Pasan lentos los días 12

Cecilio Fernández Bustos

Ramillete 12

…su objeto de estudio y el objetivo último que cualquier libro acerca de la ética persigue, o debiera perseguir: hacernos más lúcidos, más ilustrados, más veraces, más honestos con nosotros mismos.

 Esperanza Guisan

  

156)  La vida, qué duda cabe, exige una pasión al menos. Sin embargo, son tantas las ocasiones no previstas que taponan los  ojos y dificultan la visión de aquello que nos importa, que, esa pequeña pasión que nos ocupa, se nos pierde como agua vertida entre las manos.

157)  Si lo pensamos despacio ¿quién no quiere alentar tras los límites de nuestros propios contenidos?, ¿quién no quiere alcanzar la transparencia? 

158)  Como tú, como yo, que, tejiendo y destejiendo la luz,  vamos componiendo tantas historias.

159)  El hombre puede llegar a ser el principal y más cruel depredador del hombre. Y, para no devorar o ser devorado, debemos esforzarnos por alcanzar un alto grado de mimetización.

160)  La muerte acecha siempre. Pero a ciertas edades no solo acecha, sino que está sentada, junto a ti, en el salón de tu casa.

161)  Oír sí, pero escuchar: qué cosa tan difícil escuchar.

162)  El ciego no ve la fruta y tal vez no puede tocarla, mas si el zumo de ésta llega a su boca al instante sabrá cual es su nombre. Así el amante, aunque le arranquen los ojos, con solo un beso sabrá que está en los brazos de la amada.

163)  Frecuentemente, cuando tratamos de vislumbrar la realidad, nos sentimos envueltos en unos límites estrechos. Son esos vínculos que nos atan a grandes o pequeñas solidaridades e intereses –amores y desamores–. Se trata de esas múltiples adherencias que en forma de cultura o pasión contribuyen a deformar nuestras percepciones. Así, cuanto más capaces seamos de sacudirnos tanta ‘ganga’, más dispuestos estaremos para captar una aproximación a la realidad. De este modo estaremos facilitándole a  nuestra mirada la posibilidad de ver, la posibilidad de mirar y ver.

164)  Tal vez eso: sólo memoria. Presencias que se adhieren al polvo del camino y se quedan ahí, sobre los ojos.

165) Hay que aproximarse a la historia que nos brilla en las manos como memoria. Mirar hacia el ocaso y, habitados por la duda, caminar erguidos. Y no cerrar ninguna puerta tras de ti, pues eres sólo distancia entre dos límites: nacimiento y muerte.

166)  Ayer, los humanos, necesitábamos del esfuerzo físico para realizar el trabajo que nos encomendaba la sociedad –en el fondo era la necesidad y la subsistencia–. Hoy, sólo en las llamadas sociedades desarrolladas, han ido desapareciendo muchos de los trabajos que requerían esfuerzo de nuestra masa muscular y de nuestras articulaciones. De este modo, el ejercicio físico para mantener nuestro cuerpo en forma se constituye en ocio necesario. Así, los que ayer sufrían extenuados para ganar el pan, hoy sufren extenuados por placer, salud, o simple parecer.

 167)  Las sociedades llevan, en sí mismas, un conjunto de indicadores que nos hablan de desarrollo, evolución cultural, modernización. Así, podríamos hablar de la extensión de la alfabetización y la escolarización, de la cultura de masas, de la liberación política de las sociedades mediante emergentes procesos de democratización. Y, ¡cómo no!, mediante la evolución cultural y jurídica de la eliminación de situaciones injustas y de marginación social. Indicadores todos que nos hablan de la profundización de la tolerancia y, como consecuencia, de la libertad.

168)  ¿La felicidad?: tal vez eso que otros llaman locura. ¡No, amigo mío! La locura es una enfermedad y más allá de la literatura la enfermedad es un mal. Sí, tal vez la más terrible de las infelicidades. Y tú y yo contribuimos a potenciar esa infelicidad cuando marginamos al enfermo. Otra maldad sobre nuestras espaldas: sí, la tuya a la mía.

 169) Silencio, sólo silencio para ocupar el hueco que ha dejado tu ausencia.

170)  Las casas de hoy, todas iguales, estabulan al hombre, lo comprimen, lo hacen vulgar. Las casas de hoy no tienen sombras ni desvanes. Las casas de hoy no dejan pequeñas huellas en las almas.

 171)  Si dormido no sueñas, será que dedicas la vigilia a ese menester.

172)  ¿Qué haremos cuando la vida diga: hasta aquí hemos llegado?

 173)  Cuanta ocasión perdida por no tomar nota a tiempo.

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1 comentario

Archivado bajo De este caminar

Una respuesta a “Pasan lentos los días 12

  1. carlos

    Cecilio:
    no sé si esta página me remite a tus últimos escritos. Estoy imprimiéndolo para leerlo con calma y paladearlo mañana mientras desayuno.
    Mañana te escribo mi comentario.
    Un abrazo.

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