Dos poemas de otoño

Cecilio Fernández Bustos

 

 

CALLADA
 
 
Como estatuas de lluvia con los nervios azules
                                     Carlos Edmundo de Ory
 
 
 
         Estás callada:
el silencio, largo como la muerte,
ha dibujado en tu rostro
un gesto de perfección distante.
Puedes mirar y comprender los ecos:
los más duros sonidos de los hechos       
y la respiración de la tristeza.
Existes en la íntima quietud de la memoria.
Silenciosa recorres la distancia
y yo aprendo a escucharte
transitando el olvido.
Se oye latir el tiempo en los relojes
y nacen otras gentes.
En estas horas, lentas y litúrgicas
de la lluvia de otoño,
yo beso las estatuas del jardín
y una pálida esfinge,
humedecida en el milagro de la piedra,
dedica su sonrisa al tacto de mis labios.
Bajo los altos cielos, una música sola,
camino sobre el oro antiguo de los árboles:
desde su soledad ellos me miran,
supuestamente ajenos
al personaje y a su historia.
 

El oro de los árboles. Jardín del Príncipe. Aranjuez (fotografía de CFB)

 
LOS DUENDES DEL OLVIDO
 
   
            Herido siempre y a un designio atado
            Carlos Edmundo de Ory
 
 
                                      Los duendes del olvido
están danzando
sobre el ácido musgo
de un jardín abandonado.
Las pisadas del tiempo
han cuajado el terciopelo
que proclamara el rosal y su sorpresa.
 
         Lacustre podredumbre
aroma espesamente las fuentes verdinegras
y un viento de tiniebla
quiebra la mansedumbre de las frondas.
Los pájaros huyeron
a regiones más cálidas.
 
         Un ángel terrible y desgarrado,
salido del espanto
sublime de Rainer María,
ahonda, con su flamígera espada,
en los quejidos melancólicos
de un crepúsculo que agoniza.

Siglo XXI (fotografía de CFB)

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12 comentarios

Archivado bajo Poesía

12 Respuestas a “Dos poemas de otoño

  1. Los dos muy hermosos, Cecilio, pero me quedo con el primero. Y muy especialmente con estos versos:

    Se oye latir el tiempo en los relojes
    y nacen otras gentes.
    En estas horas, lentas y litúrgicas
    de la lluvia de otoño..

    Un abrazo

    • cecibustos

      Elvira:
      Muchas gracias por una lectura tan afectuosa de mis poemas. Yo también estoy contento con ese poema, tenían razón los fabulistas, ¡a veces suena la flauta! Por si se repite el acierto, seguiremos intentándolo y me hará feliz que tú los sigas leyendo.
      No es ninguna tontería volver a leer a José María Valverde: “… ¡Oh, ser sólo una vez, y sin remedio!”
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Rocío Wittib

    Querido Cecilio, gracias a estos poemas puedo sentir en mi primavera tu otoño. ¡Qué bonitos! Al igual que Elvira el primero de ellos me llegó más profundo… Qué versos: Existes en la íntima quietud de la memoria./Silenciosa recorres la distancia/y yo aprendo a escucharte/transitando el olvido.
    Gracias por compartirlos. Me alegra mucho leerte.

    Un beso!

    • cecibustos

      Rocío:
      Me gratifica que alguno de mis poemas llame la atención de una poeta tan joven y, al mismo tiempo, tan conocedora de la poesía de ayer y de hoy. Una poeta que escribe versos como estos:

      “Pequeños rastros de lluvia

      Llueve sobre las palabras,
      lluvia que me ahoga.
      Sobre lo que he escrito
      no veo más que lluvia.
      Gota sobre gota,
      gotas sobre la ciudad
      el paisaje acuarelado
      de los días tristes.”

      Rocío Wittb (de 7 POEMAS, 2010)

      ¡Rocío, gracias por un comentario tan cercano!
      Un beso,
      Cecilio

  3. Carlos

    Carlos:
    Enhorabuena, Cecilio, por estos dos poemas magníficos, serenos, cuajados de otoño y de lluvia. Me sorprende el sosiego que desprenden esas rosas que convocará con su canto la primavera cuando nos despojemos del frío y ahuyentemos los rigores del calendario. Relojes que no marcan tiempo; un tiempo que muere con nuestras muertes mínimas, circunstanciales, apenas un accidente. Un manto de luz, de colores, de suaves tactos. Música y viento. Melancolía de la lluvia en estas dos acuerelas que pintas con trazos marinos y terrestres de un cielo tan puro, tan diáfano, que me permite buscar refugio en la ensenada de la belleza que creas con los primores característicos del artesano o del orfebre.

    • cecibustos

      Carlos:
      Tus comentarios denotan una admirable condescendencia por el trabajo de un permanente aprendiz. Yo disfruto de lo que escribo cuando lo leo y, ocasionalmente, me sorprendo, más allá del reconocimiento, al percibir una palabra, una sola palabra que se acerca al acierto; pero estas situaciones, amigo mío, son muy escasas. No obstante, a mi edad, los aplausos aún sientan muy bien y se agradecen, ¡claro que sí!
      Un abrazo,
      Cecilio

  4. Hola Cecilio, gracias por tus poemas de otoño en Aranjuez, siempre Aranjuez. Llegaron los poemas en el mejor momento del paisaje, parece que hubieras estado esperando desde la verja.. Tu primer poema parece que al final se aleja, quizá porque ya has visto que el otoño en las hojas se acaba?. Volveré pronto al jardín y miraré a las estatuas como las miras y diré que los árboles son de oro. Es curioso cómo nuestros jardines pueden parecer sencillos o complejos según quién los mire. Quizá haya que ser poeta para entenderlos bien. Para ti parece que son una mujer, que en el segundo poema se vuelve cauta ante algo malo que se acerca.

    • cecibustos

      Daniel:
      Me alegra que te hayan hablado estos poemas. Es otoño en Aranjuez y es otoño en mi vida. No obstante, me has tocado en un punto de sutil percepción: me gusta mirar a través de las rejas del paisaje y buscar, con María Zambrano, el claro del bosque y beberme la belleza que habita tras el vuelo de las hojas.
      Además de oros y cobres, en los jardines de Aranjuez hay dulces frutos en otoño. Si tienes oportunidad, pruébalos si los encuentras, te gustarán.
      Gracias por un comentario.
      Un saludo,
      Cecilio

  5. Teresa Ordinas

    Tu comentario, Cecilio, “es otoño en mi vida”, me trae el recuerdo de lo que Avelino decía en su última fase: “ya es el otoño en nosotros” (de ahí salió su poesía).
    Me quedo con estos versos tuyos:
    Bajo los altos cielos, una música sola,
    camino sobre el oro antiguo de los árboles:
    desde su soledad ellos me miran,
    supuestamente ajenos
    al personaje y a su historia.

    • cecibustos

      Teresa:
      En tu caso, en el de Avelino y en el mío, muchos de esos árboles que contemplan al personaje del poema, nos han contemplado a nosotros. Y así, experiencia y memoria, forman parte de nuestro transitar. Y, con palabras de Antonio Colinas, podemos decir:
      “Las ubres del otoño están cargadas.
      Serafines de luz están muriendo
      sobre nuestras cabezas asombradas
      para que una vez más se teja el sueño,
      la melodía dulce de otra noche,
      la alucinada noche de los cuentos.”
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un beso,
      Cecilio

  6. Bellas fotografías acompañadas de cálidas palabras que esculpen un mar de sentimientos.
    Un saludo.

    • cecibustos

      Carmen:
      Una alegría saber que estás ahí. Visitaré tu blog y cambiaremos impresiones.
      Gracias por tu mirada y por tu comentario.
      Un saludo,
      Cecilio

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