pronto a la lectura de una novela. Habitualmente suelo darle mucha coba y son muchas las ocasiones en las que el libro empezado, sin apenas catarlo, vuelve al hueco que le corresponde en la estantería. Pero éste no, me gusta, me está entreteniendo y a cada interrupción vuelvo a él con más ganas. Tiene, en su elemental sencillez, un alto grado de intriga que yo mismo voy desentrañando, adelantándome incluso al narrador y juego a anticiparme -espere, Cercas, no corra que ya casi lo tengo.

         Ya lo he leído y me ha gustado. Ya lo he dicho antes, no es fácil que me enganche a una lectura seguida hasta acabar un texto. La velocidad de la luz tiene un encanto especial, es cierto que hay atisbos de sordidez en los personajes, pero es esa sordidez ingenua en la que te metes de bruces, sin darte cuenta. Se trata de esa naturalidad torpe, no premeditada, para pisar la luz y seguir vivos, aunque a veces cueste mucho trabajo llegar hasta el final. La novela además de sus muchas virtudes intrínsecas, creo, señor Cercas, constituye un homenaje a un autor que me interesó mucho en mi juventud y que todavía me sigue gustando e interesando, especialmente los cuentos, me refiero a Hernest Hemingway.

         En su libro, La velocidad de la luz, hay dos personajes enfrentados a un vivir paralelo, ambos le han quitado el papel al caramelo de la vida, sobre todo de la juventud. Uno ya lo sufrió y está a la espera de seguir o no vivo. El otro, que está casi virgen de dolor, entabla una relación que se abate en lo más profundo del dolor del otro y que surge de lo más trágico de las experiencias vividas, quiere volar y piensa que la vida es solo literatura. Pero la vida es más, y es imprescindible vivirla para conocerla. El autor, pues, con un  narrador en primera persona, que es al mismo tiempo el primer protagonista de la obra, bracea con energía, primero en un río en calma y luego desde su propio abismo, para sacar del agua cenagosa al amigo. Y, más tarde, jugara el juego a la inversa y pretenderá que sea el amigo quien le saque a él de la ciénaga que amenaza su vida. ¿Se salvaran?, ¿nos salvaremos nosotros, los lectores de esta novela?

         Intenso transcurrir por la geografía humana y por el gran bache que atravesaron unos hombres y un país, Estados Unidos, combatiendo en Vietnam. Acertada mirada sobre unos personajes y un tiempo en el que todo parecía fácil, incluso ser joven —yo lo era en aquel tiempo— era un privilegio para el placer y, ¡claro está!, también para el dolor. Sí, me ha gustado, ha valido la pena leer esta novela. No obstante, no le disculpo, distinguido autor, lo poco que se ha preocupado por conocer la geografía de una ciudad, Madrid, en la que, solo tangencialmente, se mueven los personajes por los entresijos de la trama.

         Y volviendo al otro libro empezado y pendiente de lectura, Señor Cercas, aunque todos permanecimos  callados esperando la amanecida: ¿Cree usted que los tres hombres que no buscaron refugio bajo el escaño, pudieron representar lo agónico y lo sublime, de un momento tan trágico y doloroso en apariencia y, al mismo tiempo, el grito de tantos españoles que andábamos muertos de miedo en nuestras casas? Sí, aunque aún era joven, aquella noche yo también temblé de miedo.

Admirado autor, le felicito por su obra y me gratifica que esté ahí, ayudándonos a mirar y, sobre todo, a ver. 

Atentamente.

 

 JAVIER CERCAS

Nació en Ibahernando (Cáceres) en 1962. Es profesor de literatura española en la Universidad de Gerona y ha trabajado en la Universidad de Illinois. Es columnista de El País. Ha publicado artículos, crónicas y ensayos. Como narrador ha publicado cuatro novelas: El móvil, El inquilino, El vientre de la ballena, Soldados de Salamina, La velocidad de la luz…

Anatomía de un instante (2009), es un libro singular, considerado por unos novela, por otros ensayo y por algunos una crónica. Con este libro obtuvo el Premio Nacional de Narrativa, 2010 y ha venido a confirmar un modo de novelar, donde la ficción es sustituida por la realidad, uno de los fenómenos literarios más a considerar en nuestro tiempo. García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Antonio Muñoz Molina y un largo etc., consideran a Javier Cercas un autor importante que nos dará grandes obras.

A los cincuenta años puede decirse de un escritor que es aún muy joven y puede esperarse de él una obra. En este caso, Javier Cercas ya ha puesto ante los ojos de los lectores una obra excepcional.   

 

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2 comentarios

Archivado bajo Poetas y narradores

2 Respuestas a “Carta abierta a Javier Cercas

  1. Loli

    Cecilio, notable y original entrada. Me encantó “Soldados de Salamina” y después de leer tu artículo, no podía ser de otra manera, me asomare a “La velocidad de la luz”. Ya te contare.
    Un beso
    Loli.

    • cecibustos

      Loli:
      Sí, creo que la “Velocidad de la luz” te gustará. No es tan cercana como puede serlo “Soldados de Salamina”, pero tiene ese aire de intriga y vida ya vivida que puede conmover. De otra parte, aunque los escenarios no nos cerquen de forma específica, son alma de la historia del siglo XX, que tú y yo hemos vivido.
      ¡Gracias por tu comentario!
      Un beso,
      Cecilio

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