Ictericia

Cecilio Fernández Bustos

 

Hace de esto muchos años. Yo era un niño de menos de diez y con todos los sueños por estrenar. Ignoro como llegué allí ni a qué mano me agarraba. Si recuerdo qué fue lo que me llamó la atención, lo que me impresionó tanto que aún hoy, que han pasado más de sesenta años, lo recuerdo como si lo estuviera viviendo en este mismo momento.

         Lo que vi fue a una señora, muy mayor, arrugada y amarilla, envuelta en una manta —era  invierno y hacía mucho frío— La señora estaba sentada en una pequeña banqueta plegable, detrás del ‘Canapé’ que hay sobre la ría, junto al Palacio real en Aranjuez, frente al Jardín de la Isla. La señora miraba y escuchaba el ruido del agua que discurría tres metros por debajo de ella.

         Alguien preguntó:

— ¿qué le pasa?

—Tiene ictericia. Respondieron.

 

El telar (C. Fernández Gil / Técnica mixta, 1980)

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6 comentarios

Archivado bajo De colección

6 Respuestas a “Ictericia

  1. Carlos

    Cecilio: me gustan tus historias mínimas porque me acercan al agua de ese río que ya no es nuestro río. Me gusta tu mirar sobre el pasado para completar la imagen del presente, tan fugitivo, tan esquivo, tan inaprensible. Te prodigas poco, como los buenos vinos, pero estoy seguro de que en la galería de tu memoria siguen habitando seres luminosos que esperan la llamada del folio para revertir desde esa “nada” a este otro mundo, tan cercano, tan disperso y tan efímero. Un abrazo. Carlos.

    • cecibustos

      Carlos:
      Amigo, Carlos, ¡que interesante!, el solo transcurrir del agua como medicina para atenuar lo amarillento de la vejez. Ahora, en estos tiempos, es tanto y tan discordante el ruido habitual en esa zona de Aranjuez, que nos impide escuchar los sutiles matices de los armónicos del agua y el canto de los pájaros. Malo, pues, para el arte y para la salud.
      Gracias por un comentario tan amistoso.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Querido Cecilio,
    Leyéndote: ¿Quién no quisiera padecer Ictericia? Y sin embargo, ¿por qué aquella vez en el Jardín dijimos con hiriente compasión que la señora padecía Ictericia? Pues porque el poeta marca la luz y cambia el resultado y nos convierte en buenos deseando la Ictericia ó vulgares maldiciéndola.

    • cecibustos

      Daniel:
      Hoy seguimos contando con la ría que circunda la Isla para tratar la Ictericia, pero además contamos con el hospital del Tajo, donde, a no dudarlo, será más eficiente el tratamiento. Mas ayer, ¡qué hospital!, el Tajo puro y duro que en aquel tiempo traía agua.
      Esta mañana, dando un paseo, nos hemos acercado, mi hijo y yo, hasta la Casa de la Monta y, qué tristeza, el Tajo era por allí un lento y breve charquito. Y, ¡cómo son las cosas!, el pilón ya está en tierra firme, rodeado de hierba quemada por el hielo, pero nada de agua. ¡Mal asunto para el tratamiento de la Ictericia!
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  3. Cecilio, gracias por tus palabras y tu lectura.
    Y gracias por darme a conocer así esta tu casa y disfrutar con estas tus historias.

    Saludos

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