Pasan lentos los días 9

Cecilio Fernández Bustos

Ramillete 9

 

Poseo de algunos autores que amo y de los que no quiero prescindir de ninguna obra, por pequeña y desconocida que sea, dos y hasta tres ediciones distintas de las que cada una contiene algo que les falta a las demás.

Hermann Hesse

 

110)  En ocasiones, también yo, he desandado, tiempo atrás, capítulos ya vividos. ¿Nostalgia o simple afirmación? Puede que la vida sea algo más que un aquí y y un ahora.

111)  Yo soy sólo memoria: fruto de una inmensa soledad que disimula el rostro. Soy asiduo al rubor de la locura.

112)  Y otra vez, una más entre tantas, iniciaré el camino hacia la soledad.

113)  Afecto más afecto igual a confusión.

114)  La belleza está ahí, al otro lado de la calle y los límites que la separan del hombre se miden con dos parámetros. Por un lado, el oro o los billetes de banco la acercan a los poderosos, siempre minorías. Por otro, la percepción sensible y el dolor de la mayoría ayudan a su popularidad. Aún hay libros en las bibliotecas y música en la radio y cuadros en los museos.

115)  Hay que evitar las huidas rápidas y urgentes. La vida requiere tacto y paladar. Así, cuando te piques en las manos o abrases la garganta, cambia de piel y de bebida, pero no huyas.

116)  Duelen las cicatrices del eco efímero de otros tiempos. Esas señales, minúsculas a veces, del tiempo ya lejano.

117)  La memoria es el desván donde se guardan los recuerdos. Unos tienen grandes espacios ocupados por esto y por aquello; por eso les borbollan las ideas y se confunden y tropiezan y se pierden en el aire de la tarde. Otros, más elementales y discretos, sólo despiden un tenue vaporcillo que les va siguiendo como si fuera un pequeño duende. Hay otros que dan pena: se han quedado sin desván y tienen perdida la mirada en la duda del ser y la nada.

 118)  Ya la vida blanquea en mí y huelo en los hombres y en las cosas sus verdades.

119) Cuando terminas tus días, en ese mismo momento, dejas de lucrarte de ti mismo.

120)  Leer a García Márquez es obligada ritualización para todo castellano hablante. Descubrir a Úrsula, a Aureliano Buendía y a la cándida Eréndina en el atardecer de Macondo forma parte de la iniciación. Conversar con la soledad trágica del anciano dictador, que juega con las niñas tras las tapias de El otoño del patriarca, supone un descenso mágico a la angustia y al dolor del poder más corrupto. Descender el río junto a Florentino Ariza y conocer la consumación de su amor con Fémina Daza tras toda una vida de espera, como diría el poeta, es tocar el cielo. Pero, por encima de todo lo dicho, asistir impasibles, sin poder hacer nada por evitarlo, a la muerte de Santiago Nasar resuelve en duda toda la existencia.

121) No todos los hombres somos capaces de mantener firme el timón de nuestras vidas cuando arrecia la tormenta. Claro que la firmeza excesiva oculta a veces un integrismo intolerante.

122)  Y si despierto barruntas el sol de las hadas, tal vez seas un soñador.

123) Las muchas andaduras de un hombre sobre la tierra conforman una doble opción: de una parte, lo que el hombre aporta en el abonar de esa tierra para que pueda florecer, de otra, lo que esa tierra le devuelve al hombre en forma de reconocimiento. De esta dualidad, exenta de nostalgias y populismos, surge un aporte fundamental de convivencia y civilización. Y así, el paisaje, la geografía y lo esencialmente humano, la cultura, van labrando y puliendo una pequeña identidad que nos ayuda a reconocernos como parte de algo que puede sustituir a aquello que no se puede vivir. De este modo, nuestra afirmación más rotunda podría ser: sí al gozo y al dolor de vivir, sí a la amistad, sí a la acción, pero un no rotundo al olvido.

124)  Cuantas veces al dirigir nuestra mirada al horizonte nos sorprende una puesta de sol distinta y plácida o sobrecogedora. Los múltiples elementos que dan lugar a su existencia, el sol, las nubes, la humedad, la temperatura, el vuelo de los pájaros y los aviones, las partículas en suspensión, etc., son capaces de crear ese espectáculo que mimetiza en emoción nuestra rutina. También la vida de los hombres se proyecta en la vida de sociedad produciendo un marcado y elemental conjunto de sensaciones colectivas. Cuando alguien se esfuerza por recuperar la memoria y fijarla en un texto, es decir, en un conjunto de signos escritos, está contribuyendo a fijar el testimonio de nuestra existencia y, consecuentemente, está facilitando la permanencia en el tiempo del alba de nuestra historia. Y ese proyectar sígnicamente el acontecer de nuestra sociedad nos ayuda a saborear el placer de sabernos parte de un tinglado que no sólo han montado los poderosos, sino que hemos ido construyendo, página a página, entre todos.

125)  También los sueños se reiteran y me confunden. Sueño hoy un sueño ya soñado en otros tiempos. El que más me acompaña y confunde es uno, muy frecuente, en el que busco la correspondencia que se ha ido acumulando en los buzones de las múltiples residencias que he tenido a lo largo de mi vida.

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