JORGE GUILLÉN: Mecánica celeste

Cecilio Fernández Bustos 

 

Esta luz, este río son destino. Ya ¿sin interrogaciones? Sí, y con ellas.

Claudio Rodríguez

 

Jorge Guillen nació en Valladolid, en 1893, y murió en Málaga, en 1984. Estudio filosofía y letras en la Universidad de Madrid, alojado en la Residencia de Estudiantes, y se licencio en la Universidad de Granada. Ejerció la docencia en universidades españolas (Murcia, Sevilla) y también en universidades europeas (lector de español en La Sorbona y en Oxford). Durante la guerra civil estuvo preso, logrando salir de España en 1938 para establecerse en Estados Unidos. Ya en el exilio, como tantos otros, enseñó literatura española en universidades de Colombia, México, Puerto Rico y Estados Unidos.

         Tras la muerte de Franco se estableció de nuevo en España donde recibe el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispánicas, en 1976. En 1978 se le concedió el nombramiento de Académico de honor de la Real Academia Española.

         Jorge Guillén fue uno de los más destacados integrantes de la Generación del 27. Considerado, según algunos autores, como el máximo representante de la poesía pura en España (“Poesía pura es todo lo que permanece en el poema después de haber eliminado todo lo que no es poesía”[1]). Su obra poética está recogida en tres libros: Cántico, el primero y más importante de estos libros, reúne la poesía producida entre 1919 y 1950; Clamor, 1949-1963; y Homenaje, publicado en 1967. El poeta, con esta última publicación, da por completada su obra poética: Hemos llegado al fin y yo inauguro / Triste mi paz: la obra está completa.

         Jorge Guillen colaboró y publicó en numerosas revistas y en periódicos. Es autor de una importante obra crítica. Ha traducido a Paul Valéry (entre otros poemas El cementerio marino). Guillén conoció a Valéry cuando era lector de español en la Sorbona, consolidándose entre ambos una gran amistad y compartiendo elementos sustanciales sobre la teoría de la poesía. Guillén fue introductor del poeta francés en España. Desde Madrid siempre ha sido un paseo muy agradable acercarse a conocer los jardines de Aranjuez y ambos, con otros amigos, visitaron La Isla y El Príncipe. Y, cómo no, pasearon por la Calle de La Reina.

         El poema que traemos a esta entrada, Mecánica celeste, pertenece al poemario Aquí mismo,  número 4 de Cántico. El poema se estructura en tres partes y la primera —El campo, la ciudad, el cielo—, bien pudo haberle inspirado a Jorge Guillén, en esta ocasión, los jardines y el paso del Tajo por Aranjuez, en una de aquellas visitas que hizo a esta villa acompañando al simbolista francés.  

¡Gracias estatuas! / Jardín de 'El Parterre', Aranjuez (C/F)

 

MECÁNICA CELESTE

 

EL CAMPO, LA CIUDAD, EL CIELO
 
Río en la ciudad. ¡Qué grande!
Por sus aguas aun verdes
Llega el campo de antes.
Plátanos de avenida
En avidez presienten
Un aire sin esquinas.
¿Conquistan las estatuas
Incansables, por fin,
El cielo de las plazas?
Río otra vez. Y parte
Con su campo. No acoge
La avidez de las calles.
Pero no importa. ¡Gracias,
Gracias, estatuas! Ya
Va el cielo entre las casas.
 
 
TRASLACIÓN
 
La luz quiere más luz,
Más cristal, más nivel,
Formas de prontitud,
Abandonar las dichas
A los suelos veloces
De las calles tan lisas,
(Ahínco de las piedras
Correctas entre nervios
Que las mantienen tensas)
Y resbalar por pistas
Indefinidamente
Portadoras y guías.
Ciudad en traslación
Hacia una claridad
De estrellas sin error.
 
 
NOCHE CÉNTRICA
 
Sobre suelos de estrella,
Con ardor fabulosas,
Noche y ciudad rielan.
En el asfalto fondos
De joyerías cándidas
Se aparecen a todos.
Letras de luz pronuncian,
Silabario del vértigo,
Palabrerías bruscas.
Las calles resplandecen.
Son óperas de incógnito.
Quisieran ser terrestres.
Óperas, sí, divinas,
Que se abren por las noches
En las estrellas vivas.

[1] Afirmación de Paul Valéry en conversación con Jorge Guillén

Plátanos en avenida. Jardín de El Príncipe, Aranjuez (C/F)

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4 comentarios

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo

4 Respuestas a “JORGE GUILLÉN: Mecánica celeste

  1. Estimado Cecilio, tus palabras siempre tienen un contenido agradable y muy rico.
    Gracias por aportar a mi humilde trabajo tu comentario.
    Es cierto que cuando leo tus trabajos aprecio un estilo en tus palabras que conduce a hacer un esfuerzo por escribir mejor… y por otro lado me conformo y me siento afortunada de poder contar con tus comentarios.
    Respecto al poema de Jorge Guillén podría decir que he sentido muy profundamente lo que él mismo sentía cuando mencionaba a las estatuas.
    Muchas gracias, y ¡hasta pronto!

    • cecibustos

      Pilar:
      ¡Gracias por tu comentario!
      Aquí sigo con Jorge Guillén y contemplo con él “¡El pulso de la corriente!”
      Saludos,
      Cecilio

  2. Cecilio: gracias por estas tres joyas que nos traes hoy y por el engarce 😉

    Yo vuelvo ya a esa incorregible península, como le dice Juan Goytisolo.

    Un abrazo

    • cecibustos

      Alberto, gracias por tu consideración. Para preparar esa entrada le he prestado una atención especial a Jorge Guillén y a su poesía. No debemos olvidar a los poetas del 27, sus poetas tienen un verdadero don. Guillén prescinde de todos los elementos excesivos, renuncia a los adornos. Hay tanto que aprender.
      Te deseo un buen retorno y un sosegado comienzo de curso.
      Ya te diré algo de la excelente entrada que acabas de dejar en tu blog (Blog de Lengua Española)
      Saludos,
      Cecilio

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