LA MIRADA DE BAUTISTA FERNÁNDEZ

Un manchego en Aranjuez[1]

Cecilio Fernández Bustos

       

                                                           Para Mari y Aurora

“…Ser es, esencialmente, ser memoria. Por ello no deja de sorprender esa negación del propio ser que, paradójicamente, no podría tener futuro alguno, si no se funda sobre el presente y el pasado…”

Emilio Lledó

 

Bautista nació en La Mancha (Valdepeñas, Ciudad Real) y fue manchego convencido. Corría el año 1907, España andaba malherida por el secular atraso cultural, científico, económico y social. La primera década del siglo XX arrastraba todo el peso de la crisis de fin de siglo. No eran buenos tiempos para nacer. Pero Bautista nació y fue el tercero en el seno de una familia numerosa y humilde. La profesión del padre les llevó a él y a sus hermanos a recorrer algunos pueblos de la árida meseta manchega.

         Bautista era aún muy joven —poco más de 20 años— cuando llegó a Aranjuez. Acababa de licenciarse del ejército donde había servido en Aviación. En la Base Aérea de Cuatro Vientos (Escuela Civil de Pilotos) aprendió los rudimentos del mecánico que, más tarde, sería en Experiencias Industriales, S. A. —EISA, para los castizos de Aranjuez— donde empezó a trabajar en 1934. En esta empresa trabajó y ganó el pan para los suyos hasta su jubilación al final de los años sesenta.

         En Aranjuez casó con una ribereña, María Bustos Calderón, la mayor de una tupida prole —creo que once aunque yo sólo conocí a ocho— Y, en esta ciudad, junto a su mujer vivió el resto de su vida. Tuvo dos hijas y un hijo. Trabajó, amó, vivió y aquí, junto al Tajo, murió en marzo 1980 cuando los árboles se adornaban de yemas y primeras flores, pues, daba comienzo la primavera.

Plaza de Pamplona (Jardín del Príncipe, Aranjuez)

         Fue en la década de los cuarenta cuando sus tentativas con la pintura empiezan a cuajar. No es pintor de fábulas ni leyendas sino de los elementos cercanos y reconocibles y pinta con pasión de enamorado: lo hace con arrobo, disciplina e inspiración. Autodidacta pero observador que sueña y utiliza los sueños y la materia plástica con humilde constancia; acumuló todas las enseñanzas que le ofrecieron y que él, sin guardarse nada, ofreció o cuantos a él se acercaron buscando magisterio y le mostraron sus obras de iniciación. Siempre luchando con la dificultad de compatibilizar la subsistencia de los suyo con su pasión por la pintura. Ejerció de copista en el Palacio Real de Aranjuez y dio largos paseos hasta el palacio de La Flamenca con la misma finalidad.

         Pintó el paisaje de Aranjuez. Todo el paisaje, el cultural de los jardines y paseos arbolados y el desgarrado de los montes y los campos sin roturar. Desde el Castillo de Oreja a la Junta de los Ríos; desde Sotomayor a La Flamenca; desde el Mar de Ontígola a las Cárcavas; sotos de Las Infantas y El Embocador; olivos de Ontígola y de Valdeguerra. Conoció todos los rincones de los jardines y pintó otoños y veranos, inviernos y primaveras. Igualmente, de sus pinceles salieron hermosos bodegones y sentidas interpretaciones de las más bellas flores de las primaveras, los veranos y los otoños.    

Otoño en el Jardín de la Isla (Aranjuez)

         También le llamó la atención el mar y la cultura marinera. Al final de los años cuarenta y principio de los cincuenta (siempre hablamos del siglo pasado) realizó varios viajes a San Sebastián y a Santander para pintar el paisaje del Cantábrico. Más tarde, a partir de los años sesenta, realizaría, con frecuencia, viajes a Levante para pintar la cegadora luz del Mediterráneo.

         En 1954 conoció el paisaje de la Serranía de Cuenca y yo no lo abandonaría hasta los últimos años de su vida. Al hombro los bártulos de la pintura y en una mano los reteles para pescar cangrejos, esta era la imagen de Bautista en los meses de Agosto por Villalba de la Sierra, Uña, La Toba o Fuertescusa.

         La pintura de Bautista es un claro exponente de voluntad, observación, trabajo y pasión. Siempre anduvo envuelto en el vuelo del impresionismo. Un impresionismo no exento de singularidades que encontró en la policroma conjunción de los verdes y azules, de los cobres y los oros de los jardines de Aranjuez su más fecunda expresión.

Vista del Tajo (Aranjuez)

         De natural extrovertido, tenía una facilidad excepcional para hacerse amigo de cuantos pintores foráneos se movían por los jardines de Aranjuez. Recordamos algunos nombres: el nicaragüense Alejandro Alonso Rochi, el madrileño Cubas, el maestro Benjamín Palencia, Sixto Alberti y tantos otros que llegaban a esta ciudad para dejar constancia de sus oros y sus luces.  Durante muchos años compartió con Ángel Oliveras el honor de ser la referencia de un incipiente movimiento pictórico ribereño que fue adquiriendo adeptos para la pintura y para el arte.

         El diciembre de 1979, en las instalaciones provisionales de la Obra Cultural de caja Madrid, realizó su última exposición. Fue un éxito que le llenó de entusiasmo. Tras la celebración de esta exposición, ya en enero, enfermó gravemente y falleció en el mes de marzo de 1980.


[1] Bautista, 1907 / 2007. Exposición antológica

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2 comentarios

Archivado bajo De pintores y otros artistas

2 Respuestas a “LA MIRADA DE BAUTISTA FERNÁNDEZ

  1. El reconocimiento a la persona querida es sentir su presencia en la ausencia y da fuerzas para seguir el camino que tarde o temprano nos llevará a donde él camina, allí más allá de las estrellas; él plasmaba sus sentires en lienzo con pincel, tú en papel , en palabras ..y en ambos casos los sentimientos emanan con la misma espiritualidad que nos hace sentirnos cerca de él… de ti….
    De tal palo , tal astilla …. sin duda, habría sido un placer compartir camino con él, como se comparte contigo….. y enriquecerse ……

    • cecibustos

      Caminante
      Merece toda nuestra atención y respeto alguien que mira y lee nuestros trabajos y, como diría George Steiner, “Nos interroga. Nos obliga a intentarlo de nuevo. Convierte nuestros encubrimientos, nuestras parcialidades y nuestros desacuerdos, no en un caos “relativista”, en un “todo vale”, sino en un proceso de ahondamiento.” Mas si, como en el caso que nos ocupa, hace buena nuestra retórica por el hecho de evocar la figura del padre y se complace, también él, con este atisbo de memoria, hace que me sienta hondamente honrado.
      ¡Muchas gracias!

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