Pasan lentos los días 19

 

Cecilio Fernández Bustos

 

Ramillete 19

 

Yace la vida envuelta en tanto olvido.

Quevedo

 

265)   Asumir la responsabilidad de tus actos y de tu vida te convierte en exigente relativista. Pero, aunque a ti te satisfaga la fórmula, no es del todo correcta si ignoras que también existen los derechos y las voluntades de otros, todos aquellos con los que compartes el planeta Tierra. Y, ya más cerca, tus vecinos, compañeros, familiares, amigos.

266)   ¡Qué hermosa posibilidad la de descorrer el velo! ¡Qué gran placer el encuentro inesperado! No veis la emoción del artista cuando encuentra el acierto. ¡Y qué cielo de miel el de los enamorados cuando son conscientes de que existen para el otro!

267)   En ocasiones, por el hecho de vivir en esta sociedad, me he visto obligado a aceptar algún que otro riesgo.

268)   ¿Dónde han escondido la noche que no veo las estrellas?

269)   Ayer he visto a dos urracas atacando a un gato que dormitaba junto a los contenedores de la basura. ¿Creerían que estaba muerto o es que todo vale?

270)   Las palomas, los estorninos, los mirlos y las urracas se han comprado un entresuelo y ya son habitantes de la ciudad. ¿Qué será de los pobres gorriones?

271)   ¡Qué hondo te apresó la melodía! Nadaste en las aguas de Eros hasta agotarlo todo. Hoy, ya saciado, yaces en las calles de Tánatos.

272)   Se murió Rojas, se ha muerto Sábato: ¡cuándo se morirá la muerte!

273)   Aquello sucedió cuando aún no habíamos perdido la inocencia: ¡cuánta felicidad!

274)   En la vida todo es asombro: lo es el amor y vuelo de los pájaros.

275)   Las vivencias sedimentadas en la memoria, emergen en círculos concéntricos que se van expandiendo como las ondas originadas por una pequeña piedra en la superficie del río de la vida.

276)   ¡Qué maldad, utilizar la religión como pretexto!

277)   Se había quedado perplejo y paralizado. No sabía qué hacer. Un chispazo inesperado le empujó a dar el salto. Y sí, esta vez lo hizo: ¡saltó sobre las brasas!

278)   La memoria es la cuna donde se mece la experiencia. Sí, ayer abrí los ojos y vi; aunque hoy permanezcan cerrados, seguiré viendo la imagen que quedó sustentada en el recuerdo.

279)   Jóvenes que se atreven a tentar la carne dolorida del destierro y otros, ya viejos, que buscan resurrección en las carnes amarillas de la nostalgia.[1]    

 


[1] Mayo de 2011

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