Aula de Poesía (XII): Juan Carlos Rodríguez Búrdalo

Preludio Para Juan Carlos Rodríguez Búrdalo[1]

Del hondo conocimiento

 

Cecilio Fernández Bustos

Señoras y señores, sean bienvenidos a esta nueva sesión del Aula de Poesía José Luis Sampedro…

         Hoy el Aula se engalana para recibir a quien fuera su fundador y primer Director: Juan Carlos Rodríguez Búrdalo.

         Juan Carlos Rodríguez Búrdalo nació en Cáceres en 1946. Es General de División de la Guardia Civil y licenciado en Derecho. Durante doce años ha residido entre nosotros, ejerciendo la docencia como profesor de Derecho Constitucional en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil de Aranjuez. Su empeño y capacidad profesional le fueron alejando de nosotros, siempre accediendo a mayores responsabilidades.

         Aquí, entre nosotros, el poeta que hoy nos acompaña, tuvo oportunidad de escribir, como el mismo ha confesado, una parte importante de su obra poética. Pero, además, durante el tiempo que residió en ésta que Gracián llamó“…estancia perpetua de la primavera y guardajoyas de las flores…”[2], Juan Carlos supo aprovechar el tiempo para ofrecer a los ciudadanos de Aranjuez su afición por la poesía. Así, no dudó en dedicarle, durante más de siete años, una atención especial a la dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro que él creara, como se crean todas las cosas, de la nada; ya que nada, o prácticamente nada, existía en Aranjuez relacionado con la difusión de la poesía. Él trajo hasta nosotros voces singulares: las unas muy recientes, otras labradas por el paso del tiempo, pero todas importantes y reconocibles entre los poetas y las poetas más significativos del panorama de la lírica del siglo XX y principios del XXI. Vaya por delante nuestro más sincero reconocimiento.

         Aunque Juan Carlos empieza a publicar poesía con 40 años, al día de la fecha es poseedor de una obra plena, yo diría incluso que prolífica, que le iguala en número de poemarios publicados a cualquiera de los poetas consagrados que empezaron a publicar con veinte años. Él ha publicado 11 libros de poemas y dos antologías. Recientemente ha editado un magnífico libro, a modo de poesías completas, que recoge sus 11 poemarios y cuyo título La luz ardida (La luz ardida: Poesía reunida, 1985-2006. Caja Castilla-La Mancha, Toledo]), nos sorprende ya que lo ardido, pensamos que puede ser lo desintegrado y, sin embargo, en este caso es lo perdurable. Y, espero que no sea el colofón y nos siga sorprendiendo con nuevas entregas.

         Escuchar la lectura que de sus versos hace un poeta, exige del oyente una predisposición para dejarse sorprender por la voz que nos dice, señalando con el dedo de la palabra, ahí precisamente, donde surge el gesto que ocupa la oquedad dejada por la ausencia o el recuerdo. Cuando Machado nos habla de la “esencial heterogeneidad del ser[3], establece las claves de ese otro ser que la experiencia poética trata de crear. Es decir, la construcción más profunda de nuestra propia manera de ser. De ahí que el poema, más allá de la mera emoción estética o tal vez por ella, nos transporta a un nuevo conocimiento o al conocimiento de ese nuestro mundo más soterrado. Un libro de poemas, dada su singularidad, exige una lectura también singular. Un dejarse llevar o traer por ese hilo, sutil y frágil, que nos tiende el autor para contagiarnos su visión. Y en este caso el poeta, cercano amigo, “…corta los tallos primeros / de un jardín madrugador, / los mece en tamaño folio y doble espacio.”[4] y en ellos deja el estímulo de nuevos horizontes, la verdad de una nueva forma de estructurar conceptos y emociones.

         La poesía de Juan Carlos Rodríguez Búrdalo surge, como no podía ser menos en toda poesía que se precie de tal, de la memoria, de eso que algunos llaman experiencia y que en definitiva no es otra cosa que haber vivido y estar vivo. Como si no fuera posible llegar a organizar nuestro propio conocimiento, si no lo hacemos a través de la elaboración de nuestra propia experiencia. Y es ahí, en ese centro, bastión profundo de nuestra más radical subjetividad (mundo de los afectos y los deseos), donde surge como tendencia inevitable, pues somos humanos, la necesidad de comunicación. Y es aquí donde nuestro poeta, tocado por la luz de la palabra, inicia esa ruptura de los perfiles ocultos del lenguaje para ofrecernos el recuerdo (revelación por la palabra)  hecho nueva presencia, nueva emoción, nueva vida.

         Rodríguez Búrdalo es un poeta que ha leído poesía (y creo que éste es el primer deber del poeta) y leer también es, como dijera Machado de mirar y ver, entrar en conversación directa con el otro y amar y porque se ama se conoce y si como dice Claudio Rodríguez, la claridad viene del cielo, la voz poética viene de la poesía. Y Juan Carlos ha interiorizado, aceptando la mimesis del que busca la verdad, la gran poesía escrita en los siglos XIX y XX (Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Ángel González, Claudio Rodríguez, Brines, Gil de Biedma, etc.) De ahí que su obra haya sido capaz de superar las más estrictas vigilancias de los jurados que le han ido premiando, libro a libro, poema a poema, prácticamente todo su trabajo como poeta.

          La voz poética de Juan Carlos Rodríguez Búrdalo está arraigada al el profundo raigón de los orígenes a su tierra, Extremadura, y sus gentes de estirpe campesina. Así, su lenguaje es nítido, coloquial, hermoso y, sobre todo, comprensible. Porque habla de cosas que nos son comunes: el amor, la muerte, lo vivido. Poeta que, como grita en uno de sus versos: “Por encima de todo amo la vida”[5]  y puede escribir, dirigiéndose a otro poeta extremeño como él, Jesús Delgado Valhondo, versos tan hermosos como estos del poema titulado A la sombra del pecho[6]:

                            Estos días profundos como penas

                   nos sentamos a la sombra del pecho,

                   al luto de tus verbos, te pensamos

                   y se nos queda la plana vacía,

                   perdido el ruiseñor en el lenguaje;

                   Te leemos y nos pesa en el labio

                   la nostalgia, nos inunda el silencio

                   de algún lucero repetido y manso,

                   extraña luz que prende en el crepúsculo

                   y pone en dormición el encinar.

         Mis queridos amigos, hoy es un lujo contar entre nosotros con Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, espero que él se sepa en su casa. Ahora nuestra máxima atención está en escucharle.

         Juan Carlos, bienvenido…


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

Juan Carlos Rodríguez Búrdalo leyó sus poemas en el Aula el 13 de marzo de 2007 

[2] Baltasar Gracián.- El Criticón – Parte I -Crisis XII/ O. C.- Aguilar/ Madrid, 1967 (p. 640)

[3] Citado por Octavio Paz en “El arco y la lira”

[4] JCRB.- Del perfil opaco de los pasos (El premio)

[5] JCRB.- Aniversario

[6] JCRB.- Cartografías

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Poetas y narradores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s