Dar las gracias 6: El retrato 1

Cecilio Fernández Bustos

 

Una jaula salió en busca de un pájaro.
Franz Kafka

 

Siempre me ha llamado la atención el retrato literario, la descripción que un autor hace de sus personajes. Su apariencia externa, lo que vemos antes de que abra la boca y lo que vamos deduciendo de su esencia en cuanto a ser. El autor nos ofrece unos rasgos que nos permiten identificar a partir de nuestra propia experiencia del mundo y de las personas. Cierto que en ocasiones el creador se sirve de toda la obra para ir describiendo los rasgos de los personaje e incluso deja esas pequeñas rendijas por las que se cuela la duda, esos datos que se guarda para que emerja nuestra sensibilidad y nuestro ingenio.

         Los personajes me seducen su apariencia física antes que por su psicología. Sus caras, sus muecas, sus ojos, sus vestimentas. Como caminan o como besan. Como sonríen al hablan y como lloran al escuchar. Poco más conseguimos saber de las gentes con las que nos cruzamos a diario. Qué interesante resulta observar el esfuerzo o la habilidad del que narra al retratar, con un simple rasgo, la fisonomía de un personaje. ¡Cuánta belleza en esos trazos!:

 

 

Parecía seco y difícil, decían que era un pesimista, pero era tierno y solidario, creía en el hombre y en el futuro.
Jorge Amado
Navegación de cabotaje

 

***

 
Era don Marcos de mediana estatura, y con la sutileza de la comida se vino a transformar de hombre en espárrago. Cuando sacaba de mal año su vientre, era el día que le tocaba servir la mesa de su amo, porque quitaba de trabajar a los mozos de plata, llevándoles lo que caía en sus manos más limpio que ellos lo habían puesto en la mesa, proveyendo sus faltriqueras de todo aquello que, sin peligro, se podía guardar para otro día. Con esta miseria pasó la niñez, acompañando a su dueño en muchas ocasiones dentro y fuera de España, donde tuvo principales cargos.

María de Zayas y Sotomayor
Novelas ejemplares y amorosas (El castigo de la miseria)

 

***

Se sobresaltó y levantó los ojos. Casi había tropezado con ella… una anciana apergaminada con el rostro tan surcado de arrugas breves y finas, que descendían en diagonal por su piel marchita, como una lluvia. Estaba agachada. Un delantal a rayas blancas y azules cubría la delantera de su vestido de raso negro deslustrado. Los blancos de sus ojos eran turbios como un colmillo de elefante viejo y estaban cautivos por una red de venillas rojas. Tenía las ventanas de la nariz húmedas. Entre su frente y el pañuelo blanco que llevaba en la cabeza, una peluca parda y rígida sobresalía como una repisa.

Henry Roth
Llámalo sueño

 

***

 

…Entonces vi como era. Llevaba unos pantalones oscuros, hasta media pantorrilla, y un chaleco pardo, del que asomaban los hombros y los brazos desnudos. Pero su carne era como la tierra del campo. Tenía su forma y su color. En lugar de pelo, le nacía una espesa mata de musgo, y tenía en la coronilla un nido de alondras con dos pollos: La madre revoloteaba en torno a su cabeza. En la cara le nacía una barba de hierba diminuta cuajada de margaritas, pequeñas como cabezas de alfiler. El dorso de sus manos también estaba florido. Sus pies eran praderas y le nacían madreselvas enanas, que trepaban por sus piernas, como por fuertes árboles. Colgada del hombro llevaba una extraña flauta.

Rafael Sánchez Ferlosio
Industrias y andanzas de Alfanhui

 

***

 

Mosén Soler era un vejete blanco-rosado, con el cabello fino de color paja, pequeñito, bien conservado, pulido, de una calidad de celuloide, redondete como un conejito. Sus ojos vivos, con un toque amoratado, desprovistos de fuerza inquisitorial, admirablemente conformes con la matización de su frase y de su adorable gesticulación, muy ponderada, lo hacían simpatiquísimo. Era de un trato dulce, azucarado, acuciante. Era “cariñoso”. Éste es el hecho irreparable.

Josep Pla
El cuaderno gris

 

***

 

Casi inmediatamente después de pronunciar mi nombre, vi al joven monarca descender de su trono sonriendo con amplitud y dirigirse hacia mí con los brazos abiertos. Al observar su silueta a contraluz pude hacerme la primera idea sobre el hombre que había guiado mis pasos desde que crucé la frontera. Alfonso X era un hombre joven; no obstante, conforme atravesaba las losas del salón y se iba acercando, constaté que representaba su verdadera edad: treinta y seis años. Llevaba el cabello sobre los hombros y la barba recortada en punta, lo que confería a su semblante, fino de por sí, una apariencia dura y distante. Pero era una falsa impresión. Cuando se aproximó, la expresión de su cara destilaba cercanía. Los ojos estrechos y almendrados, de un azul veraniego, envolvían una mirada muy cálida. Por lo demás, aunque parecía moverse con despreocupación, sus gestos invitaban al encuentro. Cruzó la sala con detenimiento, intercambiando saludos y pequeños comentarios con algún cortesano, complementados con leves apretones en el brazo o el hombro, que delataban conocer y saber usar el lenguaje del cuerpo.

Pedro Jesús Fernández
Peón de Rey

 

***

 

Su cuerpo frondoso y blando despedía un aura de salud y plenitud que iba a concentrarse en el rostro, en donde los ojos de un violeta azulado y cierta regularidad céltica de las facciones, daban aún fe de una belleza que debió ser notable.

Álvaro Mutis
Abdul Bashur, soñador de navíos

 

***

 

El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo. Calzaba sandalias de pastor y la túnica morada que le caía sobre el cuerpo recordaba el hábito de esos misioneros que, de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sertón bautizando muchedumbres de niños y casando a las parejas amancebadas. Era imposible saber su edad, su procedencia, su historia, pero algo había en su fachada tranquila, en sus costumbres frugales, en su imperturbable seriedad que, aun antes de que diera consejos, atraía a las gentes.

Mario Vargas Llosa
La guerra del fin del mundo

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Dar las gracias 6: El retrato 1

  1. Carmen

    Muy, muy interesante El retrato. Me ayuda y me enseña para el trabajo con mi grupo. Cecilio, en resumen y una vez más, ¡gracias por este blog!
    Un saludo.
    Carmen

    • cecibustos

      Carmen:
      Es verdad, el retrato literario suele tener un gran interés y hay autores que alcanzan sus máximas creaciones describiendo a sus personajes. Hace tiempo que me entretengo en guardar algunos de estos retratos y espero incorporarlos al blog en nuevas entradas.
      Gracias por tu comentario.
      Un beso,
      Cecilio

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