Aula de Poesía José Luis Sampedro (XVI) Ricardo Lorenzo y la poesía de Rubén Darío y Jorge Luis Borges

 

RICARDO LORENZO

 Dos poetas de América pasados por España: Rubén Darío y Jorge Luis Borges (“Entre tigres y cisnes”)[1]

 

Cecilio Fernández Bustos

        Señoras y señores…

De nuevo nos volvemos a reunir bajo la atenta mirada de la Poesía constituida en columna vertebral de nuestros encuentros. Hoy, con Rubén Darío, me siento transportado a mi adolescencia; aquellos tiempos en los  que ejercía de ‘Rapsoda’ y participaba en los concursos de ‘Gaseosa La Campiña’ que presentaba y dirigía Alfonso del Coso en la emisora local. Han pasado muchos años pero aún podría deciros de corrido ‘La marcha triunfal’: ¡Ya viene el cortejo! / ¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines. / La espada se anuncia con vivo reflejo; / ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.  

        En la misma medida que vamos cumpliendo años, vamos incorporando a nuestras vidas nuevos recuerdos para nutrir nuestra memoria. Ayer, sólo ha pasado un año, presentábamos el ciclo invierno-primavera 2006 y decíamos entonces, “en este segundo ciclo iniciamos una nueva dimensión del Aula de Poesía José Luis Sampedro: la inclusión de sesiones dedicadas a poetas locales. Así, el próximo martes, día 23, estará con nosotros Gregorio Sánchez Sánchez…” Y sí, Gregorio estuvo con nosotros aquel 23 de enero e hizo una lectura brillante de sus magníficos sonetos. Como muchos de ustedes saben el pasado noviembre (creo recordar que fue el día 13) nuestro poeta, nuestro amigo Gregorio Sánchez falleció. Hoy lo recordamos aquí en sentido homenaje a su memoria.

        El ciclo que hoy inauguramos, cuarto de la II Época del Aula de Poesía José Luis Sampedro. Nos acercará tres voces consagradas de la poesía española: el 12 de febrero estará con nosotros Blanca Andreu; el 11 de Marzo Aurora Luque, ya conocida nuestra, que, en otro espacio, la Biblioteca Álvarez Quindós, nos presentará el libro POESÍAS de María Rosa de Gálvez; el 8 de abril, ay, el 8 de abril, Ángel González, el poeta que, según Emilio Alarcos, “…no improvisa nunca. Ha ido acumulando, lenta, conscientemente, palabra sobre palabra, de modo que todas ellas conserven el ser de lo que se llama palabra: algo significativo y que a la vez suene; algo vivo y no peso muerto…” que nos sirva a los demás y que nos enriquezca. Aunque todos ustedes saben que en la madrugada del pasado sábado Ángel González, el amigo del alma de Caballero Bonald, falleció en Madrid, el Aula de Poesía mantiene la fiesta prevista, 8 de abril, en homenaje a la memoria del poeta asturiano. Hoy, solos, como el poeta en vida definía al hombre, solo y apresado en unos límites finitos escasos; hoy solos, ya sin él, un poema de Sin esperanza, con convencimiento, su segundo libro, publicado en 1961:

El invierno
 
 El invierno
de lunas anchas y pequeños días
está sobre nosotros. Hace tiempo
yo era niño y nevaba mucho,
mucho. Lo recuerdo
viendo a la tierra negra que reposa,
apenas por el hielo
de un charco iluminada.
Es increíble: pero todo esto
que hoy es tierra dormida bajo el frío,
será mañana, bajo el viento,
trigo.
        Y rojas
amapolas. Y sarmientos…
Sin esperanza:
la tierra de Castilla está esperando
—crecen los ríos—
con convencimiento.

 

        De otra parte, siguiendo la pauta iniciada con Gregorio Sánchez, la voz de poetas locales y que, en esta ocasión nos trae las voces de: Montserrat Doucet, nuestra embajadora de la poesía española en tierras americanas; Juan Carlos Jiménez, poeta finalista en dos ocasiones del premio Adonais y formador de escritores y poetas en el Taller de lenguaje de la Universidad Popular; y, Sor Manuela Martínez, esa mujer que vemos a diario recorriendo nuestras calles buscando un trabajo para tantos otros y que esconde un corazón pleno de amor y de lirismo. Seguiremos el trabajo iniciado con el Premio Villa de Aranjuez de Poesía, con la intención de crear en la calle de las infantas un bosque de poemas. Y, por último, esa dimensión de traer hasta el Aula la voz de grandes poetas ya fallecidos y que en esta ocasión lo dedicamos a dos de los más grandes poetas de América: Rubén Darío Y Jorge Luis Borges. 

 

        Para hablarnos de esos dos poetas de América, está hoy con nosotros Ricardo Lorenzo. 

“En la vida todo es recuerdo, recuerdo no sólo individual, sino colectivo, recuerdo que se puede decir que es consciente o inconsciente, porque en él van no sólo los de nuestra existencia, sino los de la experiencia de nuestros antepasados”  Pío Baroja

…y un pañuelito rojo al cuello hecho con un recorte del pañuelo de seda del gitano.”  Ricardo Lorenzo

 

        “No son niños. Son estatuas” Así comienza Ituzaingo-Ituzaingó, la novela que Ricardo Lorenzo publicó en Buenos Aires en 1999. Alguien saluda desde un tren en marcha a un grupo de niños que al lado de las vías juegan, disfrazados, a ser estatuas. Y es así que la vida, que se ha ido quedando en la memoria, agazapada y sumisa las más de las veces, pero otras rutilante y gritadora, surge como un espejismo fuerte y deslumbrante que nos impide las certezas más cercanas. No conozco Buenos Aires, no anduve nunca por allí, pero guardaba intacta una imagen que me hacía dudar de esa afirmación: “— ¡Vayan abriendo cancha, señores, que la llevo dormida!”[2] (cuando tengan un rato lean El hombre de la esquina rosada) Porque leer a Borges nos traslada a los mundos diversos por los que han caminado sus pies y por los que ha discurrido su apasionada imaginación… De este modo al enfrentarme a la novela de Ricardo Lorenzo me angustiaba la duda del encantamiento que había de producirme la ciudad, sus barrios, sus gentes y, sobre todo, el lenguaje platense que es algo parecido a un incansable poema, pues, lo verán ustedes, cuando habla un argentino toda palabra se transustancia en música y emerge el espejismo de los sonidos y los silencios de lo inmenso y lo cercano, como las catedrales góticas o los grandes espacios en las sinfonías de Gustav Mahler.

        Y de allí, de Buenos Aires, de sus calles y sus plazas llegó a España en 1977, huyendo de la represión de otra dictadura, la de Videla, el abogado y escritor Ricardo Lorenzo Sanz. Y ya aquí, entre nosotros, anduvo por las redacciones de periódicos y revistas en Barcelona, Madrid, San Sebastián y, últimamente, de esto hace ya cinco años, reside en Aranjuez; es, pues, nuestro vecino.

        Sus sueños de creador y sus sueños de utopías, han hecho de este argentino un trabajador incansable, un luchador aguerrido cuya arma es la palabra y el idioma que nos es común y que él maneja con excepcional soltura. De este modo la poesía y la literatura en general le sirven para ser y afirmarse en la fantasía y en la realidad. Y, como heraldo de la modernidad, se afana en un trabajo de divulgación, análisis y crítica del acontecimiento cultural. Acabamos de iniciar un año nuevo y la vida, pese a tanto profeta de la retórica del desastre, nos invita a seguir viviendo el sueño y el temblor de nuevas utopías. Así, son muchos los ciudadanos conscientes de que, como dice otro Premio Príncipe de Asturias, Claudio Magris, “…el mundo no puede ser redimido de una vez para siempre y cada generación tiene que empujar, como Sísifo, su propia piedra, para evitar que esta se le eche encima aplastándole. La conciencia de estas cosas suponen la entrada de la humanidad en la madurez espiritual, en esa mayoría de edad de la razón que Kant había vislumbrado en la ilustración.”[3]

        Esta tarde, Ricardo Lorenzo, nos va a situar ante la obra de dos poetas que, como él, nacieron y se hicieron en América.

        Los versos del exuberante nicaragüense Rubén Darío, como no podía ser menos, seguramente están bullendo ahora mismo en todas nuestras cabezas. Hay, no lo dudo, para todos los gustos; incluso para los que, como yo, vamos amontonando los años cumplidos y que nos hieren, tan sutilmente, aquellos versos: Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer. Hemos querido traer a Rubén Darío por el profundo significado de su obra entre nosotros y porque, como escribió Antonio Oliver Belmás, “…Honremos generosamente a los que nos precedieron en la lucha con la palabra y la idea y loemos su esfuerzo y su maravillosa entrega, porque honrarlos a ellos es honrar a los héroes. Su heroísmo nos ha abierto el camino. Rubén, además, fue el poeta de dos continentes, y en su yunque se agilizó el castellano y el verso se tornó dúctil y cristalino…”[4]      

        De otra parte Jorge Luis Borges, aunque entre nosotros, posiblemente, sea más conocido como narrador que como poeta, nos embosca desde la aceptación de su figura como la más absoluta figura literaria. Borges, todo él, es literatura. Y en su obra poética se enciende también, como en la narrativa, todo lo simbólico y todo lo mítico. Alguien ha dicho que el relato, el cuento —no la novela— es como un poema (como un poema o, más aún, un poema) y es en Borges donde más en profundidad puede apreciarse este aserto. Borges es, también más que nadie, un lector y de su lectura puede seguirse que quienes no somos capaces de escribir, aprendamos de él a ser lectores. Sólo una cita para alentar el debate que iniciáramos con Tomás Segovia sobre el verso libre. Dice Borges: “Como todo joven poeta, yo creí alguna vez que el verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé que es más arduo y que requiere la íntima convicción de ciertas páginas de Carl Sandburg o de su padre, Whitman”[5]

        Lo decimos en este día: hoy, que mañana será pasado, aunque todavía hoy, mañana sea futuro. Así, un hombre de hoy nos hablará de dos hombre de ayer que, he ahí la paradoja, no son pasado porque su obra, su poesía, su sentir y su pensar, se hace presente, aquí y ahora, entre nosotros. Para oficiar este encuentro con “Dos poetas de América pasados por España: Rubén Darío-Jorge Luis Borges (Entre tigres y cisnes), Ricardo Lorenzo.


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

[2] José Luis Borges.- El hombre de la esquina rosada

[3] Claudio Magris.- Utopía y desencanto

[4] Antonio Oliver Belmás.- Rubén Darío a la luz de su centenario

[5] Jorge Luis Borges.- Prólogo. Obra poética, 1923/1977

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2 comentarios

Archivado bajo Poetas y narradores

2 Respuestas a “Aula de Poesía José Luis Sampedro (XVI) Ricardo Lorenzo y la poesía de Rubén Darío y Jorge Luis Borges

  1. Graciela Artaza

    Soy una muuuuy vieja admiradora de Ricardo Lorenzo Sanz. También soy de Ituzaingo-Ituzaingó.

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