ARANJUEZ EXISTE PORQUE EXISTE EL MUNDO

Cecilio Fernández Bustos

 

                                                                A mi amigo Pablo Piquer

 

 

                            “La mirada es quien crea,

                                   por el amor, el mundo,…”

                                   Luis Cernuda

 

“…la perspectiva o, si se quiere, más generalidad, lo que ha traído la perspectiva: la ciudad concebida como ‘vista’. El barroco, es más, contempla el mundo como una ‘vista’. Con anterioridad se estaba dentro del mundo, se estaba entre las cosas, pero no se tenía la lejanía ni la visión en profundidad para que estas cosas se organizaran en una ‘vista’ en un panorama.” 

Fernando Chueca Goitia 

 

         Mirar y ver. Y, tras ver, conocer. Y, cuando has conocido, amar. Mirar, ver y amar un paisaje, una flor, una mujer, el mar, una ciudad. Y, porque amas, entras en ese juego mágico y pasional de la posesión. Más tarde la mirada se convierte en sustancia del amor, de la pasión y de la posesión; después el incendio de la voz y la palabra que se revela y cuenta y dice y canta. Y de este juego, revelación y también rebeldía, miradas entrecruzadas y, cómo no, posesiones mutuas: “También para escribir sobre una ciudad hace falta haber sido previamente poseído por ella.” [1] 

         Hace de esto varios años. En un foro público, creo que se trataba de un Pleno de la Corporación Municipal, hice una afirmación que sirvió para la guasa colectiva. Nunca supe del por qué de la chufla: en cualquier caso, lo que dije no deja de ser una verdad de Pero Grullo válida para esta ciudad y, posiblemente, para algunas otras. Dije: Aranjuez existe porque existe el mundo. Nada más y nada menos. Hoy, como sigo estando de acuerdo, reitero aquella afirmación y voy a tratar de explicar lo que, en el contexto primero, significaba la obviedad de esta tesis.

         Para empezar es bueno recordar que Aranjuez, y no así otras ciudades, tiene un origen un tanto ‘artificial’; es un invento desde arriba. De este modo, más que ser una ciudad que emerge desde dentro, Aranjuez es una ciudad que empieza a ‘ser’ por unos propósitos que se producen extramuros. En esta ciudad lo centrífugo surge como reacción a tanta presión concitada por fuerzas centrípetas. Ya, en este momento del discurso, se nos manifiesta una situación que, sin ser el objeto de nuestra reflexión principal, nos podría permitir sustentar, sin mucho más, nuestra afirmación: Aranjuez existe porque existe el mundo. Es decir, si Aranjuez ha surgido de una propuesta intrínsecamente forjada fuera de, desde otro mundo que, por supuesto, existía antes que nuestra ciudad, puede decirse que Aranjuez existe porque existe, porque existía ese otro mundo.

Aranjuez.- Palacio Real (fotografía de C. Fernández)

         Esta primera argumentación, simplista donde las haya, podría ser suficiente. Pero, no es éste nuestro propósito. Nuestra intención es la reflexión y el análisis, a propósito de la profunda significación que el fenómeno de la globalización puede representar no sólo en el ámbito de la economía, sino en el de la cultura y la historia. Cómo es posible que, cuando el discurso se desparrama por la aldea global, en una ciudad de cincuenta o cincuenta y cinco mil habitantes, se pueda ser tan ingenuo para pensar que toda la vida se circunscribe a un espacio tan reducido y a un grupo tan pequeño. Y esta mistificación, frecuente en la sensibilidad de muchos ribereños, es lo que pretende ‘desmitificar’ mi afirmación. Es decir, afirmarnos en la existencia de más mundos y más puestas de sol: tantos y tantas como seres capaces de alentar sobre la tierra.

         Tal vez la toma de conciencia de esa pertenencia a un todo más amplio, constituya una de las claves del ser social hoy. Es posible que un cierto cosmopolitismo, aceptado y compartido, esté estableciendo las bases de una civilización más secular; y por más secular menos fundamentalista. La búsqueda de algunas permanencias, inevitables por lo esenciales, no debería inferir en la superación de determinados prejuicios culturales, étnicos y religiosos. No olvidemos que la memoria no se construye en la separación sino en el encuentro y, al proclamar nuestra pertenencia a una supuesta tribu, no deberíamos olvidar que ésta se sustenta sobre el entramado de una tupida red de interrelaciones personales y sociales; y es que cada uno de nosotros, en tanto que sujetos activos, estamos al mismo tiempo captando e irradiando ese magma, a veces difuso, del mestizaje cultural. Porque somos presencia e, igualmente, esencia y circunstancia del devenir social y cultural, formamos parte y somos, en el tiempo y en el espacio, un hermoso fragmento de una continuidad.

Aranjuez.- Calle del Capitán

Aranjuez. Calle del Capitán (fotografía C. Fernández)

         Y así existimos y, unos pocos, lo hacemos hoy en esta minúscula parte del mundo que es la ciudad de Aranjuez. Si limitásemos nuestra presencia al espacio estrecho de un solo ámbito local, estaríamos negando no ya la mera supervivencia, sino la existencia misma. La autonomía de las sociedades constituye un fenómeno cultural, social y económico que se sustenta en unos elementos sociales y políticos; y se sintetizan, como diría Ortega, en un proyecto común –estamos juntos para hacer juntos algo– Mas, superadas ambigüedades y postraciones referidas al ser colectivo, qué duda cabe, la posibilidad de ser ha de  nutrirse, también, de la singularidad individual y por ende en la confluencia de proyectos propios que se integran, sin disolverse, en el proyecto colectivo. Así, una ciudad puede ser la referencia y el ámbito preciso para la definición del destino del hombre.

         Nuestra pequeña ciudad, Aranjuez, anduvo mucho tiempo libre de la absorbente orgía del hierro y del cemento. Industrializados sí,  ¿qué paradoja?, pero al margen de ese “vertiginoso proceso de urbanización, que amenaza no sólo con devorar los espacios naturales del planeta, sino asimismo al ciudadano.” [2] No obstante, más allá de los pequeños impulsos sentimentales a que tan acostumbrados estamos los mortales, nuestra dignidad se funda en la pertenencia a ese todo más amplio y ecuménico, y por tanto más sustancial, de lo universal o, con expresión más ajustada a nuestro tiempo, de lo global. Y, en ese sentido, el de la pertenencia a otros mundos y a otros intereses y a otros amigos y, cómo no, al gran sueño de ser libres, es por lo que nos atrevimos ayer y nos atrevemos hoy a proclamar: ¡Aranjuez existe porque existe el mundo!


[1] Antonio Muñoz Molina.- Córdoba de los Omeyas/ Planeta.- Barcelona, 1995

[2] José Luis Pinillos.- Patología de la vida urbana.- Espasa Calpe / Madrid, 1977

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2 comentarios

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo

2 Respuestas a “ARANJUEZ EXISTE PORQUE EXISTE EL MUNDO

  1. Te doy las gracias por tus palabras y sobre todo te agadezco que sigas leyendo mis trabajos.
    El trabajo de Pantheon me ha hecho sentir una experiencia maravillosa , pues es el resultado del viaje que he hecho hace unos días con mis alumnos de 2º de bachillerato y te aseguro que ha sido precioso recorrer Roma con 44 chicos y chicas que desbordaban alegría.
    No lo podré olvidar.
    Tus trabajos siguen esa linea culta y a la vez cercana que enseña y atrae a meditar y pensar sobre cosas que a veces no nos damos cuenta que están pegadas a lo cotidiano de cada día.
    Tengo pendiente hacer un comentario de la obra de Montse y de los dibujos de tu hijo que me parecen fascinantes. Pronto lo podré hacer y me servirá para analizar despacio la obra de un artista
    que descubrí el día de la presentación de “graffiti”
    Un abrazo sincero

    • cecibustos

      Pilar, yo también me siento muy gratificado sabiendo que lees los textos que voy incorporando a este blog. Intento reflexionar sobre lo cotidiano vivido o soñado y os lo voy contando a los pocos que lo vais leyendo. Así vamos incluyendo en nuestras vidas esta nueva forma de comunicación y tal vez, aunque no seamos conscientes, podamos contribuir a una cierta preservación de la memoria.
      Gracias.

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