Pasan lentos los días 20

Cecilio Fernández Bustos

  

Ramillete 20

 

El vértigo de nuestra época procede de la alteración del orden establecido: las reglas del juego han cambiado sin enterarnos, apenas nos habíamos aprendido las antiguas y ya han caducado.

Pascal Bruckner

 

280)   Nunca debería condenarse al olvido la memoria de un pueblo.

281)   Hijo pródigo, ya vuelves con las carnes en pellejo. Ya libraste tu batalla, ya tienes experiencia, ya podrás tener recuerdos.

282)   Cuando ya tocaba el cielo con la punta de los dedos, un rayo que por allí pasaba lo dejó como nuevo. Y él, constante y atrevido, lo volvió a intentar.

283)   Nada detiene al tiempo. Ni la poesía, ni la memoria, ni la muerte. Pero el tiempo, ¿qué cosa es el tiempo?

284)   Sí, sé que me estás mirando. Lo que ignoro es si me ves.

285)   ¡Qué maravilla! Ya podemos soñar y reír y hablar con la gente. Sí, ya somos libres. De pronto un grito, ¡fuego!, y se acabó la risa, y se calló la gente, y despertó el hombre.

286)   Estar en todas partes es trabajo de Dios. El nuestro, querido amigo, es estar aquí y ahora. No obstante, ni tú ni yo debemos pasar desapercibidos.

287)   No lo creas, la palabra nunca es inútil.

288)   ¿Quién es aquel, sí aquel que se ha bebido el suculento néctar de los significados? Aquel, ¡claro está!, que acapara el saber y a mí me deja fuera, en la tiniebla de la ignorancia.

289)   ¡Qué metáforas más desafortunadas! Aquellas que comparan a los que creen en Dios con la milicia en todas sus formas. ¿Se puede hablar en el siglo XXI de soldados de Cristo que marchan al combate?

290)   ¿Y después de tanta duda sin respuesta, qué podemos esperar? ¿Seguiremos contemplado el vuelo de los pájaros y la salida del sol, o nos reuniremos en la plaza del pueblo a reclamar justicia?

291)   Guantánamo, el norte de África, China, el trabajo infantil, las piscinas frente a los sin agua y tantos prostíbulos para dar de comer a los hijos ¡Qué barbaridad, aún existen los yugos y los látigos de los esclavistas!

292)   Cuando los hombres consiguen comer todos los días, ¡ay!, en ese preciso momento comienza la hora de la ética y la moral, e incluso la hora de la urbanidad.

293)   El espíritu está pronto, pero el hambre y la miseria debilitan tanto la carne, que ésta ya no sirve para nada, ni siquiera para pecar.

294)   ¡No me insulten, por favor! No es extraño que tras el insulto vuele la agresión. Debemos aprender a respetarnos, también en lo considerado menor, para que no atentemos contra nuestras vidas.

295)   Los españoles eran los mejores hasta que llegó Colón y abrió las puertas al mundo.

296)   ¡Corre, corre, que vienen los mercados!

297)   Toda intimidad está compuesta por una red tupida de memoria, compromisos y afectos.

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2 comentarios

Archivado bajo De este caminar

2 Respuestas a “Pasan lentos los días 20

  1. Carlos

    Cecilio, por fin, hoy, he podido entrar en tu blog, por los problemas informáticos que ya te comenté. Veo que has colgado una nueva entrega de estos ramilletes que entemezclan poesía y filosofía, no sé en que proporción, pero tan deliciosa que embriaga los sentidos sin embotarlos; más bien, lo contrario, nos abre una luz que hace transitable el camino -o los caminos- de la oscuridad inmediata de nuestro tiempo. No somos dioses sino vectores de una ecuación espacio-temporal y los problemas a los que nos enfrentamos vienen a ser los mismos de siempre: una sociedad injusta con un sistema económico injusto. Vale la utopía y las ganas de enfrentarse a ellos. No vale el monopartidismo y el pensamiento único: el ultraliberal que condena al planeta a una muerte segura e inminiente. Pero mientras esto está sucediendo, tenemos tus sabias palabras que encierran toda la belleza del mundo o de la mañana. Gracias, amigo, por estar siempre en el lado bueno de la vida. Carlos.

    • cecibustos

      Carlos:
      Pese a la brevedad obligada, hay comentarios que merecen ser examinados con atención. Esto es lo que sucede siempre con tus comentarios en mi blog. Contienen interés, reflexión y análisis. Interés porque denotas una lectura desde el pálpito histórico, es decir desde la proyección del momento en que se escribe y en que se leen los textos. Reflexión porque entronizas tu pensar y sentir en lo que el texto aparenta o promueve y ahí también existe poesía. Y análisis porque te embarcas en opinar, no te limitas a señalas, sino que opinas y, en consecuencia, te comprometes.
      A mí sólo me queda darte las gracias y pedirte que sigas leyendo lo que escribo.
      Saludos,
      Cecilio

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