AULA DE POESÍA (XV): JUAN CARLOS JIMÉNEZ

Preludio para Juan Carlos Jiménez: De la transparencia al gozo del amor apasionado o la flecha aquella que certera va justo al corazón

 

 

Cecilio Fernández Bustos

 

        Señoras y señores…

El trajinar de la memoria puesta en Grecia de nuestra anterior poeta y el acierto de Margarita Martínez en su brillante crónica en el ‘4 esquinas’ gravita todavía en la madera de este techo que nos acoge. Es probable que, prendidita a esa madera, quedase su palabra como rumor de insecto o presencia de duende. Y es que, como reconocen algunos de los cronistas del Aula, Margarita, ya citada, y también Ricardo Lorenzo de ‘Aranjuez al día’, lo del martes pasado voló tan alto tan alto que estuvo a punto de darle a la caza alcance… Una vez más gracias a Blanca Andreu.

        Hoy he venido hasta aquí para ver y atrapar  a “…ese insecto / Que anida en los volantes de la luz.”[1] Ese insecto que va dejando por todos los rincones iluminados memoria de su presencia, para que la sustancia de los dioses y “la sustancia de todo lo vivido y todo lo por vivir”[2] pueda adherirse a mis neuronas. De este modo, el poeta que hoy nos acompaña puede hacer suya aquella afirmación de Juan Ramón en Espacio (tal vez el más grande de los poemas escritos por el poeta de Moguer): “No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esa fuga (rosas, restos de alas, sombra y luz) es sólo mío, recuerdo y ansias míos, presentimiento, olvido.”[3]

        Así, amigos míos, que si fuerte fue lo del otro día, prepárense que hoy, se lo prometo, vamos a temblar ante la luz del verso y el sabor —sí, sabor vegetal y mineral— de la voz de un poeta tan total que su propia figura (él dice que no, pero a mí me recuerda a Cesar Vallejo) define el límite entre el sueño hecho palabra y la palabra hecha signo de vida real, y es que para él “…la luz dejada entre las nubes y los almendros”[4] es el Amor. Ya que nuestro poeta, como dejara dicho Luis Cernuda, “…estando ya, no estaban, / pues entre estar y estar hay diferencia.”[5]

        Esta tarde nos acompaña Juan Carlos Jiménez para hablarnos de su poesía y leernos algunos de sus poemas. ¿Pero, quién es nuestro poeta de hoy y por qué le presentamos en el espacio Poetas en Aranjuez?

        Juan Carlos Jiménez nació en Tortosa 1967, es hombre que toca muchas teclas. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, en estos últimos tiempos y entre nosotros es quizá más conocido como formador del Taller de Lenguaje y Literatura de la Universidad Popular. Así, en ese ámbito, se ha venido moviendo por el Taller de Cuento, El taller de Poesía, La escritura creativa, El monográfico sobre Shakespeare y en Onda Aranjuez con el programa Albanta, “donde —como dice el mismo— cada semana era como una apuesta por todo lo literario, por construir un puente indestructible lleno de voces y latidos,…”[6]  Y ahí, en ese espacio de creación y difusión de la literatura, le hemos visto interpretar, como consumado y sensible actor, en los proscenios creados desde el trabajo didáctico con los  ilusionados alumnos.  

        Pero Juan Carlos es también escritor de creación y, sobre todo, un excelente poeta con siete, tal vez más, poemarios escritos. Cito en primer lugar, Oda al Ánthropos d’acero y Espigas de Saturno —finalistas del Premio Adonais en 1997 y 1998—. Les seguirán diferentes poemarios: Médula en llamas, El invierno de Eros y dos libros de ‘haikus’: Los telares de las nubes y  El bello pulsar de las cítaras. En 2007, Ediciones Marañón, en su colección Cuadernos de Poesía ha editado, con el título El Invierno de Eros, una selección de once poemas del poemario del mismo título. Y, en los últimos meses, ha finalizado un hermoso libro de poemas que lleva por título Lo que esconden las llamas.

        Como dramaturgo ha escrito y representado cinco obras dramáticas que llevan por título: Viaje al Parnaso, Eureka, Manzanas son de Tántalo, Infierno y La desconsolada. Tal vez sea la dramaturgia que habita en este creador la razón de que en sus poemas florezcan hermosísimos monólogos dramáticos. Hay un poema en Lo que esconden las llamas, Vita Nuova, en el que nuestro autor se apoya en el poeta florentino y su deambular por las calles al encuentro de su Beatriz, para decir:

        Yo callaba.

        En el silencio las calles enflaquecían huracanes

        Y había un filo de manos

        Y una certeza de luna descarnada

        Donde las ramas espantaban los crepúsculos. 

        En su intrahistoria poética tantea las diversas posibilidades de su estro armónico, desde una estética culturalista y un cierto ensimismamiento agónico —reflexión de enamorado, prendido de la belleza como un romántico— hasta la poesía mística, al menos en el uso de elementos (fuego, llama, cervato, cielo, nubes). Cuando hablamos de culturalismo, para que se nos entienda, nos referimos a lo que dice Guillermo Carnero cuando habla de los elementos de admiración poética que subyacen en la formación del poeta, y dice: «En la prehistoria psíquica del poema fundado en ella, en las primeras suscitaciones preconscientes que lo van a constituir, los referentes culturales están ya presentes, y son el nódulo alrededor del cual cristalizan las intuiciones cuyo desarrollo constituirá el texto poético. El culturalismo significa voluntad y destino de continuidad cultural; es signo externo de pertenencia a la tradición, reconocimiento de la relación deudora que mantenemos con ella y afirmación de su inagotable vitalidad. Es voluntad de señalar el enriquecimiento que la obra propia recibe en su familiaridad con esa tradición, cargada de hallazgos espirituales y estéticos.»[7]       De otra parte, apropiándome de una cita de de Juan Antonio González Iglesias, se me antoja la existencia de vínculos clásicos en la poesía de Juan Carlos Jiménez, por lo que hablo de él «bajo el signo de Horacio, maestro de todos nosotros, los poetas que nos atrevemos a explicar nuestra manera de hacer poesía. Reiteraré mis referencias

a los poetas romanos, no por mis estudios o mi profesión, sino porque se trata de un asunto esencialmente romano y, más en concreto, horaciano. Ezra Pound, uno de los grandes del pasado siglo XX, escribió en una carta: debemos adoptar el tono latino, porque los

poetas romanos fueron los primeros que tuvieron los mismos problemas que nosotros.»[8]

        Yo creo que, hace de esto unos pocos días, o, tal vez, unos pocos meses, o acaso fueran años, Juan Carlos se encontró herido, casi en las lindes de una quimera, aquel gorrión que perdiera Gustavo Adolfo Bécquer y, como no podía ser de otra manera, nuestro poeta lo llevó consigo a casa para sanarlo de sus heridas… y fue entonces, comprendió que un poema cabe en un verso… Y desde aquel día nuestro “…poeta —y maestro— es un acento, una inflexión de voz, una respiración. Modula el habla como modula el verso: arcilla encendida.”[9]

        Con todos ustedes Juan Carlos Jiménez…

 JUAN CARLOS JIMÉNEZ VÁZQUEZNació en Tortosa (Tarragona) en el año 1967, es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Inicia su incursión literaria con la Poesía de la que saldrá finalista en el concurso ADONAIS durante dos años consecutivos 1997-1998 con sendas obras: ODA AL ÁNTHROPOS D’ACERO Y ESPIGAS DE SATURNO. Le seguirán diferentes poemarios: MÉDULA EN LLAMAS, EL INVIERNO DE EROS; y dos libros de ‘haikus’, LOS TELARES DE LAS NUBES y EL BELLO PULSAR DE LAS CÍTARAS.         En el teatro igualmente ha escrito y representado cinco obras dramáticas que llevan por título: VIAJE AL PARNASSO, EUREKA, MANZANAS SON DE TÁNTALO, INFIERNO, LA DESCONSOLADA.         Trabaja de igual modo y con igual afán el mundo del Cuento del que prepara un libro que pronto verá la luz.

         En la literatura busca una nueva estética que permita aunar la imagen estética a la profundidad de la palabra, siendo LA BELLEZA y LAS PULSIONES HUMANAS su interés prioritario.

         En la actualidad vive en Madrid y trabaja en la Universidad Popular de Aranjuez y Alcorcón como Profesor de Literatura y Filosofía. Asimismo cabe destacar su labor como Presentador de un programa de radio en Aranjuez: ALBANTA. Discurre su quehacer literario entre clases de escritura de las que aprende tanto como enseña y tertulias de las que aprende aquello que no se enseña.

         Tiene otro interés: Que la Poesía no caiga en olvido, y que el verso ruede al alma, y que el corazón no esconda más su fruto.

         El Aula de Poesía José Luis Sampedro celebra la incorporación de una voz uncida a la transparencia y al gozo del amor apasionado a su selección de poetas grandes y cercanos.

 


[1] Luis Cernuda.- He venido para ver

[2] Juan Ramón Jiménez.- Espacio

[3] Juan Ramón Jiménez.- Espacio

[4] Juan Carlos Jiménez.- El incendio

[5] Luis Cernuda.- Cuatro poemas a una sombra: I La ventana

[6] Juan Carlos Jiménez.- Brochazos 2007.- Prólogo en su morada.

[7] Guillermo Carnero:- Cuatro formas de culturalismo (Conferencia pronunciada en Abril de 1999 la Asociación de Escritores de Extremadura)

[8] Juan Antonio González Iglesias.- Poética y poesía.—Fundación Juan March / Madrid, 2008

[9] Pere Gimferrer.- Imágenes sucesivas de Rafael Alberti.

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