GLORIA FUERTES

Cecilio Fernández Bustos

 

Mi poesía se parece mucho a mí, pero en la nariz ha salido a Dios.

Gloria Fuertes

 

Como sucede tantas veces con los creadores españoles, a Gloria Fuertes, pese a su venida al mundo en el barrio de Lavapiés y haber proclamado su voz por calles, bares, colegios, radios y televisores, muy pronto la hemos olvidado. ¡Qué pena! Tal vez por ello, en su cabeza, se siguen machacando nueces y algunos ojos, de color naranja, siguen haciendo ruido al cerrarse. 

        Conocí a Gloria Fuertes en 1968. Ella también frecuentaba la librería Cultar y fue allí donde me dedicó su libro Poeta de guardia, recién publicado en “El Bardo”, colección de libros de poesía dirigida por José Batlló y soportado, en aquellas fechas, por Ciencia Nueva. La dedicatoria que estampó Gloria en el libro dice: A Cecilio Fernández siempre entre libros buenos y amigos mejores uno de ellos, Gloria Fuertes. 

Poeta de guardia (1968). Dedicatoria

         Luego vendrían los tiempos del café teatro ‘Leidy Pepa’ y la compañía de Ismael (¿Dónde vas carpintero…?) En aquel local asistí por primera vez a una la lectura de poemas de Gloria Fuertes. Yo entonces trabajaba en una galería de arte (Tendar) que abría sus puertas en la calle San Mateo (todo lo que cuento sucedió en Madrid). El local donde leía la Poeta de Guardia estaba muy cerca de la tienda de arte y una noche, un grupo de amigos, entre los que estaba Paco Izquierdo, nos acercamos a tomar una copa y escuchar la palabra de aquella excepcional mujer que prestaba su cuerpo a los pájaros para que anidaran en ella: Los pájaros anidan en mis brazos, / en mis hombros, detrás de mis rodillas, / entre los senos tengo codornices, / los pájaros se creen que soy un árbol. 

         En diversas ocasiones y desde las asociaciones de padres de alumnos de los colegios donde estudiaron mis hijos, la invité a dar lecturas de sus poemas. Ella decía que iba por los pueblos y aldeas de España llevándoles su libro vivo, en su voz, cascada y rota, a los que no compraban libros. Siempre con un ejemplar de sus Obras incompletas en las manos,  encantadora y sonriendo, te espetaba aquello: Me duele el alma más aún que el cuerpo / me decía un leproso enamorado; / me duele allí, allí en el costado / del mar donde mi amor habita. / Me duele la distancia, es infinita / para mí ya sin piernas desahuciado / me duele más su pena que mis costras / me duele más la suya que mi cortada mano. Y tras un trago amargo de dolor, la recompensa del humor en forma de ironía sutil. Ahora sí, podrías gozar de la gloria de Gloria degustando una copa y una amena conversación…

         Muy pronto nos hemos olvidado de la poeta y de su obra. Mala cosa para un pueblo que practica el culto a personalidades de ‘pega’ y que se olvida de aquellas que tanto dieron, con su vida y su obra, a la causa de la amistad, la libertad y el regocijo. Nadie como ella para desmitificar la egregia figura del creador que vuela fuera del espacio y del tiempo; ella no, volaba bajo, entre los corazones de las gentes grandes y los niños, y también daba a la caza caza. Sus poemas, como pocos otros, eran para ser leídos muy de cerca y conmover a los oyentes.

         Pero Gloria tuvo la torpeza de morirse un día cualquiera, 27 de noviembre de 1998. Y con su muerte se apagó su voz. Se fue su risa y nos quedó el silencio. Pero su obra, sus poemas están ahí, puedes leerlos o si prefieres olerlos y comerlos. Si los digieres bien, podrás decirlos de corrido, en voz alta, con pausas y sonrisas. Y tú, también dirás, como dijera ella: Anda, pasa. / Pasa, anda, / no tengo más remedio que admitirte,…   

Siempre de guardia (fotografía de Obras incompletas. Cátedra, 1981)

 

3 poemas de Gloria Fuertes

 

CABRA SOLA

 

Hay quien dice que estoy como una cabra;

lo dicen, lo repiten, ya lo creo;

pero soy una cabra muy extraña

que lleva una medalla y siete cuernos.

¡Cabra! En vez de mala leche yo doy llanto.

¡Cabra! Por lo más peligroso me paseo.

¡Cabra! Me llevo bien con alimañas todas.

¡Cabra! Y escribo en los tebeos.

Vivo sola, cabra sola

—que no quise cabrito en compañía—,

cuando subo a lo alto de este valle,

siempre encuentro un lirio de alegría.

Y vivo por mi cuenta, cabra sola;

Que ya a ningún rebaño pertenezco.

Si sufrir es estar como una cabra,

Entonces sí lo estoy, no dudar de ello.

 

 

CUANDO EL AMOR NO DICE LA ÚNICA PALABRA

 

Cuando algo nuestro intacto

se funde y me confunde,

—somos uno en dos partes

que sufre por su cuenta—,

desesperadamente algo nuestro se busca

sin ayuda de nada algo nuestro se encuentra.

La unión se realiza,

la ausencia no atormenta,

el dolor se desmaya,

el silencio se expresa,

—cuando el amor no dice

la única palabra

está escrito el poema—

Alto y profundo es esto que nos une,

esto que nos devora y que nos crea;

ya se puede vivir

teniendo el alma

del que esperas;

pena es tener tan sólo una vida

—sólo una vida es poco

para esto

de querer sin recompensa—.

  

TODAVÍA… 

Todavía hay gente que al viento le llama céfiro,
y hay quien a lo cursi lo llama poesía,
y a la Poesía, locura.
Todavía hay quien canta a la luna.
¡Yo canto a los hombres de la luna!
A los arrabales de la luna,
a los ríos de leche de la luna;
pero todavía hay gente que se asusta,
se asusta cuando una mujer se pone las botas
para pisar mejor el barro,
se asustan porque somos listos,
porque Dios está con nosotros;
ven que nos quemamos y no comprenden las llamas;
porque componemos canciones previsoras
y al avisar gritamos;
porque en nuestros versos
no hablamos de lo que siempre se habló en los versos:
las olas, la boca, los pájaros.
¿Quien dice que en nuestros versos no hay pájaros?
¿Qué son estos gritos si no aves heridas?
No amar lo caduco, lo seco, lo blando.
¡Los poetas amamos a la sangre!
A la sangre encerrada en la botella del cuerpo,
no a la sangre derramada por los campos,
ni a la sangre derramada por los celos,
por los jueces,
por los guerreros;
amamos a la sangre derramada en el cuerpo,
a la sangre feliz que ríe por las venas,
a la sangre que baila cuando damos un beso.
Cantamos al amor.
A lo fresco.
A lo puro.
¡Estamos hartos de cuentos!
¡Y que aprendan los ñoños que el viento es el viento!
Y que cuando se ama, se ama,
y que sólo es pecado el mal comportamiento.

 

 

Gloria Fuertes

Bibliografía para adultos

  • Isla ignorada (1950)
  • Antología y poemas del suburbio (1954)
  • Aconsejo beber hilo (1954)
  • Todo asusta Caracas (1958). Primera mención del Concurso Internacional de Poesía Lírica Hispana
  • Que estás en la tierra (1962)
  • Ni tiro, ni veneno, ni navaja (1965). Premio Guipúzcoa
  • Poeta de guardia (1968)
  • Cómo atar los bigotes al tigre (1969). Accésit premio Vizcaya
  • Antología poética (1950-1969)
  • Sola en la sala (1973)
  • Cuando amas aprendes geografía (1973)
  • Obras incompletas (1980)
  • Historia de Gloria: (amor, humor y desamor) (1983)
  • Mujer de verso en pecho (1983)
  • Pecábamos como ángeles (1997)
  • Glorierías (1999)
  • Es difícil ser feliz una tarde (2005)
  • El Rastro (2006)
  • Se beben la luz (2008)

 

Fundación Gloria Fuertes

http://www.gloriafuertes.org/fundacion.htm 

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4 comentarios

Archivado bajo Jaula de los silencios

4 Respuestas a “GLORIA FUERTES

  1. Hola, Cecilio, Gloria Fuertes forma parte de mi infancia. Yo la veía siempre de niño en la televisión y me encantaba aquella señora y los poemas aquellos que recitaba. Yo no sabía todavía ni siquiera que aquello era poesía, y mucho menos que era poesía de calidad; pero así y todo me ayudó a desarrollar el gusto por la literatura. Ojalá hubiera algo así ahora.

    Un abrazo

    • cecibustos

      Alberto, siempre es bueno recordar un tiempo que pasó. Tiempo, no obstante, en el que fuimos. Tiempo en el que alentó no sólo el niño de ayer, sino el hombre de hoy.
      Gracias por tu comentario.

  2. carlos

    Cecilio:
    Como siempre certero en todas tus apreciaciones. Entono el mea culpa, pero cuando he leído tu invocación a Gloria, he revivido mi primer contacto con la poesía y tal vez antes con la poeta, una mujer a la que también tuve ocasión de molestar una vez al teléfono pidiéndole consejo para un adolescente que se dejaba tentar por la palabra escrita para verter en folios y cuartillas el dolor de vivir injustamente un aparheid que entonces apenas si pude entender. Personas como Gloria fueron las que me ayudaron a ser más fuertes y a crecer como los árboles, que solo tienen el cielo por horizonte.

    • cecibustos

      Carlos, hermoso recuerdo siempre el de haber tratado con Gloria. Supongo que sí, que te alentó para hacer más completa tu experiencia humana. Pese a la aparente sencillez de su lenguaje, siempre hubo en su obra y en su persona una sensibilidad poética nada fosilizada y plena de vigor.
      Gracias por tu comentario

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