Se acabó el verano y llegó el otoño

 

Cecilio Fernández Bustos

 

                                                        Ay cuanto tiempo
      tierra              
      sin otoño,
      cómo
      pudo vivirse! 
                                    Pablo Neruda

 

Llegó el otoño y nos ha pillado desprevenidos de los más elementales recursos para hacer frente a los primeros fríos y, sobre todo, desprovistos de las pesetas necesarias para comprar los libros de texto para los niños. Cuanta verdad decía mi madre allá por los años cuarenta del siglo pasado. No había cuartos para libros, pero tampoco había libros que comprar, ni colegios de verdad. Aquellos colegios de mi infancia eran de broma, solo para justificarse y tener guardados a los niños y niñas, clasificados por edades y en aulas diferentes —los niños aquí, las niñas allí. Solo la voluntad de oro de algunos profesores, ayudaba al pequeño triunfo de algún que otro chiquillo más aficionado a la lectura que a romper alpargatas. ¡Ay, Señor! ¡Cuánto trabajo y años ha costado a los hombres de estas tierras, desde aquellos tiempos de los ilustrados, conseguir una enseñanza igualitaria y gratuita para todos¡ Y qué hermoso ver el otoño poblado de mochilas, libros y aulas acogedoras. Sí, que siga el vuelo de la educación, de la formación y de la socialización de los ciudadanos.

         Además de la movida de niños, adolescentes y jóvenes estudiantes, en este tiempo, las bandadas de grajas, en formación de ejército, se descuelgan, en vuelo casi rasante, hacia los olivares del sur, para su peculiar verdeo. Y las palomas vuelven, cojas y medio chamuscadas, de su encuentro con la media veda en los secarrales que rodean Ontígola. El jardín aún verde, empieza a dejar ver los primeros síntomas: majuelos y acerolos presumen con la lozanía de sus abundantes bolitas rojas; los frutos de la maclura han rodado por el suelo y las castañas “de madera pulida, / de lúcida caoba, / lista / como un violín que acaba / de nacer en la altura,..”[1] para sonar en el concierto de Aranjuez. Y el resto de las aves buscan a sus paisanas para ponerse de acuerdo en el día y hora de marchar para África.

¡Amigos, da comienzo el otoño!

 

Los rubores del majuelo (Fotografía de C. Fernández)

 

OTOÑO

Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.
Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!
¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!
En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.

                                      Juan Ramón Jiménez

 

Otoño en el Jardín de la isla (Bautista Fernández. Oleo sobre lienzo)

 

TE RECUERDO COMO ERAS…

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
 
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi ser ardía.
Dulce Jacinto azul torcido sobre mi alma.
 
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
 
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros:
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

                                                      Pablo Neruda

 

Los chopos van primero (Fotografía de C. Fernández)

 

OTOÑO

En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros…
Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.

                                             Octavio Paz


[1] Pablo Neruda.- Oda a una castaña en el suelo

Anuncios

7 comentarios

Archivado bajo Las cuatro estaciones

7 Respuestas a “Se acabó el verano y llegó el otoño

  1. Carlos

    Cecilio: un otoño triste, turbulento, aciago; un otoño de ataques a los escolares que acuden a los centros a formarse en un todo igualitario, en una polifonía de voces, de credos, de razas; un otoño en el que nos siguen mintiendo y aturdiendo con sus cebos y añagazas; un otoño donde no se vislumbran los fríos del invierno, los que llegarán cuando estemos más desprevidos y desnortados, pensando que la helada no nos pillaría bajo la intemperie; un otoño que se derramará como cristales a partir del 20-N; un otoño hecho para los desvelos, para echar cuentas, para tratar de comprender lo irracional; un otoño de desmemoria, de amnésicos, de votantes felices con sus penurias, resignados a no tener ni suerte ni esperanza; un otoño, en fin, para guarecerse en los jardines bajo el esplendor de los ocres y olvidar a los que en nombre del dios mercado sacrifican el futuro de nuestros hijos. Educación pública, ¿a quién le importa? Los adoctrinados siempre seguirán gozando de los privilegios del Estado. Otoño: comienzos de septiembre. ¡Nunca la vuelta al cole fue más amarga!

    • cecibustos

      Carlos:
      Los otoños tienen ese punto de nostalgia que los hace ser tristes, hablando del contenido del corazón. Mas, como es el caso que denuncias, cuando de lo que se trata es del dolor que nos produce el desafecto social y lo que vemos caer es parte de ese entramado social, entonces sí, el otoño, este otoño de hoy, se vuelve especialmente triste.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Triste como un estudiante que no termina de dejar atrás su edad escolar, es el otoño que no termina de venir. Las hojas caen ya dentro del alma, porque es preciso mudar.
    Queda la opción de Ser siempre lo que se es, sin importar qué pasa:
    “La juventud es siempre entusiasta, idealista, pero es necesario hacerlos disciplinados en la libertad. Que sus protestas vayan seguidas de promesas de futuro.
    En los momentos de dejar oficialmente la escuela no siento ni olvidos ni desengaños..es la vida que pasa. Se es maestra hasta el último momento de la vida.
    Yo diría que he puesto amor, entusiasmo, alegría en mi labor, en tres generaciones de abuelas, hijas y nietas que han pasado por mí, como el agua entre los dedos, mansamente, dulcemente. Quisiera que lo que he realizado pasara como el agua de ese río que no tenemos, nunca es la misma, pero pasa fecundando, al menos sus orillas, con tesón acariciador, pues aunque al agua se escape y no vuelva más, siempre llevará algo de lo que se le dio, con tanto amor, en su origen. La enseñanza no es un sembrar sin recoger como se suele decir”.
    Pilar Barnés, Maestra en Lorca
    Gracias Cecilio por una entrada tan necesaria

    • cecibustos

      Daniel:
      Sí, tienes razón, ya lo dijo el poeta: “Juventud divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar, no lloro… / y a veces lloro sin querer. “. Los jóvenes, por el contrario, tenéis ahí la vida por vivir y la historia por hacer.
      Entrañable el texto de Pilar Barnés.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo,
      Cecilio

  3. El otoño, con esta especial inclinación de la luz, tan rica en su latencia, vuelve a recordarme que si todos hiciéramos de cada uno de nuestros días un verso, el mundo sería un gran poema. Sin olvidar que con la belleza llega, tarde o temprano la verdad. Gracias, Cecilio.

    • cecibustos

      Montse, siempre es pura alegría, en toda estación, recibir un comentario como el que acabas de poner en este blog. Mas el otoño, ¡ay, el otoño!; el otoño en Aranjuez todo lo convierte en bronce y en oro y se puede decir con Guillermo Carnero: «Raso amarillo a cambio de mi vida».
      Júbilo, también, haber conocido tu blog y saber que tú conoces el mío. Gracias por tu comentario.
      Saludos,
      Cecilio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s