Aula de Poesía (XI): Tomás Segovia

Preludio para Tomás Segovia[1] 

Del transcurrir temporal y la poesía 

 

Cecilio Fernández Bustos

 

                            …por qué todo venía a él como a su casa

                     en dónde está el lugar donde habré convivido

                     con estas cosas confiadas ante la mirada

                     donde estoy conviviendo en este instante

                     con mi vasta familia misteriosa 

                                                                    Tomás Segovia

 

         Señoras y señores… 

De nuevo nos reunimos aquí, en este espacio singular, Salón de Grados del CES Felipe II, para reanudar aquel transitar entre poetas que iniciamos en octubre pasado con Félix Grande e interrumpimos en mayo con Pablo García Baena, a quien se le concedió el Premio Nacional de Poesía ‘Villa de Aranjuez’. Nuevo Ciclo, pues, y primera sesión de otoño del Aula de Poesía José Luis Sampedro. Es para mí un gozo entrañable el reencuentro con los que nos acompañaron en las anteriores sesiones. Pero también me gratifica, como no, saludar a quienes se incorporan hoy, por primera vez, a esta fiesta de la palabra que es siempre una lectura de poemas.

         A lo largo de este curso que hoy comenzamos, el Aula de Poesía seguirá ahondando en los cuatro ámbitos que formulamos el pasado año como fundamentos de nuestro trabajo. En primer lugar la presentación de las voces más cercanas en el tiempo y aquellas que han dado vitalidad y significación a la poesía española del siglo XX; segundo la presentación de aquellos poetas que, ya fallecidos, han sido fundamentales en la poética española de los últimos años del siglo XX; en tercer lugar hemos abierto un espacio para la poesía que escriben los poetas locales. Y, por último, el curso finalizará con la concesión, el 23 de abril, del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez, que premia a un poeta consagrado por toda su obra: de este modo, Aranjuez rinde un homenaje al poeta premiado instalando uno de sus poemas en una calle de Aranjuez.

         Henos aquí, pues, congregados por la llamada de las voces que nos van a acompañar en este nuevo ciclo. Se trata de tres poetas —una mujer y dos hombres— representativos de la gran poesía española de todos los tiempos. Tres voces singulares y por ello muy distintas, atrapadas en nuestro tiempo e iluminadas por un decir poético, siempre cercano, que colinda la mirada con la alquimia y la magia de la palabra. La palabra que, más allá del lenguaje, no sólo comunica, o anuncia, sino que, por la poesía, puede sustanciarse, como dijera María Zambrano, en “comunión”. Ana Rossetti estará aquí el 13 de noviembre, Caballero Bonald el 4 de diciembre y hoy, para iniciar esta fiesta, está con nosotros Tomás Segovia. 

         El Aula de Poesía nos convoca para rendirles un homenaje de gratitud y admiración a la poesía y a sus creadores, los poetas. Y nada mejor, para comenzar este nuevo ciclo, que la voz de un poeta del que también podemos decir, como dijera Julián Marías de Rubén Darío, «…que sería apasionante poder estudiar en él la integración del mundo hispánico in vivo y no in vitro, quiero decir en su propia persona, desde su España natal (en el caso de Segovia) hasta Argentina, Chile, Uruguay, México, Estados Unidos y todos los demás miembros estremecidos por la lengua española.»[2] Porque hoy, aquí,  entre nosotros, alza su voz Tomás Segovia, poeta de España y de América. Poeta que, como dijera Octavio Paz, “Nació dos veces: una en España, donde lo parieron; otra en México, donde escribió sus primeros poemas…”[3]

         Tomás Segovia nació en Valencia en 1927. Su padre, médico de reconocido prestigio, se exilio con su familia al final de la guerra civil. Primero Francia, después Marruecos y, por fin, México. Nuestro poeta, que “…fui hijo de exiliado, que no es lo mismo que ser un exiliado…”, él lo ha dicho en alguna ocasión,  se adaptó a la nueva vida que le ofrecieron sus progenitores. Y, cómo no, se aferró a esa nueva vida y (si bien sus estudios habían comenzado en El Liceo Francés de Madrid) siguió creciendo en las aulas y en las calles del país de acogida. Y en México nació, no sólo para la poesía, como dijera Octavio Paz, también para la docencia y la sabiduría; en definitiva para la vida. 

         Supe de Tomás Segovia y de su obra al final de los años sesenta. Por aquel tiempo cayó en mis manos la “Antología de la poesía viva Latino-Americana” de Aldo Pelegrini. Allí junto a poetas  como Álvaro Mutis, José Lezama Lima, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Octavio Paz, Ernesto Cardenal y una nómina de voces consagradas aparece Tomás Segovia, del que la nota introductoria dice “Nació en Valencia (España) en 1927. Llegó a México a los trece años (1940 el año en que yo nací). Realizó estudios en la facultad de Filosofía y Letras de México.

         Tomás Segovia es autor de una obra prolífica. Ensayista… traductor… narrador… dramaturgo… Ha impartido cursos de Literatura, Lingüística, Teoría Literaria, Traducción, etc. Como poeta ha publicado más de 25 poemarios y sus poemas aparecen en las más reputadas antologías de poetas mexicanos e iberoamericanos. Fue el mismo Octavio Paz el que le definió como el poeta de la ‘transparencia aterradora’… Y es que, más allá de toda paradoja, los poemas de Tomás Segovia no sólo son transparentes, son, como dice Carlos Piera en la introducción de En los ojos del día (excepcional antología poética de la obra de T. S. editada por Galaxia de Gutenberg y El Círculo de Lectores en 2003) “…claros, inteligentes y lúcidos, y un oído educado percibe en ellos que el autor es maestro del oficio, porque se lo ha tomado con toda la seriedad del que lo entiende como un oficio artesano…” De este modo, el fluir temporal de una poesía que nuestro poeta empezó a publicar, casi un niño, en 1945 (aún sigue publicando, Llegar[4], se ha publicado este año) se ha ido labrando ese rastro, polvo o ceniza diría María Zambrano, de acopio de belleza y decir genésico en una obra poética que es, antes que otra cosa, una ofrenda de encuentro con la vida, que es tiempo y memoria, que nos ofrece el poeta.

         La vida, su vida (y la de sus lectores también) fluye, hecha gloria del transcurrir temporal, en sus poemas. La vida, ay, tanta dificultad a veces para poder dar el paso de entrever lo que no son sino resplandores que nos agitan y conmueven. Y es ahí donde nuestro poeta, Tomás Segovia, vislumbra y desvela la luminosa transparencia de lo fundamental de la vida que tiene en la mujer su primer deslumbramiento: “Dime mujer dónde escondes tu misterio / mujer agua pesada volumen transparente / más secreta cuanto más te desnudas / cuál es la fuente de tu esplendor inerme / tu deslumbrante armadura de belleza…”

         La poesía de Tomás Segovia no es fácil de clasificar. Si bien, como he indicado anteriormente, es poesía cercana y nuestra, no se encuadra, tal vez porque no es un poeta dispuesto a encuadrarse, en los movimientos, grupos, generaciones que nos son más familiares. La poesía de Tomás Segovia es poesía europea y americana. Hay ligeras notas de romanticismo y vínculos expresos con la gran poesía española de todos los tiempos. Así, aunque no repica en las sonajas de los grandes cenáculos, se explicaran ustedes las profundas razones que nos mueven, para que no pasara desapercibido entre nosotros el poeta que hoy nos acompaña. Dice Ortega y Gasset que “Algunos hombres se niegan a reconocer la profundidad de algo porque exigen de lo profundo que se manifieste como la superficie. No aceptando que haya varias especies de claridad, se atiende exclusivamente a la peculiar claridad de las superficies. No advierten que es a lo profundo esencial el ocultarse detrás de la superficie y presentarse sólo a través de ella, latiendo bajo ella.”[5]

         Este es el poeta que se nos va a revelar esta tarde. Viene avalado por la luz de su obra y el refrendo de importantes galardones concedidos en América y en España. El más reciente, este mismo año,  el Premio ‘Extremadura a la Creación a la Mejor Trayectoria Literaria de Autor Iberoamericano’. Desde el momento en que tomé la decisión de dirigir este Aula de Poesía supe que tendría la oportunidad de darles a conocer la obra poética de Tomás Segovia. Así anduve en su busca y ya, en el ciclo anterior, estuvo a punto de acudir a nuestra cita. No pudo ser entonces, pero ha sido posible hoy. Con todos nosotros, el poeta de la transparencia: Tomas Segovia.


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

Tomás Segovia leyó sus poemas en el Aula el 23 de Octubre de 2007

[2] Javier Marías.- Rubén Darío y la Generación del 98.- Obras. T. X / Madrid, 1982

[3] Octavio Paz.- Introducción a: Poesía en movimiento. México 1915-1966

[4] Tomás Segovia.- Llegar (Poemas 2005-2006).- Editorial Pre-Textos / Valencia, 2007

[5] José Ortega y Gasset.- O.C. T. I / Meditaciones del Quijote (pág. 332)

 

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