Como una mordaza

Cecilio Fernández Bustos

 

Cuando algo se aferra a una parte de nuestra anatomía y nos impide gemir o gritar, pero sin embargo nos revienta el alma y nos desgarra los músculos, entonces, ay, entonces conocemos un dolor sutil y sin tregua que nos penetra hasta el fondo. ¿Y por qué? Nos preguntamos, ¿qué fue lo que hice?, ¿qué lo que quedó sin hacer? Y no hay respuesta, sólo el arte atenúa nuestra espera.

 

La mordaza

Fernández Gil.- La mordaza (óleo sobre papel, 72X103 cm)

 

 
Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo De colección

3 Respuestas a “Como una mordaza

  1. Carlos

    Cecilio: el dolor es una parte esencial de nuestra vida; sin dolor personal y sin dolor ajeno seríamos sombras o reflejos de un yo inmaduro e inestable. No me aferro al dolor, pero tampoco lo rehúyo; el dolor me fortalece y me hace crecer. El dolor me hace sufrir y, a veces, maldecir, pero el arte -ese otro modo de vivir- me enlaza por el talle y me eleva como una cometa por el cielo de la vida, tan hermoso, que no dan ganas de bajarse. Está el dolor del transcurso del tiempo, el que nos oxida y envejece, pero, en ese ciclo de vida y de muerte, el arte nos entretiene ofreciéndonos lo mejor del ser humano: tu compañía, tu palabra, amigo.

    • cecibustos

      Carlos:
      ¡Muchas gracias! Tus comentarios son alentadores, elevan el discurso y dan contenido a la tarea del que busca y, ocasionalmente, encuentra. Pero seamos prudentes, no sea que al abrir la puerta descubramos, más que un dolor, la ocupación del que padece un mal como diría Cioran. No olvidemos nunca la posibilidad de librarnos de la mordaza.
      De nuevo he de darte las gracias por una lectura tan atenta.
      Un abrazo,
      Cecilio

  2. Carlos

    Ocuparse del mal o de la naturaleza está en nosotros, en la vida. Cada individuo se enfrenta de un modo particular a ese estado privativo del ser. Yo tuve el privilegio de asistir a ese ocuparse del mal de mi amiga Carmen y te aseguro que fue una gozada participar con ella de la vida durante esos largos siete años de asedio. Carmen fue un faro de vitalidad como una melodía que sacude el viento. Cuando he estado agobiado por infinidad de problemas, he decidido atarcarlos de uno a uno y aparcar en el desván los sobrantes: concentrarse en el mal que se padece, pero sin perder de vista la clara luz de la mañana de agosto. Un abrazo, Cecilio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s