Presentación de un poeta IX: Gregorio Sánchez

 

GREGORIO SÁNCHEZ [1]

En los jardines de Aranjuez

 

     

Cecilio Fernández Bustos

 

Señoras y señores…

        Sean bienvenidos a esta nueva sesión del Aula de Poesía José Luis Sampedro.  

        El Aula de Poesía quiere distinguirse por  su fecunda variedad. Variedad en contenidos, variedad en forma y, sobre todo, variedad en voces… Así en esta tarde “parda y fría de invierno…” está con nosotros Gregorio Sánchez…

        Con Gregorio abrimos las puertas a una nueva dimensión del Aula de Poesía: la presentación de aquellas voces que, por cercanas, no valoramos y de las que, acaso, sólo nos queda el leve eco de lo cotidiano… Muchos han sido los esfuerzos que, de uno y otro lado, se han hecho, en la historia de las manifestaciones artísticas, por reconocer a aquellos que, dominando una técnica y habiendo creado una obra, podían pasarnos desapercibidos porque nadie convocó una sola celebración en su nombre. Uno de los casos más dramáticos de este acontecer es el de Vincent Van Gogh que pasó absolutamente desapercibido en vida y hoy: ya saben ustedes.

        Dos son los elementos que justifican la presencia de Gregorio Sánchez en esta mesa. Por una parte su callada labor, durante largos años, como entusiasta promotor y maestro de la poesía entre nosotros; auténtico animador cultural que no ha negado esfuerzos a una labor incansable de divulgador y pedagogo. Por otra parte su obra poética, su trabajo como creador apasionado de unos versos ahormados en lirismo y en cultura clásica.

        Como activista cultural, todos le conocemos y hemos visto su incansable trajinar, su ir y venir entre aulas, recitales, emisoras de radio y revistas. Siempre participando, siempre ayudando, siempre logrando complicidades.

        Como poeta, vamos a considerar dos dimensiones, importantes y fecundas, de su creación. En primer lugar estaría el tema u objeto de su voz y vínculo, voluntario y celebrado, con el mediterráneo clásico; y, en segundo lugar, su enamoramiento con una de las formas más significativas de la poesía, el Soneto, que desde el siglo XV en Italia y, por ser más coherentes, desde el siglo XVI en España, ha sido elemento formal en la creación de los más grandes poetas.

        Comenzamos por la segunda dimensión, la técnica. El soneto tiene su origen en Italia y son Dante y Petrarca los que le confieren su estructura definitiva. En España lo intenta, en primer lugar, el Marqués de Santillana; pero son Juan Boscán y Garcilaso de la Vega los que logran imponerlo en el siglo XVI. Además de los citados hubo otros grandes sonetistas en el Renacimiento, entre los que cabe citar a: Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña, Fernando de Herrera y Gutiérrez de Cetina (Ojos claros, serenos / si de un dulce mirar sois alabados). En el barroco cultivan el soneto: Lope de Vega, Góngora, Calderón, Cervantes… En todas las épocas, en mayor o menor medida, los poetas han escrito sonetos. En el siglo XX surgen importantes sonetistas entre los miembros de la Generación del 27: Jorge Guillen, Gerardo Diego, Rafael Alberti. García Lorca tiene un excelente poemario escrito en sonetos, Los sonetos del amor oscuro. Y qué decir del más juvenil Miguel Hernández, el del Rayo que no cesa y El silbo vulnerado. Importante sonetista ha sido José García Nieto del que llevo conmigo un hermoso testimonio dedicado a nuestro río Tajo a su paso por Aranjuez…,

Reencuentro del Tajo en Aranjuez

Te vi, río que viera una mañana,

después, mucho después, temblando acaso

como agua presa en el gozado vaso

de la más delicada porcelana.

 

Sobre la piedra, el cielo, malva, grana,

se iba haciendo frutal en el ocaso.

Y el río, rama, verso, ¡oh, Garcilaso!

deshacía su música cercana.

 

Distribuyendo, repartiendo notas,

arpas de mármol, brazos de mujeres,

hojas del árbol fácil, confundía…

 

Río después cantado, rimas, gotas:

Narciso, Apolo; cisne, Hércules, Ceres,

el nombre por la fuente a la armonía.

        Y de Pablo Neruda (aunque este poeta nunca se sometió al rigor absoluto de la técnica del soneto) quién no ha leído alguna vez, extasiado ante un amor en ciernes, sus “Cien sonetos de amor”. Félix Grande, un poeta más cercano  (estuvo con nosotros en la inauguración de esta II Época del Aula de Poesía) también le ha dado al soneto y logrado bellísimos espejismos de la rememoración amorosa. Y, claro está, nuestro querido Gregorio, clásico él, nunca se ha refugiado en la libertad del verso libre y, con acierto y paciencia, se ha sometido siempre a los rigores del verso medido y de las rimas consonantes.

        El tema en la poesía de Gregorio Sánchez fluye, como corriente de agua, desde la hondura de su cosecha vital hasta el vórtice de su vínculo con la cultura mediterránea. Dioses y héroes se encuentran diseminados por los jardines de Aranjuez y el poeta, en el discurso poético, establece un nexo entre el ayer y el sentir de un hombre engarzado en su tiempo y en su historia. Porque nuestro poeta cuando habla de Afrodita está hablando de la belleza y cuando habla de Pan, el viejo dios de los pastores, perseguidor de ninfas y de efebos, viejo sátiro derrotado por la vida, nos está hablando, también, de tanto exhibicionista que arrastra su decrepitud por los ‘platós’ de televisión. Y el nexo, la herramienta de engarce, el poema que dice y cuenta es el soneto. Poema que nuestro poeta, como un experto orfebre del renacimiento, va hilvanando, puntada a puntada, con palabras enamoradas del ritmo. Y así, el poeta, lejano de ensoñaciones, puede sorprendernos con un soneto, perfecto en forma,  que canta, analiza y absuelve, dada su decrepitud, al viejo sátiro. Si prestamos atención a este soneto, nos sorprenderá su música y la sutil ironía que en el habita, tan cercanas ambas al Quevedo más grande. Leamos este poema:

                El mancado Pan

                Aún se le teme aquel ladino abrazo

                con que apresaba en prados, sotos y huertas

                a distraídas ninfas, descubiertas

                saltando de improviso algún ribazo.

 

                Privado se halla del siniestro brazo;

                sus patas de cabrito, bien cubiertas

                de flores en un círculo sin puertas,

                la huella esconden del partido trazo.

 

                Inútil prevención en fauno viejo,

                de lento paso y sangre desvalida,

                cuyos huesos soportan ya un pellejo.

 

                Dadle por fin su extremidad perdida

                y pueda así libar del vino añejo,

                tañer su flauta y alegrar la vida.            

        Gregorio Sánchez desde su cuidada estética va elaborando un decir pulcro y culto, transita por el ámbito de una poesía intensa, llena de significados y formulación de preguntas. El paso del tiempo, el paso de las personas, el paso del amor, y el paso de la vida. En ocasiones, emplea el verso como herramienta que rasga y abre ‘la canal’ de la historia y desmitifica al propio mito. En uno de los sonetos que dedica al ‘griterío’ que nos distrae de los graves problemas del agua, no duda en mentar a Cervantes y a Argensola, pero el último terceto del soneto, el que resume su pensamiento en sentencia dice:

                Pensad si en el futuro habrá remedio

                sin los ríos, los campos, las praderas,

                y las huertas cambiadas en graveras.

        Gregorio, hoy nos hemos reunido, los unos por primera vez, los otros como han hecho en otras ocasiones, para que nos digas tus versos, para que nos cuentes de que ‘chistera’ encantada los has ido sacando, de uno en uno, para decirnos que en la vida hay dolor, pero que, también, es una fiesta. Hoy, por ejemplo, estar aquí, contigo, es una fiesta: una fiesta en la que tú nos vas a hablar de vivencias y emociones, del amor y los amores, de trabajos y de días, de presencias y de sueños, de seres reales y seres creados por la luz y el gesto del poeta.

        Hoy, sí, nos hemos convocado a la celebración de una fiesta en honor de la palabra poética. Con todos nosotros el poeta Gregorio Sánchez.   


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

Gregorio Sánchez leyó sus poemas el 23 de enero de 2007.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Poetas y narradores

2 Respuestas a “Presentación de un poeta IX: Gregorio Sánchez

  1. Rafael Muñoz

    Amigo Cecilio: Por pura casualidad he dado con este blog y tanto me alegra que ya lo he marcado como favorito. Hablas de Gregorio Sánchez, el compañero y mentor que perdimos del Aula de Poesía del Centro de Mayores. Tenemos enmarcado, en la Biblioteca del Centro, el siguiente soneto suyo: ” La ancianidad, nada menos” que dice así:
    No os burléis de su paso renqueante
    ni de la perla que de su pupila
    ardiente asoma, retemblando oscila
    y traza nuevo surco en su semblante.
    Su mirada será menos brillante
    pero en el fondo la ilusión titila,
    y su sonrisa tímida encandila
    el ver la vida en derredor pujante.
    Pensad que en ese corazón cansado
    hay negras cicatrices del camino,
    que pueden convertirse en rabia sorda;
    no sofoquéis, con cruel y despiadado
    arañazo traidor-de duro espino-
    esa fuente de amor que aún desborda.
    Lo escribió en Julio de 1996 y por aquellas fechas lo publicamos en el Boletín del Centro.
    Aunque no nací aquí, llevo toda mi vida en Aranjuez y todo lo que se relacione con el pueblo y sus gentes me interesa.
    Un fuerte abrazo. Rafael.

    • Rafael:
      Coincidí frecuentemente con Gregorio en la última etapa de su vida. Todos los amigos sabíamos de su situación y pudimos comprobar con cuanta dignidad asumió lo inevitable hasta el final. ¡Gran hombre y gran compañero!
      Gregorio era lúcido, crítico e irónico. Pero nada arrogante, y en la distancia corta siempre prevalecía el caudal de su ternura. Sabía ser amigo. Su poesía y su magisterio, su cercanía y su elocuencia nos acompañaron. A mí me emocionaba y sigue emocionándome el segundo y último terceto de su soneto “El mancado Pan”: “Dadle por fin su extremidad perdida / y pueda así libar del vino añalejo, / tañer su flauta y alegrar la vida.”
      Gracias por tu comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s