Pasan lentos los días 11

Cecilio Fernández Bustos

 

Ramillete 11 

Eso era amor
Le comenté:
Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
                        —¿Te gustan solos o con rímel?
Grandes,
                        respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas
Ángel González

145) Están las niñas que juegan con los libros del abuelo: ordenan y desordenan. La mayor insiste en corregir a la más pequeña. También esto forma parte del juego: el más fuerte siempre sobre el más débil. No obstante un atisbo de habilidad, de inteligencia, de autodefensa quizá, le da un atrevido gracejo a la más pequeña para superar la sinrazón del poder manifestado por la mayor. Tal cosa sucede a tantas vidas, donde manos, más o menos visibles, tratan de ordenarnos y desordenarnos la cotidianidad con el más incontrolado de los intereses o antojos que ululan fuera de nosotros mismos. Como si nuestras vidas, la de cada uno, fueran un libro abandonado en una estantería cualquiera, donde unas niñas juegan a ordenar y desordenar o donde, peor aún, las expertas manos de una bien formada bibliotecaria las clasifican y las dejan en el olvido del archivador. [1]

 146) Bueno sería que el hombre se entrañara en la entraña del hombre y conociera también su dolor infinito. Todavía hoy, cuando tú y yo alentamos entre toneladas de desperdicios, deyecciones y energías no renovables consumidas, existen otros mundos donde los niños mueren de sed y de hambre. ¿ Tú y yo, qué vamos a hacer para seguir llamándonos hombres entre los hombres?

147) Estamos tratando de entender el lenguaje que emplea nuestro interlocutor. Desde la ventanilla se contempla un maravilloso espectáculo. ¿Qué decir de esta atmósfera que sutilmente nos está sitiando?

148) Vivimos acosados por la intolerancia de los fuertes y de los débiles. Hay una especie de retorno a los tiempos más oscuros e intolerantes de la España más negra. Sostengo que, para entender el fenómeno democrático y sus consecuencias, se hace necesario habilitar en la conciencia profunda de los hombres un espacio cómodo y fecundo a la tolerancia y al respeto. No otra cosa que la institucionalización de la tolerancia y el respeto al otro es lo que debería definir a una sociedad plural y democrática. De este modo, cuando al practicar desde los partidos, desde las instituciones y desde la sociedad civil, lo que se ha dado en llamar pedagogía política, se hace necesario profundizar en el discurso de la tolerancia y no en el otro, aquel de los que afirman: el que no está conmigo está contra mí.

149) Parecerá una obviedad decir que el trabajo político se legitima en el servicio a la comunidad. Sin embargo, es esto lo primero que deberían aprender todos los que se dedican a gestionar los asuntos públicos. Si tuviera que diseñar una propuesta para desarrollar una pedagogía política sería ahí, en el establecimiento claro de las razones que legitiman la acción y, consecuentemente, qué tipo de acción, donde comenzaría y acabaría el proceso. Porque suele ser demasiado frecuente descubrir, entre aquellos que se dedican a la política, que ‘no es’ el servicio a la comunidad o, dicho de otra manera, el servicio a la razón pública la motivación última sobre la que soportan la acción y, ésta, entre otras conformidades, porque no todas las razones son razón pública. De este modo, podríamos explicar, sólo en parte, ¡claro está!, que no sea precisamente el beneficio colectivo el destinatario de las excesivas incoherencias que se dan en el ámbito de lo político.

150) El trabajo político puede entenderse como un proceso abierto y complejo, cuya finalidad última sea el logro de unos objetivos concretos en la organización de la vida social. Y hablamos de trabajo, en primer lugar, porque, por definición, es lo que debe de ser la actividad política. Trabajo al servicio de un proceso, de un ir conformando, día a día, una actividad creativa que va instalando, en el espacio y en el tiempo, un sedimento sobre el que se construye la historia de los hombres. Proceso abierto y complejo. Abierto porque en democracia no hay horizontes únicos, ni discursos únicos, ni voces monocordes o calladas; más bien lo que debe imperar es el diálogo, el debate, la reflexión y el análisis crítico. Complejo porque todo lo que afecta al hombre y a la organización social no está exento de complejidad y la formulación y ejecución de la acción deviene en frecuentes heterogeneidades que precisan los filtros de la experimentación y de la crítica. Y por último lo más fundamental: ¿para qué la acción, el trabajo político? por supuesto que para conformar ‘nuevas  realidades sociales’ en el tuétano de la vida en común.

151) ¿La felicidad?, tal vez eso que otros llaman locura.

152) Anoche soñé que improvisaba versos hermosos como el amanecer. Conversaba con un grupo de amigos, compañeros de trabajo probablemente, y, súbitamente, me nacían las palabras debidamente ordenadas, nuevas y plenas de significado. No recuerdo si desperté de verdad o, tal vez, despertaba dentro del mismo sueño; trataba de recordar los versos soñados e incluso hice el gesto de escribirlo. No hubo suerte. Ni desperté, ni anoté lo que soñé. Sólo me queda el leve recuerdo de unos versos soñados. Como aquel caramelo que rozó tus labios y sólo fue eso, un leve tacto.

153) Tengo por cierto que la técnica se establece como instrumento básico en todo proceso creativo. El creador necesita ser un buen artesano; necesita ese punto de apoyo que a Arquímedes le hubiera permitido mover el mundo y que a aquella pintora, aquel escultor, a este fotógrafo  le va a permitir algo mucho más sutil, mover mundos. Mover los mundos de la consciencia profunda, allí donde la cultura, como singularidad humana, ha depositado los vínculos que establecen la comunicación a través de los tiempos y de los espacios.

154) El gran reto de la economía y de la política debería de ser, hoy como ayer, hacer posible la vida a todos los nacidos. Mas cuando hablamos de cuestiones tan fundamentales deberíamos hacer una esfuerzo por superar el limitado espacio de lo tribal. Bueno sería la aplicación de una mirada cubista que nos permitiera ver más allá de los cercanos límites de lo inmediato y próximo. Buena sería una mirada universal, ecuménica como el hombre, una mirada que desalojara de nuestras estrechas mentes las fáciles simplificaciones, una mirada que descubriera las hambres cercanas pero, también, las otras hambres: las hambres agobiadas y agobiantes de los otros, los que habitan tras el simple altozano que establece el límite de lo local o la frontera de lo nacional. Sí, una mirada que nos despojara de los cristales, más o menos brillantes, a través de los cuales contemplamos los paisajes irreales de nuestros deseos. Mirada  que nos sirva para ver detrás de la cara oculta de todas las lunas que hacen opaca la realidad. Y ver como avanza la muerte, como trepa por las débiles entrañas de millones y millones de niños, mujeres y hombres; mientras otros niños, otras mujeres, otros hombres, tal vez tú y yo, alimentamos con nuestras sobras un inmenso catafalco de inmundicias donde, irremisiblemente, de deshoja el planeta tierra.


[1] De ‘Diez ficciones’


[1] De ‘Diez ficciones’

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